11/11/23

Carta del historiador judío Ilan Pappé. Por la descolonización y liberación de Palestina



En Perspectiva Marxista Internacional resolvimos publicar una carta sobre la guerra actual entre Israel y el pueblo palestino escrita por Ilan Pappé, un luchador valiente e intransigente en defensa de un pueblo oprimido y masacrado una y otra vez por la entidad sionista. En su fecundo accionar, Pappé ha reseñado la trayectoria de lucha de los palestinos, y ha puesto luz sobre la verdadera historia, opuesta por el vértice a la narración de los colonizadores, y expone las causas de los fracasos de políticas como la de los dos Estados, que en nombre de la “paz” intentan conciliar a los oprimidos con los opresores, para que estos se resignen y se rindan de una vez por todas.


Los que defienden a Israel acusan a Hamas de estar haciendo un nuevo “holocausto”, aludiendo a las barbaries cometidas durante el apogeo de Hitler: el genocidio de los judíos, los gitanos, los eslavos y otras “razas inferiores”. Pero esa barbarie, llevada adelante en la época de la decadencia y putrefacción del sistema capitalista, no fue ninguna novedad en la historia de este sistema. Desde sus inicios estuvo marcado a fuego por el genocidio de 90 millones de indígenas exterminados por los españoles, al que siguió el de los negros africanos tratados como mercancías por los capitalistas propietarios de esclavos y los capitalistas comerciantes que los traficaban. La política colonial de Hitler dirigida contra las naciones, nacionalidades y pueblos europeos también fue, en etapas anteriores del capitalismo, la tendencia de los países desarrollados a transformar el mundo en colonias suyas, como lo hicieron los imperios europeos, liderados por el británico.


En la actualidad, la fuerza adquirida por el capital refuerza las viejas “lacras” (el colonialismo y el genocidio) y las proyecta hacia el futuro. Por un lado, en estos días, en el Reino Unido se reunen líderes empresariales e investigadores de todo el mundo para lo que se dice “abordar los retos que plantea la Inteligencia Artificial”, uno de los logros del desarrollo tecnológico, y también un serio peligro en manos de los capitalistas. Por el otro, en el territorio de una de las ex colonias, allí donde el imperio británico plantó la semilla del “hogar nacional” para el pueblo judío, crece el genocidio y la limpieza étnica del pueblo palestino sometido a la barbarie colonial durante 75 años, por parte del Estado “judío” de Israel y apoyado por las potencias imperialistas, por Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos.


En la sociedad capitalista conviven los dos polos, la cumbre de la Inteligencia Artificial con un cementerio a cielo abierto de niños asesinados, en esta barbarie en marcha. La muerte de civiles y las guerras emprendidas en esta época que se supone de grandes avances científicos y desarrollo tecnológico constituyen la manifestación más contundente de la crisis capitalista, donde las fuerzas de destrucción avanzan sobre las fuerzas productivas.


La crisis capitalista-imperialista manifestada en todos los órdenes de la vida en el planeta no conduce inexorablemente al socialismo, al contrario, da lugar a nuevas formas de barbarie.


La sociedad en esta fase de decadencia capitalista, puede encaminarse a una nueva sociedad de clases, basada en formas de trabajo semiesclavistas que superen al nazismo y a las peores masacres de la humanidad. Este profundo dilema teórico-político entre una sociedad sin clases, socialista, o un final de barbarie solo podrá resolverse por la fuerza arrolladora de las clases explotadas y oprimidas en la lucha por su liberación, utilizando el poder del Estado como garrote para liquidar todo tipo de explotación y opresión.


Si se termina con la explotación es posible una sociedad donde no haya un 1 por ciento de megarricos parasitarios, o sea una insignificante minoría de la población que compone las clases propietarias del capital, de las tierras, de las corporaciones, de los recursos, de las fábricas, que gobierna el trabajo de toda la población, donde la inmensa mayoría de los niños y jóvenes que padecen hambre y penurias, pertenecientes a las clases explotadas, construyen el mundo para esa minoría.


En Palestina se está produciendo una masacre de civiles, en todo el mundo se puede ver la consecuencia sangrienta de la acción militar del Estado Judío de Israel. Sin embargo, los alertas de amplios sectores políticos, de medios, intelectuales y académicos de la Unión Europea y de los Estados Unidos son por el crecimiento del “antisemitismo” y el peligro que esto significa para la población judía en esos países. Pero las preguntas que nos hacemos son: ¿quién permitió el bloqueo y sus consecuencias, los padecimientos cotidianos, el aislamiento, la represión, el acoso militar y los bombardeos, los miles de palestinos en cárceles, la vida en campos de refugiados de varias generaciones?, ¿quién se referió a los palestinos como “animales”?, ¿quién impulsa acciones de supuestos “colonos” contra la propiedad y las familias asentadas en la frontera de Cisjordania, para expulsarlos y matarlos si se niegan?, ¿quién es el responsable de quitarle derechos a los palestinos y árabes que residen en Israel, que desde 2018 fue declarado Estado Judío de Israel? y, por fin, ¿quién decidió que ese Estado se edificara en tierras ocupadas por palestinos, y que en el curso de su formación como Estado, los expulsara como ratas?


La guerra en curso plantea agudas contradicciones y desafíos para las potencias imperialistas dentro de sus propios países, en todos los países de la región, en el mundo árabe y/o musulmán y al interior mismo del Estado judío. En ese marco, la carta de Ilan Pappé es de lectura obligatoria.


El autor, hijo de padres judíos alemanes, nació en 1954 en la ciudad de Haifa, Israel, y hoy ejerce como profesor en la Universidad de Exeter, en el Reino Unido. En 2008 abandonó Israel, expulsado de la Universidad de Haifa, después de sufrir amenazas de muerte por sus posiciones y acciones contra el Estado sionista. Se ha formado académica y políticamente del lado de la lucha del pueblo palestino, de los expulsados de su tierra, de los que no tienen derechos, de los refugiados, de los semiesclavizados, de los masacrados. Es autor de varios libros, verdaderos manifiestos políticos a favor de los palestinos, en una narración histórica donde queda expuesta la verdad sobre esta guerra: “el plan maestro para librar al futuro estado judío de tantos palestinos como fuera posible”.


Mis amigos israelíes. Por estos motivos apoyo a los palestinos
Ilan Pappé

Es un desafío mantener la brújula moral cuando la sociedad a la que pertenece (tanto sus líderes como sus medios de comunicación) asume la autoridad moral y espera que compartas con ellos la misma furia justa con la que reaccionaron ante los acontecimientos del pasado sábado 7 de octubre.


Sólo hay una manera de resistir la tentación de unirnos a ello: si usted entendiera, en algún momento de su vida –incluso como ciudadano judío de Israel– la naturaleza colonial del sionismo y se sintiera horrorizado por sus políticas contra los pueblos indígenas de Palestina.


Si se ha dado cuenta de eso, no vacilará, incluso si los mensajes venenosos describen a los palestinos como animales o «animales humanos». Esas mismas personas insisten en describir lo que ocurrió el sábado pasado como un «Holocausto», abusando así de la memoria de una gran tragedia. Estos sentimientos están siendo transmitidos, día y noche, tanto por los medios de comunicación como por los políticos israelíes.


Es esta brújula moral la que me llevó a mí, y a otros en nuestra sociedad, a apoyar al pueblo palestino en todas las formas posibles; y eso nos permite, al mismo tiempo, admirar la valentía de los combatientes palestinos que tomaron una docena de bases militares, superando al ejército más fuerte de Medio Oriente.


Además, personas como yo no podemos evitar plantear preguntas sobre el valor moral o estratégico de algunas de las acciones que acompañaron esta operación.


Como siempre apoyamos la descolonización de Palestina, sabíamos que cuanto más durara la opresión israelí, menos probable sería que la lucha de liberación fuera “estéril” – como ha sido el caso en todas las luchas justas por la liberación en el pasado, en cualquier parte del mundo.


Esto no significa que no debamos estar atentos al panorama general, ni siquiera por un minuto. La imagen es la de un pueblo colonizado que lucha por sobrevivir, en un momento en que sus opresores habían elegido un gobierno, que está empeñado en acelerar la destrucción, de hecho, la eliminación del pueblo palestino –o incluso de su propio reclamo de ser un pueblo.


Hamás tuvo que actuar, y rápidamente.


Es difícil expresar estos contraargumentos porque los medios y políticos occidentales han acompañado el discurso y la narrativa israelí, por más problemática que fuera.


Me pregunto cuántos de los que decidieron vestir el Parlamento de Londres y la Torre Eiffel de París con los colores de la bandera israelí entienden realmente cómo se recibe este gesto aparentemente simbólico en Israel.


Incluso los sionistas liberales, con un mínimo de decencia, interpretan este acto como una absolución total de todos los crímenes que los israelíes han cometido contra el pueblo palestino desde 1948; y por tanto, como carta blanca para continuar con el genocidio que ahora perpetra Israel contra el pueblo de Gaza.


Afortunadamente, también hubo diferentes reacciones ante los acontecimientos ocurridos en los últimos días.


Como en el pasado, grandes sectores de la sociedad civil occidental no se dejan engañar fácilmente por esta hipocresía, que ya se manifiesta plenamente en el caso de Ucrania.


Mucha gente sabe que desde junio de 1967, un millón de palestinos han sido encarcelados al menos una vez en su vida. Y con el encarcelamiento vienen los abusos, la tortura y la detención permanente sin juicio.


Estas mismas personas también conocen la horrible realidad que Israel había creado en la Franja de Gaza cuando selló la región, imponiendo un asedio hermético, a partir de 2007, acompañado por la matanza implacable de niños en la Cisjordania ocupada. Esta violencia no es un fenómeno nuevo, ya que ha sido la cara permanente del sionismo desde el establecimiento de Israel en 1948.


