31/1/19

Declaración de P.M.I: ¡Urge la más amplia unidad para movilizarnos y derrotar la intervención imperialista en Venezuela!


Declaración de Perspectiva Marxista Internacional

 

La ofensiva imperialista comandada por Trump contra los pueblos latinoamericanos y del Caribe se agudiza. Hoy su blanco privilegiado es Venezuela.

El FMI, la OEA, los gobiernos cipayos de la región y sus fuerzas armadas se han ubicado al servicio de las decisiones de Trump, a quien no le faltarán aliados entre las potencias europeas, que ya dieron un ultimátum al gobierno de Nicolás Maduro para que en el plazo de una semana convoque a elecciones porque en caso contrario reconocerían al «presidente autoproclamado» o «presidente interino».

El gobierno de los Estados Unidos junto a varias potencias imperialistas y sus agentes en Latinoamérica, han designado de manera intencional otro presidente de Venezuela. Se trata de una grosera injerencia en los asuntos internos de ese hermano país, usurpando el pleno derecho a decidir soberana y libremente a los trabajadores y al pueblo.

Si los planes que buscan destituir a Maduro triunfan en Venezuela, se fortalecerán los gobiernos y las políticas ultrareaccionarias contra el pueblo pobre y las masas trabajadoras no solo en el país sino en Latinoamérica y el Caribe. Sin contar con que los acontecimientos, en una escalada peligrosa del conflicto, podrían derivar en caos y devastación para poblaciones enteras.

La velocidad que adquieren las acciones en el terreno político, económico y diplomático y de amenaza militar se deben a una combinación de varios factores, pero es evidente que el triunfo de Bolsonaro en Brasil le ofrece esta oportunidad única a la política irracional y cada día más agresiva de Trump, en un período en el que coincide la existencia de un número importante de gobiernos proyanquis, o sea, al servicio directo de sus intereses. Hacía ya varias décadas que el escenario político de la región que no estaba dominado por esta conjunción de mandatarios serviles a los gringos (cipayos), entre los fundamentales: Abdo Benítez, presidente de Paraguay; Lenin Moreno en Ecuador; el pinochetista Piñeira en Chile; Vizcarra en Perú; el oligarca Macri en Argentina; Duque en Colombia y el fascistoide Bolsonaro en Brasil. Quienes de manera rápida formaron el Grupo Lima como una primera demostración de la política proimperialista que defenderían.

Estos presidentes supuestamente «democráticos», bajo la dirección del amo del Norte y de los organismos internacionales que le son funcionales, han orquestado este esperpento político-institucional, quizás uno de los más burdos de la historia: la «autoproclamación» a presidente «a cargo» de Juan Guaidó, un dirigente de la oposición oligárquica a Maduro, días después de que este último asumiera como presidente un nuevo mandato constitucional. Este respaldo descarado –en todos los niveles de decisión internacional– a este personaje surgido de la nada, que ni siquiera fue candidato en mayo de 2018 (después de los fracasados intentos de golpe de la MUD y los yanquis), crea en los hechos «una dualidad de poder» y, como plantea la declaración del Ministerio de Exteriores de Rusia, «la formación de un centro alternativo de toma de decisiones lleva directamente al caos y destrucción de los cimientos del Estado venezolano».

Es evidente también la política de presión y chantaje ejercida contra las Fuerzas Armadas bolivarianas para intentar dividirlas y que un sector de militares efectivicen un golpe que derroque al gobierno surgido de elecciones en Venezuela, a cambio de lo cual les prometen una anmistía.

En el marco de esta batalla tan decisiva y tan despareja contra el amo del Norte, no tiene ningún fundamento discutir sobre la defensa de los métodos democráticos versus los «totalitarios» de Maduro, salvo que llamemos a confiar en el trío Trump-Bolsonaro-Netanyahu para liderar esa lucha por las libertades. Hoy, plantear la defensa de la «democracia» en Venezuela significa colocarse bajo la dirección del imperialismo yanqui y de los gobiernos ultrarreaccionarios de la región.

Cada vez que los yanquis agitaron las banderas de la democracia tuvieron bajo el brazo las toneladas de bombas y misiles que arrojaron en Vietnam, Irak, Afganistán, Libia y Siria. En cambio, las libertades democráticas que hemos conseguido y estamos disfrutando todavía a nivel de toda la región, a pesar de los marcados retrocesos, han sido fruto de la heroica lucha de las masas.

Las dictaduras feroces que dominaron en el Cono Sur durante los años 70-80 –que tomaron el poder por medio de golpes de Estado orquestados desde los Estados Unidos–, fueron derrotadas por la resistencia y la lucha del pueblo y de los trabajadores; nada se consiguió por la graciosa concesión de los militares, ni menos todavía del imperialismo. Los trabajadores debemos defender las libertades democráticas elementales (de organización, de prensa, etcétera) porque nos sirven para organizarnos para luchar, pero siendo conscientes de que el régimen «democrático» de la clase capitalista es realmente una dictadura de los poderosos y una trampa para ilusionarnos en que podemos solucionar nuestros problemas votando cada cuatro o seis años.

El enfrentamiento al imperialismo es una tarea democrática, es una lucha por la liberación nacional, incluye a todos: a los chavistas, a los castristas, a los petistas, a los peronistas que todavía levanten esta bandera, a los «populistas», a los anticapitalistas, etcétera.

Los países imperialistas han implementado todos los medios –que el dinero obtenido de la superexplotación de la clase obrera, de la opresión a los pueblos y de la especulación financiera les posibilita– para orquestar campañas destituyentes, de mentiras y de farsas institucionales para sacarse se encima los líderes de gobiernos que de alguna forma lo enfrentaron y tuvieron roces ecónomicos y políticos con ellos, en una palabra, que les obstruyeron de alguna forma el saqueo indiscriminado. Además de utilizar todos los resortes de las instituciones republicanas supuestamente democráticos, como el Parlamento, o supuestamente independientes, como el Poder Judicial y el poder de los medios de comunicación, los yanquis también distribuyeron bases militares en varios países, entre ellos Perú (8 bases), Panamá (12) y Colombia (9), entre las más conocidas. Siendo este último país, que además se ha convertido en un socio de relevancia militar para la OTAN, un actor clave en la región.

Venezuela es un territorio rico en oro, minerales y petróleo (principal reserva del mundo), o sea, que se trata de una presa codiciada para la ferocidad y el militarismo capitalista-imperialista. La política independiente sostenida por el chavismo y el respaldo comercial y financiero que le brindan China y Rusia le incorpora otra batalla, como lo planteara en su momento el ex secretario de Estado de Trump y director de la Exxon Mobil, Rex Tillerson: la presencia comercial en la región de estos dos países es una amenaza para «nuestros valores democráticos».

El último caso emblemático de la injerencia previo a los últimos sucesos venezolanos lo constituyó el encarcelamiento del ex presidente y candidato a presidente por el PT, Lula Da Silva, quien fue condenado por el «juez independiente» Moro, formado por el Departamento de Estado y por la Escuela de leyes de Harvard en los Estados Unidos y que hoy ocupa el cargo de ministro de Justicia en el gobierno de Bolsonaro. El avance de la injerencia no se detendrá en Venezuela. Las amenazas contra Cuba, Nicaragua y Bolivia suman blancos contra los cuales apuntan las bases y el financiamiento yanqui para equipar, entrenar y monitorear las fuerzas militares en la región.

En la otra trinchera, los trabajadores deberemos comprometer a nuestras direcciones políticas, sindicales y sociales en una campaña contra la intervención imperialista en Venezuela. Una campaña que abarque todos los ámbitos de la cultura, del trabajo, social, estudiantil, sindical y político contra la intervención política, económica y militar del imperialismo yanqui y los gobiernos ultrarreaccionarios de la región. Una campaña para confluir en una movilización de masas que se extienda desde México hasta Tierra del Fuego, ubicando en primer lugar la bandera de la defensa de la soberanía del pueblo venezolano y de su país.

