4/6/20

Estados Unidos: la república democrática donde estalló la rebelión social contra la degradación y la pérdida de derechos civiles




En la república democrática, la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero de un modo tanto más seguro, y lo ejerce, en primer lugar, mediante la corrupción directa de los funcionarios (Norteamérica) y, en segundo lugar, mediante la alianza entre el gobierno y la Bolsa…

F. Engels, 1891

En 2003, Estados Unidos impulsó y dirigió la invasión militar a Irak bajo el lema de su lucha por los valores democráticos, con el pretexto de imponer un régimen democrático en lugar de la dictadura autocrática de Saddam Hussein, quien fue acusado de poseer armas de destrucción masiva. Cuando se demostró el engaño de esta información de inteligencia con respecto a las armas, el país ya había sido destruido por la guerra. En medio de una economía absolutamente ineficiente y paupérrima, en Irak la democracia todavía es una deuda. Como lo es también en muchos países aliados a los Estados Unidos, entre ellos Arabia Saudí, aunque estén llenos de petrodólares.
Estados Unidos, «el país de la libertad, la seguridad y los derechos civiles», avanzó con métodos de guerra por todo el mundo, e impuso su propia degradación de la democracia fuera de sus propias fronteras (Irak, Yugoslavia, Afganistán)… y también dentro de ellas.
Estados Unidos, el país de la Coca-Cola, los McDonald’s y Disneylandia, es el país donde dominan las grandes corporaciones, los gigantes financieros de Wall Street, los nuevos «millonarios emprendedores de las empresas tecnológicas y de los fondos de inversión», la banca y los trusts, con un despliegue y un presupuesto militar extraordinarios al servicio de su política colonial.
Un Estado que define quiénes son sus enemigos en el mundo de acuerdo a los intereses de sus megaempresas transnacionales y de su capital financiero. El aparato estatal en los Estados Unidos está al servicio de ese propósito, para imponer sus intereses al del resto del planeta, para dominar, para expoliar las riquezas de los países atrasados y para explotar a millones de trabajadores y oprimir países y minorías.


Bajo la tutela de Trump, Estados Unidos encaró la pandemia del Covid-19 con miles de víctimas por la criminal política oficial de no resguardar la salud pública ni ofrecer asistencia gratuita durante una de las crisis sanitarias más importantes sufridas por la humanidad.
En ese marco, la policía norteamericana mató a George Floyd, a plena luz del día. Mientras lo filmaban los transeúntes le suplicaban que lo dejara mientras el policía presionaba con su rodilla la cabeza de la víctima hasta provocarle la muerte por asfixia. George Floyd no se resistió, y sin embargo toda la fuerza bruta y el sadismo policial fueron desplegados contra él. Horas más tarde se filmaba otro ataque despiadado contra dos jóvenes negros mientras eran sacados a empujones y golpes de un auto en un control policial durante las movilizaciones de repudio por el asesinato de Floyd. La brutal conducta asumida por las omnipresentes fuerzas de seguridad, desde las policías estatal hasta la Guardia Nacional, quedó a la vista de todo el mundo, registrada en centenares de videos difundidos por la televisión y viralizados en las redes sociales.
Bajo el mando del magnate y bravucón Trump, un modelo de ricachón de los años 50, con sus dorados brillantes como emblema, el Estado norteamericano no asume la responsabilidad por las miles de muertes por el Covid-19, en su mayoría negros y latinos, y menos todavía por la brutalidad policial que asesinó Floyd. Y además ordenó el despliegue de la fuerza militar para acallar las voces de millones de ciudadanos que defienden en la calle los derechos civiles y una república democrática que parece inexistente para los negros, los latinos y los trabajadores.