Debido a esa misma sociedad civil, mis queridos amigos israelíes, en última instancia se demostrará que su gobierno y sus medios de comunicación están equivocados, ya que no podrán reivindicar el papel de víctimas, recibir apoyo incondicional y salirse con la suya.


Con el tiempo, emergerá el panorama general, a pesar de los medios occidentales inherentemente sesgados.


La gran pregunta, sin embargo, es la siguiente: ¿podrán ustedes, mis amigos israelíes, ver claramente también este mismo panorama general? ¿A pesar de años de adoctrinamiento e ingeniería social?


Y no menos importante: ¿podrán aprender la otra lección importante –que se puede extraer de los acontecimientos recientes– de que la fuerza por sí sola no puede encontrar el equilibrio entre un régimen justo, por un lado, y un proyecto político inmoral, por el otro?


Pero hay una alternativa. De hecho, siempre ha habido una:


Una Palestina desionizada, liberada y democrática desde el río hasta el mar; una Palestina que dé la bienvenida a los refugiados y construya una sociedad que no discrimine por motivos de cultura, religión o etnia.


Este nuevo Estado trabajaría para rectificar, en la medida de lo posible, los males del pasado, en términos de desigualdad económica, robo de propiedad y negación de derechos. Esto podría presagiar un nuevo amanecer para todo Oriente Medio.


No siempre es fácil atenerse a la brújula moral, pero si apunta hacia el norte –hacia la descolonización y la liberación–, lo más probable es que lo guíe a través de la niebla de la propaganda venenosa, las políticas hipócritas y la inhumanidad, a menudo perpetrada en nombre de «nuestros valores occidentales comunes».

3/11/23

22/10/23

El ataque al Hospital Baptista al-Ahli al-Arabi en Gaza

 Todos los políticos occidentales que han declarado su apoyo incondicional al esfuerzo bélico de Israel contra el pueblo palestino tienen la sangre de estos niños en sus manos.”

 Palabras dichas por el Dr. Ghassan Abu-Sittah. Cirujano plástico y reconstructivo, voluntario británico-palestino de Médicos Sin Fronteras, en la rueda de prensa posterior al ataque.

 

Las masas árabes salieron inmediatamente a las calles después de perpetrada la masacre de decenas de familias palestinas, cobijadas alrededor del edificio hospitalario de Gaza. En la región estallaron movilizaciones en abierto desafío a la potencia militar de las fuerzas armadas de Israel y al escudo de defensa “occidental”, que implica intervenciones militares “humanitarias” en pro de la democracia, bajo el cual se sometió durante décadas a los pueblos de la región, pero muy en particular a los palestinos.

El alzamiento de masas que recorre los países de la región, le demuestra a Netanyahu y su banda de nazis en el gobierno, que la guerra no será solo contra los dos millones de palestinos. Los pueblos de Oriente Medio están decididos a impedir al régimen colonial israelí que el histórico asedio, bloqueo, represión y matanza indiscriminada contra el pueblo palestino, con la excusa del ataque de Hamas a los kibutz, se convierta en masacre de cientos de miles.

En abierta oposición al conjunto de los dirigentes de las potencias occidentales imperialistas y también de los países sometidos (permanentes defensores del enclave y su política de apartheid), millones se manifestaron, salieron a las calles y quemaron sus embajadas, gritando al mundo lo que las redes y los medios pretenden esconder: que en la Franja de Gaza se está llevando a cabo un verdadero genocidio a cielo abierto, que bajo una supuesta declaración de guerra se ejecuta la aniquilación de un pueblo, que como gritan en muchos lugares del mundo “No es una guerra, es un genocidio”.

El ataque del martes último al Hospital Baptista Al-Ahli, donde se refugiaban familias palestinas de los misiles y bombas israelíes, terminó con la solidaridad que todavía lograba atraer para sí este régimen militar racista, colonial, opresor y criminal, después del ataque militar de Hamas el último 7 de octubre. Y mientras escribimos estas líneas otra explosión y destrucción de una iglesia ortodoxa, mató a casi un centenar de palestinos refugiados en el lugar.
 
 

Israel, un estado militarizado

 
En Israel, desde 1948 la limpieza étnica es más que una política, es una forma de vida;
 y su práctica ininterrumpida criminaliza al Estado, no solo sus políticas.
 
Ilan Pappé, historiador, activista político, Conversaciones sobre Palestina, 2016.
 
El Estado de Israel desde el año 2018 se convirtió en Estado nación judío, por una ley constitucional por la cual la población árabe-palestina y otras minorías pasaron a convertirse en ciudadanos de segunda clase, y más grave aún, esa ley le dio respaldo a los llamados “colonos” judíos en territorios ocupados de Cisjordania y Jerusalén oriental, por la cual “el Estado considera el desarrollo de asentamientos judíos como un valor nacional y actuará para estimular y promover su establecimiento y su consolidación”.[1] Los llamados colonos no son más que la avanzada armada del ejército de ocupación israelí, una especie de bandas paramilitares.

Ese cambio constitucional y el plan de reforma judicial cuestionado por amplias capas de la sociedad israelí, fueron impulsados por Benjamin Netanyahu y los ultranacionalistas que lo secundan con el fin de acaparar más poder, debilitando a la Corte Suprema como a los tribunales del sistema legal; demuestran al mismo tiempo, que esta camarilla dirigente de Israel se preparaba desde algunos años para este asalto, ocupación de los territorios y aniquilación de palestinos en nombre de la supuesta “única democracia” regional.

Las atrocidades cometidas contra el pueblo palestino no comenzaron el 7 de octubre, desde ese día el gobierno israelí cree haber encontrado el motivo para iniciar la aniquilación en masa de gazatíes, bajo el cínico “derecho a defenderse” del conjunto de la sociedad judía militarizada, que sale a reclamar al mundo solidaridad por las atrocidades cometidas por Hamas contra abuelos, jóvenes y bebés israelíes, pero que como describía y denunciaba el historiador y activista israelí Ilan Pappé en su libro:
 
Para la sociedad israelí los palestinos y palestinas son un objetivo militar, un riesgo para la seguridad, y una bomba demográfica. Esta es una de las principales razones por las que la limpieza étnica es una ideología considerada por la comunidad internacional, después de la Segunda Guerra Mundial, como un crimen espantoso y que puede llevar al genocidio,” …

Ya sea que se expulse o se masacre a la población, niñas y niños incluidos, es necesario percibirlos como objetivos militares y no como seres humanos.”… “lo que más corrompe a la juventud israelí es el adoctrinamiento que recibe, que deshumaniza totalmente a los palestinos y palestinas. Cuando un soldado israelí mira a un bebé palestino, lo que ve no es un bebé: es el enemigo”.
 
Este adoctrinamiento es la base de la propaganda israelí destinada a justificar la declaración de guerra contra un pueblo, alzando la bandera de lucha contra el “terrorismo”.
 
 

Las masas árabes no dudaron sobre la responsabilidad de Israel en el crimen de guerra cometido en el ataque al Hospital

 
Los movimientos y organizaciones en favor de la causa palestina se han extendido por el mundo, lo cual ha permitido en esta oportunidad romper la barrera de la desinformación agigantada por el poder de los medios y del lobby israelí, y tanto en las principales ciudades europeas, como también de los Estados Unidos, Canadá, Colombia o Brasil, decenas de miles de manifestantes se lanzaron a la calle contra los crímenes atroces de las fuerzas armadas israelíes como el perpetrado en el Hospital, y esto a pesar de que en muchos lugares fueron prohibidas, como en Francia y en Alemania donde incluso se ha prohibido usar la bandera palestina. En uno de los edificios del Congreso en Washington, los jóvenes levantaban la consigna “Terminen el bloqueo de Gaza, el sionismo es igual al fascismo, los judíos estadounidenses ahora piden un a cese al fuego en Gaza”. En la gran mayoría de ellas intervino la policía para desalojar, reprimir e impedirlas.

El ataque al Hospital abrió la brecha de la plena solidaridad con Israel, el presidente irlandés Michael Higgins se pronunció a favor de investigar el ataque contra el Hospital como un crimen de guerra. Crecen los pronunciamientos de artistas, estudiantes, organismos de derechos humanos e intelectuales, pidiendo un alto al fuego en Gaza, la Federación argelina de fútbol aplazó sus actividades hasta nuevo aviso en solidaridad con el pueblo palestino, y aumentarán cada vez más las expresiones de repudio al genocidio y solidaridad con la causa palestina.
 

Los realineamientos de los distintos gobiernos de la región y de las potencias imperialistas

 
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, se pronunció desde el inicio de este último conflicto israelí-palestino, en contra de los bombardeos israelíes a la Franja de Gaza y contra los asentamientos civiles israelíes, se propuso como mediador y criticó al secretario de Estado de los Estados Unidos, al hacer público durante un Foro de Negocios, una conversación entre el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, y su contraparte turca, Hakan Fidan, en la que Blinken habría insinuado que considera sus relaciones con Israel desde una perspectiva judía en lugar de su papel como secretario de Estado. Erdogan planteó esta cuestión al preguntar retóricamente qué ocurriría si él abordara la región desde una perspectiva religiosa, como musulmán.

Por otro lado, una seguidilla de visitas de primeros mandatarios (de Alemania, Reino Unido, etc.) a Israel en pleno conflicto, demuestran una vez más, el apoyo a la política colonial del Estado de Israel: la primera fue de Biden que también acompañó su defensa a Israel “inquebrantable como una roca” con el envío de dos portaviones de los más avanzados tecnológicamente, el despliegue de aviones caza, equipos, municiones y la aprobación unánime en el Congreso norteamericano de un paquete de ayuda de 14 mil millones de dólares.