Las diferencias que se puedan sostener con el régimen chavista y su movimiento político no puede hacernos caer en la trampa de apoyar la estrategia del imperialismo. A todos los trabajadores nos incumbe lo que pasa en Venezuela. Nuestro futuro está atado a las luchas que den nuestros hermanos latinoamericanos. Los máximos dirigentes políticos, sindicales y sociales que dicen defender la soberanía de nuestros países deben convocar a la movilización contra el avance imperialista en la región. Para frenarlo y derrotarlo debemos ganar masividad y decisión de lucha, y es necesario coordinar las protestas a nivel internacional.

Nicolás Maduro, su gobierno en pleno y la ANC deberían ubicarse en primer lugar de una convocatoria a los trabajadores y a las masas populares de Venezuela, Latinoamérica y el Caribe con el fin de movilizar contra la intervención de las potencias imperialistas, junto a las centrales sindicales, los dirigentes populares y las organizaciones políticas antiimperialistas. Cuba y los dirigentes políticos chavistas de todos los países deberían secundar esta convocatoria a la movilización antiimperialista.
Lo mismo deberían hacer López Obrador; Lula, junto al PT, la CUT, las demás centrales sindicales y los movimientos sociales de Brasil; las centrales sindicales colombianas junto a los partidos políticos opositores a Duque; Evo Morales y la COB boliviana; el Frente Amplio uruguayo; el kirchnerismo argentino; las centrales sindicales de Latinoamérica y el Caribe; los partidos que, aunque no cuestionan el sistema capitalista, se declaran populares, antiimperialistas o de izquierda, y las corrientes políticas latinoamericanas que se proclaman marxistas, entre ellas, las trotskistas.

Es imprescindible que en la patria de Trump, en los Estados Unidos, los trabajadores y sectores sociales y políticos opositores se manifiesten en contra de sus medidas contra el pueblo y la soberanía de Venezuela. Los movimientos de las mujeres, los chalecos amarillos franceses, los trabajadores y centrales sindicales de Europa, que hoy luchan contra las políticas de ajuste de sus gobiernos, deberían sumarse para reclamarles que no respalden la nueva aventura guerrera e imperialista de los yanquis.

Si los gobiernos de China y Rusia apoyan la decisión del electorado que le dio el mandato a Nicolás Maduro deberían entonces destinar fondos para que el pueblo venezolano no sufra las consecuencias del bloqueo y asfixia económicos que por distintas vías están ejecutando los Estados Unidos y demás potencias imperialistas.
Reafirmamos que está en curso un golpe de estado orquestado por los Estados Unidos, y si lograran su objetivo de dividir a las Fuerzas Armadas venezolanas, la agresión política y económica tendrá un desenlace militar con consecuencias trágicas para el pueblo venezolano.

¡Fuera el títere Guaidó!

¡Defendamos la soberanía del pueblo venezolano y de su país!

¡No más sangre por petróleo!

¡Impedir que un solo soldado o mercenario yanqui o de los gobiernos cipayos de América Latina pise territorio venezolano!

¡Por la segunda independencia de América Latina!


Perspectiva Marxista Internacional

29 de enero de 2019

29/1/19

Publicación de la International Socialist Organization: El pueblo venezolano debe decidir, no Trump




Publicamos esta declaración de la International Socialist Organization (ISO – Organización Socialista Internacional) de Estados Unidos debido a la importancia que tiene el hecho de que una organización de Estados Unidos se pronuncie claramente en contra del imperialismo de su propio país, y en defensa de la soberanía de Venezuela.”


Socialist Worker
Obrero Socialista
Publicación de la
Organización Socialista Internacional

El pueblo venezolano debe decidir, no Trump
29 de enero de 2019

Juan Guaidó, líder de la oposición derechista al presidente de Venezuela Nicolás Maduro, se autoproclamó presidente interino y fue inmediatamente reconocido por Estados Unidos y algunos líderes autoritarios en América Latina. Nosotros, en la Organización Socialista Internacional, manifestamos nuestro absoluto repudio a este nuevo asalto contra la soberanía del pueblo venezolano.

Como internacionalistas y antiimperialistas, depositamos nuestra confianza y apoyo en el pueblo venezolano para defender su propia soberanía. Reconocemos que la mayor amenaza a la paz, la democracia y la prosperidad en América Latina siempre han sido los gobiernos y las grandes corporaciones de los Estados Unidos.

El presidente Donald Trump debiera haberse atascado con sus palabras cuando afirmó que defendía la “libertad y el imperio de la ley”; un hombre que ha enjaulado miles de niños centroamericanos. Él y su administración son los responsables de la muerte de Felipe Gómez Alonzo, 8, y Jakelin Caal, 7.

Y la acusación del vicepresidente Mike Pence de que “Nicolás Maduro es un dictador sin derecho legítimo al poder” suena hueca de un político que, como Trump, ganó su puesto después de perder el voto popular, y que regularmente defiende a la monarquía reaccionaria de Arabia Saudita.

Nos oponemos incondicionalmente a toda agresión de los Estados Unidos contra el pueblo de Venezuela y exigimos que la administración Trump se abstenga de cualquier acción militar. Desafortunadamente, existe un amplio consenso bipartidista en Washington, DC, que amenaza al pueblo venezolano. No olvidemos que, hace casi dos años, el presidente Barack Obama declaró a Venezuela un “peligro inusual y extraordinario”.

Estas amenazas externas sólo han intensificado la crisis económica y política que asola sobre Venezuela. Como un artículo en Socialist Worker reportó el mes pasado: “La ONU estimó en 2017 que más de 1.4 millones de venezolanos habían emigrado. Las estadísticas de la OIM son mucho más altas. A principios de 2018, hubo más de 2.3 millones de migrantes, un aumento del 900 por ciento desde 2015; lo que equivale a alrededor del 7 por ciento de la población de Venezuela”.

La derecha venezolana ha usado esta crisis como un arma en favor de sus propios fines. No sólo desea ver al presidente Nicolás Maduro depuesto, sino que busca destruir todos los beneficios sociales que el pueblo venezolano ha logrado en los últimos 20 años.

Sin tapujos, el autoproclamado “presidente interino” Juan Guaidó está jugando el rol de títere de los Estados Unidos. Y cuando el Secretario de Estado Mike Pompeo declaró que “todos los estados miembros de la OEA deben alinearse” con Guaidó, quedó muy claro quién está al mando.

Caso en punto, el neofascista presidente brasileño Jair Bolsonaro se apresuró a darle la bienvenida a Guaidó, mientras que el representante del FMI y presidente argentino Mauricio Macri extendió su reconocimiento, al igual que el presidente hondureño Juan Orlando Hernández, quien debe su propio poder a un golpe militar respaldado por Estados Unidos.

Siempre hemos defendido el derecho de los venezolanos a elegir a sus propios líderes. Nos opusimos al intento de golpe de estado contra el democráticamente electo presidente, Hugo Chávez, en 2002, y hemos apoyado las importantes reformas contra la pobreza que su gobierno realizó a lo largo de los años.

Al mismo tiempo, hemos manifestado claramente nuestra oposición a la visión burocrática de socialismo defendida por el expresidente Chávez, y señalamos el peligroso camino antidemocrático seguido por el presidente Maduro y su régimen. Así, mientras nos oponemos a la intervención e interferencia yanqui, también reconocemos la crisis social que enfrentan millones de venezolanos comunes.

El gobierno de Maduro ha perdido apoyo, como es evidente por la baja participación de las últimas elecciones y la gran cantidad de personas que asistieron a la protesta del 23 de enero en su contra. Muchos en Venezuela están hartos de la situación y no ven soluciones claras provenientes del gobierno, pero su oposición a Maduro no significa que estén de acuerdo con la derecha, ni con EE. UU.

Defendemos el derecho de los venezolanos a elegir a sus líderes, y como ya lo expresó otra declaración de solidaridad: “La gente ya no quiere a Maduro, pero nadie eligió a Guaidó”.

El pueblo venezolano ha sufrido bastante. Demandamos el fin de la interferencia de los Estados Unidos. Y decimos:


No al golpe de Guaidó-Trump.

Alto a todas las sanciones de Estados Unidos sobre Venezuela.

Repliegue de la Cuarta Flota de la Armada de los Estados Unidos.

Alto a toda la ayuda económica, política y diplomática de EE. UU. a la oposición derechista.

Todo refugiado económico debe ser bienvenido en los Estados Unidos.

