24/3/22

CONTRA LA SANTA ALIANZA IMPERIALISTA Y EL ROL DE PEÓN DE COLOMBIA

 


   La guerra entre Rusia y Ucrania, es en realidad una guerra por interpuesta persona entre Estados Unidos -sus aliados de la OTAN- y Rusia, es una expresión del avance militar desenfrenado de la máxima potencia imperialista del mundo que, por primera vez en la historia desde la destrucción de la URSS- se encontró con la resistencia armada de un país con la capacidad bélica de Rusia.

   Es tan grande el poderío económico de las transnacionales y los bancos imperialistas que dominan el mundo, que han desatado una campaña ideológica mundial a través de los medios de desinformación de todos los países y con el apoyo de los gobiernos de casi todo el mundo, bajo la cual se conduce a millones en todo el planeta a convencerse de que Rusia y Putin son monstruos imperialistas que violan la soberanía de Ucrania mientras que la OTAN actúa como la defensora de la paz y la democracia.

   Cuando la verdad es que Rusia es un país capitalista independiente que libra hace años una lucha desigual por preservar su soberanía y hasta su supervivencia como Estado. Las actuaciones de Rusia representan un intento por frenar el avance del cerco militar de la OTAN que corre a velas desplegadas desde hace 30 años, y cuyo remate sería la incorporación de Ucrania, que facilitaría el despliegue de misiles y tropas en la nuca del oso ruso.

   Asistimos al avance descarado de la máxima herramienta contrarrevolucionaria de la historia de la humanidad, la OTAN, alianza militar imperialista de los países europeos comandada política y militarmente por EEUU y creada después de la Segunda Guerra mundial para combatir a la URSS y a los países del este de Europa, que una vez triunfó la restauración capitalista y se destruyó la URSS pasó a defender los intereses de los imperialismo yanqui y de las potencias imperialistas europeas -principalmente Inglaterra, Alemania y en cierta época Francia- en todo el mundo, instalando más de 500 bases militares e instalaciones militares  en todos los continentes e incorporando a los llamados “socios globales”.

   La OTAN causó gran devastación en las guerras de Yugoslavia y de Bosnia, intervino en las guerras de agresión y de destrucción de Afganistán y Libia y coopera con EEUU en Siria. Pero son incontables las invasiones, bombardeos, incursiones relámpago, así como los golpes de Estado y el apoyo a dictaduras sangrientas que todos los países imperialistas, empezando por el más sanguinario de todos, Estados Unidos, han ejecutado a lo largo de la historia, incluyendo el uso de todo tipo de armas de destrucción masiva contra pueblos indefensos, llegando incluso a usar la bomba atómica contra Japón al final de la Segunda Guerra Mundial. Son estos genocidas, que tienen al mundo ante el riesgo de una conflagración nuclear de incalculables consecuencias, los peores enemigos de la humanidad, quienes nos llaman a defender la paz y la democracia en Ucrania.

Duque y la oligarquía colombiana ponen a Colombia como peón del imperialismo

   Es larga y vergonzosa la trayectoria de servilismo de la oligarquía colombiana y sus gobiernos en la defensa de los intereses del imperialismo, especialmente de Estados Unidos. Pero esta pegó un salto en 2001 con la creación del denominado Plan Colombia, el cual reforzó como nunca a las Fuerzas Militares colombianas para perseguir a las guerrillas y para combatir a los países y gobiernos independientes del continente, e hizo de Colombia el “portaviones” del imperialismo en América Latina.  Colombia ha sido el principal aliado del imperialismo en su campaña de agresiones económicas, políticas y militares contra Venezuela, y cuenta con 12 bases militares imperialistas -aunque apenas reconocen 7-, algunas de las cuales tienen gran proyección de ataque  de aviones de guerra de última generación, capaces de alcanzar todo el sur del continente, controlar el Atlántico e intervenir en África; además de permitir mediante acuerdos el uso  militar de todos los puertos y aeropuertos del país a Estados Unidos en caso de ser necesario. Pero en 2018 pasó a ser “socio global de la OTAN”, lo que según informó esa institución en su momento, implicaría más cooperación en áreas de “interés mutuo” como la seguridad electrónica, marítima y la “lucha contra el terrorismo”.

   Colombia es el único país de América Latina que ostenta esa deshonrosa posición, con la cual amenaza la soberanía nacional de los demás países del continente, se erige en guardián de los intereses económicos y políticos del imperialismo en contra de los pueblos insumisos de la región que cada vez más desafían sus planes de explotación y a sus gobiernos lacayos y títeres, al tiempo que actúa como retaguardia en la lucha por la hegemonía absoluta de su patio trasero, en contra de sus competidores China y Rusia.

   Es así como llegamos a este penoso momento, en el que el gobierno de Duque actúa como ariete en el cerco mundial de la Santa Alianza imperialista contra Rusia, y cuando el gobierno de Biden ha impuesto un nuevo título a su más fiel lacayo: el de “aliado por fuera de la OTAN”; título que ostentan Australia, Egipto e Israel, y en América Latina Argentina y Brasil. Y gracias al cual Colombia puede acceder a equipo militar y municiones, se compromete a almacenar equipos de guerra de Estados Unidos y a participar en acciones antiterroristas. Todo en el marco de la ofensiva mundial contra Rusia y en medio del trámite para la aprobación en el congreso de estados Unidos de lo que se ha denominado “El nuevo Plan Colombia”.

   Las bases militares que los imperialistas tienen diseminadas por todo el mundo están puestas en cada lugar para defender sus intereses estratégicos, amenazan la vida de millones de trabajadores en todo el planeta, pues esos intereses pasan en primer lugar por garantizar la explotación de esos trabajadores, así como el saqueo de los recursos naturales de los países que las acogen. Es hora de elevar el grito de guerra en contra de ese cercamiento militar de nuestros países. Los trabajadores y los pobres que habitamos este país tenemos que rechazar con vehemencia el rol miserable de peón de la Santa Alianza imperialista que este gobierno le está imponiendo a Colombia.

   Hay que luchar incansablemente por el retiro de las bases imperialistas -con todos sus asesores, oficiales y mercenarios-, por la salida del país de la OTAN y de la OCDE, así como por la ruptura de todos los pactos económicos políticos y militares que nos atan al imperialismo: como el TIAR -tratado interamericano de asistencia recíproca-, los TLC o la misma OEA, ministerio de colonias de los yanquis.

   A todos los que se reclaman demócratas o de izquierda les asiste la responsabilidad histórica de luchar en contra de la ofensiva mundial de la OTAN y, consecuentemente, en contra del rol de peón de nuestro país. Quienes desde la izquierda han condenado por igual a Rusia y a la OTAN o han enfatizado en el combate al “imperialismo ruso”, deberían meditar sobre el hecho de que hoy se ubican en el mismo bando de Duque y el uribismo -bajo el ala del águila imperial yanqui-.

   A quienes como el candidato presidencial Gustavo Petro, han declarado reiteradamente que su apuesta es por la transformación radical de nuestra sociedad, los millones de jóvenes y trabajadores debemos exigirle que luche por romper con la cadena histórica de sometimiento del país al imperialismo, y que si llega a la presidencia incluya en sus primeros actos de gobierno la ruptura de todos estos pactos opresivos, la salida de Colombia de la OTAN y su rechazo categórico a la implementación del “Nuevo Plan Colombia”.

   A las direcciones de las organizaciones de masas del país, de la CUT, de la FECODE, a los dirigentes de las organizaciones denominadas progresistas y democráticas como los Verdes, Dignidad o El Pacto Histórico, y por supuesto a sus candidatos presidenciales, los trabajadores y los jóvenes debemos exigirles que se sumen a lo dicho hace unos días por el expresidente Evo Morales: “Hacemos un llamado a una movilización internacional para frenar el expansionismo intervencionista de la OTAN y EE.UU. La humanidad clama por pacificación, la conflagración no es la solución. La hegemonía armamentista e imperialista pone en riesgo la paz mundial”.


Declaración política / Alternativa Revolucionaria Socialista - Colombia



13/3/22

UCRANIA: Primeras líneas sobre la guerra


   Bajo el dominio imperialista del sistema económico mundial, el “crecimiento económico” y esta proclamada “democracia” conllevan más lacras que progreso. Es un sistema para una minoría, liderado por oligarquías financieras y parasitarias de las potencias imperialistas, que le destina a la inmensa masa de trabajadores del planeta solo explotación y esclavitud laboral, opresión, discriminación, cada vez más racismo y xenofobia; y a la mayoría de los países, saqueo de recursos y capital de forma constante, anexiones, el peligro de su destrucción o inviabilidad, pobreza, miseria creciente y, fundamentalmente, guerras de dominación.

