13/9/20

Colombia: ¡Por una respuesta de masas a la masacre policial!

 

«Exijo justicia, que hagan caer todo el peso de la ley sobre los responsables, ustedes no necesitan investigación porque fue la Policía Nacional –y espero que esto no lo corten-, fue la Policía Nacional la que se encargó de dejar un niño de 7 meses sin padre»

María Páez.

Entrevista CM&

¿Por qué ardieron los CAI?

 Cuando creces en un país como Colombia, en un barrio marginal de la clase obrera, aprendes rápidamente lo que significan instituciones como la policía y el ejército. Ellos son quienes golpearon a tus padres cuando empezó la construcción de los ranchos que los gobiernos llaman «invasión»; ellos son los que asesinaron a tu amigo, a tu vecino, que salió con su familia a protestar contra la destrucción de las cuatro paredes que lograron construir; ellos son los que te persiguen y te agreden porque estabas en la esquina o en el potrero de la cuadra donde sueles jugar fútbol; ellos son los que te ponen encima una droga que nunca has consumido para conducirte a la estación y dejarte una noche encerrado luego de apalearte; ellos son los que montan las «batidas» para obligarte a prestar el servicio militar; ellos son los que se llevaron a los pelados de las lomas para asesinarlos y hacerlos pasar como «guerrilleros muertos en combate», como «falsos positivos».

 María Páez era la pareja de Jayder Fonseca, un joven de 17 años que fue asesinado por la policía nacional la noche del 9S. Como miles de jóvenes en todo Bogotá y algunas ciudades del país, Jayder y María salieron esa noche a expresar su rechazo por el asesinato de Javier Ordoñez. En la mañana conocimos un video de cómo Javier había sido torturado con armas «no letales» al resistirse al arresto, luego conducido a un CAI (Comando de Acción Inmediata) y finalmente a un hospital en donde falleció -hoy sabemos por la golpiza que le fue propinada por los agentes-. La respuesta del Estado ante esta legítima expresión de repudio e ira contra ese asesinato fue masacrar a la población, la policía asesinó en las noches del 9 y 10 de septiembre a 13 colombianos más e hirió a cerca de 500, 72 por heridas de bala.

Esos miles de jóvenes que salieron a las calles, arremetieron contra todas las estaciones de policía que tuvieron cerca, 45 en total, las destrozaron y les prendieron fuego. ¿Por qué? Porque esos sitios para quienes crecimos en las barriadas son la expresión de lo que son las FFMM y la policía en el Estado burgués, aparatos de represión. Las estaciones de policía son lugares en los que se violenta, se asesina, se humilla, se ultraja con particular saña a los hijos de la clase trabajadora. La rabia contenida por años contra esos recintos y sus ocupantes salió a flote la noche del 9S.

Cuando creces en una barriada obrera llevas el estigma de la pobreza contigo, la forma en la que te vistes, la manera en la que hablas, los ademanes de tu cuerpo, son huellas de identidad que la policía y el ejército utilizan para pedirte papeles, para negarte el ingreso a determinados lugares, para calificarte de «vicioso» y «ladrón» con solo mirarte. Para quienes crecimos en los barrios mirar las vitrinas de los almacenes es delito, porque los hijos de los trabajadores pobres no tenemos con que comprar; entrar a la librería a ojear un texto es delito, porque los hijos de los trabajadores pobres no podemos estudiar.

Para millones de jóvenes en Colombia la Universidad es cosa de ricos, se nos enseñó que a nosotros nos corresponde engrosar el ejército de reserva de la clase obrera, que a nosotros nos corresponde conseguir un trabajo sin prestaciones sociales, de máximo tres meses y con un salario por debajo del mínimo. Para millones de jóvenes en Colombia existe por ello la sensación constante de «No futuro», de estar en un laberinto que no tiene salida.

Jayder experimentó eso en su vida, como Dylan Cruz, como Anderson Arboleda, como los 8 niños bombardeados por el ejército en el Caquetá. A Javier se le dijo que estudiando iba a progresar, estudió aeronáutica, pero conducía un taxi. Lo que algunos llegamos a conocer y comprender es que ese laberinto en el que estamos se llama CAPITALISMO, que nuestra rabia no es contra esas edificaciones escenario de torturas y vejaciones, es contra las instituciones que defienden con su violencia ese sistema, nuestra rabia es con el sistema.


El gobierno uribista de Duque es la expresión sanguinaria y mafiosa de ese sistema

El gobierno uribista de Duque es el gobierno de la oligarquía colombiana, de una burguesía que no ha tenido problema en masacrarnos históricamente, en destruir nuestras organizaciones obreras, campesinas, indígenas, juveniles y populares con sus FFMM, policiales y paramilitares; que no tiene contemplación en imponernos leyes oprobiosas que nos conducen a niveles más profundos de explotación; que vende nuestros recursos al capital imperialista y orquesta con él la extensión de la muerte y la miseria en nuestros campos, que se pone de rodillas ante sus políticas antidrogas, pero tranza con los mafiosos y narcos el control de extensas regiones del país, que pretende que seamos cabeza de playa para la agresión a pueblos hermanos que han sido capaces de luchar por su dignidad, como el pueblo venezolano.

Esa burguesía nacional e imperialista ha convertido a Colombia en uno de los países más desiguales del mundo, en el que más se asesinan líderes sindicales, defensores de DDHH o del medio ambiente. Los trabajadores somos los gestores de toda la riqueza producida, pero esa riqueza se la queda una clase social burguesa que nos esquilma hasta el último peso: reduciéndonos el salario, extendiéndonos la jornada laboral, haciéndonos pagar por lo que debería ser derecho de todos: la salud, la educación, la pensión o la recreación. Los representantes del uribismo, con todo el cinismo que los caracteriza, nos acusan de «atenidos», cuando han hecho fortunas a costa del erario público, robando, matando y traficando desde el poder. Nos dicen: «estudien vagos», cuando son ellos los que atacan la educación pública, la tienen en una profunda crisis y gustosos la liquidarían.

Esos farsantes, cuando salimos a protestar, nos vienen siempre con el mismo cuento: que lo hacemos «financiados por el narcoterrorismo», porque «existe un plan orquestado por el Eln, las disidencias de las Farc, la izquierda internacional…». Sus explicaciones ya son risibles y podrían ser entendidas como delirantes, expresión de algún desequilibrio mental, pero no, son manifestación de una táctica premeditada y consciente de defensa: la mentira. Para poder ocultar la injusticia e inequidad que promueven necesitan deformar la realidad, mentir una y otra vez.