Abolid la deuda venezolana en los bancos estadounidenses y europeos, el Banco Mundial y el FMI.

Traducido por Orlando Sepúlveda
https://socialistworker.org/2019/01/29/el-pueblo-venezolano-debe-decidir-no-trump


26/1/19

UNIDAD PARA RESISTIR EL CERCO IMPERIALISTA








Muchos trabajadores, estudiantes, militantes de izquierda y demócratas honestos tienen dudas de lo que realmente significa la crisis de Venezuela. A algunos les indigna el ataque que sufre por parte de EE.UU. y los gobiernos que lo secundan. Otros, sostienen que es intolerable la emigración masiva, la carestía de la vida, incluso el hambre y la división política interna que hay en el país.

Con todas las diferencias políticas que se puede tener con los gobiernos chavistas, es una realidad que el país ha venido realizando una tremenda lucha por su independencia, es decir, para ser un país que no siga la dirección del dedo de Trump, Obama o Bush.

La lucha del pueblo venezolano nos exige una definición política, no podemos quedar impasibles. El país sufre hoy un bloqueo económico, diplomático y está cercado militarmente. Hay bases militares yanquis en Colombia que apuntan a Venezuela, Bolsonaro también está dispuesto a aportar lo suyo. En estos momentos es imprescindible recordar que el primer deber de todo revolucionario es ser antiimperialista, porque el imperialismo es el peor enemigo de los trabajadores y los pueblos.

Veamos lo que significó Venezuela como país independiente en la región:

Chávez nacionalizó parcialmente el petróleo, esto es como si Venezuela tuviera Itaipú y dispusiese de la venta de su energía a precio de mercado.

• Venezuela posee las mayores reservas comprobadas de crudo del planeta (296.500 millones de barriles), por delante de Arabia Saudí (265.000 millones).
• El ministerio de Energía y Minas pasó a controlar Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA)
• Las empresas petroleras pasaron de contratos de operación a asociación con PDVSA para compartir el riesgo (empresas mixtas): los poseedores de contratos (como ChevronTexaco, BP PLC, Petrobras, Royal Dutch Shell y China National Petroleum Corp.), reciben el pago de una tarifa a cambio de perforar campos más antiguos o marginales en nombre de la estatal, la cual retiene la producción.
• PDVSA pasó a controlar el 51% del paquete accionario.
• Regalías sobre el impuesto de la renta petrolera pasaron del 34% al 50%
• En 2004 Venezuela elevó las regalías de 1% a 16,6% para proyectos dirigidos a extraer crudo pesado de la región del Orinoco.
• Así, mientras entre 1996-2001 se recaudaron cerca de 12 billones de bolívares en impuestos, sólo entre 2002 y 2003 se recaudaron 15 y medio billones de bolívares.

Reducción de la pobreza

• En 2012, Venezuela ocupó el tercer lugar de los países con menor porcentaje de pobreza en Latinoamérica de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
• Entre 2002 y 2010 la pobreza disminuyó en 20,8 por ciento al pasar de 48,6 % a 27,8 %, mientras que la pobreza extrema de 22,2 % se situó en 10,7 %o (un descenso de 11,5 %).
• La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) otorgó en 2012 un reconocimiento a Venezuela por la reducción del hambre y la pobreza extrema en más del 50 %.
Cobertura educativa
• Se impulsaron misiones educativas como Robinson (alfabetización y primaria), Ribas (bachillerato) y Sucre (universitaria). Se asignó más del 6 % del Producto Interno Bruto (PIB) a la educación. El 28 de octubre de 2005, la Unesco declaró a Venezuela como “Territorio Libre de Analfabetismo”.
• La Misión Robinson (2003): programa de alfabetización masiva para los tradicionalmente excluidos: los pobres, los indígenas, los privados de libertad y las personas con discapacidad.
• Entre 1998 y 2014 se crearon 42 universidades públicas.
• De 700 mil jóvenes se pasó a 2 millones de estudiantes.
• Cobertura en 2009, según el Ministerio de Educación Nacional de Colombia: Venezuela 78%, Colombia 40%, Panamá 45%, Argentina 71%.

Un salto en la atención a la salud


• Para 2012 se contabilizaban 533 centros de Diagnóstico Integral (CDI), con camas de terapia intensiva, laboratorios de rayos X y diversos exámenes de forma gratuita.
• Se instalaron 570 salas de Rehabilitación Integral (SRI).
• Instalación de 31 centros de Alta Tecnología, para estudios especiales como mamografías de forma gratuita.
• Hasta 2011: 1.444 unidades odontológicas fueron construidas y se edificaron 4.781 centros odontológicos.
• La Misión Milagro operó a 1.247.125 personas con problemas oftalmológicos.
• En 2010: se operó a 1.556 niños con cardiopatía congénita, antes sólo se operaba a 141 niños al año.
Tecnología satelital
• En octubre de 2008, el Gobierno lanzó al espacio por primera vez en la historia del país, el satélite Simón Bolívar que cumple funciones en materia de telefonía, transmisión de información, acceso y transmisión de mensajes por Internet, sobre todo en aquellos lugares excluidos con poca densidad poblacional.
• Y, en septiembre de 2012 el primer satélite de observación remota de Venezuela, Francisco de Miranda, para la investigación, estudio, seguimiento y planificación del territorio, y la prevención de desastres.

Solidaridad e integración latinoamericana

• Encabezó la creación del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas): con Cuba, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Ecuador y varios países caribeños.
• Impulsó la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas): Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, que rechazó los golpes contra Zelaya en Honduras y Lugo en Paraguay.
• La CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños): incluye 33 países y a Cuba.
• Acuerdo PETROCARIBE: 185.000 barriles diarios a precios preferenciales
• Venezuela suministró a Cuba unos 102.000 barriles de petróleo diarios a cambio de personal médico y profesores. A Nicaragua llegaron 22.000 barriles diarios en 2011 y 10.000 a Uruguay. Brindó crédito a Argentina cuando nadie le prestaba por declarar el default.
• Denunció al imperialismo y promovió el rechazo al ALCA, Área de Libre Comercio impulsada por los EE.UU. para someter a los países de América Latina (2005)

Todas estas grandes conquistas se pudo lograr gracias a dos palancas fundamentales: la nacionalización del petróleo y la resistencia al imperialismo.
Venezuela se ha financiado sobre todo con el dinero proveniente de la principal fuente de energía que tiene en el subsuelo: el petróleo. Usando un poco la imaginación podemos vislumbrar aunque sea parcialmente todo lo que el Paraguay podría hacer por su pueblo si pudiera disponer a precio de mercado de la energía que genera Itaipú y de la que hoy se benefician las empresas del Brasil.

Crisis y bloqueo

El declive de Venezuela se debió a varios factores: caída de los precios del petróleo (que bajó de 150 $ dólares el barril a menos de 45 $), la crisis económica mundial del 2008, bloqueo económico impulsado por el imperialismo, el lock-out patronal, sabotajes de la oposición pro-imperialista y, por último, la propia política del chavismo de no avanzar en la ruptura total con el imperialismo, al no expropiar sus empresas y las de la burguesía acaparadora y especuladora que lucraba con la carestía que sufría la población.
Los agudos problemas que tiene Venezuela son aprovechados por el enemigo imperialista y los gobiernos lacayos para intentar destruir la independencia del país con el argumento de los derechos humanos, la democracia, la escasez de productos, el hambre y emigración.

Venezuela hoy es uno de los pocos países, junto a Nicaragua, Cuba y Bolivia que no son serviles a las políticas del gobierno norteamericano, no están sometidos a los dictados de éste. El imperialismo yanqui busca escarmentar a todos los que osan enfrentar su poder. Venezuela fue la cabeza de la oposición al ALCA (Área de Libre Comercio que quería imponer George Bush) en la IV cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata en el 2005. Desde ahí EE.UU. tiene jurada reventar a Venezuela que ha sido declarada una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional de USA” y por lo tanto país enemigo desde el gobierno de Barak Obama.

