16/12/22

Ante los ojos de las masas trabajadoras, desaparece la supuesta cara “humanitaria” del capitalismo, con un “Estado regulador”, una “redistribución de la riqueza” y una “revolución tecnológica” al servicio de la sociedad. La depredación del planeta y la miseria creciente aparecen en primer plano

 

 


La civilización y la justicia del orden burgués se muestran en su aterradora claridad siempre que los esclavos y los oprimidos de este orden se alzan contra sus dueños; entonces esta civilización y esta justicia se presentan como barbarie sin disfraz y como venganza sin ley. 

Carlos Marx

 

La trampa utilizada por la política, la dirigencia sindical o social –aun cuando sea presentada con un lenguaje simple, números y gráficos ilustrativos–, está en la pretensión de esconder los objetivos de la ideología dominante, de la clase explotadora –la burguesía–.

En estos tiempos y en el mundo, los mensajes que se bajan desde el conjunto de las instituciones del Estado, difundidos por los medios masivos –en manos de lo que se suele llamar “poder concentrado”–, coinciden en un punto fundamental: el único sistema económico-social posible es el capitalismo. Un sistema que, desde hace más de un siglo, es capitalismo-imperialista, es decir, decadencia, monopolios y cada vez más militarismo. Un sistema opresor y saqueador de países en beneficio de las potencias más desarrolladas y con más alto poder de fuego, bajo el dominio de una franja minoritaria de la clase dominante, la gran burguesía, parasitaria, que se enriquece cada vez más con la especulación, sin trabajar ni producir nada.

A partir de este punto los mensajes se dividen.

Están los que defienden el llamado “modelo neoliberal”, y plantean que los Estados son grandes máquinas burocráticas, corruptas y que se apropian de la renta nacional, y con esos argumentos defienden las políticas de privatizaciones que significaron la expropiación de los bienes públicos y el patrimonio de los trabajadores. Y están los que denuncian que con ese “modelo” “los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres”, pero que es posible un “capitalismo humano”, con un Estado que “regule” la actividad económica para “redistribuir” la riqueza de modo que una parte de las ganancias de los ricos se destinen a mejorar la vida de los trabajadores y los pueblos y países pobres.

 

Las crisis

Las crisis muestran al rojo vivo que los dos mensajes son mentirosos. Por ejemplo, en la megacrisis mundial de 2008, tanto los “neoliberales” como los “reguladores” pusieron los recursos del Estado al servicio de los grandes capitalistas, con millonadas para salvar de la quiebra a los bancos, las industrias y los monopolios comerciales más poderosos, con subsidios y exenciones fiscales de todo tipo, regalándoles parte de los salarios, etcétera.

Durante la pandemia ocurrió lo mismo: los grandes empresarios recibieron subsidios, las masas explotadas y empobrecidas solo limosnas, y millones de trabajadores nunca abandonaron la actividad, arriesgando su vida y la de su familia. No faltaban conocimientos ni redes de cooperación a nivel mundial capaces prever una tragedia de esa magnitud, y preparar a la población ante el peligro de un virus como el Covid. Las grandes empresas farmacéuticas reunían las condiciones científicas y técnicas para hacerlo, pero prevenir una catástrofe no brinda beneficios; en cambio, vender y distribuir miles de millones de vacunas a los países en condiciones de comprarlas, aunque se tardara meses y las víctimas se amontonaran en las puertas de los hospitales, era un enorme negocio. Y así fue como subieron meteóricamente las ganancias de esos monopolios.

Era inevitable, entonces, que el resultado de estas dos crisis, en todo el mundo, haya sido la concentración de la riqueza en cada vez menos milmillonarios y la multiplicación de la pobreza en la inmensa mayoría de sociedad, es decir, un aumento brutal de la desigualdad social, algo que reconoce cualquier economista, sociólogo o politólogo de uno u otro “modelo” que no sea un mercenario mentiroso.

 

 Nacimiento y muerte del Estado de Bienestar

 El objetivo de la gran mentira sobre los “dos modelos” es envenenar la cabeza de las masas trabajadoras para que se resignen a soportar las bestialidades del sistema capitalista. Y para eso tienen a su disposición la maquinaria más eficaz y, a la vez, más despiadada, que haya existido jamás para impedir justicia para las clases oprimidas y calumniadas, para limitar el libre pensamiento, para que no se desarrollen movimientos revolucionarios que impongan sus propias leyes económicas, sociales y políticas, mientras se garantiza el predominio de una única concepción de la civilización y de la justicia, que es empleada en este período histórico por las clases poseedoras del monopolio de la información para sostenerse en el poder.

De las dos mentiras, la del “modelo de redistribución de la riqueza” por medio del “Estado regulador” es la más peligrosa y nefasta para los trabajadores y el pueblo pobre, porque les trata de meter en la cabeza que es posible volver a lo que se llamó “Estado de Bienestar”, con pleno empleo, buenos salarios y jubilaciones, condiciones de trabajo y vivienda dignas, y salud y educación garantizadas desde el Estado. Ese “modelo”, que tuvo su mayor desarrollo en la Europa imperialista, nació un par de años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, aprovechando lo que se llamó el “boom económico de posguerra”, y también llegó a algunas semicolonias prósperas, creando las condiciones para que los trabajadores se ilusionaran con la existencia de “patrones buenos”.

Pero la verdadera razón por la cual los capitalistas fueron “buenos” e hicieron semejantes concesiones fue que al finalizar la Segunda Guerra Mundial triunfaron revoluciones socialistas que derrotaron a los capitalistas-imperialistas y les sacaron el poder político y las propiedades en toda Europa oriental, en China y en Corea del Norte. Y con la conquista de la independencia en la mayoría de los países de África, se terminó con el dominio colonial en el planeta.

El Estado de Bienestar fue una medida destinada a impedir que el “contagio revolucionario” avanzara hacia el Oeste, ganando para la revolución socialista a la clase obrera de las potencias imperialistas, como Inglaterra, Alemania, Francia e Italia, y terminara conquistando toda Europa. El “boom de posguerra” duró menos de 20 años, hasta mediados de la década de los 60; las superganancias de los capitalistas empezaron a bajar; las patronales y sus gobiernos dejaron de ser tan “buenos” y empezaron a ajustar, y las masas trabajadoras empezaron a luchar para resistir los ajustes, hasta llegar a grandes rebeliones de la juventud y la clase obrera como fue el “Mayo Francés” de 1968, que no se desarrollaron solo en Francia sino también en Italia, Alemania y otros países.

Esa agonía del Estado de Bienestar se convirtió en muerte súbita a comienzos de la década del 90, cuando el colapso de la Unión Soviética y la restauración del capitalismo allí, en China y en Europa del Este, acabaron con el “peligro comunista”. Hoy lo que queda en algunos países son apenas escombros de aquel Estado de Bienestar, que es absolutamente imposible de reconquistar si no es por una lucha revolucionaria que acabe con los Estados al servicio del capital y de lo que ellos mismos llaman el “poder real”, que es la propiedad de las patronales sobre los bienes de producción y de cambio.

La actual es una etapa de signo contrario a la que originó aquellos beneficios: países enteros –como Irak, Libia o Yemen– fueron destruidos por la rapiña imperialista, las naciones semicoloniales están cada vez más sometidas al dominio del capital financiero imperialista, no hay más independencia sino más sometimiento colonial y la “latinoamericanización”, o sea el proceso de crecimiento de la pobreza estructural, llegó para quedarse en las grandes potencias.

En esta situación de pérdida de conquistas y de soberanía, prometer la posible implantación de un Estado “regulador” y mayor redistribución de la riqueza, es veneno puro para las mentes de los trabajadores y los explotados en general, y tienen el objetivo de encerrarlos en una política de colaboración de clases e impedir que avancen a una lucha feroz, con el cuchillo entre los dientes, contra sus enemigos de clase.

 

 La “gestión algorítmica” o “uberización” del trabajo, una novedad que tiene olor a viejo

 Los dos “modelos” también coinciden en que los avances tecnológicos son una herramienta extraordinaria para llevar a la Humanidad entera a un futuro luminoso. Muchos de los que definen en qué consisten esos avances sostienen que, en este mundo “globalizado”, está en curso la “cuarta revolución industrial”, basada en la digitalización, la inteligencia artificial, la robótica y la “Internet de las cosas” (el comercio internacional y nacional de bienes vía aplicaciones o portales en Internet). Todo esto, dicen, provoca cambios históricos en el “mundo del trabajo”, cuyo mejor ejemplo son las aplicaciones tipo Uber. Se habla de “uberización” de las relaciones laborales, lograda por medio de una aplicación ubicada en algún país y que actúa en todo el planeta que, a cambio de una suculenta comisión, establece los contactos entre los que demandan un servicio o un bien y quienes los ofrecen.