Mienten para que nos traguemos la idea que debemos sentir remordimiento por quemar las estaciones de policía, los buses del sistema de transporte en el que viajamos como animales y en el que dejamos buena parte del salario, un cajero automático que pertenece a los banqueros que nos arruinan y a los que el gobierno les gira dinero públicos por toneladas, o la sede de un supermercado que pertenece a la familia Santodomingo, una de las más ricas del país, que paga una miseria a sus trabajadores y los precariza lo que más puede, todo porque para ellos el más sagrado de los derechos es la propiedad privada de los medios de producción, es decir, la posesión de las fábricas, tierras, bancos y comercio que han acumulado a costa nuestra.

Mienten para hacernos creer que las masacres no son masacres sino «asesinatos colectivos», que nada tienen que ver con ellos y sus aliados paramilitares y narcotraficantes; mienten cuando las masacres las cometen las propias FFMM para hacernos creer que «fueron operaciones impecables», a pesar del asesinato de por lo menos una decena de niños, mienten para hacernos creer que la policía es una institución «querida por los colombianos» y que sus crímenes son hechos «aislados», cometidos por «manzanas podridas», cuando por lo menos hubo 20 oficiales que participaron del asesinato de civiles desarmados y 70 que dispararon a matar a los manifestantes. 

Sus mentiras se repiten una y otra vez, en la radio, en la televisión, en las columnas de prensa, intentando que de tanto repetirlas terminemos creyendo que son verdad. Así asesinaron a más de 3000 militante de la UP, han exterminado a los desmovilizados de las guerrillas, han hecho campañas de «limpieza social» haciendo llamar la «mano negra» y asesinando a miles de jóvenes y habitantes de calle en el país, así han producido más de 3000 casos de «falsos positivos» (ejecuciones extrajudiciales) y los seguimos aun contando. En lo que va de 2020 llevamos 205 asesinatos de líderes sociales y 55 masacres con 218 muertos. Duque y el uribismo justifican esa violencia, le ofrece un manto protector y la impulsan, por eso son responsables de la masacre obrera y campesina en el país. Su violencia es sistemática, cometida con sevicia y con un propósito claro, generar miedo, terror, para que no salgamos a protestar contra la desigualdad, la explotación y en últimas en contra del sistema que las hace posibles. 

 

Para derrotar las tendencias fascistas de este gobierno la salida es la movilización de masas

La burguesía colombiana, su Estado y sus aparatos de represión tiemblan de miedo ante el pueblo trabajador movilizado, históricamente ese ha sido el camino para conquistar nuestros derechos, para defenderlos, y será el camino para alcanzar nuevas conquistas y para destruir este sistema de hambre y opresión. El ejemplo más cercano que tenemos lo presenciamos todos nosotros el año anterior, el 21 de Noviembre de 2019 los colombianos vivimos una enorme fiesta democrática, salimos de forma unificada a las calles a exigir nuestros derechos, a reclamar que no se asesinaran más líderes sociales, que se parara la masacre que desplegaba el régimen uribista, que no se aplicarán las contrarreformas laboral, pensional y tributaria. Logramos aplazar la aplicación de estas contrarreformas o limitarlas, pero el gobierno Duque y la burguesía nacional e internacional no han desistido en su propósito, de hecho han aprovechado la crisis sanitaria desatada por el Covid-19 para avanzar en su aplicación por decreto, y la masacre nunca paró.

Hoy, como a finales del 2019, el pueblo trabajador, los campesinos, los indígenas, las negritudes, los jóvenes, las mujeres, necesitamos estar nuevamente en la calle movilizados alzando nuestra voz. Tras el asesinato que nos acaba de indignar de Javier Ordoñez ¡nos han matado 13 compañeros más! Este gobierno asesino nos ha mostrado ahora en Bogotá lo que por décadas ha hecho en el campo, dejar correr sus tendencias fascistas, matar salvajemente, matar sin piedad a quienes alzan su voz contra la injusticia y la barbarie, a quienes se oponen a sus intereses. Nos matan para que el miedo y el terror nos inmovilice, para que ellos puedan avanzar con sus políticas, para que la actual crisis económica siga siendo pagada con nuestro sudor y sufrimiento, para imponernos peores condiciones de trabajo y contratación, más limitaciones y dificultades para acceder a nuestro derecho a la pensión, más impuestos sobre nuestros hombros para exonerar de ellos a los más ricos, a los banqueros y las empresas imperialistas.

Claudia López ha denunciado que lo ocurrido en Bogotá fue una autentica masacre, que tener tantos civiles heridos por arma de fuego se debió a un uso indiscriminado y desproporcionado de la fuerza por parte de «algunos policías», y que ella no dio la orden de uso de la fuerza, mucho menos de uso de armas de fuego contra los manifestantes. Se reunió con Duque y le hizo un llamado a una reforma estructural de la policía, el gobierno uribista, como era de esperarse, lo rechazó. Claudia tiene razón en sus denuncias, pero no en la orientación que termina planteando: llamar a un «acto de perdón y reconciliación». Claudia López peca de ingenua o de inconsecuente, la sociedad no puede perdonar ni reconciliarse con quienes no han demostrado el más mínimo arrepentimiento por los hechos criminales, con quienes los niegan y se han mostrado dispuestos a seguirlos cometiendo. El uribismo no va a dar marcha atrás con su política de odio y terror porque la necesita para mantenerse en el poder, al uribismo no le importa la verdad y mucho menos avanzar hacia la solución de los problemas que convocan a miles de jóvenes a manifestarse, porque justamente este gobierno y los sectores que representan se lucran y viven de la miseria de las mayorías.

Está claro: en defensa del derecho a la vida y las libertades democráticas, contra las tendencias fascistas del régimen uribista, lo que necesitamos son acciones unificadas y contundentes de movilización de masas que le demuestren al gobierno que ya no le tenemos miedo.

Para poder frenar y acabar con la masacre que nos desangra necesitamos hacer como en el 21N, salir todos, de forma unificada, movilizarnos en el marco de un gran Paro Nacional, ser millones en las calles, para hacer retroceder al gobierno, para derrotarlo de forma contundente. Por eso es necesario que las organizaciones que representan a la clase trabajadora, particularmente las Centrales Obreras, todas las organizaciones sociales y políticas que confluyeron a finales del año anterior, convoquen una acción inmediata. Es necesario que sus dirigentes cambien ya su actitud pasiva, que raya en la complicidad con la barbarie. Es nuestro deber como trabajadores, como miembros de esas organizaciones reclamarle a nuestras direcciones esa convocatoria.

También toda aquella organización, todo aquel dirigente, que se reconozca como defensor de las libertades democráticas, debería sumarse sin vacilación ni tardanza al llamado a este paro nacional. Petro está en lo correcto al llamar de manera insistente a las Centrales Obreras, al Partido Verde, a la Colombia Humana y a más sectores a unificarse en una gran acción nacional para hacer retroceder la avanzada antidemocrática del uribismo y su gobierno. Igualmente se requiere que florezcan en cada barrio, localidad y comuna del país formas de organización que impulsen la movilización, asambleas barriales y populares que le den vida y extiendan democráticamente el proceso.