La represión policial, judicial y política ejercida desde un Estado dominado por los blancos y ricos es una de las razones por la que mueren o están presos muchos negros en los Estados Unidos. La otra razón del número de muertes es la pobreza y las enfermedades nacidas de la pobreza y de décadas de injusticias.
El sistema de salud del país de la libertad, se construyó con la libertad que poseen los grandes capitales para crear clínicas, hospitales, centros de asistencia, tratamientos, medicamentos, y hasta el desarrollo de investigaciones científicas al servicio de las ganancias de esos capitales. Pero solo el norteamericano medio puede acceder a él, si puede pagar miles de dólares, y es casi inaccesible para la mayoría de la población más pobre.
Sabrina Strings, una negra que es profesora asociada de Sociología de la Universidad de California en Irvine, en su libro Fearing the Black Body: The Racial Origins of Fat Phobia (El temor al cuerpo negro: los orígenes raciales de la fobia a la gordura), lo dice de forma muy simple

… la época de la esclavitud fue cuando los estadounidenses blancos determinaron que los estadounidenses negros solo necesitaban lo mínimo, lo cual no era suficiente para que se mantuvieran en condiciones óptimas de salud y seguridad. Esto hizo que la gente de color tuviera menos acceso a alimentos sanos, condiciones de trabajo seguras, tratamientos médicos y otras desigualdades sociales más que tienen un impacto negativo en la salud.

Incluso antes de la COVID-19, los estadounidenses negros tenían tasas más altas de enfermedades crónicas múltiples y una menor esperanza de vida que los estadounidenses blancos, independientemente de su peso. Este es un indicador de que nuestras estructuras sociales nos están fallando. Estos fallos —y la consecuente aceptación de la creencia de que el cuerpo negro es particularmente defectuoso— están enraizados en una era vergonzosa de la historia estadounidense que sucedió cientos de años antes de esta pandemia.

A las enfermedades y a la pobreza se suma el abuso policial y estatal contra los negros. La república democrática sirve de escudo para defender de forma más segura las ganancias capitalistas, y por lo tanto reprime a la pobreza y sostiene el odio racial.
Ya en el siglo diecinueve, en el contexto del surgimiento de una fuerza política como fue la socialdemocracia alemana, Engels afirmó que el sufragio universal es el «índice de madurez de la clase obrera», pero agregó que nuestra clase «no puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual». Engels estaba diciendo que los trabajadores podemos construir partidos obreros sin patrones, como fue en sus orígenes el PT de Lula, e incluso ganar elecciones, pero no podemos avanzar ni un paso más si el Estado sigue bajo la dominación de la clase burguesa, de la clase propietaria de los medios de producción, de las empresas.
Hace unos días, en el acto de homenaje a Floyd, su hermano denunció la acción criminal de los policías y llamó a continuar con la protesta y la movilización, pero en paz y pensando en votar con inteligencia en las próximas elecciones a presidente, que se realizarán en noviembre. Este mensaje, de ejercer el derecho a votar como única arma para luchar contra la injusticia, es lo opuesto a lo que decía Engels, porque presupone que si Trump es derrotado en la urnas puede haber un cambio de fondo.
Desde la Guerra de Secesión (1865) hasta nuestros días, los negros estadounidenses han logrado, muchas veces pagando un alto precio de sangre, torturas y prisión, fundamentales conquistas democráticas: desde la abolición de la esclavitud hasta leyes que establecieron la plena igualdad política y jurídica con el resto de los ciudadanos de Estados Unidos. Pueden votar, pero ese derecho sobrevive en una democracia donde los derechos civiles son pisoteados de forma cotidiana para la inmensa mayoría de norteamericanos. La historia y la realidad de hoy han demostrado que Engels tenía razón: «La clase obrera, no puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual».
Engels llamó a cambiar de raíz el sistema capitalista, con una democracia que solo da libertad a la clase dominante y a sus fuerzas militares para defender sus intereses. Si el mundo debe cambiar, debe hacerlo de la mano de las mayorías trabajadoras, que necesitan un nuevo Estado, dominado por las mayorías explotadas con democracia obrera y al servicio de la humanidad.