 La visita del presidente norteamericano fue casi en simultáneo con el ataque al Hospital. La llegada de Biden a la región se dio cuando estallaban movilizaciones de furia contra esa masacre, lo cual obligó a las autoridades jordanas a suspender la reunión planeada de Biden con Mahmoud Abbas el presidente de la Autoridad palestina y el presidente egipcio Abdel Fattah al Sisi. Estos dirigentes cancelaron la reunión cuando ya las calles de Cisjordania, el Cairo, Irak, el Líbano, Jordania, Yemen e Irán, se cubrían de cientos de miles de personas en apoyo a los palestinos al grito de ¡No a la ocupación, No a los Estados Unidos!

El cinismo imperialista se expresa cada día del sitio y bombardeo a Gaza, pero ha quedado manifiesto de manera fiel con las negociaciones para la apertura del paso fronterizo de Rafah en frontera con Egipto; Biden alardeaba de haber logrado que Israel permitiera el ingreso de agua, alimentos y medicina… El Estado sionista permitió el ingreso el 21 de octubre de 20 camiones, la OMS (Organización Mundial de Salud) calcula que se necesitan 2 mil, es decir, ingresó el 1% de lo que se necesitaría ¡Ese fue el gran logró de Biden en sus negociaciones! ¡Se cae a pedazos su careta de la ayuda humanitaria!

También viajó para brindar apoyo a Israel, la alemana Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión europea, que se reunió en Tel Aviv con Netanyahu y se limitó a decir que confiaba en que las decisiones que tomara demostrarían que el país “es una democracia”. Esta declaración de Von del Leyen provocó problemas y reacciones en su contra dentro de las instituciones europeas que vienen de mal en peor desde la guerra de Ucrania, la difícil situación económica y sus consecuencias en la zona euro. Según la corresponsal en Bruselas del diario catalán La Vanguardia, “su actuación ha abierto una crisis institucional con el Consejo, creado confusión en la región y en el sur global, donde sus palabras se han interpretado como un doble rasero a la hora de juzgar a Rusia y a Israel.”
 
 

Hamás “derribó la puerta de la sala de negociaciones”[2]

 
El ataque de Hamas se produjo en el momento que Arabia Saudita negociaba la normalización de las relaciones con Israel, a cambio de cooperación en materia de seguridad y apoyo para su naciente programa nuclear de parte de Estados Unidos.
 
Desde 2020 varios países de la región habían iniciado la normalización de relaciones con Israel, desde los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, hasta Sudán y Marruecos. Esa situación también ayudó al gobierno israelí a encarar en mejores condiciones una ofensiva contra Hamas y la autoridad palestina. Además, estaba en curso el plan fundamental, que, de concretarse con Arabia Saudita, los pilares de un “Nuevo Medio Oriente estaban cerca de completarse”.

La nueva situación del conflicto militar pone a la monarquía saudita en compás de espera, y en el marco de esta nueva declaración de guerra de Israel, si no retrocedió con su plan por tiempo indefinido, en el mejor de casos tomó una distancia considerable del posible reconocimiento y establecimiento de relaciones normales con Israel.
 

Por la destrucción del Estado sionista de Isrrael

 
Bajo la lluvia de misiles sobre Gaza, la necesidad de solidaridad y apoyo al pueblo palestino se agiganta, en particular en los pueblos sometidos por las potencias imperialistas. Israel es un espejo donde se miran los dirigentes que impulsan el sometimiento político de los pueblos del mundo para saquear sus riquezas naturales y humanas, en un sistema económico basado en la esclavitud laboral y en la recolonización de pueblos y territorios, en un capitalismo global dirigido desde las principales potencias -supuestamente democráticas- por una elite oligárquica financiera y militar y sus lacayos en los países semicoloniales.

Las masivas movilizaciones en Medio Oriente deberán convertirse en el talón de Aquiles de este Estado enclave, para obligar a las fuerzas armadas más fuertes y mejor equipadas de la región al enfrentamiento contra el invasor sionista, sumándose a la lucha de los pueblos árabes y musulmanes.

Es en el terreno de la guerra donde el Estado colonialista de Israel eligió imponer su dominación y donde deberá encontrar su tumba. Y en todo el mundo, principalmente en los países imperialistas, como cuando Vietnam, la solidaridad material y la movilización serán también determinantes para el triunfo del pueblo palestino.
 

[1] BBC News Mundo, 19 de julio de 2018, “3 claves para entender por qué es tan polémica la ley que define a Israel como un ‘Estado nación judío’”.
[2] Sumaya Nasr, BBC Servicio Árabe, 11/10/2023



19/10/23

Declaración de Perspectiva Marxista Internacional: Defendemos incondicionalmente al pueblo palestino ¡Lucha internacional contra el Estado genocida de Israel!


17 de octubre de 2023




El odio del pueblo palestino contra Israel es justo, legítimo y revolucionario

  El 7 de octubre, Hamas, la organización político-militar palestina e islámica que gobierna la Franja de Gaza, lanzó contra territorio israelí miles de cohetes y, junto a otras formaciones del mismo signo, realizó incursiones armadas a través de múltiples puntos de la frontera que separa a Gaza de Israel. En el terreno estrictamente militar, las fuerzas palestinas coparon dos bases del ejército israelí y tomaron varios pueblos combatiendo contra las unidades armadas en ellos apostadas.

  Este ataque, que tomó por sorpresa a unas fuerzas armadas y servicios de inteligencia israelíes supuestamente súper eficientes y todopoderosos, fue preparado por Hamas durante dos años, algo que es imposible sin un apoyo de masas en el territorio. Ese respaldo solo puede explicarse por el odio del pueblo palestino contra un Estado-enclave que dice ser “democrático” pero que hace 75 años expulsó a millones de sus tierras, desde entonces lo sigue haciendo por medio de masacres sistemáticas, por cuyas cárceles han pasado y siguen estando como rehenes miles de palestinos, y cuya “justicia” legalizó la tortura.

  Es un odio legítimo, justo y revolucionario, que se extiende hacia los “democráticos” aliados imperialistas defensores incondicionales de Israel, encabezados por Estados Unidos.

  Vamos a los hechos y los datos, que seguramente habrán quedado atrasados cuando esta Declaración se haya publicado.

La “guerra a Hamas” que hace Israel no es una “guerra”; es un genocidio de la población palestina de Gaza

  • Bombardea indiscriminadamente destruyendo barrios enteros.

  • Corta el agua y la electricidad.
  • Impide el ingreso de alimentos y medicinas.
  • Ordena que alrededor de un millón de personas –sobre una población total de dos millones y medio– que viven en el norte de Gaza escape hacia el sur en el plazo de un día, pero ataca a los convoyes de los que intentan hacerlo, sigue bombardeando el sur, ordena que se cierre el único hospital que hay en el norte y ataca a las ambulancias.

  Todo esto mientras agrupa 300.000 soldados y gran cantidad de artillería y blindados en la frontera con Gaza para lanzar un ataque masivo por tierra.

  El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, declaró: “No habrá electricidad, ni comida, ni combustible, todo está cerrado. Estamos luchando contra animales humanos y así procederemos; lo mismo que vociferaba Hitler contra los judíos, que eran una raza inferior a la que había que exterminar.

  Es tan evidente la barbarie del Estado sionista que incluso desde Naciones Unidas se denunció que las convenciones internacionales de Derechos Humanos prohíben el “sitio completo” a una ciudad, es decir, matar de hambre y de sed a toda la población y atacar los servicios de salud, y también se alertó que en toda Gaza se está en camino a una “catástrofe humanitaria”. Denuncias todavía más fuertes hicieron Amnesty Internacional, Human Rights Watch y Médicos sin Fronteras.

Las naciones e instituciones “democráticas” y “civilizadas” son cómplices de Israel

  Acompañados por una gigantesca campaña mediática y en las redes sobre Hamas degollando niños, quemando vivas ancianas, violando mujeres, etcétera, los “democráticos” países imperialistas, las “democráticas” instituciones transnacionales a su servicio y muchos “democráticos” gobiernos lacayunos de países atrasados denuncian el ataque de Hamas como “terrorista”, para legitimar la “guerra” de Israel con el argumento de que “tiene derecho a defenderse”.

  • La “imparcial” Corte Internacional de Justicia, que pidió la captura de Putin por “crímenes de guerra” en Ucrania, hasta ahora está ciega, sorda y muda, a pesar de que en 600 días de guerra en Ucrania murieron 10.000 civiles (450 de ellos eran niños) y en 10 días de bombardeos israelíes murieron en Gaza unos 3.000 civiles (más de 700 de ellos eran niños).
  • Estados Unidos se pone a la vanguardia de la denuncia al “terrorismo de Hamas” y el apoyo a Israel haga lo que haga (en eso no hay diferencias entre Biden y Trump), y manda dos portaaviones a la zona para garantizar el cerco sobre Gaza y estar en condiciones de intervenir si las fuerzas enemigas de Israel en el Líbano (en la frontera norte del estado sionista) entran en guerra en apoyo a Gaza.
  • La Europa imperialista , hace lo mismo, e Inglaterra manda buques de guerra y otros equipos militares.
  • El Papa le pide a Hamas que libere a los rehenes, pero no la pide a Israel que libere a los rehenes que están encerrados en sus cárceles: los 5.000 presos políticos palestinos.
  • Se suman al repudio a Hamas y al “derecho de Israel a defenderse” no solo los gobiernos de derecha sino también casi todos los “progresistas” latinoamericanos, entre ellos, Lula (Brasil), Boric (Chile), Kiomara Castro (Honduras), Alberto Fernández y Sergio Massa (el actual presidente y el candidato a la presidencia del peronismo argentino). Mientras otros “progresistas”, como los presidentes López Obrador (México) y Luis Arce Gómez (Bolivia), miran para otro lado y llaman a la “paz”.
  • China y Rusia no toman partido en el conflicto y llaman a la “paz”.
  • Varios países con población musulmana, como Indonesia, dicen apoyar a la causa palestina pero condenan a Hamas.
  • Y todo esto se suma Mahmud Abás, el “presidente de Palestina” reconocido internacionalmente, que en realidad gobierna solo en Cisjordania, un canalla traidor a su propio pueblo.