Si Claudia López no dio la orden de disparar, lo sucedido en Bogotá con el accionar asesino de la policía, tal como se ha denunciado, es una ruptura de la cadena de mando orquestada desde la Casa de Nariño, desde el Ministerio de Defensa y la cúpula policial. Por tanto, en lugar de actos de «reconciliación» lo que debemos exigir en las calles en primer lugar y de inmediato es que caigan los responsables de la masacre:

 

¡Que se hagan públicos todos los videos entregados por Claudia a Duque, con los que la Alcaldía dijo colocar en evidencia la brutalidad policial!

 

¡Que ante una comisión integrada por los familiares de las víctimas, y de manera pública, la Alcaldía entregue la identificación de todos los policías que allí aparecen disparando, agrediendo, o permitiendo que otros policías lo hicieran!

 

¡Inmediata destitución de todos esos policías!

 

¡Juicio y castigo a los policías asesinos y no por la Justicia Penal Militar!

 

¡Fuera el comandante de la policía Oscar Atehortúa y toda la cúpula de la Institución!

 

¡Fuera el ministro de defensa, el uribista Carlos Holmes Trujillo!


29/8/20

A 80 años del asesinato de Trotsky. El gran defensor de la dictadura del proletariado y el Estado obrero


El Estado obrero debe ser tomado tal como salió del implacable laboratorio de la historia, no como lo imagina un profesor “socialista”, que reflexiona mientras hurga con un dedo su nariz. El deber de los revolucionarios es defender toda conquista de la clase trabajadora aunque haya sido desfigurada por la presión de las fuerzas hostiles. Aquellos que son incapaces de defender posiciones tomadas, nunca conquistarán otras nuevas.

León Trotsky, En Defensa del Marxismo

25 de abril de 1940

 

 

Este último 21 de agosto se cumplieron 80 años del asesinato del revolucionario ruso León Trotsky, en Coyoacán, Ciudad de México, por orden de Stalin.

 Vladímir Ilyich Lenin y León Trotsky fueron los principales líderes de la Revolución Rusa en 1917. Muerto Lenin en 1924, Trotsky, debió escribir La Historia de la Revolución Rusa, publicada en 1932, bajo la persecución estalinista desatada contra él y su familia, que los obligó al destierro, primero en la Isla Prinkipo, Turquía, hasta su residencia en México donde pasó sus últimos años.

Esta conmemoración del asesinato de Trotsky pasará menos desapercibida en el mundo. Existen buenas y malas razones para que así sea. La literatura, la política, las ciencias sociales en general, el cine, los medios audiovisuales y las redes sociales han descubierto en la vida y en la obra de este dirigente revolucionario una fuente inigualable de inspiración, de investigación y de análisis, y gracias a esta moda se multiplicaron las alusiones a su destacada trayectoria.

Con el correr de los años y en la medida que se detuvo el impulso de la revolución mundial, constatamos el crecimiento de la figura de Trotsky más allá de las fronteras del movimiento trotskista. Las corrientes trotskistas en la actualidad quizás se hayan multiplicado, pero sufren un proceso continuo de atomización y una fragmentación que se expresa en la proliferación de grupos nacionales sin raigambre en la clase obrera. Pero lo más significativo es que creció la figura de León Trotsky en Rusia, donde su rehabilitación legal todavía debe esperar ya que no fue considerado ni aun en la perestroika[1] .

 Un León Trotsky no nace todos los días, su papel de dirigente no se limitó a tal o cual tarea; desde lo político, militar, hasta en lo moral, intelectual y humano sobresalió por encima de todos los de su generación y no sin razón, su obra y su legado trascendió en el tiempo.

Si resaltamos lo malo en esta conmemoración, es por el vacío teórico, político y metodológico que encierran los debates dentro de la izquierda que se reivindica marxista actualmente. El surgimiento en las últimas décadas de agrupamientos que se autodefinen como anticapitalistas prueba la liquidación de un proyecto revolucionario, y ese movimiento nació de las corrientes trotskistas. El método científico que Trotsky y los camaradas de su generación imprimieron en sus peleas políticas y teóricas se perdió, junto con las tareas y la inserción en todas las capas del movimiento obrero.

León Trotsky participó en uno de los capítulos más importantes de la historia contemporánea como fue la Revolución Rusa de 1917. Sin entender cómo nació y se destruyó la URSS no se puede conocer ni comprender lo inmenso de la tarea de Trotsky.

Gran parte de los fundamentos teóricos de Marx y Engels fueron extraídos de las lecciones de la Comuna de París de 1871, experiencia revolucionaria pionera del movimiento obrero, donde por primera vez los trabajadores tomaron el poder. La Revolución Rusa y el proceso que dio a luz al Estado Obrero constituyó el segundo y más poderoso ejemplo para la vanguardia revolucionaria internacional.

 Una revolución proletaria dirigida por el Partido Bolchevique, el partido de combate fundado por V. Lenin, con los obreros y campesinos organizados en soviets, órganos  asamblearios de masas, estratégicos para la toma y el ejercicio del poder.

La Revolución Rusa inauguró una nueva etapa para la humanidad, porque con la URSS se abrió la posibilidad del socialismo proletario. La Rusia soviética se construyó bajo las leyes del sistema socialista, después de expropiar a los capitalistas y de poner las fuerzas productivas rusas al servicio del pueblo y de los trabajadores. Pero esta conquista obrera en un país atrasado quedó aislada, limitada dentro de las fronteras nacionales y dentro del cerco capitalista del mercado mundial. La derrota de la revolución obrera en Alemania en 1918 impidió el desarrollo revolucionario en Europa y, a su vez, favoreció la implantación en la URSS, de un régimen ajeno a la democracia proletaria por la que lucharon Lenin y Trotsky.

La burocracia estalinista surgió como el enemigo enquistado en el Estado Obrero, que implantó la idea del socialismo en un solo país, es decir nacional, y que se consolidó como agente de la ofensiva contrarrevolucionaria liderada por el imperialismo (al reprimir y perseguir a los sectores más revolucionarios y dinámicos del Estado soviético).

Este primer Estado Obrero del mundo no logró su objetivo de transformarse en el centro desde donde se expandiría la revolución mundial. Sin embargo, la fuerza poderosa de su ejemplo influyó para que en China, Cuba, Vietnam y en otros lugares del mundo se expropiaran los medios de producción a los capitalistas y nacieran otros países socialistas.