   El oportunismo político, fortalecido por una recaudación abultada (en dólares, euros y privilegios) y conquistada a base de servir al sistema de explotación, satura los medios masivos y las redes sociales con la pintura de un mundo pacífico y civilizado, especialmente el “occidental y cristiano”, y del otro lado un Putin, que lanza una guerra para “invadir a Ucrania” sin respetar su “soberanía e integridad territorial”, cometiendo toda clase de “crímenes de lesa humanidad”.

   La verdad sobre este mundo la dijo el presidente del Banco Mundial: “23 países, que entre todos suman una población de 850 millones, se enfrentan actualmente a conflictos [militares] de intensidad media a alta”. Agregó que su número se ha duplicado en los últimos diez años y “esto ha provocado flujos masivos de refugiados”.

   Esos conflictos generan todo tipo de dramas humanos, millones de desplazados, campos de refugiados, huérfanos, y un sinfín de tragedias, que están impulsadas en últimas por los intereses económicos de estos países. Los países imperialistas, y un grupo reducido de potencias capitalistas emergentes, luchan por repartirse el mundo -por acceder a mercados, materias primas y mano de obra en cualquier región- y lo hacen de acuerdo a la fuerza económica y militar que poseen. 

   La guerra es una expresión de esa lucha por el reparto, es su principal lacra, y plantea de forma inmediata la posibilidad de un exterminio nuclear, de consecuencias incalculables en la pérdida de vidas, sin contar la creación y utilización de armamento cada día más sofisticado y eficaz para la destrucción, además de las letales consecuencias biológicas y químicas. 

   Desde el 24 de febrero, gran parte del territorio ucraniano ha sido declarado escenario de guerra por las fuerzas armadas rusas. Sin embargo, esta no es simplemente una guerra entre Ucrania y Rusia, es una guerra por interpuesta persona entre la OTAN y Rusia. La OTAN, desde la destrucción de la URSS, ha venido cercando a Rusia militarmente avanzando en la instalación de misiles, bases y el desarrollo de ejercicios militares cada vez más cerca de las fronteras rusas. En ese sentido, esta guerra fue provocada por la OTAN, y empezó mucho tiempo antes, como parte de las acciones imperialistas para impedir o limitar el desarrollo ruso, para avanzar en la destrucción de un posible competidor en la lucha por el reparto del mundo, lo de Rusia es una acción defensiva inevitable, si no quería quedar completamente sitiada y maniatada.

   Las potencias occidentales intervienen ahora en esta guerra armando todo lo que pueden al gobierno ucraniano, pero también envenenando las mentes de centenares de millones de personas de todos los rincones del mundo desde las pantallas de televisión, los celulares, los periódicos y las radios. Todas las tragedias humanas concentradas en pocos minutos de filmación, con informes y reportajes desde los escenarios de operaciones.

   Lograron así, vía la manipulación de los medios de información, que se produjeran importantes movilizaciones, en las que también participaron muchos trabajadores, para perseguir un solo objetivo: el aislamiento político, económico y social del dirigente y del país que se atrevieron a desafiar “las reglas de dominación” imperantes. La demonización de Putin y de Rusia desató una ola de “rusofobia”, llevada hasta el extremo de lo que hizo la universidad italiana que prohibió el estudio de las obras literarias de Dostoievsky. No importan las consecuencias, o los llamados “efectos colaterales”, que suman a la población rusa y a otros tantos millones a sufrir padecimientos por la crisis económica mundial, que se agudiza a la par de los bombardeos. Medidas dirigidas, como nos quieren hacer creer, contra Putin pero que afectan aún más la vida de los pueblos en todo el planeta.

   Pensemos por un segundo qué habría sucedido si toda la maquinaria montada contra la entrada de las fuerzas armadas rusas a Ucrania se hubiera utilizado para obligar a los laboratorios norteamericanos y europeos a liberar las patentes de las vacunas; cuántas vidas humanas, olas de contagios, crisis sociales y económicas se hubieran podido evitar –y controlar en un futuro–, en una pandemia que todavía, después de dos años, puede evolucionar en la aparición de nuevas cepas porque no avanzó la vacunación en los países más pobres.

    La respuesta de los Estados Unidos, la OTAN y sus socios militaristas al pliego de reclamos de la dirigencia rusa fue respondida con sanciones, que involucran la vida de millones. Un solo ejemplo, en la región asturiana de España: el aumento de precios de los combustibles (petróleo, gas y sus derivados) está alcanzando picos históricos, y obliga a fábricas metalúrgicas a trabajar en forma discontinua para racionar el uso de la energía, a empresas pequeñas directamente a cerrar y a los pescadores los obliga a la inactividad, porque ninguna de estas fuentes de trabajo puede afrontar los aumentos del combustible, que en un mes subió más del 100%.


Sobre la guerra rusa-ucraniana

   Bajo las balas de las mentiras, no podemos saber mucho del conflicto. Pero lo que sí conocemos es que tanto Rusia como Ucrania integraron durante más de setenta años la Unión Soviética, y recién a partir de los años 90 las potencias imperialistas, el Vaticano y la Iglesia ortodoxa, con la complicidad de las burocracias dirigentes de la ex URSS, destruyeron ambas economías para restaurar las leyes del capitalismo, o sea, la propiedad privada de los medios de producción. Gracias a las medidas dictadas por el FMI, que prometían mayores libertades y comer hamburguesas pero que significaron crear desempleo y pobreza donde antes no existía, lograron que en un polo se consolidaran oligarquías megamillonarias, y en el otro, masas de trabajadores empobrecidos. Como describe el sociólogo del partido de la izquierda rusa, Boris Kagarlitsky: “Así y todo vivimos de la ex URSS por muchos años y salimos adelante porque no pudieron destruirla más y porque con Putin nació la reacción contra las políticas imperialistas dentro no solo de la Federación Rusa sino también en varias repúblicas de la ex URSS”.

   En Ucrania, después de movilizaciones, huelgas y acciones de masas –en 1991, 2004 y 2014– y en especial en el llamado Euromaidan, contra las medidas de ajuste impuestas por el FMI, por los planes para acceder a la UE y los gobiernos del país, las regiones más industriales del este votaron independizarse. El voto popular también avaló la separación de Crimea, la península sobre Mar Negro, pero en este último caso se logró que Rusia la integrara dentro de su Federación de repúblicas. En el resto de las regiones del este ucraniano, el acoso militar de las fuerzas armadas del gobierno, entrenadas por la OTAN, se ha saldado con más de 14.000 víctimas en una guerra declarada por el gobierno de Kiev contra la población ucraniana de esas regiones. Por la guerra en los territorios de Donetsk y Lugansk, se firmaron en Bielorrusia acuerdos entre Ucrania, Rusia y las regiones en cuestión, bajo el auspicios de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). El Protocolo de Minsk de 2014, llamado así por la ciudad de Bielorrusia donde se firmó, fue reiteradamente incumplido por el gobierno ucraniano.


   Los reclamos de Putin por los avances contra el este de Ucrania, intervenciones, ejercicios militares de fuerzas de la OTAN e injerencias de todo tipo, por los reiterados ataques contra la población de esas regiones, por el incumplimiento por parte de las potencias europeas y fundamentalmente de los Estados Unidos de todos los acuerdos que vulneraron cada vez más la seguridad de la Federación Rusa y de los países vecinos –instalación de misiles en Polonia y de radares en Turquía, la línea roja planteada por Putin ante posibilidad de ubicación de misiles en Ucrania-, así como, la provocaciones del gobierno ucraniano solicitando su ingreso a la OTAN y señalando su intención de acceder a armamento nuclear, condujeron a las definiciones del gobierno ruso durante el mes de febrero: primero Putin reconoció la independencia de dos repúblicas de la región, Donetsk y Lugansk, y a los pocos días anunció la acción militar en el territorio, con soldados y tanques, iniciada con el bombardeo a bases militares y lugares estratégicos de las fuerzas armadas del gobierno de Zelenski. 

   El 17 de febrero, Sergey Karaganov, un influyente asesor del gobierno ruso, respondía así a la pregunta por los objetivos de Rusia en Ucrania: “en primer lugar impedir la ampliación de la OTAN y la militarización de Ucrania. Digan lo que digan, no tenemos planes para conquistarla…”.

   En este caos mundial abierto con la declaración de guerra de Rusia al gobierno de Ucrania, no cambiamos de foco sobre el enemigo fundamental de la clase obrera mundial: que es la acción manifiesta y deliberada de los Estados Unidos para avanzar con fuerzas de la OTAN sobre el área de seguridad de Rusia.

   Podríamos citar innumerables acciones (muy bien documentadas y publicadas en Internet) a este respecto. Los Estados Unidos y sus aliados, Gran Bretaña, las potencias europeas, Japón, Australia y Canadá entre los principales, han confeccionado a lo largo de los últimos treinta años una extensa lista de intervenciones, invasiones, injerencias militares, políticas y económicas para forzar voluntades hacia sus intereses y el de sus monopolios, para saquear recursos de los países pobres y explotar brutalmente a sus trabajadores. Para esos fines, los organismos como la OSCE, la ONU, la OEA, el FMI, el Banco Mundial y otras instituciones fueron montadas con sus burocracias entrenadas en perseguir objetivos sin importar las consecuencias, para obligar a la rendición o al sometimiento, en definitiva esa extensa red funciona según las necesidades de las oligarquías dueñas del poder económico y financiero más poderoso del mundo.