Apenas asumió Chávez, EE.UU. ha intentado de todo: golpe de estado en el 2002 (derrotado por un levantamiento popular), apoyo a la oposición en las elecciones, apoyo a las movilizaciones organizadas por la oposición de derecha y a los sabotajes (guarimbas), llamado a las fuerzas armadas para un nuevo golpe, instalación de bases militares en Colombia, limítrofe con Venezuela, amenaza de invasión militar desde que asumió Trump, y hace pocos meses la conformación del Grupo de Lima (14 países americanos, encabezados por la Argentina de Macri y el Brasil de Bolsonaro, bajo la tutela de EEUU para derrocar al gobierno venezolano).

La ruptura diplomática del gobierno de Mario Abdo Benítez con Venezuela es parte de la ofensiva imperialista impulsada desde el Grupo de Lima. Pero el pueblo venezolano no sufre sólo el cerco diplomático, sino que está rodeado de 12 bases militares yanquis situadas en Colombia (7 bases declaradas además de 5 bases de las fuerzas armadas colombianas que están a disposición de EE.UU).

Venezuela es un mal ejemplo, un cáncer para el gobierno yanqui y para la oligarquía financiera porque promueve la solidaridad entre los pueblos, la independencia latinoamericana y porque ha procedido al reparto de la renta petrolera para dar beneficios a la población.

Contra el imperialismo en primer lugar

La tarea de los trabajadores y pueblos de América Latina hoy es defender a Venezuela de la agresión impulsada por Trump y los gobiernos latinoamericanos del Grupo de Lima que buscan liquidar su carácter de país independiente.

No somos partidarios del gobierno de Maduro, ni tenemos confianza política en él. Al contrario, creemos que ha sido inconsecuente en la defensa de la independencia nacional e incapaz de avanzar en la superación de la dependencia económica con la aplicación de medidas más profundas como la expropiación a las empresas imperialistas y a la burguesía que se enriquece con el acaparamiento de productos básicos.

Pero en este momento es una verdadera traición a la causa de los trabajadores y de la soberanía nacional, ponerse en el bando de los agresores de Venezuela. Es lamentable que, organizaciones que se reclaman socialistas, hoy al igual que Trump, Bolsonaro y Macri, levanten como principal consigna el derrocamiento de Maduro.

Todo luchador por la causa obrera y por el socialismo, debe poner en primera línea el combate al imperialismo, llamando a la movilización con la más amplia unidad de acción.

Detener y derrotar la intervención imperialista en Venezuela no sólo beneficiará al pueblo venezolano, sino a toda América Latina. Al contrario, la derrota de Venezuela será una tragedia para todos los pueblos latinoamericanos. Un triunfo imperialista no significará más democracia sino más dependencia y opresión.


¡Por la más amplia unidad de acción de los trabajadores y pueblos de América Latina en defensa de Venezuela y su independencia!
¡Fuera las bases militares yanquis que amenazan a Venezuela y a nuestros países!
¡Basta de intervención imperialista en Venezuela y en toda Latinoamérica!

15/10/18

30/8/18

¡¡NI UNA MENOS!! ¡ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO! ¡IGLESIA Y ESTADO ASUNTOS SEPARADOS!