 



La conmemoración del asesinato de León Trotsky solo cobra sentido en la causa más trascendente de su vida: la fundación del Estado Obrero ruso como producto de la revolución de 1917. Entre los años 1939 y 1940, inició una de las batallas políticas más importantes dentro de la Cuarta Internacional por él fundada, sobre la naturaleza de la URSS.

Una URSS bajo el dominio de Stalin, su asesino, quien exterminó a la camada de dirigentes que, junto a Lenin y Trotsky, edificaron el triunfo revolucionario de 1917. El debate sobre el carácter de clase del Estado soviético no era nuevo. Desde los primeros años en el poder, Lenin atribuyó importancia fundamental a la definición de ese Estado, nacido de la revolución obrera en un país atrasado, con mayoría campesina, y que ya consideraba con deformaciones burocráticas. Cuando Stalin y su camarilla se apoderan del poder, la pelea de la oposición dirigida por Trotsky se inicia dentro de las filas del partido bolchevique y termina con el destierro y la muerte de sus dirigentes. El poder del Estado había quedado en manos de esa casta de opresores que fijaba sus prioridades políticas según sirvieran o no a sus propios intereses parasitarios, la defensa de esos intereses implicó verdaderas masacres, fusilamientos en masa, y para esa época no se desconocían las políticas criminales del estalinismo.

Marx había planteado la necesidad de la dictadura del proletariado y también de su progresiva desaparición, pero no había vivido la experiencia de este primer Estado Obrero, y de la degeneración burocrática de esa dictadura. En ese sentido, constituía un fenómeno nuevo para el movimiento revolucionario, como lo había sido el movimiento fascista en el otro polo. Para esos años, tanto la degeneración del Estado Obrero, expresada en el ascenso del estalinismo, como el fascismo se presentaban «como nuevas formas sociales y políticas de un neobarbarismo».

La burocracia estalinista había superado para esos años «todos los límites de la abyección», pero, sin embargo, para Trotsky, el Estado soviético no era un nuevo tipo de estado «explotador», aunque los actos de la casta burocrática atestiguaran la tensión terrible de las contradicciones entre la casta burocrática y el pueblo.

Los escritos de Trotsky al respecto, todavía mantienen una vigencia irremplazable, han constituido una fuente de investigación única para entender los procesos en Europa del Este, China y de la ex URSS de la década del noventa (50 años después de su asesinato), constituyen un estudio científico de la génesis y del proceso de burocratización y degeneración, y de Stalin en particular. Una definición del Estado y de un proceso al que solo cabía una tarea ineludible para salvar las conquistas de Octubre, una nueva revolución en la URSS ligada al triunfo de la revolución Europea y a la revolución mundial.

 

La restauración capitalista de Rusia en la década de los 90, previa disolución de la Unión Soviética en repúblicas independientes y destinadas a la semicolonización imperialista, como predijo Trotsky, tenía a la burocracia contrarrevolucionaria como la principal responsable.

La liquidación de las bases de la revolución de Octubre, constituyó una derrota para la clase obrera mundial. El triunfo imperialista sobre la ex URSS fortaleció el avance contra las conquistas laborales, salariales, sociales y de organización independiente de los trabajadores en todo el mundo, proceso que continua y se consolida hasta nuestros días. El retroceso en la conciencia fue monumental: se perdió el último bastión del internacionalismo proletario, y sus consecuencias también se pueden medir en la dispersión, atomización y revisionismo que dominan a los últimos reductos de la Cuarta Internacional y del movimiento marxista revolucionario. En el terreno ideológico, otro indicador de la regresión, es el renacimiento de las religiones, de las creencias, del misticismo, todas corrientes de pensamiento salidas de una sociedad burguesa en putrefacción.

Las lecciones trascendentales de materialismo dialéctico del “Viejo” (como lo llamaban sus camaradas), recobra importancia en nuestros días. Trotsky usó una analogía para explicar la naturaleza de la URSS de esos años:

 

Cuando un mecánico examina un auto en el que unos bandidos han huido de la policía por un camino malo y encuentra la carrocería desvencijada, podría exclamar justificadamente: «No es un automóvil, el demonio sepa qué es esto». Semejante apreciación carecería de todo valor técnico y científico pero expresaría la legítima reacción del mecánico ante la obra de los bandidos.


Supongamos sin embargo que este mismo mecánico deba reacondicionar el objeto que ha denominado «el demonio sepa qué es esto». En tal caso, comenzará por reconocer que tiene ante sí un auto estropeado. Determinará que partes aún sirven y cuáles son irreparables a fin de decidir por dónde comenzará el trabajo. El obrero con conciencia de clase tendrá una actitud similar hacia la URSS … se ve obligado a reconocer que tiene ante sí un Estado obrero estropeado, en el que el motor de la economía está dañado, pero funciona y que puede ser completamente reacondicionado con el reemplazo de algunas piezas.

En Defensa del Marxismo, «Nuevamente y una vez más sobre la naturaleza de la URSS», LT, 1940.

 

En la Rusia que sucedió a la URSS después de diciembre de 1991, la burocracia soviética ponía manos a la obra a la restauración capitalista. G. Burbulis, uno de los funcionarios designados por Yeltsin para formar un nuevo gobierno llamado «de transformación», lo definió como «Un gobierno de dinamitadores que ineludiblemente estallará en su labor, pero antes de eso se habrá abierto camino». Para la inmensa tarea de destrucción del Estado Obrero convocaron a asesores del FMI, de la Fundación Ford y de otros organismos del imperialismo, entre los cuales sobresalieron los economistas Jeffrey Sachs y David Lipton.

Prepararon para la nueva Rusia el viejo recetario de ajustes y reformas elaborado para «economías capitalistas enfermas», que no era fácil de aplicar en un sistema ajeno a la experiencia histórica capitalista; como en la analogía de Trotsky, los agentes imperialistas se encontraron con «el demonio sepa qué es esto.

Jeffrey Sachs lo explicó en similares términos: «Cuando iniciamos las reformas nos sentíamos como médicos invitados al lecho del enfermo, pero cuando colocamos al enfermo en la mesa de operaciones y lo abrimos, nos encontramos con que su anatomía y sus órganos internos eran completamente diferentes de los que habíamos visto en nuestro hospital».

En realidad, sería más preciso decir que actuaron como médicos forenses y cuando colocaron el cadáver en la mesa para hacer la autopsia, se encontraron con que su anatomía era completamente distinta de la que ellos conocían, la de los países capitalistas.