Sería una necedad negar que estamos viviendo una “revolución tecnológica” que podría emplearse en beneficio de todos los seres humanos. Pero la pregunta del millón es: ¿quiénes se benefician y quiénes se perjudican hoy con la implementación de estas tecnologías?

La tutela de la ideología dominante hace invisible incluso el evidente control y la manipulación de las condiciones laborales y también de los tiempos libres, cada vez más escasos, de los trabajadores. No hay lugar a duda de las dificultades crecientes que tienen las masas trabajadoras para entender los verdaderos alcances y peligros de la transformación tecnológica, lo fundamental de los cambios sociales, económicos o políticos.

La utilización casi obscena de la tecnología para que los capitalistas obtengan cada vez más ganancias es convertida en virtud, en un resultado maravilloso de los avances de la técnica y del desarrollo civilizatorio. Una gigantesca nube de humo para ocultar cómo en manos del capital, bajo la apariencia de servir al bienestar humano, cualquier avance sea científico o tecnológico se puede convertir en su contrario, y constituirse en una herramienta fundamental de la sobreexplotación de la mano de obra, de la depredación de recursos públicos y naturales, del saqueo y del empobrecimiento de la población.

Las diferentes maneras de definir las transformaciones que operan en el sistema capitalista se pueden reducir a una: cómo extraer cada vez más beneficios (lucro, renta) de la explotación laboral, de la sanidad, de la educación, de los servicios, del consumo y de las distracciones de las masas trabajadoras. En pocas palabras, del trabajo y de la vida de la familia obrera.

 

La tecnología como herramienta de la explotación laboral

 La mayoría de los autores ideológicamente emparentados con la posibilidad de embellecer o reformar el sistema vigente, optan por señalar algunos aspectos de lo que ellos consideran un capitalismo sustancialmente nuevo, como el que denominan “capitalismo de vigilancia”. En realidad, definen así el reemplazo de la gestión empresarial y/o gerencial para la organización del trabajo, por “la gestión algorítmica” ... “por encima de todo existe un sistema automatizado digital en base a algoritmos”, y señalan que “existen instrumentos de medición del tiempo y del trabajo que antes no había”.

Esos mismos autores esquivan las referencias al sistema de conjunto: al análisis de su estructura y de su proceso histórico. Para el funcionamiento de la fábrica capitalista, en 1911 nació el taylorismo –llamado así por quien lo inventó, el ingeniero yanqui Frederick Taylor–, que era un método de organización industrial para aumentar la productividad, o sea, la explotación de la mano de obra. Cronómetro en mano, empleados especializados medían el tiempo de cada operación y estudiaban qué movimientos del obrero eran necesarios y cuáles no lo eran, para obligarlo a poner toda su capacidad física y mental al servicio del máximo rendimiento de la máquina, empleando los recursos técnicos y humanos existentes en la época. Era algo nuevo... pero no tanto, porque la esclavización laboral por parte de los patrones de los músculos, los nervios y la mente del trabajador ya había sido descripta y definida mucho antes, entre otros, por Carlos Marx, y retratado magistralmente por Chaplin en 1936 en su película Tiempos Modernos.

Agregan, además, que la posibilidad del sistema de “gestión algorítmica”, es que “puede datificar, procesar y utilizar toda la información con arreglo a los fines de la producción de comercios y servicios, que se ajustan a una demanda que puede ser predicha”.

Pero en este campo, la acumulación de información sobre los gustos y necesidades y esa necesaria mediación entre los productores y los consumidores, que ayuda a prever el comportamiento de estos últimos, en su momento dio nacimiento al “marketing”[1], una disciplina muy anterior al actual desarrollo de la tecnología. Los sistemas para previsión de conductas no nacieron, entonces, con la digitalización, Internet, etcétera, y también son mucho más viejos los métodos de manipulación de la demanda, la búsqueda rabiosa de influir en el consumidor para persuadirlo de comprar algo que no necesitaba, o sea, para que la demanda crezca artificialmente creando falsas necesidades. Uno de los ejemplos más significativos fue el auge de la llamada “sociedad de consumo”[2] en Estados Unidos y otros países imperialistas. Antes de que existieran Internet y la digitalización se impuso la moda de cambiar de electrodomésticos o de autos sin esperar el tiempo de desgaste obligado por su uso, y cuando se impuso “la moda del consumo” nacieron disciplinas para fomentarla: los diseños para producción de objetos, de espacios, de vestimenta, etcétera.

  

Radiografía de la “uberización”

 En el mundo hay muchos millones de jóvenes y de hombres y mujeres en edad de trabajar, pero no consiguen trabajo que están servidos a la mesa de la explotación capitalista. Uno de los instrumentos tecnológicos más eficaces para que queden presos de ese circuito son las aplicaciones tipo Uber.

En una fábrica o una oficina los medios de producción (máquinas, computadoras, teléfonos, electricidad, etcétera) los pone la patronal; en Uber, el automóvil, el combustible y el teléfono celular los pone el trabajador, pagándolos de su propio bolsillo. En los servicios de delivery como Pedidos Ya o Rappi, también son los trabajadores quienes ponen sus bicicletas, motocicletas y celulares.

Lo mismo se ven forzados a hacer quienes desde sus casas convertidas en oficinas de trabajo, con sus propias computadoras y pagando ellos Internet, la electricidad que consumen y los insumos que necesitan, buscan sus clientes ofreciendo servicios digitalizados a comercios y empresas.

Una vez más, la “uberización” es nueva… pero no tanto. Para dar un solo ejemplo, sin Internet ni aplicaciones, las empresas de la industria del vestido, fueran pequeñas o grandes, recurrían –y hoy lo siguen haciendo– a una cadena de trabajadoras a domicilio para hacer la producción. Cortadoras, bordadoras, tejedoras y costureras, todas ellas tenían y tienen que hacerse cargo de sus máquinas, de convertir sus casas en lugares de trabajo, de la electricidad, etcétera, e incluso se ven obligadas a recurrir al trabajo de sus hijos menores.

En estos casos –y en muchos otros– los trabajadores tienen algo más en común: no tienen salarios registrados, ni contratos –quien decide si les da trabajo o no es la “aplicación”–, ni jornada de trabajo –deben estar a disposición cualquier día y a cualquier hora–, ni vacaciones, ni jubilación, ni obra social.

 

Conclusión

 Las alertas de los “capitalistas humanitarios” partidarios de la “redistribución de la riqueza” exigiendo “regular” las plataformas para el mercado de trabajo son un canto de sirena, porque en todo el mundo domina el sistema capitalista-imperialista de explotación laboral. Ese sistema empuja de manera irresistible a la precarización a masas cada vez más grandes de la población, al tiempo que reduce año tras año las opciones de trabajos con derechos conquistados en épocas anteriores.

En su desarrollo, el capitalismo pasó por varias etapas. En su etapa imperialista creó y desarrolló el monopolio y puso al mando de la economía y del Estado a un nuevo sector de la clase capitalista, la oligarquía financiera, que a su vez desarrolló nuevas formas de ganar dinero con dinero. La capacidad de adaptación del sistema está demostrada por su vigencia, y no por su capacidad de buscar “formas de incorporar tecnología a la gestión del trabajo con reglas humanas” o intentar “humanizar la tecnología en el trabajo”; esto es ajeno al sistema, que considera que la persona, el trabajador, es una mercancía, un costo, una fuerza de trabajo, o una cantidad de dinero utilizable como mano de obra, para multiplicar ese dinero.

Y para hacerlo tiene a su disposición los Estados: una maquinaria burocrática y militar de dominación de una clase, de esa franja minoritaria y extremadamente rica de la sociedad, que se apropia de los bienes de las masas trabajadoras bajo supuestos derechos constitucionales, regidos con el sagrado principio de la defensa de la propiedad privada de los bienes de producción y de cambio. Lo que en el mundo de hoy quiere decir estar al servicio de los monopolios y de los intereses imperialistas.

 Desde fines del siglo XIX la clase obrera mundial cuenta con el estudio científico y la denuncia más violenta de Carlos Marx y Federico Engels sobre el funcionamiento del capitalismo, un sistema que empieza y termina en el dinero: poner dinero para obtener más dinero en donde en ese momento se pueda obtener la mayor ganancia, ya sea en la producción, en el comercio o en las finanzas, lo que hace que la economía sea caótica, como lo demuestra el estallido periódico de crisis profundas y violentas. Sus escritos fueron fundamentales para que el movimiento revolucionario de la clase obrera se abriera paso, desarrollara sus capacidades en función de un objetivo: destruir el sistema capitalista mundial, acabar con una clase parasitaria que vive de la explotación de los trabajadores e instaurar otro sistema, el socialismo: una economía planificada dirigida por la clase obrera. Las revoluciones socialistas en varios países, y en particular en Rusia y China constituyeron los logros más importantes.