   El brazo armado de estas instituciones políticas, diplomáticas y económicas son las Fuerzas Armadas yanquis, que comandan a la OTAN, con más de 500 bases e instalaciones militares desparramadas por todo el planeta, y que en nuestra región de América Latina y el Caribe tiene unas 30 bases, entre ellas, 12 en Panamá, 12 en Puerto Rico, 9 en Colombia y 8 en Perú -las movidas de ese brazo militar en la región tienen cabeza de playa en Colombia, que ya es socio de la OTAN, que ahora EEUU busca darle un nuevo estatus, y trabajan en aprobar un nuevo Plan Colombia para apuntalar el dominio imperialista en la región-.

   Todo ese aparato económico, político, diplomático y militar hoy está al servicio de demonizar a Putin y al pueblo ruso. El fortalecimiento de una alianza entre Rusia y China hace peligrar la hegemonía norteamericana en la que se sostienen los europeos e ingleses para el reparto del mundo, razón suficiente para doblegar a Rusia, utilizando a Ucrania para ese fin.

Para el imperialismo es sustancial la rivalidad de varias grandes potencias en la aspiración a la hegemonía, esto es, a apoderarse de territorios no tanto directamente para sí, como para el debilitamiento del adversario y el quebrantamiento de su hegemonía.

V. Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916.







26/1/22

Foro Económico Mundial de Davos 2022 Millonarios en pánico


    El Foro Económico Mundial es una organización internacional que reúne todos los años a economistas, grandes empresarios, presidentes, primeros ministros, secretarios de Estado, ministros de economía, etcétera en lujosas instalaciones y hoteles en la localidad de Davos, en Suiza, para discutir la situación de la economía capitalista mundial, sus problemas y la política para responder a estos. El encuentro de este año, que se realizará en mayo, tendrá como un tema central las consecuencias económicas, sociales y políticas de la pandemia.

   Normalmente las recetas de Davos son bajar impuestos a los capitalistas para que estos inviertan, con el argumento, mil veces desmentido por la realidad, de que esas inversiones “derramarán” hacia los pueblos con más trabajo, mejores salarios y menos pobreza. Pero esta vez hubo una sorpresa: un grupo de alrededor de 100 capitalistas con fortunas personales de mil millones de dólares o más, que se pusieron el nombre de Patriotic Millionaires (Millonarios Patrióticos), envió una carta abierta al Foro planteando que querían que a ellos y a todos los “milmillonarios” les cobraran más impuestos.

   Esa carta tenía como lema “In tax we trust” (Confiamos en los impuestos), en un juego de palabras con el lema “In God we trust” (Confiamos en Dios) estampado en los billetes y monedas de los dólares estadounidenses. Y decía, por ejemplo:

   Como millonarios, sabemos que el sistema impositivo no es justo. Muchos podemos decir que, mientras el mundo atravesó un inmenso sufrimiento en los últimos dos años, nosotros de hecho vimos crecer nuestra riqueza durante la pandemia; sin embargo, pocos de nosotros, si no es que ninguno, puede decir honestamente que paga su parte justa de impuestos.

Además, sin nombrarlos, los Millonarios Patrióticos apuntaron en su cuenta de Twitter contra los 10 diez capitalistas más ricos del mundo cuando señalaron que durante la pandemia

   La riqueza de los 10 hombres más ricos se duplicó, mientras el ingreso del 99% de la humanidad empeoró debido al Covid 19.

Según la revista Forbes esos tipos son:

1. Elon Musk, de Tesla y Space X: 304.000 millones de dólares.

          2. Bernard Arnault, de LVMH: 198.000 millones de dólares.

3. Jeff Bezos, de Amazon: 189.000 millones de dólares.

4. Bill Gates, de Microsoft: 137.000 millones de dólares.

5. Larry Ellison, magnate del software: 122.000 millones de dólares.

6. Larry Page, de Google: 121.000 millones de dólares.

7. Mark Zuckerberg, de Facebook: 117.800 millones de dólares.

8. Sergey Brin, de Google: 117.300 millones de dólares.

9. Warren Buffet, especulador financiero: 114.000 millones de dólares.

       10. Steve Ballmer, de Microsoft, 102.000 millones de dólares.

   Nosotros agregamos que las fortunas de los megamillonarios de América latina aumentaron un 50% durante la pandemia.

   Oxfam –una confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales, que realizan labores humanitarias en 90 países– señala que cada 26 horas surge un nuevo milmillonario en el mundo. Y en la misma línea de los Millonarios Patrióticos, pide a los ejecutivos que “impongan impuestos sobre las ganancias acumuladas durante la pandemia”.

   Según un estudio de los Millonarios Patrióticos y Oxfam, un impuesto a la riqueza del 2% a los millonarios, 3% a las fortunas superiores a los 50 millones de dólares y 5% a la superiores a mil millones permitiría generar vacunas suficientes en el mundo, sacar de la pobreza a 2.300 millones de personas y garantizar salud y protección social a 3.600 millones de personas de países con ingresos bajos y medios.

   Un informe de Oxfam titulado “Las desigualdades matan”, publicado con motivo de la “Agenda de Davos” del Foro Económico Mundial, afirma que las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos 21.000 personas al día, o sea, de una persona cada cuatro segundos. Se trata de estimaciones conservadoras basadas en el número de muertes causadas a nivel global por la falta de acceso a servicios de salud, la violencia de género, el hambre y la crisis climática. En este y otros informes de Oxfam se dice:

   Los milmillonarios han tenido una pandemia de lujo. Los bancos centrales han inyectado billones de dólares en los mercados financieros para salvar la economía, pero una gran parte ha acabado en los bolsillos de estos hombres, que se han aprovechado del auge de los mercados bursátiles. Con las vacunas se pretendía poner fin a esta pandemia, pero los gobiernos de los países ricos han permitido que los milmillonarios y los monopolios farmacéuticos corten el suministro a miles de millones de personas. Esto podría traducirse en un incremento de todas las formas imaginables de desigualdad. La previsibilidad de esta situación es indignante, y sus consecuencias son letales.

   Por ejemplo, los monopolios de Pfizer, BioNTech y Moderna han convertido en milmillonarias a cinco personas durante la pandemia, y han generado más de 1.000 dólares de beneficio por segundo para sus empresas; sin embargo, menos del 1% de sus vacunas han llegado a las personas de países de bajos ingresos.

   La respuesta del mundo a la pandemia ha desatado violencia económica, ensañándose sobre todo con las mujeres y las niñas, y las personas en situación de exclusión y pertenecientes a grupos racializados (oprimidos y explotados por causas raciales). Cada ola de Covid-19 conlleva un aumento de la violencia de género, al mismo tiempo que aumenta aún más el volumen de trabajo de cuidados no remunerados que recae sobre las mujeres y las niñas.

   Que las desigualdades estén aumentando a esta escala y ritmo no es fruto del azar, sino de una elección. Los modelos económicos actuales no solo nos han expuesto en mayor medida al impacto de esta pandemia, sino que están permitiendo activamente que quienes ya son extremadamente ricos y poderosos exploten esta crisis en su propio beneficio.

   La riqueza de una pequeña élite de 2.755 milmillonarios ha crecido más durante la pandemia de COVID-19 que en los últimos 14 años, que ya había sido una época de bonanza económica para ellos.

   Se trata del mayor incremento anual de la riqueza de los milmillonarios desde que se tienen registros, y está sucediendo en todos los continentes del planeta. Este incremento es el resultado del aumento desorbitado de los precios de los mercados de valores, el apogeo de las entidades (financieras) no reguladas… la baja de los impuestos a las personas físicas y a las empresas, y el deterioro de los derechos laborales y los salarios; todo ello propiciado por la instrumentalización del racismo. Un impuesto excepcional del 99% sobre los ingresos extraordinarios que los diez hombres más ricos obtuvieron durante la pandemia podría servir, por ejemplo, para producir suficientes vacunas para el mundo, financiar servicios de salud y protección social universales, y financiar medidas de adaptación climática y reducir la violencia de género en más de 80 países. Aún así, estos hombres seguirían teniendo 8.000 millones de dólares más que antes de la pandemia.

La Humanidad desangrada por parásitos

   Lenin, en su trabajo El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrito en 1916 –hace más de 100 años–, señaló que la economía mundial estaba bajo el dominio de las capas superiores de la burguesía, propietarias de los monopolios, a las que definió como una “oligarquía financiera”. Mostró cómo esas oligarquías chupaban la sangre y la vida de los trabajadores, los pueblos y los países atrasados, porque habían convertido a toda la economía capitalista mundial en “parasitaria”. Y denunció que habían logrado conformar los Estados –o sea, los aparatos de gobierno “democráticos” de los capitalistas en cada país– en sus sirvientes. Más tarde aparecieron las instituciones internacionales –Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio–, también dominadas por esa oligarquía, para mantener a los países atrasados como sus colonias financieras.