El gobierno de Yeltsin con Gaidar, Burbulis y otros, no eran mecánicos dispuestos a reparar las partes dañadas, su accionar fue puramente destructivo. La labor fue completada con éxito por estos agentes imperialistas de la contrarrevolución y restauración capitalista. Para el año 1992 los rusos conocieron el 2.500 por ciento de inflación anual, decenas de millones de trabajadores sufrieron retrasos en el cobro de salarios, pensiones y subvenciones familiares, se comenzó a pagar en especies, se desencadenó un proceso de desindustrialización forzada que acabó con gran parte de las fuerzas productivas. Un proceso que finalizó después de años de miseria y desocupación creciente. Las profundas consecuencias sociales de la restauración capitalista en la ex URSS, trajeron un proceso de despoblación, a causa de una menor natalidad y una mayor mortalidad, y disminuyó la esperanza media de vida (57 años para los hombres en 1994). Además, un número importante de científicos, físicos y profesionales que emigraron a los países capitalistas.  



 

El Estado obrero nacido de la revolución de 1917 constituyó la mayor conquista obrera lograda hasta la actualidad, y se explica por los cambios que experimentó la sociedad rusa de conjunto, fundamentalmente los derechos conquistados por los trabajadores y por los sectores sociales oprimidos, en particular las mujeres, que se concretaron en una serie de medidas legislativas. Conquistas desconocidas en los países capitalistas en aquellos años.

En 1921, pocos tiempo después de la toma del poder, la Oficina Soviética en Estados Unidos publicó una traducción al inglés del Código de Leyes Laborales de la Rusia soviética, del Código de la familia y un folleto sobre los Dos años de Política Exterior Soviética Rusa. Estos materiales, en particular los Códigos, mantienen vigencia cien años después a pesar del diferente contexto político y social en el fueron promulgados. Ese cuerpo de leyes provisionales en vistas a la transformación ulterior de la sociedad rusa deja en evidencia el salto adelante que significaron las conquistas sociales, laborales y económicas que los trabajadores rusos obtuvieron con la revolución:

 

Artículo 3. — El derecho al trabajo se hace cumplir a través del aparato estatal del gobierno soviético. Cada asalariado desempleado es provisto de trabajo por el Departamento de Distribución del Trabajo. En caso de que no se le pueda encontrar ningún trabajo, tiene derecho a un beneficio al desempleado, que debe ser igual a su salario regular, fijado por el comité de escala salarial de su sindicato…

Artículo 10. — Todos los ciudadanos capaces de trabajar tienen derecho a un empleo de acuerdo con sus vocaciones…

Artículo 12. — El trabajo es en la URSS una obligación y una causa de honor de cada ciudadano apto para el mismo, de acuerdo con el principio de «el que no trabaja, no come». En la URSS se cumple el principio del socialismo: «De cada uno, según su capacidad; a cada uno, según su trabajo»[2].

 

Las leyes soviéticas, además, aseguraban a cada asalariado un mes de vacaciones cada año, siempre que todo el tiempo que estuvo en paro y obtuvo su salario regular en forma del beneficio al desempleado, se le imputaran a sus vacaciones anuales. En caso de enfermedad, el gobierno pagaba al trabajador una prestación igual a su salario regular. Con el fin de que el trabajador pudiera mantenerse vital, el gobierno soviético le concedía un mes de licencia para que descansara durante ese tiempo. Además, se le otorgaba a cada trabajador una libreta con datos que atestiguaran sus condiciones laborales a fin de proporcionarle una evidencia del trabajo realizado y el pago recibido por él. Con esta libreta la ley rusa evitaba litigios interminables.

En materia de libertades democráticas, contrario a todas las campañas ideológicas de la burguesía que actualmente nos hablan del Estado soviético ruso como un Estado totalitario desde su origen, en el articulado de la constitución de 1918 quedaron grabados para la historia principios democráticos que aún hoy son conquistas no alcanzadas por amplios sectores de masas en la sociedad capitalista:

 

«1. Rusia es declarada República de los Soviets de Diputados obreros, soldados y campesinos; a los que pertenece todo el Poder central y el Poder local.

14. Con el fin de garantizar a los trabajadores la verdadera libertad de expresión de sus opiniones, la RSFSR suprime la dependencia de la Prensa respecto del capital; pasando a manos de la clase obrera y de los campesinos pobres todos los recursos técnicos y materiales necesarios para la publicación de periódicos, libros y otras publicaciones de imprenta, garantizando su libre difusión en el todo el país.

15. Con el fin de garantizar a los trabajadores la verdadera libertad de reunión, la RSFSR reconoce a los ciudadanos de la República soviética el derecho a organizar libremente reuniones, mítines, manifestaciones, etc., poniendo a disposición de la clase obrera y de los campesinos pobres todos los locales adecuados para la organización de reuniones populares, con mobiliario, alumbrado y calefacción.

17. Con el fin de garantizar a los trabajadores el acceso real a la cultura, la RSFSR se propone ofrecer a los campesinos pobres y a los obreros una instrucción completa, universal y gratuita.

22. La RSFSR, reconociendo la igualdad de derechos de todos los ciudadanos ante la ley, sin distinción de nacionalidad ni de raza, declara incompatibles con las leyes fundamentales de la República los privilegios o prerrogativas, cualesquiera que sean, en función de la nacionalidad, así como cualquier opresión de las minorías nacionales o la limitación de su igualdad jurídica».

 

Estas conquistas sufrieron transformaciones a lo largo de 73 años, y bajo la dictadura de la burocracia se fueron perdiendo las condiciones de vida heredadas. Pero la liquidación de las bases de ese estado se produjo en los años 90 por una combinación de factores económicos, políticos, militares y sociales, que culminaron en la derrota del ascenso revolucionario de masas a nivel mundial (Huelga minera inglesa, procesos revolucionarios en Polonia, en Europa del Este, Centroamérica, etc.) por parte del frente contrarrevolucionario imperialista (el Papa polaco, Reagan, Thatcher, Gorbachov), derrota que abrió la puerta a la restauración del capitalismo. La restauración produjo, a la vez, una nueva clase de propietarios millonarios, que en pocos años, pasaron a formar parte de las elites minoritarias de multimillonarios que residen en Londres, compran clubes de fútbol, se dedican a la venta de armas y son propietarios de las fuentes de energía o, lo que es lo mismo una capa nueva de parásitos, parte de la oligarquía financiera mundial, producto de un cambio cualitativo que dio nacimiento a una nueva clase burguesa en una etapa de putrefacción y descomposición imperialista.

 

Cien años después de la legislación soviética, en los países imperialistas y en todo el mundo se discute que hay que acabar con los «viejos» derechos laborales, con el argumento de los cambios producidos por la revolución tecnológica-científica y por las innovaciones en las comunicaciones y en los medios de transporte, pero solo se verifica de forma cotidiana el conservadurismo de un sistema de esclavitud salarial, de aumento de la desocupación, de salarios insuficientes para cubrir las necesidades mínimas, de mayor número de las familias sin techo, de aumento de los métodos de opresión y explotación, de exacerbación de las reacciones racistas y xenófobas, de pérdida de derechos laborales, de consolidación de trabajos de tiempo parcial, aumento de la desafiliación sindical, del trabajo informal y de la miseria de las familias trabajadoras. El «progreso social» no se verifica con el aumento de la igualdad de oportunidades, sino en el logro de la libertad de morirse de hambre de la inmensa mayoría de la población.