Después de los años 90, surgieron nuevos atajos por donde parecen renacer las bondades y no las inequidades del sistema capitalista que solo busca el lucro, la ganancia, y que, para ese objetivo, se sirve de todas las herramientas para la depredación, no para el bienestar humano.

Con la restauración capitalista en China, los monopolios, las corporaciones, los bancos y fundamentalmente la clase oligárquica monopólica mundial desplegó sus brazos lo más que pudo para incorporar a miles de millones de consumidores y trabajadores chinos, cuyos bajos salarios fueron usados para hundir el trabajo y los ingresos de otros tantos millones en el resto del mundo.

En estas últimas décadas, el crecimiento capitalista chino sirvió para alimentar falsas expectativas sobre las posibilidades de un sistema mundial diferente, impulsadas por el Partido Comunista Chino, al que de comunista solo quedó el nombre, ya que en su seno militan los más importantes oligarcas megarricos del país.

La utopía de un “capitalismo humanitario” se fortaleció escencialmente porque el gigante chino sacó del atraso y urbanizó a miles de millones de chinos. Como todo fenómeno nuevo, en particular por la velocidad del proceso, por la escala que alcanzó, porque la máquina capitalista china impulsó el intercambio comercial del planeta, etcétera, alimentó esa clase de ilusiones. Pero no puede esconder las lacras que también se fortalecieron con esta extensión del capitalismo donde no existía, y menos todavía, ocultar los peligros que encierra el fortalecimiento de un Estado que también acelera su maquinaria militar para defender este sistema de explotación laboral y opresión de los pueblos del planeta.

 

El Manifiesto Comunista también está vigente

En síntesis, los reformistas y los neoliberales hablan de lo mismo: de cómo explotar la mano de obra con el objetivo de lograr en menor tiempo la mayor cantidad de productos. De cómo usar la tecnología para mejorar la utilización y abaratar la mano de obra, con el fin de que la propiedad concentrada, monopolizada, del capital y de los medios de producción logre sostener riquezas extraordinarias en un sistema en crisis y descomposición. Es un proceso muy acelerado por los avances técnicos y científicos, también por la producción armamentística, base fundamental en la mayor parte de esos avances, además muy necesaria para sostener la extensión del sistema capitalista a todo el planeta.

Los métodos de la guerra se fueron incorporando por las potencias dominantes para el saqueo de recursos, y por la rivalidad creciente entre potencias que se disputan en esa rapiña, a la par que el movimiento obrero mundial pierde conquistas y los pueblos sufren una opresión insoportable. Estas formas de dominación constituyen productos directos e inevitables del desarrollo del capitalismo, nacido en el siglo XIV. Son producto de su desarrollo, no tipos de cáncer fácilmente extirpables.

La ausencia de organizaciones revolucionarias y la crisis profunda del capitalismo mundial, son los factores que contribuyen al crecimiento de movimientos fascistas o neofascistas. Por esa razón, las tareas planteadas por el movimiento marxista en sus orígenes no pierden vigencia; todo lo contrario, cobran fuerza tal como quedaron explicitadas en la Internacional de Trabajadores, en su primer programa para la revolución: el Manifiesto Comunista.

La clase obrera en todo el mundo está dividida y fragmentada: trabajadores de países pobres y de países ricos; sindicalizados y no sindicalizados; efectivos, contratados y tercerizados; “formales” e “informales”; con algunos pocos derechos y sin ningún derecho; con salarios que todavía alcanzan para comer y con ingresos por debajo de la línea de pobreza e incluso de la indigencia. Se ha retrocedido en derechos, se han perdido conquistas; por eso el grito de guerra se mantiene y es más actual que nunca:

 

¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!

 

Florencia Sánchez

y Eugenio Greco

Diciembre de 2022



[1]. “El marketing es un proceso interno de las empresas por el cual se planifica con antelación la forma de aumentar y satisfacer la demanda de productos …” “Esta disciplina se responsabiliza de estudiar el comportamiento de los mercados y de las necesidades de los consumidores” Algunas de las definiciones más populares que se encuentran en Internet.

[2]. Fue R. H. Tawney –un socialista inglés– quien ya en 1920 acuñó el término, en su obra The Acquisitive Society (La sociedad de consumo).

 


8/12/22

Libertad a los presos por luchar

«No se vive sabroso con los compas en el calabozo» 



«Así me maten yo voy por Colombia, así me quiten los dedos que me tengan que quitar yo sigo en la resistencia y me sigo parando duro (…) Nosotros no somos asesinos, nosotros no somos terroristas, mucho menos vándalos… nosotros somos una revolución, somos el futuro».

Soacha, PL Portal de la Resistencia
Video en redes sociales – junio 2021

   Soacha es el seudónimo de uno de los jóvenes de la Primera Línea (PL) del Portal de la Resistencia. En 2021 Soacha no llegaba a los 25 años, no había podido terminar su secundaria y antes de la revolución -como ellos llamaban al Paro Nacional iniciado el 28 de abril y al posterior estallido revolucionario-, trabajaba como auxiliar de construcción. En el campamento de la PL un día se le podía ver construyendo cambuches, al siguiente pelando papas para el almuerzo, o llegando cargado de bolsas en las que traía ropa recién lavada por él para sus compañeros. Soacha es abnegación, es generosidad y un hombre de un valor incuestionable, sus compañeros y compañeras hablan de su decisión para la lucha. Dos días antes de grabar el video del que se extraen sus palabras -en el desalojo del campamento y en condición de indefensión- un policía disparó a Soacha un proyectil en su mano izquierda, el hecho tuvo como consecuencia la pérdida de uno de sus dedos. ¿Qué condujo a jóvenes como Soacha a esa lucha revolucionaria?

«D cuenta que una de las mayores motivaciones para salir a las calles es que Ligia, su mamá, quien murió hace 8 años esperando un trasplante de hígado, se sienta orgullosa de él. También busca la admiración de su hija Samantha, de dos años. A su papá nunca lo conoció. “Quiero graduarme de Bellas Artes”, dice.  Al preguntarle por qué se expone de esa forma si tiene una hija tan pequeña, D se queda callado. Los ojos se le aguan. “Ya le dejé una carta escrita de despedida. Ahí le pido perdón por si no vuelvo. Yo sé que puedo ser una de esas 42 personas que murieron en las protestas. Pero también salgo por ella. Quisiera que la tenga más fácil, que pueda estudiar”».

D, PL Portal de la resistencia. Entrevista Portal La Silla Vacía.

   Detrás de la capucha, del escudo rudimentario, D -artista por vocación- le respondía al periodista lo que lo llevó a él -y a millones de colombianos- a las calles en 2021. La desigualdad, la miseria, las carencias en la atención en el servicio de salud -por las que murió su madre-, el abuso sistemático de la policía, la falta de oportunidades -que no desea para su pequeña hija-, hicieron que, particularmente, los jóvenes de las barriadas populares en ciudades como Cali, Bogotá, Medellín, Pereira o Ibagué conformaran las PL. Su objetivo inicial fue la defensa de la movilización, pero, en el fondo, estaba su deseo de cambio de la realidad, que poco a poco fueron identificando con una palabra: revolución. Ese anhelo de cambio radical significó, en los hechos, una lucha contra el sistema político, económico y social actual, contra el capitalismo. 

   Las PL se convirtieron en la vanguardia de la lucha por la transformación del país en medio del estallido social más importante de la historia de Colombia. Soacha, D, XIX, Calarcá, Mayora o Soldado, estuvieron dispuestos a perder su vida por buscar una sociedad distinta. Eso los ubicó como héroes de las familias de la clase trabajadora y el pueblo pobre, y como enemigos declarados de la burguesía nacional. Para la clase explotadora resultan imperdonables.

   El pasado 31 de octubre el régimen -su institucionalidad judicial, la justicia de los ricos - condenó a 14 años de cárcel a 4 compañeros de la PL Portal de la Resistencia. La «gente de bien», la burguesía colombiana, es plenamente consciente de que ellos fueron el sector de avanzada en una lucha que cuestionó las bases de su poder de clase. En medio del estallido revolucionario la clase trabajadora y el pueblo pobre construimos embrionariamente, de forma democrática y por la base, órganos de poder alternativos: Asambleas Populares, Puntos de Resistencia, Comités de Paro y Ollas Comunitarias. Las PL jugaron un papel decisivo o se articularon en muchos lugares con ellos. 