   Como si quisieran darle la razón a Lenin sobre el carácter parasitario de esta época del capitalismo, los Millonarios Patrióticos advirtieron que los megamillonarios “son parte del problema” y apuntaron, sin mencionarlos, contra algunos de los 10 más ricos al señalar que la confianza en el sistema capitalista “no se construye por viajeros espaciales billonarios que hacen una fortuna en la pandemia pero pagan casi nada de impuestos y pagan pobres salarios a sus trabajadores”. La crítica está dirigida, entre otros, a Elon Musk, que en los últimos años construyó Space X, su empresa privada de vuelos espaciales turísticos, una recreación solo accesible a un ínfima minoría de personas capaces de pagarlos. Por ahora realizaron viajes al espacio unos pocos señores entrados en años que pagaron millones de dólares para cumplir su último sueño. Musk y sus clientes son una verdadera síntesis del capitalismo-imperialista que domina el mundo: es de parásitos chupasangre el dirigir los logros más avanzados de la humanidad en su historia, la ciencia del Universo, con lo más avanzado de la industria, la tecnología y la ingeniería, en el marco de una “industria” con crecimiento exponencial y de alta rentabilidad como es la rama turística, junto al capital especulativo, y todo al servicio de la renta, de la ganancia, que es la razón de ser del capitalismo desde que nació, hace ya centenares de años.


El capitalismo humano no existe ni existirá

   Oxfam tiene el mérito de denunciar las aberraciones inhumanas de este capitalismo parasitario comandado por esos megamillonarios y sugiere medidas para hacerlo menos inhumano, es decir, para reformarlo. Pero ignora u oculta que no hay manera de impedir que esos tipos sigan mandando si no se destruyen esos Estados.

   Por su parte, los Millonarios Patrióticos criticaron a los más poderosos reunidos en Davos por sus debates sin resultados “tangibles”, y agregaron:

   Para decirlo de manera simple, restaurar la confianza requiere cobrarle impuestos a los ricos. El mundo –y cada país– deben reclamar que los ricos paguen su parte justa. Cóbrenos impuestos a los ricos y háganlo ahora.

   Ellos también proponen reformar el actual sistema, no destruirlo y reemplazarlo por otro que sea verdaderamente justo y humano. Y mostrando que tienen conciencia de clase de capitalistas megamillonarios, plantean claramente cuál es su objetivo: “restaurar la confianza”. ¿Que confianza quieren “restaurar”?

   Confianza en que los oligarcas financieros puedan sostener el embuste de la democracia que ellos controlan, cuestionada, por ejemplo, por los estallidos sociales en Ecuador, Chile y Colombia, o por la toma del Capitolio yanqui por los fanáticos de Trump.

   Confianza en que la economía mundial no vaya a una nueva crisis mucho más grave en momentos en que el propio FMI dice que las acciones cotizan en Bolsa a un valor mucho más alto del que realmente tienen, que hay “burbujas” financieras, inmobiliarias y de todo tipo que pueden estallar y gatillar una nueva crisis peor que la de 2008, y que los Estados, las empresas y las familias están superendeudados y a la larga no podrán pagar esas deudas.

   Confianza en que las intervenciones militares imperialistas no dejen destruidos países enteros, como Libia, Irak, Siria, Yemen o Afganistán y, junto con la miseria intolerable, generen oleadas imparables de inmigrantes desesperados de aquellos países hacia Europa, y también de haitianos, centroamericanos y mexicanos hacia Estados Unidos.

   Y, sobre todo, confianza en que el “mejor sistema” es el dominio de esta gentuza –de la cual los Millonarios Patrióticos son parte– sobre los Estados burgueses que hoy existen en todos los países del mundo, China incluida.

   Por eso el título de este artículo es “Megamillonarios en pánico”. Los Millonarios Patrióticos son más lúcidos que la mayoría de sus congéneres, y es el pánico a que las masas pierdan totalmente la confianza en este sistema económico-político mundial lo que los lleva a proponer pagar más impuestos para que los Estados que ellos dominan tengan más plata y la dediquen a una beneficencia (limosna) social a mayor escala cuando está empezando a estallar en distintos puntos del planeta el odio y la furia de los explotados y oprimidos.

   Quienes publicamos Perspectiva Marxista Internacional somos socialistas revolucionarios. Nuestro objetivo es llevar claridad a los trabajadores, especialmente a los más oprimidos y explotados, sobre cómo es el mundo en que vivimos y en beneficio de quiénes sufrimos lo que sufrimos. Un mundo que no sólo no va a cambiar para mejor sino que está degenerando y va a degenerar cada día más rápido hacia la barbarie si no se acaba con este sistema capitalista-imperialista, si no se destruye el poder económico y político de la oligarquía financiera mundial y sus socios menores de los países atrasados, tomando por asalto el poder, haciendo una revolución.











26/11/21

¿Lasso “Gobierno del encuentro”?


Cuando asumió el poder en el Ecuador Guillermo Lasso, un Banquero de la derecha conservadora ligado al Opus Dei, afirmó que abría el diálogo con todas las fuerzas políticas y sociales afirmando que es el “Gobierno del encuentro”, supuestamente para realizar leyes en favor de la población más desprotegida.

Lasso y su gobierno en estos cinco meses y medio de gestión, lo que ha realizado es la vacunación por la pandemia del Covid-19 con relativo éxito, enfrentándose a una Asamblea (Congreso) con una minoría de asambleístas de su partido CREO (Creando Oportunidades) 12 de 137, lo que no le ha permitido que sus pretendidas Leyes en contra de los trabajadores sean, hasta el momento, aprobadas, ha realizado decretos acordados con el FMI sobre el alza de los combustibles, lo que generó protestas en el mes de octubre de la dirigencia de los trabajadores FUT y especialmente de la CONAI la organización de los Indígenas con cierre de vías y movilizaciones a nivel nacional.

El País enfrenta una crisis económica, social y carcelaria, agudizada por la pandemia, con índices de desempleo del 28 %, 47 % de pobreza, con una deuda externa de casi 46 mil millones, lo que representa el 45 % del PIB.

El sicariato y el narcotráfico han penetrado en la sociedad ecuatoriana, profundizándose en los últimos meses con masacres en las cárceles, especialmente en la ciudad de Guayaquil, en lo que va del año con 326 muertes de presos.  Por estos acontecimientos Lasso declara que el único culpable es el narcotráfico, como todo gobierno burgués, deslinda su responsabilidad por el abandono de sectores de la sociedad más vulnerables; alrededor de este conflicto existe todo un contexto de desigualdad socioeconómica, hay una criminalización de la pobreza.

Un Gobierno débil, atravesado por el deterioro de su imagen por las investigaciones de los “papeles de Pandora” que hasta el momento ha desvirtuado con muchas contradicciones.

La percepción que muchos ecuatorianos tienen es que es un País que se cae a pedazos, con Instituciones del Estado en crisis y no confiables.

Todo esto refleja que el capitalismo imperialista decadente, no puede solucionar los problemas de pobreza y desigualdad existentes, más bien los agudiza con leyes para someter a la clase trabajadora, en contra de los derechos laborales y los avances de bienes del Estado para privatizar incluso los logros sociales.

Julia

16 noviembre 2021









28/8/21

AFGANISTÁN: DERROTA DE LOS ESTADOS UNIDOS Y DE LA OTAN


   Hace veinte años Afganistán fue invadido por la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), liderada por Estados Unidos y que incluyó, entre otras, fuerzas militares de sus socios menores imperialistas: Gran Bretaña, Alemania, Holanda, Francia, Italia y España. En total, llegaron a sumar unos 130 mil soldados, y lograron su objetivo: expulsar del poder a los talibanes que por entonces gobernaban el país e imponer un gobierno títere apoyado en un “ejército nacional” mercenario. Los gastos de esta operación, sumando los militares y los de “ayuda humanitaria”, fueron gigantescos; de lejos la mayor “inversión” fue la de Estados Unidos: 3 billones (millones de millones) de dólares, pero el ejército y la policía “nacionales” hambreaban a sus efectivos mientras gobernantes y generales se robaban buena parte de esos recursos.

   Las dos décadas de invasión militar imperialista fueron de guerra y exterminio en manos de esas tropas extranjeras, mientras el pueblo afgano sufría caídas catastróficas en todos los niveles de sus condiciones de vida, y dejaron un saldo de decenas de miles de muertes civiles y muchísimos más refugiados en Pakistán e Irán, que huyeron del hambre, la miseria y la muerte.

   Veinte años después impactaron las imágenes televisadas del caos en el aeropuerto de Kabul.