Los fenómenos nuevos que se expresan en la degradación constante de las condiciones laborales y sociales son expresión de un proceso de barbarie en curso, aunque el fascismo, el nazismo y el estalinismo sean movimientos del pasado.

 

El socialismo se logrará como resultado de la lucha de clases y de sus organizaciones. La ventaja de la clase obrera en esta pelea reside en el hecho que representa el progreso histórico, porque constituye la única clase defensora del desarrollo productivo, científico y económico de los países. La burguesía (comercial, industrial, financiera, especuladora, rentista o prestamista) encarna la declinación, la reacción y la descomposición. Juega un papel cada día más parasitario, un carácter que penetra en el tejido de todos los sectores sociales y de las instituciones del Estado.

El retraso del triunfo de la revolución mundial y de la instauración del socialismo como sistema global para regir la economía y la sociedad acelera la descomposición social, amenaza el medio ambiente de forma creciente y acelera las tendencias a las guerras y conflictos armados; en una palabra, acelera el avance de la barbarie.

La pérdida de la URSS, del Estado Obrero nacido de una revolución, influyó de forma contundente en el retroceso de las luchas, en la conciencia y en la organización independiente de la clase obrera a nivel mundial.

El eclecticismo metodológico, que se expresa en la actualidad en la mayoría de la izquierda que se reivindica marxista -y de manera particular la de raíz trotskista-, se sintetiza en el abandono de todo análisis y método marxistas. El papel desempeñado en estas décadas por ese revisionismo ha agudizado la confusión ideológica y política de la vanguardia obrera y consolidó una izquierda aferrada a las bases totalmente podridas de la sociedad capitalista.

 Como planteó Trotsky[3], no se puede ignorar que «Únicamente mediante el uso del método de Marx es posible determinar correctamente tanto el concepto de lo que es un Estado Obrero como el momento de su caída».

La derrota sufrida por el proletariado mundial y provocada por la «caída del Estado Obrero» no eliminó las tareas que tenemos planteada los marxistas revolucionarios, de llevar al triunfo a la revolución socialista mundial y la instauración de la dictadura revolucionaria del proletariado en cada país: bases de un sistema socialista con democracia obrera.

 

Florencia Sánchez

Agosto de 2020

 



[1] Recién en 1988, bajo Gorbachov y después de 50 años, el Tribunal Supremo de la URSS rehabilitó a un grupo de líderes políticos acusados calumniosamente de espionaje y terrorismo contra el poder soviético y el socialismo en la era Stalin. Nikolai Bujarin y Alexei Rikov miembros del Politburó de los años 20 y muy cercanos a Lenin fueron fusilados en 1938.

[2] Era socialista entendido como una transición al comunismo: «De cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades».

[3] Leer la obra de Trotsky cambia radicalmente la manera de observar el mundo que nos rodea. Se dice mucho sobre él y sus escritos, pero lo fundamental está en el método científico defendido y expresado en todo trabajo, La revolución permanente, La revolución traicionada, En defensa del marxismo, La Historia de la revolución Rusa, constituyen los hitos más importantes de una obra indispensable para los jóvenes de hoy.

28/8/20

Colombia: Magisterio oficial se solidariza con familias de sus estudiantes


Al chat del Fondo de Solidaridad llegan mensajes casi todos los días. Los envían docentes de un colegio público de Bogotá (Colombia), proponiendo se apoye a familias de sus estudiantes golpeadas por situaciones particularmente críticas. Veamos algunos ejemplos de esos mensajes:

Propongo a la familia del estudiante -----ya que a ambos padres les suspendieron el contrato de trabajo.

Si es posible volverle a dar un bono a esta familia ya que la madre cabeza de familia sigue sin trabajo.

Quisiera postular a una familia, que está pasando por una situación difícil puesto que la mamita está contagiada y no hay ingresos para la casa. Es una familia de tres estudiantes de nuestro colegio.

Quiero postular a la familia de -----Es venezolano y la mamá se quedó sin trabajo, no han podido pagar el arriendo.

Qué posibilidad hay de ayudar a la familia que postulé con dos auxilios. Son tres estudiantes y la señora está sin el oxígeno ni los inhaladores que requierey la Entidad Prestadora de Salud nada que actúa.

Postulo a la familia de -----los papás tuvieron COVID y por el aislamiento y la falta de un examen que confirme que ya son negativos, no pueden volver al trabajo, tuvieron que cambiar de vivienda y están en una situación económica bastante compleja.

Propongo al señor -----es el papá de -----que acabaron de perder a su mamá y a su abuelita materna.

Quiero proponer -----La mamá se encuentra enferma y no ha podido trabajar, por otro lado en donde trabajaba le recortaron los días laboralesafectándola bastante en la parte económica y emocional.

En la casa del estudiante se encuentran contagiados de COVID-19 cuatro miembros de la familia, (la mamá, sus abuelos y una tía que vive con ellos). La mamá se encuentra sin empleo desde más de un mes

La combinación de la pandemia con la crisis económica, se constituye en una devastadora doble calamidad; que en el fondo está originada por la dinámica destructiva del capitalismo imperialista. Este desastre se ha ensañado de manera brutal contra las familias de los barrios obreros y populares de Bogotá. Justo en uno de esos barrios, uno de los más poblados, en Bosa, se encuentra ubicado el colegio en donde las y los maestros crearon este Fondo de Solidaridad, que se nutre con el aporte económico que voluntariamente hacen los y las profesoras con base en el salario mensual.

Millones de padres y madres de familia de los estudiantes de los colegios públicos de Colombia se debaten ante un duro dilema: salir al rebusque de ingresos para alimentar la familia, o quedarse en casa para cuidar la salud de sí mismos y de sus hijos. Si optan por lo primero, se arriesgan al inminente contagio y potencial muerte; si optan por lo segundo, condenan la familia a morir de hambre.

Esta doble calamidad impacta a escala mundial. Pero tal vez en Colombia debamos hablar de ¡triplecalamidad! Esto porque el gobierno uribista de Duque representa en sí mismo una verdadera catástrofe para los derechos de los trabajadores y los pobres. Aprovechándose de la situación de indefensión de los de abajo, Duque ha arremetido con una andanada de medidas económicas y laborales que no han hecho más que beneficiar a los de arriba, golpeando a los de abajo. Y en materia de sanidad, el manejo que ha hecho de la pandemia ha privilegiado la “economía”, es decir, los intereses de los monopolios y los grandes empresarios, al costo de atropellar el derecho de los trabajadores a cuidar la salud de sus familias. No es casual que, de lejos, sean las familias pobres las que aportan la inmensa mayoría de los más de medio millón de contagiados y de los más de 17 mil fallecidos.