¿Quiénes defienden a los palestinos?

  • Países árabes y/o musulmanes: Irán, Afganistán, Argelia, Siria, Túnez, Sudán, Yemen, Libia y Líbano (en cuya frontera con Israel están creciendo los enfrentamientos armados).
  • Turquía y Qatar, países que ha dado apoyo financiero y militar a Hamas, y alojamiento y protección a sus líderes y han denunciado repetidas veces al Estado de Israel por sus barbaridades contra los palestinos (ahora sus gobiernos se postulan como mediadores para parar la guerra, algo inaceptable por Israel).
  • En América latina: Cuba, Nicaragua, Venezuela, Colombia y Evo Morales.

  – El ex presidente de Bolivia, Evo Morales, criticó al actual presidente Arce Gómez por no enfrentar claramente “la política invasionista y expansionista de Israel. No asumir la defensa del hermano pueblo de Palestina es prueba de la derechización. Cuando un pueblo defiende su soberanía lo llaman terrorista. Pero cuando Estados Unidos financia guerras, invasiones armadas, golpes de Estado y magnicidios hablan de democracia”.

  – Gustavo Petro, el presidente de Colombia, primero denunció que lo de Gaza era como lo del Gueto de Varsovia; después la comparó con el campo de concentración nazi de Auschwitz, y ahora amenazó a Israel con romper relaciones diplomáticas.

A la “democracia” imperialista se le cayó la careta

  Las formidables herramientas de propaganda de los países imperialistas fueron muy eficaces para engañar a sus propios pueblos haciéndoles creer que todos los ataques, golpes de estado, guerras, invasiones y masacres que ejecutaron a lo largo y a lo ancho del planeta eran en “defensa de la democracia”. Ahora, cuando no se pueden ocultar las imágenes del genocidio israelí en Gaza, siguen apoyando a Israel, pero el temor a que esa mugrienta bandera política pierda su efectividad y quede al desnudo el verdadero carácter monstruoso de quienes la levantaban, están tratando aparecer como los artífices de una salida “humanitaria”. Los yanquis le dicen a Israel que ocupar Gaza “sería un gran error”, o sea, que la sigan arrasando con bombardeos y artillería e incluso la invadan para aplastar a Hamas, pero después se vayan. Paralelamente, Estados Unidos acordó con Egipto abrir un cordón humanitario de alimentos, medicinas, etcétera, en la frontera con la zona sur de Gaza, y hasta Israel dice que reestableció el suministro de agua para esa zona. Pero hasta ahora Israel no acepta que se abra ese corredor y se niega a garantizar allí un cese el fuego para que la ayuda pueda ingresar a Gaza.

  Finalmente, este plan egipcio-estadounidense, de tener éxito, en el mejor de los casos tendría como resultado, que la zona sur de Gaza, que no tiene ninguna capacidad para acoger a centenares de miles de expulsados de la zona norte, se convierta en un enorme campo de refugiados palestinos, uno más de los que fueron apareciendo y creciendo desde que nació el Estado de Israel.

El método terrorista de atacar a la población civil no es nuestro método

  No porque repudiemos la violencia en general; al contrario, propiciamos la revolución, sea democrática o socialista, y estamos a favor de recurrir a la violencia organizada de los explotados y oprimidos para acabar con la resistencia de los dictadores y los explotadores. Las acciones terroristas no son nuestro método porque en lugar de debilitar al enemigo lo fortalece ante las masas en su frente interno. Así ocurrió en Estados Unidos después de los ataques del 11 de septiembre contra las torres gemelas con el apoyo popular a la invasión a Afganistán, y está ocurriendo (por ahora) con la bronca del pueblo israelí contra Hamas, con la unidad de todas las direcciones burguesas en la “defensa del país” y con la incorporación de estas, que antes venían de 9 meses de movilizaciones de masas contra Netanhyaju, a un gobierno de unidad nacional con él.

  Según el gobierno israelí, los atacantes cometieron enormidad de salvajadas contra la población civil desarmada: asesinatos y violaciones de adultos, ancianos, mujeres y niños, y por eso califica los ataques como actos de “terrorismo”. Hamas niega haber hecho eso. No hay razón para creerle al gobierno de Israel todo lo que dice, pero el odio es muy profundo y es posible –casi inevitable– que, además de la operación militar, en algunas áreas se hayan producido actos de gran crueldad por parte de los combatientes palestinos.

¿Por qué, entonces, apoyamos la lucha palestina, encabezada hoy por Hamas?

  Los socialistas revolucionarios tenemos un principio que debe regir de manera absoluta nuestro accionar político: haga lo que haga el oprimido, la culpa es del opresor, y nosotros estamos en el bando de los oprimidos contra el bando de los opresores. Este principio lo heredamos de lo que dijo Marx sobre la rebelión de los cipayos, que eran los soldados indios del ejército de la Compañía Británica de las Indias Orientales, y por eso hoy el término “cipayo” define a los sectores políticos, sociales, económicos y militares de un país oprimido por una potencia extranjera que están al servicio de esa potencia.

  Pero en 1857 esos soldados se amotinaron, en lo que algunos historiadores indios consideran la Primera Guerra de Independencia de India contra el imperio inglés. Durante esa rebelión, muchos civiles y hasta familias enteras de colonos ingleses fueron masacrados, y en Gran Bretaña una gran campaña propagandística, igual que la que se hace ahora contra Hamas, denunció la barbarie de los cipayos. Marx respondió: “Sus métodos son bárbaros pero debemos preguntarnos qué los llevó a ejercer tanta brutalidad: los colonos británicos establecidos en la India”. O sea, si hubo salvajismo y crueldad por parte de sectores de combatientes palestinos, los colonos israelíes que los echaron y los siguen echando de sus tierras fueron los que provocaron esa barbarie.

  Por eso apoyamos la lucha palestina encabezada por Hamas. No caemos en la trampa de que el Estado de Israel debe ser defendido invocando al asesinato de millones de judíos por Hitler. Haber sufrido semejante genocidio por parte de la Alemania nazi no es una justificación para que desde su nacimiento el Estado de Israel haya sido un estado sionista-nazi. No caemos en la trampa de que los que denunciamos esto y combatimos contra ese estado somos antisemitas.

  Esta denuncia se plasma así en grafitis que se reproducen cada vez más en todo el mundo:




  No es un llamado a exterminar al pueblo judío. Todo lo contrario; es un llamado a liberarlo del Estado sionista, de la misma manera que la destrucción del Estado alemán en la Segunda Guerra Mundial liberó al pueblo alemán del hitlerismo, porque, como dijo Federico Engels, el compañero de Marx:

Un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre

Los revolucionarios y la lucha del pueblo palestino

 




El Estado sionista de Israel tiene una sola política para los palestinos: el exterminio

 El cinismo y la hipocresía de los medios de comunicación imperialistas no tienen límites, en medio de sus informaciones sobre la masacre que el Estado sionista de Israel lleva a cabo contra los palestinos -que de forma empalagosa denominan «derecho de respuesta de Israel» o «guerra contra Hamas»-, han publicado declaraciones como la de Yoav Gallant, ministro de defensa sionista, que denominó a los palestinos «animales humanos» o las del primer ministro Benjamín Netanyahu que los llamó: «monstruos sedientos de sangre que quieren aniquilarnos», sin hacer el más mínimo comentario al respecto… si esas mismas declaraciones las pronunciara alguien para referirse a los sionistas sería acusado de antisemita o nazi. Los sionistas, por el contrario, sí tienen libertad para animalizar y barbarizar a los palestinos.

 
Pero no sólo eso, acompañando tales declaraciones han expresado la política del Estado sionista para Palestina sin el menor sonrojo; Gallant dijo con total tranquilidad que para Gaza -con una población de 2 millones de habitantes-: «no habrá electricidad, ni comida, ni agua, ni combustible, se cerrará todo»… es decir, se arrasará a la población palestina sin ninguna piedad. Esos ilustres dignatarios sionistas son pomposamente ubicados como representantes de «la única democracia en medio oriente». Queda claro entonces qué es la democracia capitalista: muerte y destrucción para los pueblos oprimidos.
 
Pero esa política y esas formas «democráticas» no aparecieron luego del ataque de Hamas a Israel, son tan antiguas como el Estado sionista mismo. Sin embargo, sí se han expresado más abiertamente con la llegada al poder de los ultranacionalistas judíos, que no tienen bozal para enunciar sus sueños colonialistas y ponerlos en práctica. Bezalel Smotrich ministro de finanzas del Estado sionista estuvo en París en marzo pasado, este supremacista judío habló exhibiendo un mapa en el se que incluía a Israel, los otros territorios palestinos ocupados y el territorio de la actual Jordania. Es decir, el proyecto colonial del sionismo no sólo anhela apoderarse de todo el territorio palestino y borrar del mapa a sus habitantes, también ponen sus ojos en la vecina Jordania.
 