   Los aviones, enviados por los Estados Unidos y por la OTAN para la evacuación partían repletos de militares, diplomáticos, funcionarios de los servicios secretos, mercenarios-contratistas, personal de las ONG, periodistas, familias extranjeras pero también afganas que huían del país. El primero en escapar fue el presidente Ashraf Ghani, un canalla servil a las fuerzas ocupantes, que leyó su último mensaje al país y esa mismo día se escapó hacia Qatar con 169 millones de dólares, y terminó asilado en Emiratos Árabes Unidos.

   Esta salida en estampida de los ocupantes y sus lacayos, esta huida forzada por la ofensiva relámpago de los talibanes en la capital del país, dejó al desnudo la imprevisión y el mal cálculo, propios de una rendición negociada a medias, que los obligó a esta evacuación más cercana al caos que a una retirada ordenada. Las fuerzas armadas norteamericanas y de la OTAN han perdido una guerra, no hay mucho más que explicar.

   Los medios masivos se empeñan en mostrar que el pueblo afgano está desesperado por escapar en masa del país por el terror que le tiene a los talibanes. Pero el triunfo de esta revolución no puede explicarse solo por la acción de los nuevos gobernantes, que derrotaron a los imperialistas pese a que estos tenían una abrumadora superioridad militar y económica. Se explica fundamentalmente porque la inmensa mayoría del pueblo afgano odiaba a los invasores y quería expulsarlos del país.

   La clase obrera mundial debe ser consciente de que esta batalla ganada por el heroico pueblo afgano y el nuevo poder talibán contra el abrumador poderío militar de los imperialistas, es una revolución de liberación nacional triunfante, dirigida política y militarmente por los talibanes. La derrota de las potencias imperialistas no es solo militar, también es política, económica e ideológica. Afganistán recuperó su independencia y demostró que al imperialismo y a sus gobiernos serviles se los puede derrotar.

   Una derrota que tendrá repercusiones muy profundas en el curso de la lucha permanente e internacional contra la opresión que sufren los pueblos bajo el sistema de explotación esclavista del capitalismo-imperialista.


Perspectiva Marxista Internacional

28 de agosto de 2021


18/8/21

Una vez más: Por la unidad de acción de los antiimperialistas y demócratas EN DEFENSA DE CUBA


      Las movilizaciones en Cuba fueron aprovechadas por Estados Unidos, con la ayuda de un poderosísimo sistema de monopolios mediáticos, para instalar el discurso de que en la isla, al igual que en Venezuela y en Nicaragua, estaba en juego la alternativa “dictadura o democracia”. Pero lo que en realidad está en juego es independencia nacional o colonia.

   Para este discurso, el gobierno de Lenin Moreno en Ecuador, el de Piñera en Chile, y el de Duque en Colombia son gobiernos democráticos porque hay elecciones con varios partidos, y el cubano es una dictadura porque no las hay. El saldo de la represión de Moreno al levantamiento popular de octubre de 2019 fue de 22 muertes y 20 lesiones oculares. La represión de Piñera al levantamiento del pueblo chileno de 2019-2020 causó 40 muertos, casi 500 mutilaciones oculares y miles de heridos. El gobierno de Duque, con su represión a la rebelión popular iniciada en abril de 2021, causó 1246 heridos, 106 mujeres víctimas de violencia sexual, 74 mutilaciones oculares y 74 muertes, pero las cifras son mayores, y hay que sumar los asesinados por grupos paramilitares, los miles de heridos, los asesinatos sistemáticos de líderes sociales que siguen hasta hoy, la expulsión de sus tierras de más de 44.000 campesinos por fuerzas paramilitares en lo que va del año y la actual persecución policial y judicial a los jóvenes de la “Primera Línea” que defendían las manifestaciones y bloqueos de los ataques policiales y militares, acusados de terrorismo y sedición.

   La defensa de la “libertad” y la “democracia” por parte de los yanquis fue la justificación del golpe de estado (intento de asesinato incluido) contra Evo Morales en Bolivia, que dejó decenas de muertos y miles de heridos, y fue tan brutal que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos calificó de “masacres” las represiones con armas de fuego de las localidades Senkata y Sacaba.

   En contraste con estas barbaries, en Cuba hubo solo un muerto. Si medimos las cosas por quiénes masacran más a sus pueblos, el gobierno cubano sería democrático, y Piñera, Duque y Áñez, la efímera presidente golpista de Bolivia, serían dictadores.

   Frente a las masacres de los gobiernos “democráticos” de Moreno, Piñera, Duque y Áñez, la Casa Blanca, la OEA y la ONU respondieron con un silencio atronador: ninguna sanción para quienes las ejecutaron. La campaña por la “libertad y la democracia” en Cuba, Nicaragua y Venezuela persigue el propósito que acallar todas las voces que no obedezcan servilmente al amo del Norte y de sus socios menores europeos.

   La dominación imperialista se fortaleció en el conjunto de América latina, por la vía capitalista del endeudamiento y los tratados de libre comercio, de la especulación y la libre circulación de capitales, de la renta financiera y del saqueo de recursos naturales. Las potencias imperialistas y fundamentalmente Estados Unidos fortalecieron y perfeccionaron sus instrumentos e instituciones políticas, económicas-financieras, judiciales, mediáticas, de inteligencia y militares para intervenir libremente en los países del área, mientras socavaban la soberanía y con ello la pérdida de libertades y de derechos de los trabajadores y de las masas populares en toda América Latina y el Caribe. No existen razones humanitarias ni defensa de las libertades bajo las banderas de quienes dirigen los planes de opresión y saqueo de nuestros países.

   La alternativa no es dictadura o democracia sino independencia o colonia.

   La alternativa no es gobiernos “democráticos” o “totalitarios”, sino gobiernos que resisten al imperialismo o gobiernos sirvientes del imperialismo.

   Esto lo deberían tener claro los “izquierdistas”, “progresistas” y “demócratas” que se pronuncian contra el bloqueo a Cuba pero al mismo tiempo se esmeran en criticar como “antidemócraticos” o “totalitarios” a los gobiernos y regímenes que son atacados por los imperialistas. Entre esta clase de gente no faltaron los que durante la guerra de Malvinas, que enfrentó a una Argentina gobernada por Galtieri, el presidente de una dictadura militar genocida, con el imperialismo británico gobernado por la “democrática” Margaret Thatcher y apoyado por el “democrático” Estados Unidos y su instrumento militar, la NATO, en lugar de apoyar y defender al país decían: “Ni Thatcher ni Galtieri”.

   La campaña imperialista contra Cuba tuvo ya una contrapropuesta, liderada por el presidente de México, López Obrador (AMLO). En su discurso inicial ante la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) del pasado 24 de julio, en ocasión del 238 aniversario del nacimiento del libertador Simón Bolívar, dijo: “Es ya inaceptable la política de los últimos dos siglos, caracterizada por invasiones para poner o quitar gobernantes al antojo de la superpotencia; digamos adiós a las imposiciones, las injerencias, las sanciones, las exclusiones y los bloqueos”.

   AMLO envió tres barcos a Cuba, el primero de ellos, con 100.000 barriles de diesel, y el tercero con alimentos, insumos médicos (tapabocas, jeringas y tanques de oxígeno), mientras Rusia enviaba dos aviones con cerca de 90 toneladas de ayuda humanitaria; Bolivia 20 toneladas de ayuda incluidos material médico y sanitario, además de alimentos, y Nicaragua anunciaba que enviaría un barco con alimentos.

   Además, AMLO propuso crear una especie de Unión Europea en América Latina y el Caribe para abandonar la Organización de Estados Americanos (OEA), conocida desde su nacimiento como el “Ministerio de Colonias” de Estados Unidos: “En ese espíritu, no debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador, a petición y aceptación de las partes en conflicto”.

   En la región el paisaje de gobiernos lacayos está cambiando. Trump se apoyó en el fascistoide Bolsonaro, en Duque, en Piñera, en Lenin Moreno, en Macri. Estos dos últimos le enviaron pertrechos antimotines para el gobierno golpista de Áñez en Bolivia, y ahora está bajo investigación la participación de Brasil y Chile en el golpe.

   Pero esta relación de fuerzas en la región comenzó a cambiar. En primer lugar, porque las movilizaciones de masas en Chile, Ecuador, Colombia, Paraguay, Guatemala pusieron contra las cuerdas a los gobiernos serviles de esos países presentados como “modelo” de éxito económico bajo las condiciones casi coloniales impuestas por el imperialismo, al tiempo que el golpe en Bolivia fracasaba rápidamente por la dureza de la resistencia popular, y el gobierno de Macri en Argentina era expulsado del poder por una aplastante derrota electoral. La campaña contra Cuba tuvo y tiene el objetivo de un imperialismo muy asustado por tantos fracasos de aprovechar esas movilizaciones para ocultar esa realidad con una gigantesca campaña mediática con el falso eje “democracia o dictadura”.