Las máscaras del capitalismo

Desde Marx a la actualidad, la infinidad de máscaras que tratan de esconder las verdaderas lacras del sistema de explotación que rige la economía mundial han crecido en cantidad y métodos sofisticados, todos al servicio de ocultar la verdad.
Pero en las últimas décadas estas máscaras se han multiplicado de forma exponencial. Para ocultar la fealdad de la pobreza, toda su secuela de males y la crueldad manifiesta de la injusticia, para controlar y hacer invisibles las luchas desatadas en todos los países contra la brutalidad patronal y la dictadura del régimen de explotación vigente en todo el planeta.
Tanto las desdichas de las masas populares y la clase obrera como las glorias de sus luchas y valientes rebeliones son ocultadas bajo infinitas capas de máscaras, por direcciones sindicales que negocian lo innegociable, por intelectuales que miran hacia otro lado, por denuncias que quedan en eso, por políticos preocupados por la carrera parlamentaria, por agentes sociales, políticos, sindicales, culturales, religiosos sólo preocupados por que el Estado de los capitalistas defienda sus intereses particulares, que consideran mucho más importantes que las convicciones morales que dicen tener.
La pandemia del COVID-19 expuso la verdadera cara del sistema capitalista-imperialista, y las lacras comenzaron a emerger… No es casual que el asesinato de un negro en la ciudad de Minneapolis haya detonado con tanta fuerza la indignación en el mundo.


24/5/20

Trump y Duque: su genocida cerco contra Venezuela, y la derrotada agresión militar