En su discurso en París Smotrich se preguntó: «¿Quiénes son los palestinos?» respondiendo «Yo soy palestino», «Mi abuelo, era palestino», «los palestinos son una invención». En 1969 Golda Meir -primera ministra de Israel- declaró: «No existe el pueblo palestino». Smotrich repite así la vieja cantinela sionista y colonial… actualizándola según las circunstancias; a comienzos de este año Smotrich llamó a «aniquilar» la aldea palestina de Huwara en Cisjordania luego del asesinato de dos colonos judíos.
 
Frente a este gobierno y estas políticas Biden se pronunció: «Que no quepa duda. Estados Unidos respalda a Israel. Nos aseguraremos de que el Estado judío y democrático de Israel puede defenderse hoy y mañana como siempre lo hemos hecho». Palabras muy similares usan los gobiernos de Francia, Inglaterra, Alemania o Italia. El Estado sionista de Israel deja así a la luz que es un Estado racista, colonialista y un enclave imperialista que tiene como política el exterminio del pueblo palestino.
 

Gaza: la mayor cárcel del mundo a cielo abierto

Luego de los acuerdos de Oslo  de los años noventa el territorio palestino original quedó reducido a Gaza, Cisjordania y un pedazo de Jerusalén, la Autoridad Nacional Palestina aceptó está condición a cambio de la creación de un Estado palestino. En la actualidad, luego de más de 30 años, no hay Estado palestino, el Estado sionista de Israel amplia sus asentamientos en territorio palestino y convirtió Gaza en la mayor cárcel a cielo abierto del mundo.
 
En Gaza viven cerca de 2,2 millones de habitantes en una franja de tierra a orillas del mar Mediterráneo de sólo 40 Km de largo por 15 Km de ancho, siendo por ello uno de los lugares más densamente poblados del mundo. Desde 2007, cuando Hamas ganó unas elecciones en Gaza, el enclave imperialista de Israel le impuso a la franja un bloqueo por cielo, mar y tierra. Es decir, los palestinos de Gaza no tienen el derecho democrático a elegir quien los gobierne, esa decisión la debe tomar el ocupante colonial: Israel. Desde ese año los gazatís no pueden abandonar por tierra la Franja sin una autorización israelí -existen tres pasos fronterizos terrestres, dos controlados por Israel y uno por Egipto, los tres han estado cerrados desde 2007 con eventuales excepciones en la frontera con Egipto-, el espacio aéreo es controlado por Israel y los gazatís sólo pueden navegar y pescar en el 15% del mar que les corresponde según los acuerdos de Oslo.
 
La economía de Gaza ha sido destruida con el bloqueo. Israel determina qué se puede importar y qué se puede exportar, sólo permite la exportación de productos como fresas y flores… por lo cual liquidó la mayoría de industrias palestinas, no se pueden producir muebles, alimentos, textiles o productos agropecuarios -incluso para el mercado interno-, porque no se permite la importación de materias prima. La actividad pesquera, además de las restricciones de faena, padece el costo del combustible -también por las limitaciones a su importación- y tiene prohibida la exportación. En esas condiciones la población debe emplearse en territorio ocupado por el Estado sionista, para lo cual deben obtener un permiso, los permisos de trabajo no llegan a los 50 mil para una población de más de dos millones de habitantes.
 
El bloqueo impide el ingreso a la franja de artículos mínimos para la subsistencia de los gazatís. No pueden importar repuestos para el mantenimiento de los sistemas de agua y saneamiento, el agua la obtienen de pozos subterráneos, requieren para ello de energía eléctrica para activar las motobombas, pero sólo tienen acceso a un par de horas de suministro eléctrico al día, por lo que tampoco acceden al agua. En Gaza el 80% del agua que se consume no cumple los estándares para agua potable de la OMS -Organización Mundial de la Salud-.
 
Los gazatís padecen también limitaciones al ingreso de materiales de construcción, por ello, existe déficit de escuelas, hospitales o cementerios. Así mismo, la atención médica es precaria pues tampoco se permite la entrada de equipos médicos, para tratar algunas enfermedades tienen que hacerlo en territorio ocupado por Israel y para ello se requiere también un permiso de ingreso que se le niega a 1 de cada 2 pacientes aduciendo razones de seguridad.
 
El desempleo en Gaza supera el 50%, tiene el desempleo juvenil más alto del mundo con más del 60% de sus jóvenes sin trabajo, casi el 80% de sus ciudadanos dependen de ayuda alimentaria para subsistir, según Naciones Unidas el 70% de las familias de Gaza viven con menos de un dólar por día. Por ello, se destinan por la «comunidad internacional» varios miles de millones de dólares en ayuda, pero cerca del 45% de esos recursos se los quedan empresas israelíes que son contratadas para vender los productos necesarios para los gazatís, es decir, los israelíes destruyen Gaza y se enriquecen con su «reconstrucción».
 
Los gazatís viven bajo el terrorismo del Estado sionista día y noche. Los aviones israelíes sobrevuelan cielo de Gaza y no se sabe en qué momento van a bombardear. El ejército sionista ingresa cuando quiere, hace incursiones en sus barrios, capturan sin orden judicial ni cargos a sus jóvenes, amenazan con bayoneta en mano a las familias, queman sus casas, destruyen sus cultivos, vierten cemento en los pozos de agua, secuestran y hacen asesinatos selectivos. Por todo lo anterior, Gaza no es más que una cárcel a cielo abierto -así lo ha dicho desde la ONU hasta la propia prensa en Israel-, un gueto, similar al gueto judío de Varsovia en la II guerra mundial, por ello, el Estado sionista de Israel es similar al Estado nazi.   
 
Tras la incursión de Hamas el pasado 7 de octubre la decisión del Estado sionista ha sido incrementar la catástrofe humanitaria ya existente y desarrollar su política de exterminio palestino sin escrúpulo alguno. Obliga a cerca de 1 millón de palestinos a abandonar la zona norte de la franja, en medio del corte de la energía eléctrica, sin agua, alimentos o combustible y bajo bombardeos constantes. Han bombardeado escuelas, hospitales e incluso las oficinas de la ONU, las instalaciones hospitalarias están desbordadas y los muertos y heridos están en las calles, los carros de helado están siendo usados para conservar algunos cadáveres y los enfermos crónicos o heridos de gravedad tienen encima una condena de muerte ante la orden de desalojo. Ninguna ayuda puede ingresar a la franja por orden del gobierno de Israel, ni siquiera conocemos del todo lo que sucede en Gaza porque están cortadas las comunicaciones, por lo cual, nadie puede informar, los periodistas que los hacen están en territorio ocupado por los sionistas y cuando les queda algo de dignidad no pueden más que reconocer: «que es un verdadero genocidio». 
 

La vida en Jerusalén este y Cisjordania

 En Jerusalén Este, de manera cercana a lo que ocurre en Gaza, la política de discriminación propia de un régimen colonial también se aplica. El Estado sionista no tiene formalmente control sobre este territorio, pero en los hechos ordena la demolición de las casas palestinas, se apropian de tierras para la expansión de los asentamientos ilegales y siguen expulsando de sus hogares a las familias palestinas. En Cisjordánia la mayor parte del territorio está bajo control militar del enclave imperialista y las políticas son similares o más brutales. Los asesinatos de palestinos a manos de militares o colonos israelíes son pan de cada día, los palestinos son desalojados de sus hogares con el coro de «muerte a los árabes» de fondo.
 
En Jerusalén Este está ubicada la mezquita de Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca -lugares sagrados para los musulmanes-, los colonos ultranacionalistas predican la demolición de las mezquitas y la construcción de un templo judío. A los palestinos se les ha restringido el acceso a estos lugares y los políticos sionistas los visitan a manera de provocación.
 
En Jerusalén Este el 75% de los palestinos viven en condición de pobreza, en Cisjordania cerca del 40% de los jóvenes está desempleado. Son esas condiciones las que hacen que la mayor parte de los palestinos que son asesinados en cada revuelta estén entre 18 y 22 años, ellos combaten desde el desespero y la rabia. Los jóvenes palestinos llenan las cárceles del Estado sionista sin cargos ni juicio y tienen que desarrollar largas huelgas de hambre para que se aclaren sus procesos.
 

¿Existe una guerra entre Israel y Hamas?

 
Israel es un Estado artificial creado y financiado por el imperialismo en territorio palestino, por ello, Israel -a pesar de su tamaño- cuenta con uno de los ejércitos más poderosos del mundo, con un arsenal nuclear que nunca se ha puesto en cuestión -como si se discute que Irán llegue a tener armas nucleares-. Hamas es una organización islámica que hace uso del terrorismo, pero que no tiene una capacidad militar comparable a la del enclave imperialista; las acciones de Hamas cuentan con el apoyo de una parte de la población palestina porque son expresión de la lucha de un pueblo oprimido contra un Estado colonialista y opresor. El Estado sionista de Israel no ataca a Hamas, ataca al pueblo palestino. En ese sentido, no existe una guerra entre Israel y Hamas porque no son enemigos equivalentes, Hamas no puede sostener una guerra, desarrolla acciones terroristas en contra de Israel. En otro sentido, el Estado sionista de Israel sí desarrolla una guerra, una guerra de colonización que ha sostenido una política exterminio del pueblo palestino -que se ha agudizado en las últimas décadas bajo el gobierno de Netanyahu-. 
 