En este contexto los profesores han estrechado la comunicación con las familias de sus estudiantes, toda vez que la educación realizada a distancia utilizando medios virtuales, ha implicado estar coordinando la actividad con los padres y las madres de niños, niñas y adolescentes. Es así como los docentes han podido constatar, en vivo y en directo, el drama que viven la gran mayoría de las familias ante la intensificación sin igual de la crisis social.

Por ello entre los docentes se ha despertado un muy progresivo sentimiento de solidaridad que, en muchas escuelas y colegios públicos, ha llevado a que se concreten acciones de apoyo hacia las familias de los estudiantes, y de las cuales una muestra es la del Fondo de Solidaridad creado en el caso a que nos venimos refiriendo en esta nota. Y no era para menos: esas mismas familias han sabido apoyar a los profesores cuándo estos, en el pasado, han realizado paros contra los gobiernos en defensa de la educación pública y de sus condiciones de trabajo. Es por ello que junto con el apoyo económico, las familias a que el Fondo logra ayudar reciben un mensaje en el que los profes les saludan y les explican el sentido de esta solidaridad:

Reciban un fraternal saludo de las y los docentes que conformamos este Fondo de Solidaridad, y de quien lo coordina, el Comité de Solidaridad.

En estos duros momentos de pandemia y crisis social, resulta para nosotros(as) satisfactorio hacerles llegar nuestra pequeña muestra de solidaridad. Claro que no logra compensar los insuficientes o nulos recursos que debería garantizar el Gobierno a los sectores populares, pero va con todo nuestro sentimiento de afecto.

El nuestro es un apoyo solidario de trabajador(a) a trabajador(a), y en agradecimiento a la comprensión y apoyo que ustedes nos dieron durante nuestros paros del 2015 y 2017. Nos une y nos unirá la causa común de la defensa de la educación pública… 

Como evidencia de que este no es un caso aislado de acción solidaria de docentes hacia las familias de los estudiantes, veamos la reseña de la experiencia en otro colegio público:

Bajo la convicción de que la solidaridad no es un acto de caridad, sino una ayuda mutua entre fuerzas que luchan por el mismo objetivo, hacia finales de abril a comienzos de la pandemia, se conformó el Comité de solidaridad, liderado por docentes, directivos docentes y padres de familia del Colegio. Uno de los llamados “megacolegios” de la ciudad de Bogotá, que atiende a más de 6.000 estudiantes, ubicado en Bosa, uno de los sectores más pobres al sur de la ciudad. Con los aportes que de su salario hacen los maestros, ayudas de fundaciones, cooperativas y particulares, hemos recogido una buena suma de dinero, que se han distribuido mercados para casi 600 familias en condición de pobreza extrema. Con ello, nos hemos acercado a los padres y madres de familia no sólo para aliviar en una mínima parte su situación calamitosa, sino también y fundamentalmente para organizarnos como comunidad en la resistencia a esta doble calamidad que significa para los pobres la pandemia y la crisis económica. Como dijo un padre de familia en las reuniones que hicimos la semana pasada: “debemos organizarnos para exigirle al gobierno un salario mínimo para que nos podamos quedar en casas y cuidar de los nuestros”, y “si necesitan de nuestro apoyo, no es sino que nos digan que hay que hacer”. Estas palabras demuestran la angustia de las familias que ven que cada día su situación se hace más crítica y sin solución inmediata, pero también expresa por otro lado un objetivo por el cual organizarse y luchar.

Como estas habría un sinfín de experiencias, unas más y otras menos desarrolladas, que han surgido entre maestros y maestras de muchas escuelas y colegios públicos de toda Colombia. Constituyen una muy positiva acción de organización y solidaridad, por abajo, entre trabajadores que asumen la tarea de unirse para resistir a la doble… mejor dicho, a la triple calamidad que enfrentan las masas obreras y populares en Colombia: pandemia, crisis económica y gobierno uribista de Duque.

4/6/20

Estados Unidos: la república democrática donde estalló la rebelión social contra la degradación y la pérdida de derechos civiles




En la república democrática, la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero de un modo tanto más seguro, y lo ejerce, en primer lugar, mediante la corrupción directa de los funcionarios (Norteamérica) y, en segundo lugar, mediante la alianza entre el gobierno y la Bolsa…

F. Engels, 1891

En 2003, Estados Unidos impulsó y dirigió la invasión militar a Irak bajo el lema de su lucha por los valores democráticos, con el pretexto de imponer un régimen democrático en lugar de la dictadura autocrática de Saddam Hussein, quien fue acusado de poseer armas de destrucción masiva. Cuando se demostró el engaño de esta información de inteligencia con respecto a las armas, el país ya había sido destruido por la guerra. En medio de una economía absolutamente ineficiente y paupérrima, en Irak la democracia todavía es una deuda. Como lo es también en muchos países aliados a los Estados Unidos, entre ellos Arabia Saudí, aunque estén llenos de petrodólares.
Estados Unidos, «el país de la libertad, la seguridad y los derechos civiles», avanzó con métodos de guerra por todo el mundo, e impuso su propia degradación de la democracia fuera de sus propias fronteras (Irak, Yugoslavia, Afganistán)… y también dentro de ellas.
Estados Unidos, el país de la Coca-Cola, los McDonald’s y Disneylandia, es el país donde dominan las grandes corporaciones, los gigantes financieros de Wall Street, los nuevos «millonarios emprendedores de las empresas tecnológicas y de los fondos de inversión», la banca y los trusts, con un despliegue y un presupuesto militar extraordinarios al servicio de su política colonial.
Un Estado que define quiénes son sus enemigos en el mundo de acuerdo a los intereses de sus megaempresas transnacionales y de su capital financiero. El aparato estatal en los Estados Unidos está al servicio de ese propósito, para imponer sus intereses al del resto del planeta, para dominar, para expoliar las riquezas de los países atrasados y para explotar a millones de trabajadores y oprimir países y minorías.