 ¡NI UNA MENOS!!
¡ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO!
¡IGLESIA Y ESTADO ASUNTOS SEPARADOS!
La campaña a favor del aborto legal, seguro y gratuito fue respaldada por un masivo movimiento de mujeres
Cuando nos dimos cuenta de..., ya estaban debatiendo la defensa del aborto legal en las comisiones de la Cámara de Diputados. El 14 de junio, cuando asomó el sol frente al Congreso, los votos a favor del proyecto de ley lo convertían en media sanción. En la madrugada del 9 agosto, después de una lluvia torrencial con viento y mucho frío, el Senado nos pegó una bofetada y abortó la ley para legalizar el aborto.
Las rebeliones no tienen una fecha fijada de antemano; se producen por una combinación de factores, esconden la desesperación, los límites intolerables de opresión, como también las horas y los esfuerzos en los debates de ideas, en concientización, en acciones compartidas y en organización desde la base. El 8 de marzo de 2018 ya se había plasmado la demostración más significativa del esfuerzo, la tenacidad y la pasión, que anidaron en esa movilización que tiñó de violeta y de pañuelos verdes la zona del Congreso en Buenos Aires. Fue una convocatoria masiva, un Día de la Mujer histórico, porque fue la primera vez que en la Argentina cientos de miles de ellas celebraban explotando las plazas de todo el país. Quizás este proceso comenzó en 2005, cuando 70 mujeres de distintos colectivos se juntaron para lanzar una campaña por la despenalización del aborto. Pero desde 2015, con las primeras marchas y paros convocados por el movimiento Ni Una Menos, su crecimiento pareció no tener límites. Se sumaron de a miles y cada vez la participación abarcó un arco más amplio de edades y de sectores sociales, desde las abuelas hasta sus nietas, desde las estudiantes y los jóvenes hasta los sindicatos y las organizaciones sociales. Al movimiento lo caracterizó la autonomía organizativa, la extensión de la discusión en todos los ámbitos, y la unidad forjada fue monolítica. Ningún aparato político, sindical ni estudiantil pudo evitar ese protagonismo de las mujeres.
Apenas tres meses después de ese 8M, la Cámara de Diputados aprobó la media sanción de la ley de despenalización del aborto. Un debate de 22 horas en el recinto, rodeado durante todo ese tiempo por la presión de la movilización en la calle, que lo siguió con fervor militante. La fuerza y masividad de los pañuelos verdes no tuvo punto de comparación con la demostración —contraria a la ley— organizada por la Iglesia Católica. La calle anticipó la derrota que sufrirían al interior de la Cámara. Esa batalla ganada no fue pro- ducto ni de Cambiemos ni de los partidos de la oposición ni de los diputados de la izquierda —aunque fueran consecuentes con la defensa de la ley—, ni menos todavía de Macri, aunque haya impulsado el debate en comisión para su tratamiento en Diputados, sino de la contundente acción que iniciaron las mujeres, fruto de la multiplicación de casos de violencia de género y muertes de mujeres adolescentes por abortos mal hechos en la Argentina. En ese 8A, el round en el Senado se perdió, pero las mujeres no se rinden.
Desde que Macri asumió la presidencia de la Nación, las políticas de austeridad, el crecimiento de la desocupación y la disminución brutal de la capacidad de consumo de los trabajadores han sido la norma, y la educación y la salud públicas han sufrido un deterioro enorme. Estos factores aumentaron las dificultades de la vida cotidiana en los barrios, y se agravó de esta forma la situación de las mujeres y de los jóvenes en general.
La gran mayoría de las mujeres trabaja afuera de la casa. No lo hacen solo para lograr su inde- pendencia, no tienen otra opción, están obligadas para garantizar su subsistencia. Muchas de ellas son el único sostén de la familia y trabajan en to- dos los rubros. Parte de ellas termina los estudios secundarios y otra, menor, alcanza un título uni- versitario, pero siempre les pagan un salario más bajo que el de los hombres; las madres no cuen- tan con suficientes jardines de infantes públicos y menos todavía con guarderías gratuitas. Además, sufren de forma directa las lacras sociales producto de décadas de creciente decadencia del país; por esa razón en un sentido hay mayor discriminación, abusos y violencia, que sufren en su hogar, con su familia, en la calle o en el trabajo.
El gobierno nacional y los de las provincias disminuyeron los presupuestos públicos para pro- gramas de prevención y de asistencia para las víctimas de violencia doméstica, para la aplicación de la ley de educación sexual integral (que dice que cada niño debe recibir clases de prevención, biología, psicología y ética), para la asistencia en la prevención de los embarazos no deseados y para la entrega de anticonceptivos. O sea, se vació la caja de fondos para la atención de los problemas de la mujer y del embarazo adolescente, un fenómeno de salud pública cada vez más extendido. No se ejecutaron partidas de dinero destinadas a esos planes, por lo que los insumos dejaron de comprarse y los trabajadores contratados fueron despedidos o, en el mejor de los casos, reconvertidos a otras tareas.
Ante la agudización de los problemas sociales, la contención y atención que debieran esperarse del Estado para los sectores más desprotegidos es reemplazada por el sacrificio de los trabajadores públicos, sobre quienes pesa la mayor responsabilidad. Mientras la gobernadora bonaerense Vidal y la cas- ta política dirigente duerme sin preocupaciones, los docentes, los trabajadores sociales, de la salud, etc., se enfrentan diariamente con dificultades crecientes en el cumplimiento de sus tareas.
La Argentina cuenta con una salud pública centenaria, ha formado médicos y sanitaristas de la talla de Salvador Mazza, Cecilia Grierson, Ramón Carrillo, Elsa Moreno, René Favaloro, incluidos en un listado mucho más largo de héroes indiscutidos del cuidado y prevención de la salud de la población. Otro tanto podríamos decir de educadores y pedagogos responsables en la formación académica, de premios Nobel y de una tradición educativa pública, laica, gratuita e igualitaria, que fue ejemplo en el continente y en el mundo.
Esta última ofensiva política y económica de la oligarquía financiera, terrateniente e industrial comandada por el gobierno macrista y respaldada por el imperialismo, contra el llamado «Estado benefactor» y contra los derechos esenciales de la clase trabajadora no solo destruye el futuro de millones de jóvenes, también liquida los últimos vestigios de esas conquistas aún hoy vigentes.
Una vez más, la deuda externa contraída por este gobierno implica redirigir los fondos del Estado para pagar rentas extranjeras y nacionales de la especulación financiera y del robo de recursos nacionales. Los planes del imperialismo y de Macri, refrendados por el FMI, contemplan la liquidación de las prestaciones de salud universal, que se ejecutará por diferentes vías que van desde vaciamiento hasta el arancelamiento de cualquier práctica médica en los hospitales. Y también de la educación pública, por la vía de la reducción del presupuesto, del cierre de establecimientos y de centros de formación pedagógica, medidas tendientes a liquidar la tradición de obligatoriedad e igualdad educativa. No quieren más trabajadores públicos que se preocupen por educar mientras preparan el desayuno en la escuela en condiciones de extrema precariedad —y que pierden la vida por esas condiciones, como les sucedió a la di- rectora y al portero de la escuela No 49 de la localidad de Moreno, en Buenos Aires—; quieren cambiar esos ejemplos, donde prima la vocación y la pasión por el conocimiento y la educación, por directivos-gerentes preparados en «gestión educativa» para administrar recursos de forma eficiente y capitalista, entrenados para eliminar la igualdad de oportunidades en la formación de las generaciones futuras.
¡TODAS dijeron BASTA!
y se colocaron nuevamente al hombro la mochila de la lucha
que no abandonarán
hasta conseguir sus objetivos.
Esta determinación sirve de ejemplo e impulsa a la acción al conjunto de los trabajadores.
Las luchas de resistencia contra el plan económico macrista
La resistencia obrera y popular contra la destrucción las conquistas, contra la disminución de presupuesto para educación y salud públicas, contra el aumento de la desocupación, contra los tarifazos, contra los impuestos al salario y contra su reducción, contra el avasallamiento de los derechos humanos, contra el cierre de fuentes de trabajo y contra las reformas previsional y laboral, todas esas huelgas, movilizaciones y jornadas de lucha se combinaron en este clamor general de las mujeres, desde el ni una menos hasta aquí.
La lucha por el aborto legal, seguro y gratuito no está separada de este largo recorrido del que también las mujeres fueron protagonistas. Por eso sumaron los cánticos contra el FMI y contra el gobierno al de la igualdad de derechos. También en estas jóvenes se sintetiza una larga tradición democrática de laicidad e igualdad educativa y de defensa de un servicio universal de salud.
Las mujeres aprendieron en su lucha que la batalla recién empieza, que el terreno conquistado no es suficiente y que mañana los derechos democráticos pueden perderse si no se consolida la movilización unitaria contra las políticas de hambre del gobierno y del imperialismo.
En el Senado se perdió el round por la ley de la legalización del aborto
El round en el Senado se perdió. En la Cámara de Senadores la Iglesia redobló su contraofensiva contra la promulgación de la ley para legalizar el aborto, y logró que su presión tuviera éxito.
Pero la lucha de las mujeres por el aborto legal ya anidó en la conciencia de cientos de miles de jóvenes, independientemente de cuánto tiempo tome aprobar esta ley. En primer lugar, porque con sus acciones de masas las mujeres —en particular las más jóvenes— aniquilaron prejuicios de una manera más eficaz que cualquier otra, y porque fundamentalmente han golpeado la cuna de la moral católica y a su anquilosada institución eclesiástica. Este solo hecho es histórico.
Fue una pelea desigual por donde la miremos. El Vaticano, presidido por el Papa Francisco, dedicó importantes homilías a millones de jóvenes latinoamericanos, pero en su tierra natal su prédica antiabortista fue rechazada junto con «su moral cristiana», que defiende la concepción del papel de la mujer como animal de cría, y el aborto como asesinato.
Todas las instituciones y jerarquías eclesiásticas —no solo las católicas, también las judías, evangélicas e islámicas—, los principales medios de prensa, la casta política, los militantes laicos y el Vaticano encontraron un fuerte respaldo dentro del Senado, pero no doblegarán la lucha emprendida por las jóvenes.
«No hay barrera,
cerradura ni cerrojo
que puedas imponer
a la libertad de mi mente»,
Virginia Woolf, escritora, 1882-1941
«Decimos que las mujeres “dan a luz”. Y las madres que han elegido ser madres sí dan a luz... Pero si no han elegido, el nacimiento no es un regalo que ellas dan;
es una extorsión contra sus voluntades. Nadie está forzando a las mujeres a tener abortos. Nadie tampoco debería obligarlas a someterse a un parto. Fuerce partos si usted quiere,... pero por lo menos llame a lo forzado por lo que es. Es esclavitud...»
Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada.