Esa guerra de colonización -como hemos indicado- no empezó el 7 de octubre de 2023 tras los ataques de Hamas, se remonta al comienzo de la ocupación del territorio palestino. Si tomáramos como fecha de inicio el año de 1947 y llegáramos hasta finales del año 2022 se puede decir que cerca de 100 mil palestinos han sido asesinados por las fuerzas del Estado colonial sionista. Entre 1947 y 1948 fueron asesinados más 15 mil palestinos y fueron desplazados 950 mil. De allí en adelante las masacres han sido sistemáticas al igual que el asesinato constante en los territorios ocupados. Entre las que más impacto en muertes han causado están:
 
Deir Yassin en abril de 1948 que dejó 360 víctimas palestinas
Gaza entre 1955 y 1956 con 380 palestinos caídos
Sabra y Shatila en septiembre de 1982 con más de 3 mil asesinados
Yenín en abril de 2002 en la que cayeron 500 palestinos
Gaza entre 2008 y enero de 2009 en la que se asesinaron 1436 palestinos
Gaza en 2014 con una cifra de 2322 palestinos asesinados
Gaza 2023 con una cifra hasta el momento de más de 3 mil asesinatos
 
Los palestinos no han contado con el apoyo financiero ni militar de ningún país imperialista, ni siquiera con el apoyo decidido de las burguesías árabes para enfrentar al Estado invasor.
Al contrario, cualquier sanción contra el Estado sionista en la ONU es vetada por Estados Unidos con la complicidad de las «democracias del mundo», Estados Unidos e Israel se niegan a ser llevados a tribunales internacionales -eso es para los países oprimidos-, y la impunidad por sus crímenes es total e incuestionable.
 
¡Por una Palestina laica, democrática y no racista!
 
Se podría separar al Estado sionista de la población judía que habita el territorio ocupado por el enclave imperialista, sin embargo, si bien existen judíos antisionistas y un sector de la población que se separa del gobierno colonial y ultranacionalista de Netanyahu existen expresiones de un fenómeno de derechización de sectores muy amplios de la sociedad. En ciudades como Jerusalén se pueden encontrar grafitis en las paredes como: «La paz es una catástrofe, queremos la guerra» o «¡Holocausto para los árabes!» Para buena parte de los habitantes de Israel se ha hecho normal y hasta justificado el padecimiento de los palestinos. Los gestos de apoyo a la actual campaña contra Gaza y Palestina son casi unánimes, todos bajo el argumento de una «justa respuesta». Si se aplicará ese mismo argumento a favor de los palestinos ¿Qué se diría del ataque de Hamas?
 
Para nosotros como revolucionarios y marxistas el ataque de Hamas hace parte de la lucha de un pueblo oprimido, que se explica en el contexto de esa guerra colonial que ha llevado a cabo el Estado sionista de Israel en territorio palestino. Los palestinos han luchado y luchan por su tierra, por sus vidas, ante la política de exterminio del Estado sionista, la lucha palestina es la respuesta de un pueblo que se niega a desaparecer. Los kibutz atacados el 7 de octubre por Hamás y las ciudades israelíes adyacentes a la franja de Gaza están construidos sobre los pueblos palestinos de Jiyya, Burayr, Hamama, Najd, Dimra, Simsim; según las «democracias occidentales» esos militantes de Hamas -la mayoría de ellos jóvenes desempleados, desesperados y humillados en Gaza- deben aceptar el exterminio de su pueblo y sus acciones deben ser condenadas como crímenes de lesa humanidad.
 
Qué opinarían entonces esas «democracias occidentales» sobre el levantamiento de Tupac Amaru en el Perú, de la insurrección de los comuneros en Colombia, de la lucha de independencia en Estados Unidos, de la lucha por la descolonización de los pueblos africanos, de la organización y levantamiento del Gueto de Varsovia contra los nazis, o de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica ¿que eran crímenes de lesa humanidad? ¿que los oprimidos no deben levantarse contra el opresor?
 
El Estado de Israel ha convertido en hechos su consigna de «por cada israelí morirán cien palestinos», eso es lo que hace ante los ojos del mundo entero, que responde casi al unísono es su «justa respuesta», eso no es una respuesta justa, es la justificación de un genocidio. 
 
Antes del 7 de octubre de este año los jóvenes palestinos protagonizaban protestas violentas contra el Estado sionista de Israel… nadie les prestó atención, antes de ese sábado en la mañana los palestinos reclamaban su derecho a ingresar y defender la Mezquita de Al Aqsa en Jerusalén… el mundo hizo oídos sordos, las familias palestinas han reclamado vehemente la libertad de los presos palestinos de las cárceles del Estado ocupante… esos jóvenes siguen pudriéndose en esas prisiones. En redes sociales apareció desde comienzos de este año la consigna «Queremos vivir» por parte de los palestinos, casi un grito desesperado del que no se hizo ningún caso. Ahora resulta que los criminales son ellos, que los agresores son ellos, que los terroristas son ellos. Para nosotros ¡No! Como hemos narrado el pueblo palestino es el agredido, el criminal es el enclave imperialista y colonial de Israel que hace uso del terrorismo de Estado contra la población palestina. Por eso, como revolucionarios no podemos decir otra cosa que ¡Viva la lucha del pueblo palestino! ¡Por una Palestina laica, democrática y no racista! 
 
Por:
 
Samuel Escalante.
17-10-2023
 
 







2/8/23

La rebelión francesa

 

El 27 de junio en Nanterre -oeste de París- empezó una de las movilizaciones más multitudinaria, furiosa y violenta de los últimos tiempos, la marea explosiva ha ido extendiéndose más allá del área metropolitana de Paris y aparecieron focos en otras ciudades. El odio se expresaba en saqueos a centros comerciales, ataques a comisarías, a ayuntamientos, quema de coches de la policía, deparada de autobuses y vehículos del transporte público.

La gota que desbordó el vaso fue el asesinato de un joven, el mismo día 27 de junio, en un suburbio de Nanterre.  Un policía le disparó en el pecho -por no parar en un control de tránsito- a Nahel, un trabajador adolescente francés de origen argelino, de 17 años, repartidor de pizza y estudiante de electricidad en un Liceo, hijo único criado por su madre.

A raíz del asesinato de Nahel, desde los suburbios hasta el centro de París, avanzó un furioso tornado que ha tenido como factor fundamental a la juventud y en buena medida incluso adolescentes menores de edad, que se organizaron a través de las redes sociales, con lo cual las protestas se extendieron a diferentes sectores.  Fue un estallido espontáneo de lucha contra el racismo, el gatillo fácil, las miles de detenciones, las maniobras judiciales que abren procesos contra los detenidos y declara prohibidas ciertas manifestaciones.

Según datos oficiales, más de 3.700 personas han sido detenidas por la policía con relación a las protestas desde la muerte de Nahel, entre ellas unos 1.160 menores desde 13 años que se encuentran bajo custodia policial y un hombre adulto muerto en Marsella.

Las movilizaciones de masas en Francia suelen arrancar desde los sectores más explotados y oprimidos: los trabajadores inmigrantes. Los estallidos marcan continuamente el descontento con el capitalismo imperialista explotador y segregacionista, con el régimen político cada vez más bonapartista y represivo, aunque las protestas no las expresen nominalmente.

Desde el 2005 hubo varias movilizaciones importantes, como la que estalló en el suburbio parisino de Clichy-sous-Bois cuando murieron electrocutados dos jóvenes musulmanes, ZyedBenna (17 años) y BounaTraoré (15 años), al chocar contra una subestación eléctrica cuando huían de la policía después de un partido de fútbol.

En el 2006, incendiarias protestas de jóvenes, en contra de la ley de contrato del primer empleo fueron brutalmente reprimidas.  Jóvenes desempleados que buscaban trabajo se vieron enfrentados al gobierno de los empresarios que les impone precarización laboral y muy bajos salarios.

En el 2016, Adama Traoré, un joven francés de origen maliense de 24 años, detenido en la comisaría de Persan (Val-d'Oise) muere por asfixia, estando en custodia policial[1].  Su muerte provocó multitudinarias protestas en contra de la brutalidad policial en Francia, reactivadas en 2020 por el caso de George Floyd en Estados Unidos.

Francia es uno de los países europeos que mayores y más violentas movilizaciones de protestas ha tenido desde los años noventa. La necesidad de los trabajadores y pueblo pobre de defender sus conquistas históricas que este capitalismo decadente les ha ido despojando ha hecho surgir protestas de todo tipo, algunas explosivas, iniciadas por variados motivos: contra el aparato represivo y el abuso de poder, contra el empeoramiento de las condiciones de vida, contra la discriminación, contra la suba del combustible, del pasaje del transporte, contra los ataques al derecho de jubilación.

Las movilizaciones espontáneas, como la más reciente, suelen surgir en los barrios suburbanos pobres, donde habitan trabajadores precarizados y jóvenes desempleados.

Las protestas que empiezan en los barrios periféricos, la prensa las tildan de revuelta de inmigrantes, porque ahí viven en su mayoría; es el fenómeno, es lo que aparece a primera vista. Así también, la chispa que genera el incendio suele ser un criminal ataque policial contra algún joven inmigrante.

La realidad profunda es la crisis económica que cargan sobre sí los trabajadores y sectores populares, donde los más afectados son los inmigrantes, pero no solo ellos. Desde enero, ha habido una serie de movilizaciones en Francia, multitudinarias, combativas y hasta incendiarias, como las últimas, en la lucha contra la reforma previsional que retrasa la edad jubilatoria(de 62 a 64 años) y aumenta un año más de cotizaciones (de 42 a 43 años de aportes). Un saqueo a la clase trabajadora en favor de la burguesía.

Los estallidos en las periferias de Francia tienen algunas características comunes, pero nunca se había visto esta magnitud geográfica y de furia[2].  Aunque la mayoría de los estallidos sociales y luchas tienen en común varios factores políticos, sociales y económicos, el contexto de esta lucha tiene peculiaridades propias: se da en el marco de la criminal guerra de Estados Unidos y su brazo armado, la OTAN,  contra Rusia, los severos  planes de ajuste de Macron contra las masas mientras millones de Euros van como ayuda militar a Ucrania para sostener la guerra contra Rusia, la ofensiva antijubilatoria del gobierno, su apoyo a las fuerzas represivas para el gatillo fácil contra los pobres e inmigrantes.