La llamaron “operación Gedeón”, que traducido del hebreo significa “Destructor, guerrero poderoso”. Fue la madrugada del pasado 3 de mayo cuando, zarpando desde Colombia, agredieron militarmente a Venezuela intentando desembarcar en las costas de Macuto en el estado La Guaira, y en el municipio Santiago Mariño del estado Aragua. Según el plan ideado desde Miami y Bogotá, esta sería la avanzada de 300 mercenarios que una vez adentro de territorio venezolano recibirían apoyo bélico de Estados Unidos, buscarían dividir y concitar apoyo dentro de las fuerzas armadas venezolanas, derrocar a Maduro y entregárselo encadenado a Trump. Así el títere de los yanquis, el amigote del uribista Duque, el protegido por la paramilitar y genocida banda de los Rastrojos, el señor Guaidó, accedería (por fin) al poder, “liberando” a Venezuela.
La prensa colombiana difundió la noticia colocando todo su poder manipulador en buscar desviar la atención sobre el hecho fundamental. Se dedicaron entonces a señalar que la “Gedeón” fue una operación “suicida”, “ridícula”, “descabellada”, “ingenua”, “absurda”. Se hicieron así eco de la forma como Trump buscó zafarse de toda responsabilidad, diciendo que su gobierno nunca haría una invasión “tan mal planeada”. De esta manera buscaron evitar colocar en el centro lo fundamental: que desde territorio colombiano se acababa de propinar una directa agresión militar contra la hermana República de Venezuela. Todo bajo la dirección de una empresa yanqui, con la participación directa de mercenarios entrenados por las fuerzas especiales del Ejército de los Estados Unidos (caso de Airan Seth) y por los equipos Mar, Aire y Tierra de la Armada de los Estados Unidos o SEAL (caso de Luke Deman). También con la participación del siniestro JJ Rendón, el mismos que asesoró a Uribe en la campaña del “No”. En buena hora Airan y Luke fueron detenidos por Venezuela, y la operación derrotada.
Duque busca pasar de agache, cuando en realidad le cabe toda la responsabilidad política en esta agresión militar a la soberanía de un país hermano. Con su política uribista y pro-yanqui contra Venezuela ha auspiciado y promovido todo tipo de violaciones a la soberanía venezolana. Recordemos el fallido intento de violentarla con el uso oportunista y cínico de una falsa “ayuda humanitaria” que junto con Piñera de Chile, Guaidó, y con la colaboración de Los Rastrojo, intentaron con la operación de los camiones que pretendieron meter en territorio venezolano a comienzos del 2019. Agresión también derrotada por la República Bolivariana.
Es un hecho que en Colombia ya no sólo hay bases militares yanquis el servicio de aquello de que “todas las opciones” están abiertas contra Venezuela, como lo han proclamado Trump y Pompeo. También hay bases militares de mercenarios y ex militares venezolanos que traicionaron a su patria, y colocándose al servicio del amo yanqui y de las oligarquías venezolanas y colombianas, se entrenan militarmente en nuestro territorio y conspiran permanentemente para atacar militarmente a Venezuela. Todo bajo el patrocinio y bajo la política del Gobierno uribista de Duque. Y como ha quedado totalmente claro con la tal “operación Gedeón”, con el apoyo activo de narcotraficantes y paramilitares colombianos: además de Los Rastrojo, está el caso del narcotraficante de La Guajira, Elkin Javier López Torres, alias Doble Rueda. De paso quedaron en evidencia, una vez más, las raíces sociales y políticas del uribismo y de su gobierno en esa casta narco paramilitar y terrateniente que, además, está detrás del asesinato de líderes y lideresas sociales.
Y todo esto lo orquestan Trump y Duque justo cuando Venezuela, como todos los países del mundo, sufre los daños causados por el COVID-19. Sólo que en el caso venezolano esto ocurre en un país debilitado y golpeado duramente por las sanciones, ataques, el bloqueo económico que viene de años atrás[i], y el reciente bloque militar-naval impuesto por el imperialismo.
Con estos ataques criminales los yanquis buscan destruir todo rastro del legítimo derecho de los pueblos latinoamericanos, y en particular del venezolano, a ejercer su soberanía nacional; buscan volver a rapiñar la riqueza del país, y para eso pretenden reinstalar en el poder a la vieja oligarquía lacaya, la misma que durante el Caracazo no vaciló en masacrar al pueblo de Venezuela.
Trump, Duque y todos los de su calaña se ensañan así contra el pueblo y la nación de Venezuela, de manera que no merece otro calificativo más que genocida. Y como si faltara una muestra más de la crueldad, justo ahora Trump se empeña en impedir la llegada de buques iraníes que le llevan gasolina a Venezuela, en momentos que la necesita con urgencia.
Pero, por lo pronto, el “poderoso guerrero”, el “Gedeón”, fue aplastado por una legítima y contundente acción militar del Ejército, de la Armada y de la Policía Nacional Bolivarianas, que garantizaron así la defensa de la soberanía venezolana. Todos quienes estamos del lado de la defensa de la soberanía nacional de los países oprimidos y en contra de las agresiones de que son víctimas por parte del imperialismo, saludamos este triunfo del pueblo, de las fuerzas armadas y del Gobierno de Venezuela.
Cacerolazoenlinea
23 de mayo del 2020


[i] “La escalada del imperialismo contera Venezuela no cesa, desde el fracasado intento de golpe de estado en el 2002 contra Chávez, pasando la orden ejecutiva del “democrático” Obama declarando a Venezuela como una “amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadunidenses”, el genocida bloqueo que ha causado el desplazamiento de 4 millones de venezolanos según datos de ACNUR, y ha supuesto pérdidas de 350.000 millones de dólares en producción de bienes y servicios entre 2013 y 2017, lo que equivale a entre 8.400 y 12.100 dólares por cada venezolano o al Producto Interior Bruto (PIB) de aproximadamente un año y medio”. Tomado de cacerolazoenlinea.blogspot.com: “Declaración contra la agresión imperialista a Venezuela con participación del gobierno de Duque”.



25/4/20

DECLARACIÓN CONTRA LA AGRESIÓN IMPERIALISTA A VENEZUELA CON PARTICIPACIÓN DEL GOBIERNO DE DUQUE

Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad.