   Ahora están México, Argentina, Perú y Bolivia preconizando un reagrupamiento regional, y en condiciones favorables, porque la crisis empuja a todos los gobiernos a hacer algo o mucho de “populismo” (que nunca alcanza) y tratar de atenuar el saqueo del imperialismo yanqui negociando con Rusia y China, en medio de una crisis económica y social histórica, que la pandemia del Covid-19 dejó completamente al desnudo.

   Por fuera de la región, 400 personalidades del mundo de la cultura y la política a nivel internacional firmaron la carta “Let Cuba Live!” (¡Dejemos vivir a Cuba!), publicada en The New York Times, en la que piden al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el fin del embargo sobre Cuba y la anulación de las medidas coercitivas de la Administración Trump sobre la isla en materia de exportaciones e importaciones.

   “Nos parece inconcebible, especialmente durante una pandemia, bloquearle intencionalmente las remesas y el uso de las instituciones financieras globales a Cuba, dado que el acceso a dólares es necesario para la importación de alimentos y medicinas”, señala la carta, que lleva la firma de los expresidentes de Brasil, Lula da Silva, y de Ecuador, Rafael Correa; los intelectuales Noam Chomsky, Frei Betto y Atilio Borón; el cineasta Oliver Stone y los actores Danny Glover, Jane Fonda y Susan Sarandon, entre otros.

   Ya en la nota anterior sobre este tema, nos habíamos referido al comunicado de la Organización Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan), la contundente y masiva insurgencia de los negros que estalló por el asesinato de George Floyd por un policía blanco, que comenzaba condenando al gobierno estadounidense por su trato inhumano hacia el pueblo de Cuba, exigía que este fuera levantado inmediatamente, y decía:

   “Esta política cruel e inhumana, instituida con la intención explícita de desestabilizar el país y socavar el derecho de los cubanos a elegir su propio gobierno, está en el centro de la crisis actual de Cuba.

   Desde 1962, Estados Unidos ha impuesto dolor y sufrimiento al pueblo de Cuba al cortar alimentos, medicinas y suministros, lo que le ha costado a la pequeña nación insular un estimado de 130 mil millones de dólares.

   En lugar de la amistad, el respeto y la buena voluntad internacionales, el gobierno de Estados Unidos solo ha instigado el sufrimiento de los 11 millones de habitantes del país, de los cuales 4 millones son negros y mulatos.”

   Estos y otros pronunciamientos son enormemente progresivos y constituyen una unidad de acción de hecho, al menos sobre la exigencia de acabar con el bloqueo y el embargo a Cuba. Es un deber de todos los antiimperialistas y demócratas consecuentes fortalecer y ampliar esa unidad de acción, que debe dejar en claro que es entre gobiernos, organizaciones políticas y personalidades al margen de sus posiciones políticas sobre los gobiernos y regímenes de los gobiernos y regímenes que se resisten a asumir el papel de lacayos de los Estados Unidos. Debe ser la unidad de acción de los que apoyan políticamente a esos gobiernos y regímenes y los que no los apoyan; de quienes justifican sus represiones y de quienes las critican, pero ponen el centro en el combate a la peor dictadura, la que intenta ejercer el amo del Norte.

   Decimos “fortalecer” porque es imprescindible que el planteo de acabar con la OEA que hace López Obrador sea asumido explícitamente por Alberto Fernández y por el programa de gobierno que levantará Lula en las elecciones del año que viene. Sin México, Argentina y Brasil, el Ministerio de Colonias de los yanquis estaría muerto y enterrado. En la tumba de al lado hay que sepultar también el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que es el instrumento militar de la OEA.

   Es necesario, además, profundizar esa unidad de acción en un punto fundamental: las deudas externas y el FMI. Hoy el peso de las deudas externas sobre las economías de cada país es muy desigual en nuestra región. La de Argentina es cualitativamente superior a la de la mayoría de nuestras naciones, y bajo el control del FMI amenaza con convertir al país en una nueva Grecia, llevada al desastre total por las imposiciones del Banco Central Europeo, dominado por el imperialismo alemán, y del FMI y el Banco Mundial, dominados por Estados Unidos. Pero el problema de la deuda ya está creciendo en toda la región, y tarde o temprano se convertirá en una hipoteca impagable que irá destruyendo las economías nacionales y hundiendo todavía más en la miseria a los trabajadores, los campesinos y el pueblo pobre de las ciudades. Es imprescindible que los pueblos de América Latina y el Caribe comencemos a unirnos en la propuesta de un frente de países deudores que acuerden el no pago de sus deudas externas y la ruptura con el FMI.

   Hace más de doscientos años comenzó una heroica gesta revolucionaria de los pueblos latinoamericanos y caribeños, que fueron conquistando a sangre y fuego nuestra independencia de los imperios español y portugués, francés y holandés. Esos viejos imperios europeos, caracterizados por invadir territorios y convertirlos en colonias, más tarde se reconvirtieron en los actuales imperialismos, y surgió un imperialismo nuevo, que terminaría siendo el más poderoso política y militarmente: Estados Unidos. Los imperialistas ya no nos ocupaban con sus ejércitos ni nos gobernaban directamente con sus virreyes, pero volvieron a colonizarnos con sus monopolios, su capacidad de endeudarnos eternamente, sus pactos de “libre comercio”, su saqueo de nuestros recursos, sus invasiones militares y golpes de estado para imponer gobiernos serviles a sus intereses. Y en el reparto del mundo entre ellos, América Latina y el Caribe se convirtieron en el “patio trasero” de los yanquis.

   Por eso, acabar con la OEA y el TIAR, unirnos en el desconocimiento de nuestras deudas externas y romper con el FMI serían los primeros pasos de la revolución que necesitamos, la revolución de los pueblos de América Latina y el Caribe por nuestra Segunda Independencia. 

Perspectiva Marxista Internacional

18 de agosto de 2021


17/7/21

EN DEFENSA DE CUBA - Por la unidad de los antiimperialistas y demócratas


   Las movilizaciones en Cuba provocaron una gigantesca campaña mediática mundial denunciando al régimen cubano y reclamando “libertad y democracia” en la isla. Una campaña que es un eslabón más de 60 años de intentos de los yanquis de recuperar el control del primer y único “territorio libre de América”.

   Para comprender lo que está sucediendo en Cuba hay que arrancar de que en todo el mundo la situación abierta con la pandemia agudiza las calamidades económicas, sociales y hasta políticas sufridas por las masas trabajadoras.

   A los países de América Latina y el Caribe se les sumó el saqueo permanente de las potencias imperiales comandadas por los Estados Unidos. La crisis sanitaria no interrumpió el desvío de fondos del recupero de ganancias; todo lo contrario, está en curso una brutal ofensiva en la semicolonización, la opresión y la explotación de recursos energéticos, naturales, financieros y de mano de obra asentados en esta zona del planeta.

   Ese flujo constante, dirigido hacia las economías desarrolladas, no solo está garantizado por la implantación de políticas, de instrumentos financieros y de instituciones como el FMI y el Banco Mundial, entre otros. También se asegura, por medio de la instrumentación de leyes y normas constitucionales en los países saqueados, la apertura de esa “libre circulación y disponibilidad” de mercaderías y capitales, y la “libre explotación de mano de obra”. Todo un entramado de “libertades” para que los fondos de inversión y las multinacionales imperialistas aumenten cada día más sus ganancias.

   La complicidad de los gobiernos patronales, de los sectores económicos, políticos y hasta direcciones sindicales cipayos que se unen y benefician con el saqueo, la presión de los monopolios de medios de comunicación, las amenazas militares o el uso indiscriminado de las fuerzas policiales y militares para la represión de la población asalariada hacen el resto, en la necesidad de garantizar “las libertades” del puñado de empresas, individuos-familias y fondos financieros; en pocas palabras, “las libertades” de la oligarquía financiera, que concentra cada día más riqueza a costa de la miseria, el hambre y la devastación de países enteros.

   Ante la calamidad económica, sanitaria y social, que afecta al conjunto de los países de la región con niveles insoportables de pobreza y de hambre, de falta de atención médica y de colapso de los hospitales, solo la movilización de las masas populares obligó a la implementación de políticas paliativas, como ocurrió ya en Paraguay y fundamentalmente en Colombia, donde durante más de cuarenta días los trabajadores, los campesinos y los jóvenes, con bloqueos, manifestaciones y paros desafiaron las balas de las fuerzas militares enviadas por Duque y exigieron el levantamiento de las políticas de ajuste económico. Mientras en Brasil la presión en aumento de las masas movilizadas acelera el fin del criminal gobierno de Bolsonaro.

   En este contexto, de un día para otro, el silencio cómplice frente a las atrocidades de “gobiernos legítimos democráticamente elegidos” como los de Piñera en Chile y Duque en Comombia se convirtió en un estruendo contra la “dictadura” cubana. 