   En las Asambleas Populares se tomaban decisiones sobre el decurso y la organización de la lucha. En los Puntos de Resistencia y las Ollas Comunitarias se gestionaba democráticamente la vida en comunidad, se garantizaba la alimentación, el resguardo y la protección a los luchadores, se impulsaba su formación artística, académica y política, un amplio sector de desposeídos encontraron allí un espacio de solidaridad y compañerismo. Los Comités de Paro lograron unificar a las masas y ejercer control de algunos territorios en las ciudades. Las PL defendieron en todos estos escenarios las movilizaciones y concentraciones de la violencia criminal del Estado. 

   La burguesía colombiana busca con la condena a los compañeros de las PL combatir esa memoria, romper los lazos de solidaridad que construimos los de abajo, escarmentar a los luchadores y establecer una sanción en contra del estallido revolucionario. Se los condena por luchar contra este sistema de dominación, los compañeros son presos políticos. La «gente de bien» quiere proscribir para siempre el hecho de levantarse contra la opresión y la explotación. Quieren exterminar a esa vanguardia de la lucha. A los compañeros que no pudieron asesinar los quieren podrir en las cárceles, para que nunca más nadie se atreva a hacer lo que ellos hicieron.

   Con el estallido revolucionario derrotamos la reforma tributaria de Duque, su proyecto de reforma a la salud, impusimos la renuncia de ministros, consejeros presidenciales y comandantes de policía, y la clausura de la Copa América, pero, sobre todo, ganamos una consciencia política que nos permitió declarar el hastío con esta sociedad. Condenar a los compañeros de la PL es parte de la cuenta de cobro que nos quieren pasar los poderosos por atrevernos a tanto. 



   ¿Quién condena a los compañeros de la PL? El régimen asesino que tiene como costumbre matar trabajadores, campesinos, estudiantes y jóvenes de los sectores populares, el que produjo por lo menos 6402 ejecuciones extrajudiciales -Falsos Positivos-. El régimen, que encabezado por el gobierno Uribista de Duque, nos masacró en medio del estallido revolucionario: más de 70 manifestantes asesinados, 1617 víctimas de violencia física, 82 víctimas de agresiones oculares, más de 2000 detenciones arbitrarias, por lo menos 60 casos de violencia sexual y cientos de desaparecidos. El régimen que no ha producido una sola condena contra los miembros de los aparatos de represión que asesinaron a Dilan Cruz, a los 13 jóvenes que protestaban contra la violencia policial en septiembre de 2020, o, a Lucas Villa y Santiago Murillo en medio del estallido revolucionario.  

   ¿Por qué se condena a los compañeros de la PL? Las acusaciones en su contra han pasado de terrorismo y vandalismo a concierto para delinquir y tortura. La Policía infiltraba las manifestaciones y los campamentos, torturaba a los detenidos, mutilaba a los manifestantes y mataba a los compañeros de la PL, y, lo que nos dice ese régimen -y nos repiten los medios de comunicación- es que las PL ¡no tenían derecho a defenderse! ¡que los estaban cazando como animales y ellos debían esperar con el rostro y el pecho descubiertos a los perros de presa! ¡que no podían tomar medidas para protegerse y mucho menos usar alguna forma de violencia, porque la única violencia legítima es la de este régimen opresor y asesino! El mismo régimen que tiene en libertad a la «gente de bien» que disparó en Cali contra manifestantes indefensos; que no condena, sino que absuelve y defiende, a los actores intelectuales de los 6402 falsos positivos y a su máximo responsable Álvaro Uribe Vélez. Para los luchadores populares la cárcel y la rápida condena, para los asesinos del Estado la comodidad de sus mansiones, la dilación y la impunidad.

   Es evidente que los compañeros de la PL enfrentan una justicia de clase, la «justicia burguesa», una justicia que condena a la clase trabajadora, al pueblo pobre y, con mayor encono y arbitrariedad, a sus luchadores. El régimen lo que ha hecho es poner su «justicia» al servicio de la persecución y judicialización de esos luchadores, de XIX, de Calarcá, Mayora y Soldado… de todos los compañeros que han tenido que ir al exilio, incluso de quienes simpatizaron con la lucha como Z11 o Sorbito. 

   Gustavo Petro y Francia Márquez fueron apoyados en su campaña por amplios sectores de esos luchadores en el país; Petro planteó en su discurso de triunfo electoral: «Yo le solicito al fiscal general de la Nación que libere a nuestra juventud. Liberen a los jóvenes»; integrantes del Pacto Histórico como Gustavo Bolívar han expresado que los miembros de la PL capturados son presos políticos, sin embargo, ante la condena de los 4 compañeros el silencio del gobierno y su bancada parlamentaria, pasa fácilmente de la complicidad a la traición. Por ello el reclamo justificado de las PL que se hizo grafiti «No se vive sabroso con los compas en el calabozo». El Pacto Histórico no tuvo problema en sacar los artículos referidos al indulto a los compañeros de la PL del proyecto de «Paz Total» que tramitó en el Congreso, ante los reclamos de partidos de la coalición de gobierno como la U, los liberales y conservadores, que se sumaron al rechazo del Centro Democrático o Cambio Radical, se eliminaron los artículos correspondientes. Es decir, el gobierno puede dialogar con Uribe, negociar con Lafaurie, con paramilitares y narcotraficantes, pero sus nuevos aliados no le permiten conceder nada a los luchadores sociales. Iván Cepeda señaló: «nuestro gobierno sabe escuchar», el problema es a quiénes escucha ¡Los pactos por arriba están hechos para joder a los de abajo! 

   En medio del estallido revolucionario las direcciones sindicales y políticas del movimiento de masas coquetearon con las PL, se les acercaron, les ofrecieron prebendas… pero las PL eran demasiado independientes, demasiado democráticas, demasiado populares, demasiado rebeldes, por eso les terminaron dando la espalda. La mayoría de esas direcciones que hoy se agrupan en el Pacto Histórico -PC, UP, Polo-, las que están fuera pero lo acompañan -Verdes-, o las que critican por «izquierda» -MOIR-, le temen profundamente a las acciones independientes de las masas, prefieren las actuaciones acotadas a los marcos de la legalidad burguesa -que respetan como palabra sagrada-, por eso no se pronuncian en contra de la condena y persecución a los compañeros de las PL. Casos como este develan claramente quiénes están por cambiar radicalmente la sociedad y quienes sólo buscan un cómodo lugar en el sistema, sin importar que para acomodarse terminen del mismo lado de los represores, negándole a los luchadores populares los más elementales derechos democráticos en nombre de la justicia. 



   La razón fundamental por la cual son condenados los compañeros de las PL es que en medio del estallido revolucionario decidieron hacer uso de la violencia para defender al pueblo trabajador movilizado, es la violencia del oprimido que se alza contra la violencia del opresor. Los compañeros encarcelados son inadaptados, no se adaptan a la miseria, al hambre, a la exclusión a la que nos condena este sistema social. ¡Pero los inadaptados fuimos millones! La comida, las mantas, la ropa, las gafas, las máscaras, los medicamentos para las PL salieron del corazón de los barrios de clase trabajadora en el país, esos guerreros son nuestros héroes y mártires.

   Por ello, desde Alternativa Revolucionaria Socialista nos solidarizamos con los luchadores retenidos y con sus familias, llamamos a las masas a reclamar a las organizaciones políticas que dicen estar cercanas a la clase trabajadora, a las direcciones sindicales de la CUT, FECODE, la ADE -sus secretarías de DDHH, a las ONGS de DDHH, a que sean mínimamente consecuentes con sus discursos «democráticos», que dispongan todos los recursos necesarios, se coloquen a la cabeza de la lucha para exigir la liberación de los compañeros, y exijan al gobierno de Petro y Francia que los indulte por decreto. Esta lucha por la libertad y protección de las PL deber ser el eje de cualquier convocatoria y movilización, así como, la lucha por la verdad, juicio y castigo de los asesinos y represores que actuaron contra el estallido revolucionario. 

¡No a la judicialización de Z11 y Sorbito!
¡Libertad para Calarcá, XIX, Mayora, Soldado y todos los compañeros de las PL!
¡Libertad a los presos por luchar!



7/9/22

¿A quién beneficiaba la muerte de Cristina Kirchner?

 


   El intento fallido de asesinato a Cristina Fernández de Kirchner, filmado en vivo, sumó varias toneladas, en un solo movimento y pocos segundos, a la montaña de barro y materia fecal con la que las clases dominantes de la Argentina desean sepultar los doce años (2003-2015) de conquistas de la clase obrera, los jubilados y las mujeres, y el logro de haber llevado a la cárcel a parte importante de los militares genocidas.