El trasfondo es complejo: la crisis económica, la pobreza, la inflación y la falta de empleo, la exclusión social de numerosos sectores de la juventud, la precarización laboral, la pelea salarial y las manifestaciones contra la reforma previsional. El motivo del odio profundo de las masas es el ataque de la burguesía francesa, su régimen y su gobierno contra las condiciones de vida de los trabajadores y los sectores populares.

La inflación interanual en Francia es del 4,5% pero en alimentos es del 12,9%[3]  siendo el rubro en que más gastan los sectores populares.  El costo de la vivienda (incluido alquileres) también tuvo un fuerte incremento 8,2% ocultado por el índice general de la inflación.  La tasa de desempleo en 2023 llega a 7%, pero en los jóvenes menores de 25 años se dispara a 17,2%[4]

Una encuesta publicada en abril por Le Parisien, indica que los sectores más pobres redujeron sus gastos en alimentación. Fueron consultados los que ganan el salario mínimo (1.353 Euros), de los cuales el 79% afirmó que redujo las compras alimentarias, más de la mitad dijo que redujeron sus porciones y el 42% incluso que suprimió una de las comidas, principalmente desayuno o cena[5]. La calidad alimentaria también se vio afectada ya que se redujo el consumo de frutas y verduras por su alto costo, con incrementos de hasta 17%[6]

Estos elementos configuran el contexto del estallido actual y de las anteriores como las protestas violentas contra la ley del «contrato del primer empleo» (2006),  las manifestaciones contra la primera reforma de la edad jubilatoria  (2010),  las movilizaciones de protestas de los chalecos amarillos (2018) y también este año las manifestaciones contra la reforma de previsional de Macron.

Las derrotas, traiciones, negociaciones desastrosas de las direcciones, por momentos ha debilitado la lucha de masas, aunque el bajón no ha podido impedir nuevos estallidos sociales como la última de  las banlieves (periferia de las ciudades)  con una multitud de jóvenes en las calles, automóviles quemados, centros comerciales asaltados, bancos atacados.

Los jóvenes que salen en las protestas hacen parte de esas generaciones que sienten con mayor fuerza la sensación de «no futuro».  Si el capitalismo lograba crear eufemismos para las pasadas generaciones de jóvenes de la clase trabajadora (ley del primer empleo, trabajo part-time, emprendedorismo, pluriempleo), a estas les ofrece poco y nada. Por eso en cada grito, en cada gesto aparece con mayor fuerza la necesidad del cambio radical, los gérmenes revolucionarios surgen en  cada estallido.

 

Las masas contra el régimen y el gobierno

Es una protesta contra el régimen y específicamente contra el gobierno de Macron que ha profundizado el carácter bonapartista-dictatorial con sus planes de ajuste, con la aprobación por decreto de la contrarreforma jubilatoria y por dar manos libres a las fuerzas represivas. También es un alzamiento contra el cada vez mayor acercamiento del gobierno a los movimientos fascistas al que Macron extiende la alfombra roja con sus declaraciones contra los inmigrantes. Las masas no olvidan que Macron golpeó a los trabajadores en la pandemia, sigue golpeando con la guerra, favoreciendo a la burguesía más rica del país.

Tras las movilizaciones por el asesinato de Nahel y habiéndose cumplido 7 años del asesinato policial de Adama Traore, un joven negro que murió estando en custodia policial fue organizada una movilización en su memoria, la cual fue prohibida. A pesar de ello, los manifestantes desafiaron las prohibiciones y marcharon contra la violencia policial.  La hermana del joven expresó su repudio a la orden judicial, señalando:  «Autorizan las marchas de los neonazis, pero a nosotros no nos dejan marchar. Francia no puede darnos lecciones de moral. Su policía es racista y violenta».

Las libertades públicas están perdiendo terreno en Francia frente a un gobierno cada vez más autoritario y represivo como de hecho son los gobiernos en apariencia democráticos cuando se pone en juego los privilegios de los sectores dominantes. Aplica todo tipo de táctica para descomprimir las manifestaciones, desde prohibirlas hasta suspender el servicio de transporte público por la noche, toques de queda en algunos distritos, detenciones (más de 3.000 detenidos), procesos judiciales a manifestantes detenidos, despliegue en las calles de 45.000 efectivos de las fuerzas represivas (4 veces más que la cantidad desplegada en el momento más álgido de las movilizaciones contra la reforma de pensiones), amenaza de cortar redes sociales si la situación sale de control.

 

La explicación reaccionaria

La etnificación de la protesta es el centro del discurso de la derecha, lo que le permite llevar el foco hacia la inmigración y desviarlo de los temas importantes y urgentes: la guerra, jubilaciones, desempleo, precariedad laboral, inflación, agudización de la represión. Así, todos los problemas se reducirían a minorías inadaptadas a las costumbres francesas y acentuadas por el ingreso masivo y sin control de extranjeros a los que los servicios públicos no pueden dar suficiente atención.

Este tipo de afirmaciones oculta, por un lado la tremenda explotación de los inmigrantes. El 90% de las autopistas se hicieron con mano de obra inmigrante más barata, el 50% de los médicos de los hospitales de los barrios populares son de origen inmigrante, también el 42% de los trabajadores de las empresas de limpieza, el 60% de los pequeños talleres mecánicos de la región parisina son de inmigrantes[7].

Una investigación de la Universidad de Lille del 2010 indicaba que el Estado recibía de los inmigrantes un saldo positivo de 12.400 millones de Euros por los ingresos en concepto de impuestos varios, descontados los servicios estatales prestados.[8]

Los trabajadores inmigrantes realizan las tareas más duras e indeseables, al mismo tiempo son los peor pagados y los que tienen las peores condiciones o casi ninguna seguridad social.  Además de las tareas de servicios, limpieza, infraestructura, la inmigración tiene varios aportes culturales y deportivos a la nación francesa, tan solo basta echar un vistazo a los clubes de la Ligue 1 o la selección francesa de futbol para ver la pléyade de deportistas de origen negro o árabe.

Por otro lado, si bien el detonante de las protestas últimas ha sido el asesinato de un joven hijo de inmigrante, la ola de protesta reciente en Francia, lleva ya más de seis meses, con subidas y bajadas, desde las grandes movilizaciones contra la reforma previsional que desde enero involucró a varios sectores de trabajadores activos y jubilados a quienes se les unieron los jóvenes.

La violencia represiva contra jóvenes golpea mucho más a los inmigrantes o hijos de inmigrantes.  Sin embargo, en las protestas contra la brutalidad policial no salen sólo ellos, salen jóvenes en general, golpeados por este sistema económico excluyente y empobrecedor.  Por eso a las últimas tumultuosas protestas contra el asesinato de Nahel la denominaron «marcha blanca», para significar que el problema no era sólo con los inmigrantes, los negros, los africanos, sino que estaba afectada toda la población que sufre la opresión del régimen y los ataques del decadente capitalismo imperialista francés y su estado.

 

Contra el capitalismo imperialista

El proceso de lucha ha sido objetivamente anticapitalista. Una protesta contra el capitalismo que inunda de publicidad llamando al consumo y que al mismo tiempo, por la profunda desigualdad, impide el acceso a los bienes a amplias capas de la población. La frustración que genera esta situación en los sectores más pobres explota en la irrupción violenta de las masas contra los centros comerciales, en los ataques destructivos contra los bancos. Las masas procedieron a romper todo a su paso, en las calles incendiaron los vehículos, destrozaron escaparates de las tiendas y destruyeron mobiliarios de los restaurantes.

La lucha de los inmigrantes es también una lucha antiimperialista, gran parte de los inmigrantes son refugiados de los conflictos instigados y financiados por las empresas capitalistas francesas que operaban en las colonias y están presentes en las actuales semicolonias, también son exiliados económicos de los empobrecidos países africanos, y en  gran medida son refugiados de las persecuciones de los dictadores africanos sostenidos por la metrópoli francesa como parte de un mismo régimen de dominación imperialista. Así funciona la democracia de Francia, tiene partes íntimamente ligadas, una cara de la moneda es el régimen en Europa y otra en el continente africano y en las Antillas.

Las reivindicaciones que han aparecido en toda las luchas del último año, de poner fin al involucramiento del país en la guerra de la OTAN es objetivamente una protesta contra el imperialismo guerrerista. Francia es parte del frente de la OTAN en la guerra que se desarrolla en Ucrania, supeditándose a los intereses del conjunto de los países imperialistas europeos y de EE.UU.  Francia es uno de los principales aportantes de armas, municiones, pertrechos y alimentos para la guerra, lo que ha acarreado una nueva andanada de ajustes económicos contra las masas, ya que cada euro destinado a la ayuda militar a Ucrania sale del bolsillo de los trabajadores. Un grito corriente que recorre las movilizaciones últimas en toda Europa es: ¡Ni un euro más para la guerra de la OTAN!

 

Las expresiones hostiles y el fondo de la vergüenza

«Enhorabuena a los compañeros que abrieron fuego contra un joven delincuente de 17 años»[9] publicó el sindicato policial inmediatamente al conocerse la noticia, el tweet se borró posteriormente, pero varios medios se hicieron eco del mismo.

Algunos sectores han hecho una colecta para el policía que disparó contra Nahel. La  campaña fue lanzada por Messiha, el presidente del Institut Vivre Francais[10] que anteriormente trabajó con los candidatos presidenciales de extrema derecha Marine Le Pen y Eric Zemmour, y otro sector de derecha presentó un proyecto de ley que elimina la inimputabilidad para menores.  En ambos casos, es claro el apoyo al accionar del policía y una amenaza dirigida a los que luchan, en este caso a los jóvenes de los suburbios.