La «santa moral cristiana» de la Iglesia Católica
Pero ahora, guiada por el instinto conservador, la burocracia [estalinista] se ha alarmado por la desintegración de la familia.
Comenzó cantando loas a la vida hogareña... a lo que conforma la esclavitud doméstica de la mujer. Para culminar este retroceso, la burocracia restauró el castigo penal al aborto, avalando así oficialmente la concepción de la mujer como animal de cría.
Escritos de LEÓN TROTSKY (1937-1938), Pathfinder Press, Nueva York, 1970, pág. 170
La «moral» de la Iglesia Católica en Argentina —y menos en el mundo— no registra antecedentes que la enaltezcan. Su rol en la dictadura militar de Videla es una mancha imborrable: la curia católica la respaldó y bajo su silencio cómplice se torturó, encarceló y aniquiló a miles de jóvenes:
La Junta Militar sostuvo en primer lugar «la vigencia de los valores de la moral cristiana...»,
y como quedó demostrado, esa llamada moral cristiana de los militares consagró el principio jesuítico el fin justifica los medios: para aniquilar cualquier vestigio subversivo, no ahorró violencia ni salvajismo, incluso a los fetos en los vientres maternos:
La madre solía ser ejecutada pocos días después del alumbramiento y el bebé se enviaba a un orfanato, se daba en adopción o, eventualmente, se entregaba a la familia. Quedaba así limpia la conciencia de los «desaparecedores»: mataban a quien debían matar; preservaban la otra vida, le evitaban un hogar subversivo y se desentendían de su responsabilidad.
Pilar Calveiro (sobreviviente de un centro clandestino de detención), Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina.
No ignoramos que algunos pocos sacerdotes se opusieron de diferente forma al terrorismo de Estado y por eso terminaron asesinados, pero hubo clérigos que participaron en la tortura y muerte de obreros, estudiantes, periodistas, etcétera.
Algunos sacerdotes también cumplieron funciones en los centros... Julio Alberto Emmed, desaparecedor, asesinó a tres hombres con inyecciones de veneno administradas directamente en el corazón. Según sus palabras, el cura Christian Von Wernich le habló «de forma especial por la impresión que me había causado lo ocurrido; me dice que lo que habíamos hecho era necesario, que era un acto patriótico y que Dios sabía que era para el bien del país».
Pilar Calveiro
Para exterminar la llamada «moral subversiva», la dictadura militar no ahorró actos abominables y también se dedicó a una interminable quema de libros por considerarlos peligrosos:
Se incinera esta documentación perniciosa que afecta el intelecto y nuestra manera de ser cristiana, a fin de que no pueda seguir engañando a la juventud sobre nuestro más tradicional acervo espiritual.
Los métodos empleados por los nazis, desde la quema de libros en 1933 hasta los campos de concentración y exterminio durante la Segunda Guerra Mundial para el asesinato en masa, encontraron en los militares de la última dictadura unos de sus tantos destacados discípulos. Sin embargo, para el papa Francisco la comparación con las prácticas de los nazis están referidas a las mujeres que abortan:
«¿Ustedes se preguntan por que hoy no vemos tantos enanos por la calle? Porque el protocolo de tantos médicos —tantos, no todos— es hacer la pregunta: ¿Llegan mal? Lo digo con dolor. En el pasado siglo todo el mundo se escandalizaba por lo que hacían los nazis para curar la pureza de la raza. Hoy hacemos lo mismo, pero con guantes blancos»,
«Es el homicidio de los niños. Para tener una vida tranquila, se echa a un inocente», declaró Francisco.
El papa Francisco también se remontó hasta las prácticas en Esparta de arrojar a un niño con problemas desde la montaña. Este papa latinoamericano, preocupado por los pobres y por los refugiados, que predica todos los días por los que más sufren, que convoca a los jóvenes a la rebeldía, que pidió «perdón por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada «conquista de América», eligió la defensa del papel de la mujer como animal de cría para apuntalar, en última instancia, a la institución medieval y patriarcal a la que sirve, que tantas catástrofes humanitarias y crímenes ha silenciado de manera cómplice.
La comparación de Francisco con las prácticas nazis contra el aborto selectivo solo aumentó la bronca contra la curia y un mayor rechazo a su injerencia como pretendida guardiana de la moral. Un desprestigio de la Iglesia que no encuentra techo, porque protegió a cientos de curas pedófilos y a las congregaciones, seminarios, noviciados y colegios religiosos donde se abusaba de los niños en todo el mundo. En nuestro país, el padre Grassi (director de un hogar para jóvenes), denunciado por sus víctimas, muy popular por su aparición frecuente en los medios pero también por sus lazos con la política y con los negocios y los manejos oscuros de dinero, hoy está en la cárcel pero, protegido desde las altas cúpulas eclesiásticas y por Bergoglio, la acción de la Justicia fue demorada durante años.
Por eso, la consigna «salvemos las dos vidas» es la defensa más cínica y oscurantista de este debate lleno de mentiras urdidas por las iglesias participantes y por los sectores sociales más reaccionarios. Contra la legalización del aborto se sumaron a las iglesias, los sectores sociales de arraigada urdimbre oligárquica y aristocrática del nordeste argentino, como los Urtubey, los Blaquier o los Bosch, en una región donde crece de manera exponencial la brecha entre ricos y pobres.
Esos senadores fueron los que dieron el voto a la Iglesia y al negocio del aborto clandestino, mientras esconden bajo la alfombra la trata de personas y el tráfico ilegal de drogas, y permiten que las mujeres mueran o queden mutiladas por abortos mal hechos. A la vez, imponen silencio por el escándalo de pederastia, una práctica legitimada, estructural y criminal contra jóvenes indefensos.
El Vaticano pretende aggiornarse a los cambios, pero la verdad es que «quienes decían ser “guías de almas” para llevarlas al cielo por el ca- mino de la salvación, se dedicaban a mancillar cuerpos de jóvenes, anular sus mentes y pervertir conciencias» (Juan José Tamayo, El País, 16 de agosto de 2018).
La movilización de las mujeres no se detiene, contraatacará e irá por más, en el país, en la región y en el mundo.

La Revolución Mexicana de 1919 logró una terminante separación de la Iglesia con el Estado, aunque luego, con la progresiva consolidación de los sucesivos regímenes capitalistas de explotación, la injerencia clerical aumentó. Pero a la par nació una escuela de humoristas gráficos, quienes movidos por la necesidad de alcanzar la conciencia de los sectores sociales más explotados —sin instrucción ni acceso a la educación— y bajo los preceptos de un ateísmo militante, de una campaña contra la ideología retrógrada de la Iglesia que crecía como la voz justificadora de la explotación y de la opresión, usó este oficio para la divulgación popular. Esta escuela de humoristas también sirvió de ejemplo en todo el continente.