   Cuando la crisis descalabró la economía de Cuba y comenzaron las protestas en la isla, desde Biden y Francis Suárez, el alcalde republicano de Miami –que le pidió a Biden una intervención militar con ataques aéreos–, hasta el último payaso lacayo del expresidente de Argentina, Mauricio Macri, en un solo clamor imperialista y oligárquico salieron a “solidarizarse” con el pueblo cubano.

   En Cuba, la población exigió alimentos, medicamentos y artículos de uso doméstico y de aseo, no solo libertad. Desde hace muchas décadas se exige el fin del bloqueo estadounidense a Cuba, un exigencia reclamada en la actualidad por la gran mayoría de los gobiernos en el mundo. El bloqueo, las sanciones comerciales-financieras, el embargo, como lo quieran llamar los leguleyos, fue una medida escencialmente política, sostenida por los Estados Unidos desde 1962 para exterminar al gobierno que dirigió una revolución y mantuvo su país independiente de la injerencia imperialista.

   Esta conducta del amo yanqui persiste, esperando la oportunidad del zarpazo final. Su objetivo es dar un escarmiento ejemplarizador contra un país que lo desafió, que acabó con el “burdel” del imperio que era Cuba bajo el dictador Fulgencio Batista –financiado por la CIA–, en la defensa de su pueblo, que con la revolución conquistó los derechos democráticos más básicos, como fueron el pleno empleo, alimentos, vivienda, salud y educación. Si no se hubiera construido y consolidado este acervo social, cultural y científico durante sesenta años, sería imposible que en la actualidad Cuba compita con los países más ricos en la producción de vacunas, aunque ahora no le alcance este impactante logro para satisfacer las necesidades básicas.

   Después de la invasión militar a Irak en 2003, comandada por los Estados Unidos, secundada por varios gobiernos europeos y la complicidad de muchos otros en la región, con la finalidad de “conquistar libertades democráticas”, y que dejó un saldo de miles de muertes y mutilados civiles, un país desvastado y una región en continua amenaza de incursiones militares, quedó al desnudo el verdadero objetivo de los “luchadores por la libertad”: disponer libremente del petróleo iraquí.

   La “libertad” que persiguen las potencias imperialistas y las corporaciones financieras, industriales y bancarias que ellas defienden, a las que se suman los socios y cipayos locales, es la libertad para oprimir y colonizar nuestros países. Si avanzan en la dominación conquistan las libertades que necesitan para llenarse los bolsillos.

   En cambio, los derechos, las libertades y la soberanía perdidos, y que necesitan reconquistar los trabajadores, el pueblo pobre, las mujeres, los jóvenes, los campesinos, las comunidades negras afrodescendientes y los pueblos originarios que habitan el suelo donde José de San Martín, Simón Bolívar, José Gervasio Artigas, José Martí conquistaron la independencia en el siglo XIX, solo se obtendrán con la unidad en la lucha inclaudicable por una Segunda Independencia.

¡RECHAZAMOS LA INJERENCIA IMPERIALISTA-OLIGÁRQUICA
Y EL BLOQUEO CONTRA CUBA!

   Nos sumamos a los llamados de todas las fuerzas progresistas y realmente democráticas, y de los movimientos políticos comprometidos con los derechos de los pueblos a la autodeterminación, para condenar todas las maniobras y la campaña de descrédito y amenazas contra Cuba, y que exigen el levantamiento del bloqueo como principal obstáculo para el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo.

    Hacemos un llamado a los gobiernos de Fernández en Argentina, Arce en Bolivia, López Obrador en México, a que rompan en los hechos el bloqueo a Cuba, que envíen alimentos, medicinas y los insumos necesarios para apoyar al pueblo cubano. A Lula en Brasil que levante en su programa medidas similares de solidaridad con Cuba. 

   La campaña imperialista y de las fuerzas de derecha de América Latina contra Cuba, son expresión del temor de los explotadores a la justa lucha de los oprimidos y explotados, cuando en la región los estallidos revolucionarios exponen la descomposición del sistema capitalista, las clases dominantes se apresuran a ocultar su bancarrota señalando a un pueblo que nos ha dado ejemplo de dignidad. La campaña actual contra el pueblo cubano es hoy una campaña contra todos aquellos que nos hemos alzado contra este sistema de explotación.

Perspectiva Marxista Internacional
16 de julio de 2021



Los negros norteamericanos defienden a Cuba


   En varias ciudades del mundo hubo manifestaciones anticubanas, alentadas por la comunidad de exiliados cubanos en Miami, los “gusanos”, liderada por descendientes de los burgueses cubanos cuyas empresas y propiedades fueron expropiadas por la revolución, que quieren el triunfo de Estados Unidos porque los yanquis exigen que vuelvan a poder de sus “legítimos dueños”. Pero también hubo apoyo a Cuba en muchas ciudades y países.

    Uno de los más significativos, porque surge en las entrañas mismas del imperio, es el del movimiento Black Lives Mater (Las Vidas Negras Importan), la contundente y masiva insurgencia de los negros que estalló por el asesinato de George Floyd por un policía blanco.

La Organización Black Lives Matter culpa al gobierno de los EEUU por la inestabilidad que vive Cuba

   La organización de Black Lives Matter (BLM) emitió el miércoles en la tarde noche un comunicado a través de su cuenta de Instagram donde culpó al gobierno de los Estados Unidos por la inestabilidad que se está viviendo en la isla.

   El comunicado comenzaba condenando al gobierno estadounidense por su trato inhumano hacia el pueblo de Cuba, y urge inmediatamente que este sea levantado.

   “Esta política cruel e inhumana, instituida con la intención explícita de desestabilizar el país y socavar el derecho de los cubanos a elegir su propio gobierno, está en el centro de la crisis actual de Cuba”, expuso.

   “Desde 1962, Estados Unidos ha impuesto dolor y sufrimiento al pueblo de Cuba al cortar alimentos, medicinas y suministros, lo que le ha costado a la pequeña nación insular un estimado de 130 mil millones de dólares”.

   “En lugar de la amistad, el respeto y la buena voluntad internacionales, el gobierno de Estados Unidos solo ha instigado el sufrimiento de los 11 millones de habitantes del país, de los cuales 4 millones son negros y mulatos”, agregó (1).

(1) El Nuevo Herald, 15 de julio de 2021.



21/6/21

PATAGONIA ARGENTINA

Falleció Julio Zambón (1949-2021) - Militante, luchador y constructor de la corriente morenista (PST, MAS/LIT), en la Patagonia



   Nombres de viejos compañeros vienen a la mente en una sucesión imprecisa de hechos y circunstancias, juntos en la tierna melancolía que su recuerdo produce.

   El último 2 de junio, dos palabras alcanzaron para cerrar un capítulo más de una etapa única: la noticia de la muerte de Julio Zambón. Junto a él despedimos años de intensa y apasionada militancia.

   El fallecimiento de Julio se produjo en Chile, lo acompañaban su compañera de toda la vida y su hija, que cuidaron de él hasta último momento. Marisol nos contó que en los últimos meses, mientras su mente se desvanecía, las vivencias de los años de militancia y de construcción del partido MAS en Neuquén, Cipolletti y Sierra Grande cobraban fuerza.

Con Julio se fue una trayectoria de lucha junto al movimiento obrero, por la causa del socialismo revolucionario e internacionalista.

   Su militancia en el trotskismo, en la corriente de Nahuel Moreno, la había iniciado de muy joven en Buenos Aires, donde se instaló después de alejarse de su Corrientes natal. Julio, como los jóvenes de su generación, se apasionó por cambiar el mundo.

   En los años setenta, cuando se inició la construcción del PST, Julio viajó a Neuquén, donde conocería a Marisol, exiliada chilena de la dictadura pinochetista. Una zona que vivía un importante ascenso de luchas obreras, desde 1969, en el gremio de la construcción, por el emplazamiento de 
obras hidroeléctricas, iniciado con la gran huelga en el Chocón-Cerros Colorados (Choconazo). Hasta 1974 esa tradición combativa se continuó en tomas de obra e importantes huelgas. Algunos de sus dirigentes clasistas se unieron al PST, como Víctor Giménez, Pancho Laguna, este último a cargo de la delegación Cutral Co de la UOCRA; ambos encabezaron tomas por salarios y condiciones laborales, y organizaron la pelea (famosa lista gris) contra la burocracia del gremio y el gobierno de Isabel Perón. 

   Julio fue parte inseparable de la historia de la corriente en esa zona patagónica, una historia plagada de anécdotas pero fundamentalmente de enseñanzas, por la tradición obrera y combativa, por la decisión temeraria de resistencia durante los años de clandestinidad bajo el régimen militar de la última dictadura, por el pleno ejercicio de la democracia obrera y lucha antiburocrática, por la adhesión al marxismo y a la escuela del socialismo revolucionario de cientos de jóvenes.