   Si la bala destinada a terminar con la vida de la vicepresidenta de la Nación hubiera salido del arma, en los salones donde corren botellas del whisky más caro y de champagne francés, las copas se habrían levantado para festejar la tarea cumplida. En paralelo al crecimiento de su reconocimiento como líder del movimiento obrero y popular, Cristina ha concentrado el odio más feroz de la clase enemiga.

   Como en toda investigación criminal científica, los motivos que llevan a ejecutar el homicidio y quiénes se benefician con esa muerte son factores decisivos no solo para resolver el hecho en cuestión sino también para estudiar su dinámica y posibles derivaciones. Ahora todos dicen que el atentado benefició a Cristina, pero este falló y la verdadera pregunta es quién se beneficiaba con su muerte.

   Si un criminalista pretendiera indagar a aquellos que expresaron su deseo de ver muerta a la vicepresidenta, debería citar a un número importante de parlamentarios (en particular al que pidió la pena de muerte), políticos, gobernadores, miembros destacados de la aristocracia argentina que se nuclea en la Sociedad Rural, y a otros, no tan aristocráticos pero que se llenan los bolsillos a costa del hambre de amplios sectores populares, a encumbrados integrantes de los círculos reaccionarios del Poder Judicial; tampoco deberían dejarse de lado algunas embajadas ni a militares retirados y familiares de militares en actividad que por ahora callan. La lista de posibles autores intelectuales de este crimen fallido es extensa.

   A las clases de los sectores sociales que componen el movimiento obrero y popular argentino, les llevó apenas doce horas para comprender los sucesos de la noche del 1º de septiembre en el barrio de la Recoleta y responder con una demostración de fuerza en la calle al asesinato frustado. Por esa razón, desde la mañana del viernes 2 de septiembre hasta última hora de la tarde, las masas populares acudieron a cubrir las plazas y avenidas de todo el país, desde la Quiaca hasta Tierra del Fuego, por ahora en señal de solidaridad con “Cristina”, pero también para demostrar la disposición de lucha, en apoyo de su candidatura a presidente en 2023, y para dejar muy en claro que “¡SI LA TOCAN A CRISTINA QUÉ QUILOMBO SE VA A ARMAR!”.

   Un mes antes, exactamente el último 2 de agosto, se había dado inicio al alegato transmitido vía Web del fiscal Diego Luciani contra la vicepresidente en la causa judicial por supuesta corrupción en la obra pública, que durante varios días también cubrió la escena de la televisión, de la prensa gráfica, de los grandes titulares de los principales medios nacionales e internacionales, para justificar una condena de 12 años y su inhabilitación de por vida para la función pública. Una proscripción política disfrazada de justicia.

   Alegato que se convirtió en una exhibición de impunidad extrema, sin objetividad y plagado de figuras simbólicas para escupirlas en la cara a la memoria del pueblo. Fue un discurso político, no jurídico, que duró nueve días y cuyos admiradores políticos, mediáticos y judiciales reiteradamente tuvieron el cinismo de comparar con el proceso judicial realizado por la justicia civil en 1985 a los asesinos y responsables de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura sangrienta iniciada por Videla, el histórico Juicio a las Juntas Militares, que fue ejemplo en la jurisprudencia mundial.

   Al día siguiente Cristina contraatacó con otro discurso, también político, contra la justicia macrista, y arrancó la movilización frente a su vivienda, en el barrio oligárquico de la Recoleta, que provocó la retirada de las calles de los grupos que todos los días se paraban frente a su puerta a insultarla y amenazarla, y que fue creciendo día tras día.

   La acción directa de los simpatizantes y de los jóvenes que acudían a la vigilia constante frente a la puerta del edificio, reforzada por una mayor concurrencia durante el fin de semana, terminó con las aspiraciones represivas de Rodríguez Larreta, el jefe de Gobierno de la Ciudad y precandidato a la Presidencia por la oposición macrista en las elecciones del año que viene, que, con la excusa de cuidar a los vecinos, el sábado 27 de agosto mandó a la policía a atacar con gases, agua, balas de goma, golpes y detenciones a los dirigentes, funcionarios y militantes del Frente de Todos. Pero la situación se puso tan tensa que finalmente se vio obligado a retirar a la policía del lugar.

   En la noche del jueves 1º de septiembre, un mes después del inicio de alegato del fiscal, se produjo el intento de asesinato de la vicepresidenta de la Nación. Un joven concejal de un municipio del Conurbano ayudado por otros militantes fueron los primeros en atrapar y desarmar al asesino frustrado después de que este apuntara y gatillara a escasos centímetros en la cara de CFK. Fue la respuesta contundente e inmediata de los compañeros que formaban el cordón de seguridad en el recorrido diario de la vicepresidente hacia la puerta de su casa.

   La acción creciente en las calles de los obreros y de las masas populares, tanto en su objetivo de rechazar los ajustes (desde las movilizaciones de las organizaciones sociales hasta la masiva convocatoria de la CGT del 17 de agosto) como en el de rechazar la posible proscripción y cárcel de su líder política, sumaban fuerza a la lucha contra la clase dominante (empresarial, financiera y del agro) y eso explica, en parte, la respuesta expresada en el creciente papel político del Poder Judicial, del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y de su policía, de las declaraciones públicas en importantes medios de comunicación, de acciones y amenazas de grupos minoritarios “autoconvocados” dirigidos contra Cristina y contra los integrantes del gobierno del Frente de Todos, que incluye a representantes de un amplio número de organizaciones sociales y sindicales.

   Es la acción directa de las masas la que desenmascara al enemigo de clase que lleva tatuado en la frente el objetivo de derrotar a la clase obrera y al movimiento popular para aplicar a fondo su plan de saqueo a los recursos nacionales, de hambre y esclavización capitalista para las mayorías populares, y hasta de entrega completa del país a las potencias imperialistas.

   El escenario del crimen es el de la ofensiva contra los trabajadores y sus organizaciones en primer lugar, en esta oportunidad dirigida contra una líder política, y la motivación hay que buscarla en los intereses imperialistas, especulativos y patronales que financian a sus ejecutores.

   Los mismos intereses de la clase enemiga a quien, para intentar derrocar a Perón, no le tembló el pulso para ordenar el bombardeo contra la población civil en la Plaza de Mayo en 1955; responsable del macabro destino del cadáver embalsamado de Eva Perón, secuestrado del edificio de la CGT por un comando de la llamada Revolución “Libertadora”, que luego de ultrajarlo terminó enterrado en un cementerio próximo al Vaticano. Y a quien tampoco les tembló el pulso para ordenar y planificar los golpes militares posteriores, hasta llegar a las masacres de la última dictadura, que sumó a la muerte y desaparición de activistas obreros y juveniles, la apropiación de bebés recién nacidos, de muchos de los cuales todavía hoy no se conoce el paradero.

   El decreto de día feriado para el viernes 2 de septiembre favoreció la realización de una movilización que cubrió la Plaza de Mayo y sus alrededores, en repudio a la persecución contra Cristina incluido este intento fallido de asesinarla y en “defensa de la democracia”. La marcha, en la que confluyeron columnas organizadas por los sindicatos, los movimientos sociales y de derechos humanos con decenas de miles de personas que acudieron espontáneamente, fue multitudinaria como en el resto del país. 

Las consignas toman fuerza al calor de la movilización:

Si vienen por ella, vienen por tus derechos.

Abrazar a Cristina, es abrazar la democracia.

Están en juego la Justicia y la democracia.

Como antes lo hicieron con el partido militar ahora lo hacen con el partido judicial.


30/5/22

RECHAZO A LA DETENCION ARBITRARIA DE MILITANTES DEL MOVIMIENTO GUEVARISTA, SOLIDARIDAD CON L0S ACUSADOS Y FAMILIARES

 


   Expresamos nuestro rechazo ante la detención arbitraria y Violenta de ocho activistas del Movimiento Guevarista Tierra y Libertad MGTL, en Quito en la madrugada del 19 de mayo del 2022, bajo la acusación, en proceso de investigación, de trata de personas con fines de reclutamiento forzado, con vinculación con la guerrilla colombiana y  con el propósito de organizar guerrilla urbana y rural, señalándoles como un grupo subversivo, sin elementos suficientes que sustenten estas afirmaciones, de esta manera cualquier protesta social puede ser considerada como “terrorismo” y el Estado tiene vía libre para encarcelar y  desaparecer a todos los que se opongan a su gobierno.

   Denunciamos la violencia con la fuerza pública y la justicia, el abuso de la aplicación de la prisión preventiva enviándoles a las cárceles que son los sitios más inseguros, recordamos con dolor el asesinato de un activista defensor del agua en una de las masacres carcelarias.