LA LUCHA DE LAS MUJERES
A lo largo de la historia del movimiento obrero, las mujeres lideraron miles de luchas
contra la explotación capitalista y sus formas de opresión
El mejor indicador de las características de un régimen social y la política de un Estado lo constituye la situación en que se encuentra la mujer.
La Revolución de Octubre levantó como estandarte la liberación femenina y creó la legislación más progresiva que se conoce en la historia sobre el matrimonio y la familia.
Esto no significa, por supuesto, que la mujer soviética obtuvo inmediatamente una vida feliz. La real emancipación de la mujer no es posible sin un avance general de la economía y la cultura, sin la desaparición de la familia pequeñoburguesa como unidad económica, sin la socialización del trabajo doméstico y la educación.
Escritos de LEÓN TROTSKY (1937-1938) Pathfinder Press, Nueva York, 1970, pág. 170
Con la revolución industrial capitalista se sentaron las bases materiales para el proceso de libe- ración de las mujeres, al ser incorporadas por millones en las fábricas, donde sufrieron a la vez la explotación y la opresión. El surgimiento y la consolidación del capitalismo significó la progresiva desaparición de la familia tal como estaba organizada para los artesanos libres y los campesinos. Esta transformación en las relaciones de producción y el nuevo papel de la mujer produjeron un rápido crecimiento de su participación al frente de las luchas sindicales y políticas, en hitos fundamentales que hicieron historia en la tradición del movimiento obrero mundial.
Desde fines del siglo XIX y fundamentalmente con el proceso abierto por la Revolución Rusa en 1917, y por su influencia en el movimiento revolucionario mundial, las luchas de las mujeres no se detendrían. Las luchas contra la explotación, la pelea por el sufragio femenino, los debates entre socialistas y sufragistas y el creciente auge del sindicalismo femenino durante las primeras décadas del siglo XX demostrarían la determinación de combate de las mujeres por sus derechos como trabajadoras y contra la opresión en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.
Las huelgas y movilizaciones lideradas por mujeres formaron parte del combate que la clase obrera impulsó contra la explotación de un sistema que hundió en la miseria a las familias trabajadoras y llevó a la humanidad a dos guerras mundiales.
La familia
El desarrollo pleno de la familia en su forma «patriarcal» y como unidad productiva, cuyas se- cuelas hoy conocemos, se dio bajo condiciones de producción previas a la industrial, donde primaba la producción artesanal y, en el campo el trabajo, se basaba en unidades de producción, en parcelas donde participaba la totalidad de los miembros de la familia.
Con la industria, cuando el capitalismo necesitó imponer las jornadas de trabajo de 18 y 20 horas, destruyó las formas serviles y feudales e incorporó a la producción no solo a los hombres sino también a las mujeres y a los niños. Cuando necesitó mano de obra para la industria masiva sacó al campesino de su tierra y al artesano de la corporación, y al quitarle sus formas de subsistencia destruyó la unidad familiar existente.
A principios y mediados del siglo XIX, el trabajo femenino y de los niños fue muy intenso, ya que la patronal aprovechaba el hecho de que podía darles salarios más bajos. Según el estudio realizado por Engels, en 1839 casi la mitad de los quinientos mil obreros del Imperio británico, tenían menos de 18 años, y más de doscientas mil eran mujeres. Ellas constituyeron un altísimo porcentaje en la industria textil, y con su empleo en forma masiva el capitalismo logró en poco tiempo una tremenda acumulación que fue determinante para ese período, y que solo se pudo alcanzar en esas condiciones.
La primera época del capitalismo fue catastrófica para la familia; se aprovechó de la opresión hacia la mujer para darle salarios más bajos, para utilizarla en los peores puestos y para despedirla con mayor facilidad y, por último, para tirarles la sobrecarga del trabajo doméstico y el cuidado de los niños. Tanto la opresión sufrida por la mujer como la existencia de la familia constituyen hechos históricos, y han sufrido transformaciones a lo largo del tiempo y cumplido distintas funciones. Sus características han variado entre las distintas clases sociales. Por ejemplo, las familias de la burguesía se fortalecieron porque se constituyeron en la institución por excelencia para garantizar la herencia de las propiedades. La mujer de las clases acomodadas logró la libertad de casarse pero dentro de los límites de la conveniencia económica de la familia y asentada en una serie de prejuicios opresivos. A la par, existían la prostitución y la poligamia de los hombres, mientras el adulterio de las mujeres era brutalmente castigado.
El desarrollo capitalista dio origen a la concentración económica, al surgimiento de los monopolios y a la dominación colonial. En las metrópolis, mientras capas importantes de la clase obrera ganaban la reducción de la jornada laboral, la reglamentación del trabajo de la mujer y de los niños y otras leyes sociales, y así conseguía estabilizar la vida familiar, la explotación de los pueblos coloniales le permitió a la clase patronal de las metrópolis dar concesiones, y formar así una clase media más o menos estable y privilegiada.
En el sistema capitalista-imperialista, tanto la familia como la situación de la mujer cambian al compás de las necesidades y posibilidades de los capitalistas, de la patronal, que siempre se aprovechan de la opresión. El desarrollo de la sociedad capitalista está regido por sus necesidades económicas, por la de extraer la mayor cantidad posible de ganancias explotando a los trabajadores, sean estos hombres, mujeres o niños, e incluso a pueblos enteros. Este objetivo supremo reina sobre todas sus instituciones, a las que se permite cambiarlas de forma radical para lograrlo.
¿Qué queremos decir con esto? Lo que la ciencia marxista siempre defendió: que las formas que se da la organización de la sociedad dividida en clases están dictadas en última instancia por las reglas del sistema económico que rige la distribución de la riqueza entre quienes la producen y quienes se la apropian; en la actualidad, entre los trabajadores y los capitalistas. ¿Por qué se mantuvo la familia? Porque, entre otras razones, al capitalismo siempre le resultó imprescindible mantener un «ejército industrial de reserva», o sea, contar con mano de obra desocupada para presionar a la baja el salario de los ocupados, y la mujer jugó un rol importante tanto como reserva como con su trabajo para rebajar el costo salarial, y si la mujer quedaba relegada a las tareas domésticas de la familia, ayudaba al Estado a recortar gastos sociales.
El sistema capitalista fue desde su nacimiento profundamente contradictorio: revolucionario en la medida en que liquidó los viejos sistemas de producción y abrió las puertas para la emancipación de toda la humanidad con la producción industrial masiva. Pero a la vez profundamente reaccionario, en la medida que colocó los colosales avances al servicio de una minoría explotadora que concentra cada vez más riqueza y contra la amplia mayoría trabajadora, hasta el punto de convertirse en una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas que el propio sistema capitalista genera.
Aunque en este siglo, en la familia trabaja- dora, hombre y mujer estuvieron incorporados al régimen laboral, las tareas domésticas y el cuida- do de los hijos no dejaron de constituir una carga física o material para la amplia mayoría que debe destinar parte de su salario para suplantar en for- ma deficiente algunas de ellas. A las mujeres que trabajan ocho o diez horas en la fábrica, la oficina, la limpieza o el servicio doméstico, el sistema capi- talista les transformó su independencia económica en una situación particularmente penosa.
La familia y la ubicación de la mujer en la actividad productiva dependen en última instancia de las necesidades de la burguesía, que es la clase que domina el Estado. Desde las instituciones del Estado burgués se legisla sobre la pareja, la desigualdad de la mujer, la legitimidad o no de los hijos, etc. Esto difiere mucho país por país. En varios hubo avances en la situación de la mujer, pero no son irreversibles, como lo demostró el capitalismo hitlerista en Alemania, una de las naciones más desarrolladas y cultas, con sus matrimonios «arios puros» y sus centros de fecundación de mujeres «arias» por hombres «arios» para producir bebés «arios puros». Por eso hay que denunciar y combatir las campañas que se lanzan, con la bendición de las iglesias, por los medios de información dominantes, con la literatura, el cine y las políticas culturales y educativas bajo su tutela, que pintan un ideal de familia con matrimonios felizmente constituidos y con un jefe de familia que se ocupa de su manutención. Las nuevas necesidades económicas han obligado a que se produzcan profundas transformaciones que integren a la mujer a la producción y a la fuerza laboral, y a nuevos formatos familiares, pero si los capitalistas lo necesitan tratarán de imponer un nuevo fascismo para que todo retroceda al pasado más oprobioso.
En nuestras actuales sociedades conviven diferentes corrientes de opinión, que no son más que un reflejo de las agudas contradicciones entre los distintos sectores de la burguesía, o sea de la clase dominante. Unos se aferran al concepto de un papel fundamental de la mujer en el hogar; otros defienden su independencia económica con- quistada por su incorporación al trabajo fuera de la casa, y los más reaccionarios son directos voceros de las iglesias y solo le asignan el papel de parir y criar.
Toda la propaganda, la legislación y las distintas políticas de la burguesía se combinan con la situación económica y con la producción, y en el sistema capitalista dominante el resultado es que solo un sector minoritario y privilegiado puede mantener, si quiere, una vida familiar estable, a costa de la explotación y de la destrucción de la familia de los pueblos en los países semicoloniales y de los millones de obreros que son explotados en el mundo.
La destrucción de la familia en el capitalismo
Con el fortalecimiento del imperialismo, la destrucción de la familia por diferentes vías es un hecho trágico. En primer lugar porque no sido reemplazada por nada superior, lo cual provoca mayores sufrimientos para el conjunto de los trabajadores. Los problemas sociales aumentan junto a los niveles de explotación y de pobreza: la emigración, la marginalidad, la subsistencia y crecimiento de la prostitución, la trata de personas, el aumento de la violencia doméstica, el crecimiento de los embarazos adolescentes, el abandono de niños y la falta de los cuidados para los ancianos, entre otros. Y el lazo económico que antes mantenía unida a la familia comienza a disolverse. Aumentado y corregido en los países atrasados con los pavorosos problemas que acarrea la crisis en los territorios más rurales, que se ven obligadas a abandonar millones de familias por la miseria y por la lucha por los recursos; con el consiguiente crecimiento abrupto y descontrolado en los centros urbanos, que margina y obliga a amplios sectores sociales a vivir en pésimas condiciones, víctimas de la violencia y de la falta de vivienda, infraestructura, servicios y transporte.
Mientras exista el régimen 
de explotación del trabajo
y las clases sociales,
las conquistas logradas se pierden...
Las mujeres han conquistado cientos de derechos como el voto, el acceso a la educación superior, a la ciencia, al derecho a participar en pie de igual- dad en todas casi las disciplinas donde desarrolla sus capacidades intelectuales o artísticas. También han conquistado el derecho a disponer de sus salarios, a la propiedad, al divorcio, etc. En muchos países se conquistó el derecho al aborto, y también que el Estado se haga cargo de muchas de las tareas domésticas, como el cuidado de los niños, los viejos y los enfermos. El desarrollo de la tecnología y de los servicios también ha facilitado tareas domésticas más pesadas como la limpieza, el lavado de la ropa, y la cocina, y cada vez más el hombre comparte las tareas con ella.
En el desarrollo de estos siglos de capitalismo se han logrado muchas reivindicaciones democráticas, no solo de género. Pero a partir de la década de los años 90 (1), mucho del terreno ganado se perdió en las potencias imperialistas, mientras que en los países atrasados nunca se conquistaron. La razón fundamental de la agudización de la ofensiva reaccionaria del imperialismo fue su triunfo contra el estado obrero de la URSS nacido de la Revolución de 1917, gracias a que las burocracias soviética y china se convirtieron en sus agentes directos para la restauración capitalista en Rusia, Europa oriental y China, un triunfo que amortiguó por unos años su crisis económica crónica.
El sistema capitalista-imperialista concedió conquistas democráticas y económicas en las potencias imperialistas a costa de la opresión a los pueblos de las semicolonias, pero solo por un tiempo; cuando la crisis económica lo empujó hacia el achicamiento de los beneficios que brindaba el Estado, inició la liquidación paulatina de esas conquistas. La traición de la burocracia estalinista ayudó a que esta liquidación se acelerara y no se alcanzaran en muchos países atrasados. Bajo el imperialismo los Estados actúan de la misma forma que los dueños de los medios de producción: los patrones de las fábricas, cuando necesitan achicar- se, dejan de ocupar mano de obra y despiden masivamente aunque queden legiones de desocupados sin posibilidades de subsistir.
La clase trabajadora, las minorías oprimidas y los jóvenes se ven obligados a avanzar de la lucha por sus necesidades más inmediatas a pegar el salto hacia la búsqueda de la transformación del régimen capitalista en su totalidad.
En defensa
de la movilización permanente...
El poder de la acción de las masas, es la herramienta que mejor usaron las mujeres. Las nuevas generaciones de jóvenes han impulsado acciones y manifestaciones que han unido a millones de mujeres por el logro de sus derechos en toda la Argentina. Desde el movimiento Ni Una Menos y en la lucha por el aborto han protagonizado una ininterrumpida cadena de movilizaciones masivas, que expresan un proceso de concientización creciente contra todo tipo de opresión.
En la actualidad, cuando el capitalismo imperialista muestra su verdadera cara de austeridad, ajuste y miseria crecientes para la mayoría de los trabajadores, la movilización liderada por las agrupaciones que luchan por los derechos de la mujer ha dado un claro indicio de un cambio profundo. Se ha producido un quiebre histórico. Nada será igual desde ahora, donde las más jóvenes llevan la bandera por todas: contra la doble moral y la hipocresía, contra las leyes reaccionarias, contra la violencia de género, por aborto legal, libre y gratuito, por alcanzar igual salario por igual trabajo, contra los fundamentos legales de la discriminación y la opresión de género, por la no injerencia de las iglesias, etc. Esta transformación puso en evidencia las leyes que rigen en el capitalismo en el mundo entero. Por eso el movimiento ha roto fronteras y movimientos como Ni Una Menos se formaron en otros países. MeToo explotó contra el abuso desde las entrañas de una de las sociedades más conflictivas del planeta, la yanqui, Los movimientos feministas europeos han resurgido como hongos. LAS MUJERES DIJERON BASTA a la violencia machista en todas sus formas, desde las desigualdades sala- riales hasta la esclavitud sexual.
El combate por la defensa de la igualdad de género ha existido a lo largo de los últimos siglos y ha sufrido cambios acordes al momento en que se dio. Gracias al ejemplo de mujeres de todo el mundo y en todas las épocas, como Olympe de Gouges, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Emmeline Pankhurst y Simone de Beauvoir (2), entre muchas otras, nacieron los movimientos feministas que dieron vida a su legado. La lucha por la emancipación de la mujer ganó adeptos en las corrientes del marxismo y de los revolucionarios. Marx y Engels, Lenin y Trotsky no fueron indiferentes a su problemática específica, y en las corrientes socialistas la lucha por los derechos de la mujer se integró a sus programas políticos.
La lucha unitaria contra la de opresión de la mujer cumplió el objetivo máximo de movilizar a la mayor cantidad de mujeres por sus problemas comunes. Pero la opresión de la mujer está íntima- mente ligada a la división de la sociedad en clases, y solo la liquidación del régimen capitalista y el advenimiento del socialismo podrá consolidar la definitiva emancipación femenina.
Bajo el régimen de la propiedad privada y el orden burgués, los problemas de la mujer desde el matrimonio hasta el de sus hijos y su independencia, no solo implican conflictos sino también penalidades para las mujeres de todas las clases y sectores sociales. Los cuestionamientos que se hacen a las conquistas logradas y por conquistar desnudan la falsedad y la hipocresía de la sociedad, y eso alimenta la conciencia y la crítica hacia todo el régimen de dominación. Pero hay que ir más allá y comprender que existe una relación indisoluble entre la posición social y humana de la mujer y los fundamentos del régimen capitalista: la propiedad privada de los medios de producción.
Por lo tanto, los problemas de la opresión de la mujer no pueden enfocarse en forma independiente del problema social, del problema de los trabajadores, de los explotados y oprimidos de toda clase, en síntesis, de las víctimas del capitalismo.
La primera enseñanza que dejan las mujeres con su lucha es la confianza en la movilización permanente para lograr sus objetivos.
En primer lugar, porque es en la acción cuando se toma conciencia de quiénes son los verdaderos enemigos, y quienes son los que acompañan las luchas de los oprimidos, la magnitud de la batalla que se libra y la organización que se necesita para ganarla.
En segundo lugar, porque con la movilización la conciencia da saltos y avanza en pocos días lo que en períodos de tranquilidad demora años.
Los movimientos de masas impulsados por las mujeres en la Argentina y en todo el mundo constituyen un fenómeno nuevo, político, revolucionario, fundamentalmente porque cuestiona las costumbres y la vida cotidiana regidas por una moral cristiana que se hizo añicos. Y porque el régimen imperialista avanza contra el conjunto de las conquistas democráticas y económicas logradas, para avasallar sin miramientos los derechos esenciales de los trabajadores, de las mujeres y de todas las minorías oprimidas.
La resistencia obrera, popular, de los jóvenes y de las mujeres contra esta ofensiva patronal, clerical e imperialista no ha cesado, y en ciertas oportunidades, como fue el 14 de junio en la Argentina, millones en las calles lograron torcerle el brazo. La pelea inclaudicable no conoce límites y logrará imponerse. La lucha de las mujeres no se detendrá aunque este último 8 de agosto no se haya conquistado en el Senado la sanción de la ley por la legalización del aborto por el voto en contra de los representantes de la aristocracia social y política, y sus mentores clericales.
Los derechos de género, tanto como los derechos que re- clamamos de salarios y jubilaciones que no pierdan poder adquisitivo, de no más despidos, del derecho a la prevención y cuidado de la salud, los derechos de la niñez, a la educación pública, gratuita y obligatoria, a la vivienda y a los servicios de infraestructura básica... deberán unirse como parte de las reivindicaciones por las que luchan el conjunto de los trabajadores y los sectores populares. 