Simón Bolívar (1783-1830)






Reproducimos en esta ocasión la Declaración contra la agresión imperialista a Venezuela que publicó PMI - Colombia en su blog https://cacerolazoenlinea.blogspot


En medio de miles de muertos y millones de contagiados por el CODIV 19, el gobierno de Donald Trump ha decidido desplegar un gigantesco operativo militar sobre las costas del hermano país de Venezuela, con el argumento de “combate al narcotráfico”. Esta acción del imperialismo más poderoso del planeta, en momentos en los cuales las naciones necesitarían unir esfuerzos para salvar vidas y enfrentar la pandemia, devela la crisis de un sistema que se alimenta del olor nauseabundo de la destrucción y la guerra.


Esta agresión militar se da luego de que el régimen yanqui imputó cargos por “narcotráfico” y ofreció millonarias “recompensas” contra Maduro y otros altos mandos venezolanos. Así pretenden, además, disfrazar el ataque con el manto de una “operación antinarcóticos”. Como si no fuera que el gran negocio capitalista de los narcóticos se da fronteras adentro de Estados Unidos, y que del mismo se beneficia especialmente la gran banca imperialista.


Estados Unidos es por hoy uno de los principales productores de marihuana, cuyas ventas ascendieron a casi 9.000 millones de dólares y se estima que para el 2021 las ventas alcanzarán los 21.000 millones de dólares, según Tom Adams, director de BDS Analytics, que hace seguimiento a la industria del cannabis. 1En un artículo de James Petras titulado “How Drug Profits saved Capitalism" plantea que “los beneficios de la droga, en el sentido más básico, se aseguran mediante la capacidad de los cárteles de lavar y transferir miles de millones de dólares al sistema bancario norteamericano. De acuerdo con los registros del Departamento de Justicia norteamericano, un banco sólo, el Wachovia Bank (propiedad hoy de Wells Fargo), lavó 378.300 millones de dólares entre el 1 de mayo de 2004 y el 31 de mayo de 2007 (The Guardian, 11 de mayo de 2011). Todos los bancos principales de los EE. UU. han hecho de socios financieros activos de los cárteles asesinos de la droga.”2


El guion del “combate al narcotráfico” nos recuerda el cuento usado por Bush sobre las “armas químicas y de destrucción masiva” de Sadam Husseim, que le valió el apoyo del imperialismo mundial y de las burguesías lacayas como la colombiana. Pero luego las tales “armas de destrucción masiva” no aparecieron por ninguna parte, pero el país sí quedó destruido y su petróleo fue saqueado.


La guerra contra las drogas se ha convertido en el vehículo principal de colonización y militarización de América Latina. Un vehículo financiado e impulsado por el gobierno norteamericano y alimentado por una combinación de falsa moral e hipocresía. Para la muestra un botón, Colombia, el primer país productor de coca, es hoy con 12 bases militares gringas en su territorio, la punta de lanza del imperialismo contra los pueblos de América Latina, en especial contra Venezuela.


Está en curso una de las mayores crisis que ha enfrentado la humanidad: La combinación de una pandemia que ya ha matado a más de 100.000 personas y contagiado a más de un millón y medio, con una crisis económica que podría conducir a una depresión peor que la del 30. Este contexto hace que la decisión de Trump de agredir ahora a Venezuela sea vista como lo que es, un acto de brutal piratería.


No caigamos en el engaño del discurso “en defensa de la democracia” y “contra los narcóticos”, el fondo de la decisión del imperialismo yanqui es incrementar la presencia militar en la región con el fin de asegurar sus intereses hegemónicos en el hemisferio, eliminar todo atisbo de independencia destruyendo el régimen chavista en Venezuela perpetuar su dominio sobre los inmensos recursos económicos de América Latina y el Caribe, hoy en franca disputa con potencias emergentes como China y Rusia. Hoy a Estados Unidos le interesa reforzar más aún su control y opresión sobre América Latina cuando se dispone, junto con todos los burgueses, a hacerle pagar a los trabajadores y a los pobres los platos rotos por la pandemia y por la crisis de su economía capitalista.