   Consideramos este acto como parte de la estrategia del gobierno neoliberal de Lasso para amedrentar a luchadores y activistas sociales, satanizar y criminalizar las protestas, justamente en el momento en que la CONAIE y el FUT anuncian movilizaciones en junio en contra del FMI, de las políticas de privatizaciones, pérdida de soberanía a través de tratados de libre comercio, la inseguridad que se vive en el país.

   El Ecuador se encuentra en una crisis institucional del estado, una espiral de violencia e inseguridad social y el gobierno es incapaz de resolver los problemas en la salud, educación, empleo, entre otros.

   Nos solidarizamos con los militantes del MGTL, libertad para los ocho encarcelados.

   Reivindicamos  el derecho a la organización, a la resistencia, a la lucha social, a la libertad de pensamiento.


5/5/22

La guerra en Ucrania y quién la provocó II

 

En 2019, la Rand Corporation publicó un “proyecto de investigación” titulado “Sobreextender a Rusia. Competir desde un terreno ventajoso”.

Rand fue creada en 1948 por la empresa aeronáutica privada Douglas Aircraft Company,  fabricante de aviones militares y armamentos de diversos tipos, para ofrecer servicios de investigación y análisis a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Más tarde se desvinculó formalmente del Estado y las Fuerzas Armadas estadounidenses, para convertirse en una entidad “sin fines de lucro”, pero que sigue estando financiada mayormente por el Departamento de Defensa, el Departamento de Seguridad Nacional y otros departamentos del Gobierno de los Estados Unidos.

El Prefacio de este documento aclara cuál es su objetivo: “examinar una gama de posibles medios para sobreextender a Rusia” sin ir a una guerra abierta, a través de “medidas que puedan obligar a Rusia a competir en campos o regiones donde Estados Unidos tiene una ventaja competitiva, haciendo que Rusia se extienda demasiado militar o económicamente o haciendo que el régimen pierda prestigio e influencia nacional y/o internacional

En el índice se enumeran varias medidas, algunas de las cuales ya se estaban aplicando antes del estallido de la guerra en Ucrania y se profundizaron enormemente después:


Dificultar las exportaciones de petróleo

Está en marcha.


Reducir las exportaciones de gas natural y obstaculizar la expansión de los gasoductos

Se presionó a Alemania para que lo hiciera antes de la guerra y sigue a toda marcha hoy.


Imponer sanciones económicas

Se impusieron ya antes de la guerra y dieron un gran salto después de que estalló.


Proporcionar ayuda letal a Ucrania

Comenzó en 2014 y se multiplica en la guerra actual, con los países de la OTAN enviando al gobierno ucraniano armas pesadas, suministrándole datos de Inteligencia, entrenando a sus fuerzas militares dentro y fuera de su territorio, etcétera.


Aumentar el apoyo a los rebeldes sirios

En 2014 Obama había ordenado bombardeos contra las milicias proiraníes y del Estado Islámico en territorio sirio; en 2017 Trump ordenó el primer bombardeo directo contra el ejército Sirio.


Promover el cambio de régimen en Bielorrusia

En 2021 se intentó aprovechar un levantamiento popular legítimo para tratar de derrocar al presidente Alexander Lukashenko, aliado de Rusia, pero fracasó porque fue duramente reprimido.


Aprovechar las tensiones en el Cáucaso Sur

En 2022 se intentó aprovechar protestas populares legítimas en Kazajistán para derrocar al presidente Kasim-Yomart Tokayev, aliado de Rusia, pero fracasó por la represión y el ingreso amenazante de tropas de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, una alianza militar comandada por Rusia e integrada por Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán.


Desafiar la presencia rusa en Moldavia.

En medio de la guerra actual, se están produciendo ataques a Transnistria, un territorio que perteneció a Moldavia hasta que intentó separarse en 1990 y lo logró con apoyo militar ruso después de dos años de guerra.


Aumentar las fuerzas terrestres de Estados Unidos y la OTAN en Europa

Es lo que se está ocurriendo ahora, con el aumento brusco de sus presupuestos militares.


Aumentar los ejercicios de la OTAN en Europa

Comenzó a hacerse meses antes de la guerra; ahora los países de la OTAN desplazan tropas y armamento a los países fronterizos con Rusia y Ucrania.


Retirarse del Tratado INF sobre misiles de alcance intermedio

Rusia y Estados Unidos acordaron el Tratado START (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas), es decir, de misiles de largo alcance con ojivas nucleares, que sigue vigente hasta hoy. El tratado INF (Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio) también ponía limitaciones a este tipo de armamento, pero dejó de existir el 2 de agosto de 2019, pocos meses después de publicado el “proyecto de investigación” de la Rand Corporation.


Estas son solo algunas de las medidas propuestas por Rand. Hay muchas más, que se están llevando ahora a la práctica (alguna de las cuales habían comenzado antes de que estallara la guerra), como por ejemplo:

La lucha ideológica: “nosotros somos la democracia, Putin es un dictador”; “nosotros luchamos por los valores de Occidente, la integridad territorial y la autodeterminación de las naciones, Putin es un psicótico imperialista que quiere reconstruir la Rusia de los zares”.

La desinformación para lavar el cerebro de la opinión pública por medio de noticias falsas y la censura en los medios y las redes de toda opinión o crónica desde el terreno que demuestre que del lado ucraniano actúan paramilitares nazis y formaciones nazis integradas al ejército como el Batallón Azov y/o contradiga algún relato de Estados Unidos y sus socios sobre las atrocidades de los rusos (que pueden haber existido, como en toda guerra) o muestre las atrocidades de los militares ucranianos (que sí son ciertas) contra la población de las repúblicas separatistas de Lugansk y Donetsk, etcétera, etcétera.


En la nota anterior sobre “La guerra en Ucrania y quién la provocó” se detallaba cómo Estados Unidos y sus socios de la Europa imperialista fueron extendiendo la OTAN hasta las fronteras de Rusia para obligar al país a capitular. El “proyecto de investigación” de Rand demuestra que ya estaban preparándose desde antes para esta guerra si Rusia no se rendía pacíficamente.


Eugenio Greco


22/4/22

3. Los “progresistas” y la “izquierda radical” al servicio del imperialismo occidental

 

Introducción

En esta oportunidad entregamos tres artículos, que abordan distintos aspectos de un mismo problema: la guerra en Ucrania. Siendo éste el tercero artículo, el presente texto es una polémica abierta con la izquierda y los progresistas, denunciando cómo sus posiciones, unas más abiertamente y otras de manera velada, le sirven en realidad al imperialismo.

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Los medios masivos y las redes sociales del mundo entero se dedican día y noche a mostrar la destrucción provocada por los ataques rusos a diferentes ciudades ucranianas, la separación de familias en las fronteras de Ucrania con los países que reciben los millones de refugiados, etcétera, etcétera, etcétera. También propagandizan las sanciones económicas contra Rusia y las denuncias de sus “crímenes de guerra” por parte de las instituciones internacionales “defensoras de la libertad y la democracia”: las Naciones Unidas –desde su Consejo de Derechos Humanos hasta Unicef (Fondo Internacional de Emergencia para los Niños)–, la Corte Penal Internacional de La Haya, etcétera, etcétera, etcétera. Y hasta el Papa, que con la infinita hipocresía de esa cueva de bandidos que es el Vaticano había intentado aparecer como un tipo neutral que solo quería la paz, terminó mostrándose en público con una bandera ucraniana.

A esta manada de entidades políticas se suman infinidad de organizaciones de la “sociedad civil” y ONGs que se jactan de ser defensoras “de la democracia” y “de los derechos humanos” como, por ejemplo, Human Rights Watch (Observatorio de los Derechos Humanos), Médicos sin Fronteras, la Cruz Roja, los ecologistas de Greenpeace, pacifistas y organizaciones como Anonymous. A la condena a Rusia también se suman “progresistas” de todos los pelajes, comenzando por algunos gobiernos de América Latina (el patio trasero de Estados Unidos) que dicen serlo, como el de Alberto Fernández-Cristina Kirchner en la Argentina y el de Gabriel Boric en Chile. Todos estos acompañados por una comparsa de miles de politólogos, periodistas, psicólogos, académicos, economistas, etcétera, que repiten como loros los argumentos del imperialismo occidental (Estados Unidos más Europa) sobre la “defensa de la soberanía y la integridad territorial” de Ucrania y su régimen “democrático”… que incorporó a sus fuerzas militares a los nazis del Batallón Azov, se apoya en paramilitares también nazis y acaba de prohibir a 11 partidos políticos.