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TODAS
Nos permitimos tomar el nombre TODAS en homenaje a la revista que se publicó y a quienes la hicieron circular durante los años más duros de la dictadura militar de Videla. Para la elaboración de esa publicación se juntaron militantes políticas de todo el arco ideológico, feministas, artistas, fotógrafas, escrito- ras, trabajadoras gráficas, TODAS unidas bajo la bandera de la resistencia y con el objetivo de no acallar la voz contra la opresión y la represión indiscriminada de ese régimen sangriento. Cuando estaban prohibidas las reuniones políticas, bajo el oscuro y pesado ambiente represivo, estas mujeres comenzaron a levantar su voz.
La lucha de las Madres de la Plaza, de las víctimas directas del régimen militar, de las que perdían el trabajo, de las prohibidas por la censura, de las víctimas económicas, de las que sufrían discriminación y abusos, la voz del exilio y de la cárcel, de los centros clandestinos, de todas ellas. Bajo ese régimen totalitario y genocida, los pocos números de la revista TODAS constituyeron un ejemplo de resistencia de las mujeres en su lucha contra la dictadura. 

 Notas
1. La ensayista, lingüista y escritora Ivonne Bordelois, en una entre- vista en julio de 2018 en La Nación, se lamenta del cambio social, cultural y pedagógico que se produjo: «... desde que se cayó el Muro de Berlín se acabó todo. La norma capitalista invadió el mundo con sus valores: la competitividad, el poder, el diseño del plan programático para que algunos progresen y otros se queden. La universidad está al servicio de eso ahora... Lo que te dan en la televisión y en la escuela es chatarra... No desean que la gente invente. Eso es necesario para un grupo de gente [la clase dominante] que solo quiere que con- sumas cosméticos, autos, viajes, que no pienses. Si querés que solo la gente piense en eso, tenés que hacer tabula rasa».
2. En plena Revolución Francesa (1789), Olympe de Gouges publicó la Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana. Emmeline Pankhurst (1858-1928) fue la gran referente británica del movimiento sufragista. Clara Zetkin (1857-1933) y Rosa Luxemburgo (1871-1919), marxistas revolucionarias, fueron dirigentes del partido socialdemó- crata alemán y de la Liga Espartaquista, y luchadoras por la emanci- pación y los derechos de la mujer. La obra El segundo sexo (1949) de Simone de Beauvoir, escritora y filósofa francesa, fue fundamental para el movimiento feminista en la década de los 60.