Como se denunció desde Cuba: “El Comando Sur norteamericano, en marzo del 2018, hizo pública una información sobre su estrategia para nuestra región en los próximos diez años, los principales «peligros» o «amenazas» identificadas y el modo de enfrentarlas. Así mencionó a Cuba, Venezuela, Bolivia, «la lucha contra el narcotráfico», redes ilícitas regionales y transnacionales, mayor presencia de China, Rusia e Irán en América Latina y el Caribe…”3


La escalada del imperialismo contera Venezuela no cesa, desde el fracasado intento de golpe de estado en el 2002 contra Chávez, pasando la orden ejecutiva del “democrático” Obama declarando a Venezuela como una “amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadunidenses”, el genocida bloqueo que ha causado el desplazamiento de 4 millones de venezolanos según datos de ACNUR, y ha supuesto pérdidas de 350.000 millones de dólares en producción de bienes y servicios entre 2013 y 2017, lo que equivale a entre 8.400 y 12.100 dólares por cada venezolano o al Producto Interior Bruto (PIB) de aproximadamente un año y medio.4


Detrás de la campaña yanqui contra Venezuela hay razones geoestratégicas. El amo del norte jamás perdonó ni perdonará a los gobiernos responsables del fracaso del ALCA, (Tratado colonizante de libre comercio), a los gobiernos que promovieron la integración latinoamericana, centroamericana y caribeña contra los dictados de Washington. Las campañas contra los gobiernos de Chávez y Maduro, contra Evo Morales, Rafael Correa, los Kirchner, Daniel Ortega, Dilma Rousseff y Lula tiene el trasfondo de erradicar esos “malos ejemplos” de gobiernos que independizaban a sus países del imperio y que usaron gran parte de los recursos derivados del auge de las materias primas, para armar un entramado de bienestar social, brindando vivienda, salud y educación a los sectores más necesitados de la población.


La política de Estado del conjunto de la oligarquía yanqui para recuperar su dominación sobre América Latina, concentra en Donald Trump y su gobierno, la faceta más criminal. Al genocida bloqueo y las ilegales sanciones contra el pueblo venezolano, Trump ordena una escalada militar, con el desplazamiento de poderosos barcos de guerra, aviones espía y miles de tropas estadounidenses, cerca de las costas de Venezuela.

Estados Unidos con más de medio millón de contagiados, cerca de 20.000 muertos en su mayoría de la comunidad latina y afrodescendiente,5 es hoy el epicentro de la pandemia, por eso, esta ofensiva militar, empieza a ser duramente cuestionada en su interior, como una forma de ocultar la “mortal mala gestión”6 del gobierno frente al COVID 19, siendo la demostración más dramática de un sistema decadente y putrefacto que debe ser erradicado antes de que nos conduzca a la barbarie.


Estados Unidos, como bien lo pronosticó el libertador Simón Bolívar, continuará si no lo impedimos con su rol de gendarme colonizador violando cada vez que la plazca la soberanía nacional de los pueblos de América Latina y del mundo.


Como buen lacayo Duque no tardó en apoyar la agresión, y anunciar la participación junto con otros 23 países en la quinta fase de la llamada Operación Orión, que más allá del pretexto de la lucha contra el narcotráfico, constituye realmente la participación de Colombia en la agresión militar contra Venezuela. El apoyo a esta demencial acción dada por el gobierno de Iván Duque, pone sobre el tapete el papel servil que históricamente ha desempeñado la oligarquía colombiana, al colocar al país como portaviones del imperialismo en América Latina.


Duque tiene el cinismo de sumarse al ataque yanqui a Maduro por “narcotraficante” cuando a ojos de todos los colombianos quedó claro que para llegar al gobierno este gobierno contó con el apoyo activo de narcos como el Ñeñe Hernández así como lo hiciera en el pasado reciente su mentor Álvaro Uribe. Habla del combate al narcotráfico, cuando no dudo en apoyarse en el grupo narco paramilitar de los rastrojos para que el autoproclamado Guaidó cruzara la frontera para atacar a Venezuela.