Todas las guerras son bárbaras y tienen consecuencias atroces, pero muy pocas veces se vio semejante Santa Alianza “humanitaria, democrática y derechohumanista”. Cuando la Segunda Guerra Mundial concluyó con la derrota del Eje (Alemania, Italia y Japón) por parte de los Aliados (básicamente la Unión Soviética, Estados Unidos e Inglaterra), en la ciudad de Nurenberg fueron juzgados los jerarcas y militares nazifascistas por los genocidios cometidos contra millones de judíos, gitanos, eslavos, sindicalistas, socialistas, comunistas y hasta homosexuales y discapacitados. Algunos de los nazis fueron justamente condenados a muerte; otros a largas penas de prisión.

Pero también quedó demostrado que los “derechos humanos” y la Convención de Ginebra, que prohíbe la matanza de civiles y las torturas y asesinatos de prisioneros de guerra, nada tienen que ver con la falsa “igualdad ante la ley” de la llamada “Justicia”. No se denunciaron como “crímenes de guerra” los bombardeos de los aviones yanquis y británicos sobre las ciudades alemanas de Dresde y de Hamburgo (40.000 y 50.000 muertos respectivamente) durante la Segunda Guerra Mundial, ni los bombardeos yanquis a Tokio, que mataron a 100.000 civiles, ni tampoco las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, que según Naciones Unidas provocaron “más de 200.000 muertos y, en décadas posteriores, sumaron 400.000 decesos más” debido a la radiación. Tampoco funcionó esa “Justicia” cuando Estados Unidos invadió Irak, una operación que dejó un saldo de 1 millón de muertos, 137.000 de ellos por ataques aéreos. Y más etcéteras.

Cualquier “progresista” sabe esto, pero lo único que le cabe en la cabeza a la hora de ubicarse en el campo de la “Santa Alianza” es que el “autócrata” Putin es un tirano violento que atacó militarmente a un país mucho más débil violando su “democracia”, su “autodeterminación” y su “integridad territorial”.

Lo que es mucho más pérfido, aunque no sea algo nuevo, es que la llamada “izquierda radical” haga exactamente lo mismo.

Tomaremos como único ejemplo a la versión argentina de esa “izquierda” porque tiene tres características muy importantes:

1. En 1982, bajo una dictadura militar, la Argentina luchó y perdió una guerra contra los ingleses apoyados por Estados Unidos, o sea, contra la OTAN, por la soberanía de las Islas Malvinas, ocupadas por Gran Bretaña, en la que hoy hay una base militar cada vez más poderosa, capaz de albergar misiles nucleares.

2. En 1998, Estados Unidos designó a la Argentina “Aliado importante no-OTAN” (Major non-NATO ally), una relación con los yanquis que otorga ventajas militares y financieras que no pueden tener los países que no pertenecen a la OTAN.

3. En la clase trabajadora y el pueblo pobre del país, sobre todo en los sectores más explotados, se mantiene un profundo odio a los imperialismos yanqui e inglés.

4. La mayor parte de la “izquierda radical” argentina, que se reclama “marxista revolucionaria y trotskista”, agrupada electoralmente en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) obtuvo cuatro bancas en la Cámara de Diputados en las últimas elecciones, y es alabada por la “izquierda radical” de varios países del mundo como un ejemplo de “unidad de la izquierda” que hay que imitar.

Pues bien, las organizaciones que integran el FIT –como otras de la “izquierda radical” que no lo integran pero lo apoyan “críticamente” en todas las elecciones– coinciden con la “Santa Alianza” en condenar a Rusia por haber inciado una guerra y en exigir que retire sus tropas de Ucrania en defensa de la “integridad territorial” y el “derecho a la autodeterminación” de los ucranianos. Evidentemente no están de acuerdo con la nota del Washington Post que publicó el 27 de marzo el diario oligárquico La Nación, titulado “El Pentágono recupera la confianza tras años difíciles”, que decía:

“Un alto oficial del Pentágono… dice que las últimas semanas demostraron que Estados Unidos ‘tiene la capacidad de alinear su primacía en el sistema financiero global y su red de aliados para aplastar a cualquier agresor’.”

Dentro de la “izquierda radical” argentina, quien más crudamente y abiertamente expone su alineamiento servil con esta “Santa Alianza” es la organización proimperialista Izquierda Socialista, integrante del FIT. En su página oficial llegó a escribir pronósticos disparatados como este: “Obama y la ONU solo harán declaraciones buscando no molestar a su aliado Putin”. Miguel Sorans, su máximo dirigente, define así la guerra en curso:

“En Ucrania no hay una guerra interimperialista, no hay dos países imperialistas enfrentados.

Ni los Estados Unidos, ni la UE, ni la OTAN, han enviado tropas, no han disparado ni un tiro en Ucrania. El choque militar es entre Rusia, una potencia imperialista, y Ucrania, un país semicolonial.”

Y a partir de esta definición, enuncia la política de su organización:

“Nos sumamos y apoyamos a los que enfrentan a las tropas rusas. Estamos en el mismo campo militar.”

Una política en la que coincide Miguel Lamas, también dirigente de Izquierda Socialista:

“La guerra mostró al mundo el carácter capitalista e imperialista en expansión de Rusia. Putin se propone restaurar el imperio ruso zarista. Para eso fue la invasión de Ucrania, y no por la ‘expansión’ de la OTAN como fue la justificación de Putin.”

Quien coincide totalmente con la política del grupo Izquierda Socialista es el Partido Socialista de los Trabajadores Unidos (PSTU):

“Lo que tenemos ante nuestros ojos es una guerra de agresión nacional de la segunda potencia militar del mundo contra una nación mucho más débil… Ante una guerra de agresión nacional como la actual, la única posición legítima desde el punto de vista de los intereses de la clase trabajadora internacional es la solidaridad y el apoyo a la resistencia del pueblo ucraniano para derrotar la agresión imperial rusa. Por eso debemos estar en el campo militar del pueblo ucraniano”.

Para empezar hablar en serio, hay que dejar de lado la burrada que escribe Miguel Sorans acerca de que “Ni los Estados Unidos, ni la UE, ni la OTAN, han enviado tropas, no han disparado ni un tiro en Ucrania”. Para cualquiera es evidente que Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN sí participan en la guerra, enviando toda clase de armamentos al ejército ucraniano, ayudando con miles de millones de dólares a Zelenski y tratando de hundir la economía de Rusia con sus brutales sanciones económicas. En ese “mismo campo militar” se ha ubicado Izquierda Socialista.

El resto de la “izquierda radical” argentina no lo dice tan brutal y francamente, pero en el fondo coincide en la política al exigir que Rusia se retire de Ucrania, o sea, que triunfe el “campo militar” liderado por el presidente Zelenski. Sólo que lo hace con un recurso mucho más hipócrita y engañoso: el “ni-ni”, o sea, “Ni Rusia ni la OTAN”.

• Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS, FIT): “No a la Guerra. Fuera a las tropas rusas de Ucrania. Abajo la OTAN”.

• Partido Obrero (PO, FIT): “Fuera la Otan y el FMI de Ucrania y el este de Europa. Abajo la burocracia restauracionista de Putin. Fuera las tropas rusas y los bombardeos a Ucrania”.

• Nuevo MAS: “Nuestra solidaridad está con el pueblo ucraniano que legítimamente defiende su derecho a la autodeterminación. Al mismo tiempo, rechazamos las declaraciones hipócritas y las acciones de Biden y la OTAN, tan guerreristas como Putin”.

• Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST): “Surge evidente a los ojos de millones que la brutalidad con la cual la Rusia imperialista de Putin atacó al pueblo ucraniano merece un profundo repudio… la expansión hacia el este europeo de la OTAN y el pedido de Zelensky de ingresar a este bloque político-militar es parte clave de las responsabilidades en el origen de esta guerra”.

Todas estas organizaciones tratan de mantener algún harapo de su autoproclamado ropaje “marxista revolucionario” declarando que la solución de fondo del conflicto es hacer la revolución socialista en Ucrania. Algo que es muy correcto desde una perspectiva histórica pero que tiene un inconveniente: para acabar con esta guerra hay que hacer primero la revolución socialista en Estados Unidos y en Rusia. Puro bla, bla, bla para ocultar su servilismo actual al imperialismo occidental –sea abierto o sea encubierto con la política del “ni-ni”–, y pone en evidencia como mienten cuando dicen oponerse a la expansión de la OTAN, ya que ni siquiera llaman a luchar para que la Argentina deje de ser “Aliado importante no-OTAN” de Estados Unidos, el jefe de la OTAN.