Los gremios policiales y el propio presidente responsabilizan a los padres que no pueden controlar a sus hijos.  Según Macron: «Es la responsabilidad de los padres guardar a sus hijos en casa. La República no tiene la vocación de sustituirlos». En los barrios populares, el 35% de las familias son monoparentales y nueve de cada diez, madres solteras[11]

 

Decadencia del imperialismo francés y del régimen democrático burgués

El pasado colonial pesa en el interior del régimen imperialista de Francia. La segregación racial, las arbitrariedades contra los inmigrantes son el subproducto de un Estado que por siglos ha dominado y explotado como colonias a los pueblos de África y de las Antillas. La hegemonía cultural de la clase dominante todavía tiene bien asentada en diversos sectores sociales y sobre todo en las instituciones la actitud despectiva, arbitraria y racista respecto a los trabajadores inmigrantes. Los barrios periféricos pobres rememoran lo que antes eran las pobres naciones africanas sometidas a regímenes de explotación esclavistas.

El aparato represivo es más cruel con los pobres e inmigrantes, la excusa oficial del desempleo son los inmigrantes, el aumento de la delincuencia es comúnmente atribuido a los inmigrantes. Son los chivos expiatorios de las calamidades que provoca el capitalismo en Francia.

 

Recuadro de luchas importantes de los últimos años

2005:  violentas protestas por la muerte de dos adolescentes musulmanes, ZyedBenna (17 años) y BounaTraoré (15 años), cuando huían de la policía después de un partido de fútbol, al chocaron  contra una subestación eléctrica en Clichy-sous-Bois, un suburbio de París y murieron electrocutados

2006:   más de 3 millones de participantes, en su mayoría jóvenes, en las violentas protestas en varias ciudades contra la Ley  del Contrato del primer empleo.

2010:   huelga general obrera convocada para impedir que la ley de pensiones sea votada (primera reforma de la edad jubilatoria).  Se plegaron los estudiantes, que se enfrentaron a la policía afuera de los colegios secundarios y estuvieron en los piquetes al lado de los obreros.

 2016:   asesinato de Adama Traoré, un joven francés de origen maliense de 24 años, quien fuera detenido en la comisaría de Persan (Val-d'Oise) muere por asfixia, estando en custodia policial.

2018:   la sublevación de los “chalecos amarillos” autoconvocados y completamente independiente de los sindicatos y partidos políticos tradicionales de la clase trabajadora, contra el aumento de precios de los combustibles, pero que posteriormente se amplía con la exigencia de aumento salarial, reducción de la edad de jubilación, restablecimiento del impuesto a la riqueza, contra las restricciones al acceso a la universidad y el aumento de matrícula para extranjeros que acabarán con la universidad abierta y gratuita.

2023:  el estallido por el asesinato de Nahel, el adolescente de origen argelino, repartidor de pizza, estudiante del Liceo por parte de un policía por no haber parado en un control de tránsito.

Las derrotas recientes de las movilizaciones contra la reforma jubilatoria, antes que hacer mermar la voluntad de lucha, lo que hizo fue acumular frustraciones, aumentar el odio, la bronca. La ley del «gatillo fácil» del 2017 que facilitaba a la policía el uso de armas de fuego en situaciones que antes no podía, no sirvió para derrotar la voluntad de luchar de las masas, pero sirvió para acrecentar las víctimas mortales de la fuerza policial y para desprestigiar aún más frente a los trabajadores al Partido Socialista que votó a favor de la ley[12].

 

La rebelión pone en crisis a las organizaciones tradicionales

Es probable que por las recientes negociaciones y derrotas de las luchas sindicales y por la prioridad electoral de los partidos de izquierda, las barriadas de trabajadores inmigrantes y los jóvenes que salen a luchar tengan desconfianza en las organizaciones tradicionales de la clase trabajadora.

La emergencia furiosa de las protestas fue espontánea, es decir, no controlada por ningún partido o burocracia sindical. La forma y la radicalidad sorprendieron a todo el mundo, las organizaciones sindicales tradicionales y los partidos reformistas, sorprendidos también, jugaron en el equipo rival, llamando a la calma y al diálogo y para que la lucha no se salga de los márgenes institucionales.

Todas las luchas apuntan objetivamente contra el aparato represivo, la marginación arbitraria de la población inmigrante, contra el plan económico antipopular de Macro agravado hoy por la ayuda financiera destinada a la guerra de la OTAN en Ucrania, contra la destrucción del sistema jubilatorio, contra la carestía de la vida, contra la precarización laboral, en fin contra el capitalismo francés, cada vez más decadente, elitista, racista y depredador de vidas humanas.  Lastimosamente, si el carácter de la lucha va contra el sistema, las direcciones sindicales y políticas miran en otra dirección y juegan para el lado del régimen.

Contra la represión y la violencia policial, un gran sector de la izquierda propone volver a instaurar la «policía local» establecida durante el gobierno de Jospin con apoyo de la izquierda que pretendía dar la apariencia de un sistema represivo «más amigable» en las barriadas ya que cumplía ciertas tareas propias de trabajadores sociales[13]. Esa policía fue eliminada por Sarkozy y hoy la reivindicación «progresista» es recuperarla para tener un sistema represivo «más humano».

El divorcio entre las movilizaciones de masas y la izquierda es notable por su casi nula participación en los últimos hechos de la lucha de clases y se vio con los chalecos amarillos, con la huelga general contra la reforma jubilatoria, con las luchas de los jóvenes. Decía Jean-LucMélenchon, el más importante dirigente de la izquierda parlamentaria francesa: «Como vimos durante la batalla de las pensiones, todavía no hemos superado la absurda división entre fuerzas sociales y fuerzas políticas. Naturalmente, nuestros adversarios se aprovechan de la situación: enfrentan a los sindicatos con las organizaciones políticas, y luego a las organizaciones políticas entre sí.»[14] Mélenchon describe el problema del cual él mismo hace parte.

 

La urgente necesidad

En las últimas décadas, Francia ha sido escenario de varios estallidos, se dieron violentas protestas de los trabajadores activos y jubilados, la juventud, las minorías étnicas en la lucha por sus necesidades inmediatas. 

La enorme distancia entre las luchas de las masas y las direcciones sindicales y políticas de los trabajadores se acrecienta. No se puede esperar de las direcciones tradicionales una línea revolucionaria.  Ellas son arrastradas por la decadencia capitalista. No son internacionalistas, ni plantean un llamado amplio a apoyar la lucha de los trabajadores y el pueblo pobre.  No tienen planes para convertir las luchas en una movilización europea, mucho menos hay una política contra su propio imperialismo. Surgieron expresiones de apoyo de la juventud al estallido francés, como en Suecia y Bélgica.  Podría haber habido muchas más si hubiera habido una dirección que las promueva.

No hay unidad de las luchas, los sindicatos por un lado, los partidos de izquierda en el pantano electoralista, los jóvenes por su lado con una gran desconfianza hacia las organizaciones tradicionales de la clase.

Los líderes sindicales no hacen llamado a la huelga general y movilización popular para derrotar el plan económico y la jauría represiva. Hacen huelgas acotadas con el único fin de negociar cuanto antes alguna migaja. La perspectiva política está ausente y la dirigencia política de los partidos y grupos socialistas solo ven un horizonte electoral para ganar cupos dentro del estado burgués.

La más urgente necesidad de los trabajadores y sectores populares de Francia es la construcción de una organización política clasista, revolucionaria e internacionalista que unifique las luchas y a los luchadores para poner fin a las bases de la discriminación social, para derrotar el plan económico de Macron y desmantelar el aparato represivo criminal burgués, que ponga en perspectiva un movimiento internacional por el retiro de la OTAN del este europeo y por el desmantelamiento de este brazo armado del imperialismo yanqui y europeo.

 

 

[1]https://www.bbc.com/mundo/articles/cd180r4xwnyo

 

[2]Teruggi, M [@Marco_Teruggi]. (1 de julio de 2023) Los estallidos en la periferia de #Francia tweet. https://twitter.com/Marco_Teruggi/status/1675247515023671297

 

[3] https://datosmacro.expansion.com/ipc-paises/francia#:~:text=La%20tasa%20de%20variaci%C3%B3n%20anual,en%202023%20es%20del%203%25.

 

[4] https://datosmacro.expansion.com/paro/francia

 

[5] https://www.dw.com/es/franceses-m%C3%A1s-pobres-reducen-comidas-por-la-inflaci%C3%B3n/a-65263961

 

[6]https://www.dw.com/es/franceses-m%C3%A1s-pobres-reducen-comidas-por-la-inflaci%C3%B3n/a-65263961

 

[7]https://www.abc.es/internacional/inmigrantes-francia-201011220000_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

 

[8]https://www.abc.es/internacional/inmigrantes-francia-201011220000_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

 

[9]https://www.sinpermiso.info/textos/francia-revueltas-a-resultas-de-la-violencia-policial-y-la-marginacion-social-dossier

 

[10]https://es.euronews.com/my-europe/2023/07/04/controversia-en-torno-a-la-recaudacion-de-fondos-para-el-policia-frances-que-mato-a-un-ado

 

[11]https://www.elconfidencial.com/mundo/2023-07-03/protestas-francia-reavivan-guerra-cuerpo-nahel_3685103/

 

[12]https://www.elviejotopo.com/topoexpress/entrevista-a-jean-luc-melenchon/

 

[13]https://www.revolutionpermanente.fr/Police-de-proximite-quand-la-gauche-veut-nous-faire-aimer-la-police

 

[14]https://www.elviejotopo.com/topoexpress/entrevista-a-jean-luc-melenchon/