   En 1982, se había producido un giro histórico en la Argentina, producto de la combinación de distintos factores; que dieron nacimiento a una corriente de masas dispuesta a luchar a favor de los derechos democráticos. Desde el PST, Julio y Marisol trabajaron en la reconstrucción del partido, muy golpeado y desperdigado por la persecución. Los cuadros políticos vueltos a reunir, en condiciones todavía difíciles, iniciaron esa decisiva tarea que culminó en la construcción del MAS.

   Hasta 1987, año donde la organización sufre su golpe más fuerte, la muerte del máximo dirigente Nahuel Moreno, y luego, durante los primeros años de la década del 90, tanto Julio como el conjunto de los cuadros políticos y sindicales vivieron un período de intensa militancia, de construcción de un partido que sumaba trabajadores y jóvenes a las filas del trotskismo; un partido que tenía presencia en los conflictos; un partido que era bien recibido por la vanguardia, aunque no obtuviera los suficientes votos para cargos legislativos; un partido de referencia en el movimiento obrero, con equipos constituidos en las principales plantas industriales del país, 
y especialmente en las grandes obras.

   Julio militó donde el partido lo necesitó. Se instaló en Neuquén, se refugió un período en Chile durante la dictadura y volvió al Alto Valle a inicios de los 80. El proceso de formación del MAS fue un período de militancia compartido con los mejores luchadores obreros de la zona. Junto a Juan «Negro» López (1) , destacado dirigente clasista y punto de referencia del movimiento obrero de la zona, su familia y los compañeros de la corriente sindical antiburocrática Lista Azul, de Luz y Fuerza. Junto a Héctor «el Pollo» Flores, obrero de la construcción, que con Víctor Giménez dirigieron la toma de la obra donde trabajaban, a comienzos del gobierno alfonsinista. «El Pollo» fue asesinado en 1984 por un burócrata del gremio en Cipolletti, mientras organizaba una lista antiburocrática con Giménez y activistas de la zona. Julio también construyó el MAS junto a Teresa la viuda de Flores y madre de sus cinco hijas, junto a Ester, Oscar, Chavez, Orlando. Pero también con cuadros formados en la tradición del PST, en Roca, como Gadano y Aurelio. 



López declarando como testigo en el juicio contra genocidas en la ciudad de Neuquén, 2012.

   Julio eligió ir a trabajar a la nueva represa, en Piedra del Águila. No era fácil, por las condiciones laborales y de vida. Allí recibió el reconocimiento de sus compañeros, en una asamblea multitudinaria votaron que se quedara como colaborador del sindicato, con tal de no perderlo frente a la decisión de despido de la patronal. En 1986, junto a otros compañeros y Alcides Christiansen, dirigente en la obra, encabezaron la marcha a la capital provincial como parte de un plan de lucha por aumento de salarios y condiciones laborales.


 Julio con sus compañeros en Piedra del Águila, 1986.


TRADICIÓN OBRERA Y COMBATIVA

«Durante cuatro años, nuestro gremio 
vivió con la cuota sindical voluntaria de 
los trabajadores, cobrando nosotros un 
salario igual que el trabajador,...»

«... en el tiempo que nos tocó dirigir, 
las elecciones se hacían directamente 
con el recibo de sueldo y no con 
los padrones raquíticos que no 
representaban ni al 5% de los 
trabajadores de las obras. Los delegados 
eran electos directamente en las obras 
en asambleas democráticas.»

Tomamos la asamblea, la democracia 
obrera, como una herramienta para el 
trabajador, no para el dirigente; que el 
compañero pueda decidir en asamblea 
qué hacer, si hacer o no huelga... y 
cuando haya que levantarla hacer su 
asamblea junto con los dirigentes. La 
democracia obrera es una herramienta 
del trabajador..., no solamente contra 
la patronal y el gobierno, sino contra el 
mismo dirigente que la está dirigiendo, 
aunque sea clasista, socialista, aunque 
sea de la mayor confianza.

Alcides Christiansen, refiriéndose a la democracia obrera.
Voces del movimiento obrero. izquierdaweb.com


   En 1989, formaron la lista antiburocrática que ganó el sindicato de la Construcción de Neuquén y llevó a Alcides Christiansen como secretario general, y a Julio como parte de esa directiva, que abrió un período de verdadera democracia sindical. 

   En los últimos años de existencia de un MAS unido, Julio y Marisol se trasladaron a Sierra Grande, a militar junto a los dirigentes de los mineros, como Víctor Campos, «Campitos», que lucharon contra el cierre de la mina de Hipasam, y con los cuales también construyeron el MAS de esa localidad.

   A Julio lo despedimos los compañeros que militamos con él, cuando fundamos el partido en Neuquén y Río Negro. Quienes seguimos unidos a pesar de las divisiones en la cúpula y de la desintegración de ese MAS, que se forjó en las luchas, que se llenó de obreros, y que luego, en la etapa de derrotas abierta para la clase obrera mundial en los ’90, sufrió el alejamiento de miles de compañeros abnegados, de activistas sindicales, de jóvenes entusiastas que dieron lo mejor de sus vidas por la construcción de una organización revolucionaria, internacionalista y trotskista.

   Julio no se separó de las luchas, y menos todavía de sus convicciones. Fue un cuadro formado teórica y políticamente, que nunca se dejó arrastrar por el activismo puramente sindical y electoral, que acompañó e intentó formar a los recién llegados. Su abnegación y voluntad militante no lo alejaban de la reflexión política, y se ganaba la confianza de sus compañeros porque era fraternal y paciente, porque buscaba imponerse por sus ideas, no solo por su personalidad. Julio y su compañera Marisol, a pesar de la soledad y seguramente de errores cometidos, intentaron durante algunos años sostener un equipo político en Neuquén, junto a compañeros de la construcción, y a Víctor Campos que para esos años residía en la ciudad, junto a su familia. En 1996-97 durante las movilizaciones obreras y puebladas de Cutral Co y Plaza Huincul, describieron en un folleto esa lucha ejemplar, donde se impuso la mejor tradición de unidad, combatividad y de democracia obrera ejercidas por la dirección en asambleas y con delegados removibles, que alcanzaron notoriedad nacional y dieron inicio al movimiento de los piqueteros.

   La asimilación permanente de las viejas corrientes desprendidas de la corriente de Nahuel Moreno al electoralismo parlamentario, al sindicalismo burocrático y sectario, y en definitiva al reformismo, marcaron a fuego las diferencias con los viejos cuadros que, como Julio, no iban a 
borrar de la noche a la mañana la tradición revolucionaria e internacionalista del morenismo. 

   Julio fue ese fraternal compañero, que luchó junto a los obreros de la construcción, contra la patronal y contra la burocracia sindical, y que se dio el gusto de integrar la lista opositora y triunfadora que dirigió el sindicato neuquino y practicó de manera consecuente y se puede decir excepcional la democracia obrera. 

   Julio no perdió su interés por la situación política y de las luchas en el mundo, pero la vida se le volvió cada vez más difícil, alejado de los viejos compañeros dedicados a enfrentar las responsabilidades y proyectos familiares, económicos o laborales, cada uno por su lado, y en la medida de las posibilidades, cada día más reducidas, en una Argentina que sufrió crisis sociales colosales, como la del 2001, y en el que la inestabilidad política y económica se volvió la norma, no la excepción.

   Marisol tomó la iniciativa de volver a Chile cuando el gobierno de Macri empujaba la economía a otra crisis y volvía imposible la subsistencia de millones de familias trabajadoras.

A los pocos meses de instalarse en el sur chileno, el país estallaba en movilizaciones populares históricas. Julio llegó a compartir con Marisol ese renacer de las luchas del otro lado de la cordillera, pero a los pocos meses su salud le pasó una mala jugada y no volvió a recuperarse.

Acompañamos a la familia y a Nati,

Julio:

¡HASTA EL SOCIALISMO SIEMPRE!

La realización de esta reseña fue compartida por Oscar, Marisol y Laly.

(1) Mientras escribíamos estas líneas recibimos la triste noticia de la muerte de Juan Isidro «el Negro» López, en la ciudad de Cipolletti, a los noventa años. Un activo luchador obrero, clasista, antiburocrático, encarcelado en 1975 junto a su mujer Josefa Salas, y una segunda vez en el 76, secuestrado y torturado. En los años 80 se sumó a la construcción del MAS, organizó la lista antiburocrática contra el burócrata Sangiuliani en Luz y Fuerza y aceptó ir como candidato a gobernador de Río Negro, cuando el partido impulsaba los candidatos obreros. En los últimos años durante los juicios contra los genocidas en Neuquén, recibió amenazas e intimidaciones directas para impedir su participación como testigo, cosa que nunca ocurrió. Compartimos el dolor de sus nietos e hijos Esther (activa militante y fundadora del MAS de Cipolletti en el 80) y actual dirigente docente, y de Sabino, ambos siguieron el ejemplo de lucha del Negro. Juan: ¡HASTA EL SOCIALISMO SIEMPRE!