Para los trabajadores y pueblo pobre de Colombia, esta posición del gobierno uribista de Iván Duque que pretende conducirnos a una guerra con nuestro hermano pueblo de Venezuela es sencillamente un acto criminal, como lo es el sistemático asesinato de líderes y lideresas sociales, que bajo su nuevo gobierno se ha disparado. Criminal fue no cerrar el aeropuerto el Dorado a tiempo para contener los contagios importados. Y si de atacar a alguien por criminal se trata, qué decir del uribismo que fue gestor de la ley 100 cuyo resultado es la destrucción del sistema de salud pública en Colombia, creador de EPS – IPS que hoy se enriquecen con la salud de los colombianos, que sobre explota a los médicos y paramédicos con contratos precarios, y ahora los conduce a la muerte sin mecanismos de protección para enfrentar la pandemia. Criminal es no garantizar a las familias pobres condiciones dignas de alimentación y vivienda para hacer la cuarentena. Criminal es estar facilitando a los capitalista la reapertura de empresas, para que puedan seguir obteniendo ganancias con la explotación de los trabajadores, así eso signifique llevar al matadero de la pandemia al trabajador y su familia.


La exigencia del cese inmediato de toda acción bélica contra Venezuela, el levantamiento del brutal bloqueo contra su pueblo, así como el respeto a la soberanía de los pueblos, debe ser la posición de todos los trabajadores, demócratas y luchadores revolucionarios del continente y del mundo. Quien no se coloque del lado del pueblo agredido contra el imperialismo agresor y sus cómplices, quien no esté por la derrota de los ejércitos invasores, en este caso el colombiano, pasara al basurero de la historia como el traidor a la causa de la libertad.


Saludamos a todos aquellos que se han pronunciado contra esta nueva agresión, a los miembros del parlamento colombiano que han pedido explicaciones a Duque por su apoyo al gobierno yanqui, a los compañeros de la CUT y demás sectores políticos y sindicales que han repudiado esta acción.


La escalada de Estados Unidos contra Venezuela exige ir más allá; resulta urgente que la CUT y el Comité Nacional de Paro encabecen el llamado a la más amplia unidad de acción con todos aquellos que acuerden en rechazar la agresión imperialista a Venezuela, en defender su soberanía, y en repudiar que el gobierno uribista de Duque comprometa a Colombia en tal ataque a una nación hermana.


¡Retiro inmediato de las fuerzas desplegados por el ejército yanqui sobre las costas venezolana!

¡Cese del criminal bloqueo y de las sanciones ilegales contra Venezuela y Cuba!

 ¡Suspensión por parte del gobierno colombiano de toda maniobra que atente contra la soberanía de Venezuela!

¡Retiro de las doce bases militares de yanquis del territorio colombiano!

Retiro inmediato de Colombia de la llamada Operación Orión, y uso ya de esos recursos económicos y logísticos para enfrentar la pandemia, dar alimentación a la población más pobre mientras esta dure, pagar salarios adeudados a personal médico y paramédico, y dotarlos de recursos requeridos para sus labores.



Referencias


1. https://cnnespanol.cnn.com/2018/02/01/marihuana-legal-estados-unidos-industria-auge/

2. https://www.sinpermiso.info/textos/el-papel-de-wall-street-en-el-narcotrfico-negocio-boyante

3. http://www.granma.cu/mundo/2018-08-09/bases-militares-de-eeuu-en-america-latina-y-el-caribe-el-plan-suramerica-09-08-2018-17-08-04

4. https://actualidad.rt.com/actualidad/305334-consecuencias-economicas-bloqueo-financiero-venezuela

5. https://elpais.com/sociedad/2020-04-09/el-coronavirus-mata-mas-a-los-hispanos-en-nueva-york.html

6. https://www.newsweek.com/trump-administration-drug-venezuela-operation-distract-coronavirus-1496044?em



EL CACEROLAZO en línea

Abril 12 del 2020