Una política que estas organizaciones practican sistemáticamente desde que colapsó la Unión Soviética y que tuvo su prueba de fuego durante la guerra que desmembró a Yugoslavia, que culminó con tres meses de bombardeos de la OTAN a Serbia para defender el “derecho a la independencia” de la provincia de Kosovo. Esos ataques destruyeron gran parte de su infraestructura y de sus fuerzas militares, y causaron miles de muertos militares y civiles.

Toda esta “izquierda radical” respondió con el “ni-ni”: “Ni Milosevic (el presidente de Serbia) ni la OTAN” o “Ni Milosevic ni bombardeos”. El resultado fue que Kosovo no logró ninguna independencia sino que se convirtió en un protectorado de Estados Unidos, en cuyo territorio los yanquis instalaron una enorme base militar llamada “Bondsteel” o “Eslabón de acero”, la segunda base militar más grande del Ejército de los Estados Unidos en Europa. En esa base se entrenaron miles de soldados que participaron en la invasión de la OTAN a Afganistán en 2001 –que duró 20 años hasta que fue derrotada en 2021–, y fue de importancia estratégica para la invasión yanqui a Irak en marzo de 2003.

Hasta el día de hoy no conocemos ninguna autocrítica de esta “izquierda radical” por no haber defendido a Serbia ni haberse pronunciado tajantemente por la derrota de los yanquis y la OTAN en Serbia ni en Afganistán. Estas organizaciones ya tienen sus políticas completamente determinadas por sus inconfesables ideologías de que la “democracia” imperialista es mucho mejor que los regímenes “dictatoriales” y “bárbaros” de un Milosevic o de los Talibanes, que enfrentaron al imperialismo. Dicho de otra manera, el “ni-ni” siempre estuvo a favor del apoyo al imperialismo occidental y a la OTAN en sus operaciones políticas y militares contra países más débiles o atrasados.

Finalmente, estas “izquierdas radicales” dicen que responden a los intereses de la clase obrera internacional y de los países atrasados oprimidos y saqueados por las potencias imperialistas. Pero ¿qué pasaría si Rusia fuera derrotada en la guerra en Ucrania? Indudablemente se fortalecerían los yanquis y la OTAN, que venían sufriendo crisis sucesivas por el fracaso de sus operaciones desde Irak hasta Afganistán.

Según un informe del Conflict Management and Peace Science Journal, en la actualidad hay 173.000 tropas norteamericanas en todo el mundo desplegadas en unas 254 bases e instalaciones militares. ¿Para estas “izquierdas radicales” esas bases tienen el objetivo de apoyar a los trabajadores del mundo y a los países atrasados o a estos les conviene que se debiliten?

El Manifiesto Comunista de Marx y Engels termina con el primer grito de guerra del marxismo revolucionario contra el capitalismo: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. Desde Lenin, ese grito de guerra se amplió a los países atrasados y a los pueblos pobres de todo el planeta, y desde entonces nadie puede declararse marxista revolucionario si no es intransigentemente antiimperialista.

Quienes exijen la retirada –es decir, la derrota– de Rusia en la guerra de Ucrania han renegado hace muchos años del marxismo revolucionario.

Eugenio Greco

2. La guerra en Ucrania y quién la provocó

 


Introducción

En esta oportunidad entregamos tres artículos, siendo éste el segundo, que abordan distintos aspectos de un mismo problema: la guerra en Ucrania. El presente artículo muestra quiénes en realidad han provocado esta guerra.

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La definición sobre qué clase de guerra hay en Ucrania no se puede responder con definiciones generales sobre si Rusia es o no es imperialista. En el sistema económico mundial, que es el del capitalismo imperialista, las oligarquías de cualquier país tratan de explotar a otras naciones en la medida de sus fuerzas. Brasil y Argentina no son países imperialistas sino víctimas de las potencias imperialistas, pero ambos países son victimarios “subimperialistas” de Paraguay y Uruguay. Rusia es un país capitalista, con su propia burguesía y su concentración del poder económico en riquísimas oligarquías, y Putin asienta su poder en esa estructura económica. Si se la quiere definir como “imperialista” tiene interés, pero no responde a las preguntas fundamentales: qué clase de guerra es esta y, sobre todo, quién la provocó.

El estratega alemán Karl von Clausewitz, en su libro De la guerra –que sigue siendo de estudio obligatorio en las academias militares en todo el mundo–, define que “El objetivo [de la guerra] es desarmar al enemigo”, y explica:

Para que al oponente se someta a nuestra voluntad, debemos colocarlo en una tesitura más desventajosa que la que supone el sacrificio que le exigimos… La peor posición a la que puede ser conducido un beligerante es la del desarme completo. Por lo tanto, si hemos de obligar por medio de la acción militar al oponente a cumplir con nuestra voluntad, tenemos o bien que desarmarlo de hecho, o bien colocarlo en tal posición que se sienta amenazado por la posibilidad de que lo logremos… el desarme o la destrucción del adversario… debe consistir siempre el objetivo de la acción militar.

Clausewitz explicaba también que antes de comenzar una guerra había que prepararse para ella armando ejércitos poderosos, bien equipados y con buena logística, y realizando maniobras militares que los ubicaran en posiciones estratégicamente ventajosas.

Después de la desaparición de la Unión Soviética, Estados Unidos logró ser la única superpotencia mundial tanto en lo económico como en lo militar, y sus estrategas se habían fijado el objetivo de lograr imponer su hegemonía en toda “Eurasia”, un área que abarca desde España hasta China, con 5.000 millones de habitantes. Pero Rusia había heredado y desarrollado la capacidad nuclear de la Unión Soviética, mientras China se convertía en una potencia industrial y tecnológica que la convertía en gran competidora económica de Estados Unidos, lo que significaba un enorme obstáculo para aquella estrategia. Además, la Europa imperialista aprovechaba que su seguridad militar estaba garantizada gratuitamente por Estados Unidos para hacer toda clase de negocios con China mientras se abastecía del petróleo y el gas de Rusia. Fue por eso que los sucesivos gobiernos del imperialismo yanqui, tanto los republicanos de Bush y Trump como el del demócrata de Obama calificaron a Rusia y China como enemigos estratégicos y amenazas a la “seguridad nacional” de Estados Unidos. Y actuaron en consecuencia desarrollando las maniobras militares de las que hablaba Clausewitz expandiendo a la OTAN hacia las fronteras de Rusia.

La OTAN fue creada en 1949 estaba integrada inicialmente solo por Estados Unidos y los países de la Europa imperialista, pero a partir de 1999 se fueron sumando a la OTAN –solo en Europa– Hungría, Polonia, República Checa, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Albania, Croacia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina, Georgia y Macedonia del Norte. Al día de hoy, la OTAN ya está instalada en cinco países fronterizos con Rusia y/o su aliada Bielorrusia: Noruega, Polonia, Estonia, Letonia y Lituania. El gran país que faltaba para completar el cerco sobre la frontera con Rusia de la Europa imperialista era Ucrania, que le abrió las puertas a la OTAN en 2019, cuando su Congreso votó enmiendas a la Constitución que garantizan que el país se integrará a la Unión Europea y a la OTAN. Si no lo logró hasta ahora fue porque para entrar a la OTAN el Estado debe tener el control completo de su territorio, y no lo tiene porque en 2014 comenzó una guerra civil cuando los pueblos de Donetsk y Lugansk quisieron separarse de Ucrania y ser parte de Rusia, y fueron ferozmente atacados por el ejército ucraniano, y ese mismo año Rusia incorporó Crimea a su territorio. Y la importante noticia de estos días es que Suecia y Finlandia, históricamente países neutrales, parecen avanzar hacia integrarse a la OTAN, algo que, en el caso de Finlandia, que comparte más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia, significaría el cerco total de Rusia por el Norte.

Si se entiende que una guerra propiamente dicha sólo comienza cuando hay enfrentamientos militares abiertos, estos comenzaron hace ocho años cuando estalló la lucha entre el gobierno ucraniano y los pueblos de Donetsk y Lugansk, y Rusia recuperó Crimea. Pero la preparación de la guerra no la hizo Rusia sino Estados Unidos y sus compinches de la OTAN. Como había dicho Clausewitz, el objetivo era lograr que el “oponente se someta a nuestra voluntad”, y como el enemigo ruso no se sometía, lo fue rodeando para “colocarlo en tal posición que se sienta amenazado por la posibilidad de que lo logremos”. Cuando Ucrania incorporó a su Constitución el ingreso del país a la OTAN mientras los imperialismos occidentales entrenaban y armaban hasta los dientes a su ejército –regimientos y paramiltares nazis incluidos–, a Rusia solo le quedaban dos caminos: capitular al imperialismo occidental o ir a la guerra contra el régimen político ucraniano apéndice de la OTAN. Y Putin optó por el segundo.

Eugenio Greco