Bajo la tutela de Trump, Estados Unidos encaró la pandemia del Covid-19 con miles de víctimas por la criminal política oficial de no resguardar la salud pública ni ofrecer asistencia gratuita durante una de las crisis sanitarias más importantes sufridas por la humanidad.
En ese marco, la policía norteamericana mató a George Floyd, a plena luz del día. Mientras lo filmaban los transeúntes le suplicaban que lo dejara mientras el policía presionaba con su rodilla la cabeza de la víctima hasta provocarle la muerte por asfixia. George Floyd no se resistió, y sin embargo toda la fuerza bruta y el sadismo policial fueron desplegados contra él. Horas más tarde se filmaba otro ataque despiadado contra dos jóvenes negros mientras eran sacados a empujones y golpes de un auto en un control policial durante las movilizaciones de repudio por el asesinato de Floyd. La brutal conducta asumida por las omnipresentes fuerzas de seguridad, desde las policías estatal hasta la Guardia Nacional, quedó a la vista de todo el mundo, registrada en centenares de videos difundidos por la televisión y viralizados en las redes sociales.
Bajo el mando del magnate y bravucón Trump, un modelo de ricachón de los años 50, con sus dorados brillantes como emblema, el Estado norteamericano no asume la responsabilidad por las miles de muertes por el Covid-19, en su mayoría negros y latinos, y menos todavía por la brutalidad policial que asesinó Floyd. Y además ordenó el despliegue de la fuerza militar para acallar las voces de millones de ciudadanos que defienden en la calle los derechos civiles y una república democrática que parece inexistente para los negros, los latinos y los trabajadores.


La represión policial, judicial y política ejercida desde un Estado dominado por los blancos y ricos es una de las razones por la que mueren o están presos muchos negros en los Estados Unidos. La otra razón del número de muertes es la pobreza y las enfermedades nacidas de la pobreza y de décadas de injusticias.
El sistema de salud del país de la libertad, se construyó con la libertad que poseen los grandes capitales para crear clínicas, hospitales, centros de asistencia, tratamientos, medicamentos, y hasta el desarrollo de investigaciones científicas al servicio de las ganancias de esos capitales. Pero solo el norteamericano medio puede acceder a él, si puede pagar miles de dólares, y es casi inaccesible para la mayoría de la población más pobre.
Sabrina Strings, una negra que es profesora asociada de Sociología de la Universidad de California en Irvine, en su libro Fearing the Black Body: The Racial Origins of Fat Phobia (El temor al cuerpo negro: los orígenes raciales de la fobia a la gordura), lo dice de forma muy simple

… la época de la esclavitud fue cuando los estadounidenses blancos determinaron que los estadounidenses negros solo necesitaban lo mínimo, lo cual no era suficiente para que se mantuvieran en condiciones óptimas de salud y seguridad. Esto hizo que la gente de color tuviera menos acceso a alimentos sanos, condiciones de trabajo seguras, tratamientos médicos y otras desigualdades sociales más que tienen un impacto negativo en la salud.

Incluso antes de la COVID-19, los estadounidenses negros tenían tasas más altas de enfermedades crónicas múltiples y una menor esperanza de vida que los estadounidenses blancos, independientemente de su peso. Este es un indicador de que nuestras estructuras sociales nos están fallando. Estos fallos —y la consecuente aceptación de la creencia de que el cuerpo negro es particularmente defectuoso— están enraizados en una era vergonzosa de la historia estadounidense que sucedió cientos de años antes de esta pandemia.

A las enfermedades y a la pobreza se suma el abuso policial y estatal contra los negros. La república democrática sirve de escudo para defender de forma más segura las ganancias capitalistas, y por lo tanto reprime a la pobreza y sostiene el odio racial.
Ya en el siglo diecinueve, en el contexto del surgimiento de una fuerza política como fue la socialdemocracia alemana, Engels afirmó que el sufragio universal es el «índice de madurez de la clase obrera», pero agregó que nuestra clase «no puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual». Engels estaba diciendo que los trabajadores podemos construir partidos obreros sin patrones, como fue en sus orígenes el PT de Lula, e incluso ganar elecciones, pero no podemos avanzar ni un paso más si el Estado sigue bajo la dominación de la clase burguesa, de la clase propietaria de los medios de producción, de las empresas.
Hace unos días, en el acto de homenaje a Floyd, su hermano denunció la acción criminal de los policías y llamó a continuar con la protesta y la movilización, pero en paz y pensando en votar con inteligencia en las próximas elecciones a presidente, que se realizarán en noviembre. Este mensaje, de ejercer el derecho a votar como única arma para luchar contra la injusticia, es lo opuesto a lo que decía Engels, porque presupone que si Trump es derrotado en la urnas puede haber un cambio de fondo.
Desde la Guerra de Secesión (1865) hasta nuestros días, los negros estadounidenses han logrado, muchas veces pagando un alto precio de sangre, torturas y prisión, fundamentales conquistas democráticas: desde la abolición de la esclavitud hasta leyes que establecieron la plena igualdad política y jurídica con el resto de los ciudadanos de Estados Unidos. Pueden votar, pero ese derecho sobrevive en una democracia donde los derechos civiles son pisoteados de forma cotidiana para la inmensa mayoría de norteamericanos. La historia y la realidad de hoy han demostrado que Engels tenía razón: «La clase obrera, no puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual».
Engels llamó a cambiar de raíz el sistema capitalista, con una democracia que solo da libertad a la clase dominante y a sus fuerzas militares para defender sus intereses. Si el mundo debe cambiar, debe hacerlo de la mano de las mayorías trabajadoras, que necesitan un nuevo Estado, dominado por las mayorías explotadas con democracia obrera y al servicio de la humanidad.


Las máscaras del capitalismo

Desde Marx a la actualidad, la infinidad de máscaras que tratan de esconder las verdaderas lacras del sistema de explotación que rige la economía mundial han crecido en cantidad y métodos sofisticados, todos al servicio de ocultar la verdad.
Pero en las últimas décadas estas máscaras se han multiplicado de forma exponencial. Para ocultar la fealdad de la pobreza, toda su secuela de males y la crueldad manifiesta de la injusticia, para controlar y hacer invisibles las luchas desatadas en todos los países contra la brutalidad patronal y la dictadura del régimen de explotación vigente en todo el planeta.
Tanto las desdichas de las masas populares y la clase obrera como las glorias de sus luchas y valientes rebeliones son ocultadas bajo infinitas capas de máscaras, por direcciones sindicales que negocian lo innegociable, por intelectuales que miran hacia otro lado, por denuncias que quedan en eso, por políticos preocupados por la carrera parlamentaria, por agentes sociales, políticos, sindicales, culturales, religiosos sólo preocupados por que el Estado de los capitalistas defienda sus intereses particulares, que consideran mucho más importantes que las convicciones morales que dicen tener.
La pandemia del COVID-19 expuso la verdadera cara del sistema capitalista-imperialista, y las lacras comenzaron a emerger… No es casual que el asesinato de un negro en la ciudad de Minneapolis haya detonado con tanta fuerza la indignación en el mundo.