8/2/20

Hasta dónde se defienden los derechos soberanos


Los derechos de soberanía violados no cuentan para la burguesía, porque el mundo semicolonial constituye el terreno que provee de recursos a las potencias imperialistas. Las crisis económicas pusieron al descubierto el progresivo empobrecimiento de la población mundial bajo el sistema capitalista-imperialista, y en particular de los países dependientes o semicoloniales.  También ha quedado manifestado que creció el volumen de trabajadores que no tiene otra cosa que vender que su fuerza de trabajo, junto al grave deterioro de sus condiciones de vida. Es en este marco, del sistema imperialista mundial, donde en  forma continua se agreden los derechos nacionales conquistados durante los procesos de independencia, los últimos de estos se ganaron después de la Segunda Guerra Mundial, el período que liquidó el dominio colonial en el planeta.
 Los noventa marcaron un giro de 180 grados en la situación mundial y bajo nuevas condiciones en la relación de fuerzas de las clases, predominaron con creciente influencia las técnicas de manipulación de comunicación como instrumentos de campaña ideológica y política al servicio de los planes de las potencias imperialistas contra la clase obrera y sus procesos de independencia política y  organización sindical, que se perfeccionaron a medida que se aceleraron los planes de guerra e intervención militar, ocupación territorial, bloqueos económicos, endeudamiento financiero de las economías dependientes y de los países imperialistas más débiles, agudizado con el robo permanente de los recursos en las ex colonias o países semicoloniales, además del avance descomunal de la injerencia política y judicial en las decisiones soberanas de los pueblos.
Esta ofensiva imperialista, fue secundada por todo tipo de campañas donde la innovación tecnológica se convirtió en el instrumento privilegiado para la formación de una idea dominante: el triunfo de los derechos democráticos globales y de libertades económicas plenas, solo factibles en el marco de un único sistema económico para el planeta: el capitalismo-imperialista.
Cuando, en realidad, los capitalistas, o sea la oligarquía financiera y los grandes grupos económicos del mundo festejaban el aumento exponencial de sus ganancias —a costa de un proceso de concentración y monopolización sin precedentes en la historia—,  y de una mayor explotación y sobreexplotación de mano de obra logradas fundamentalmente por la restauración del capitalismo en la tercera parte de la humanidad. Para consagrar ese objetivo se usurparon las legítimas banderas de las masas y de la clase obrera: en sus luchas contra el colonialismo en África y el Oriente Medio primero, y en los procesos de revolución política contra la casta burocrática del Kremlin y de los aparatos burocráticos de Europa del Este y en la China popular.
 El ejemplo más impactante de manipulación informativa y de comunicación pública se produjo inmediatamente después de lograr la reunificación alemana. La presentación de un informe occidental falso sobre Serbia preparó las guerras de Bosnia (1992-1995) y Kosovo (1999), y muy pocos intelectuales, se podían contar con los dedos de una mano, como también de corrientes políticas de la izquierda revolucionaria y de ex líderes de partidos autoproclamados marxistas o de la izquierda parlamentaria, denunciaron la intervención directa de la OTAN en la guerra exterminadora de Yugoslavia. Después de esa guerra en el centro del continente europeo, donde Alemania intervenía militarmente por primera vez desde la derrota de Hitler, fuera de sus fronteras, se sucederían intervenciones militares en Oriente Medio, África y en las repúblicas de la ex Urss, en una combinación altamente contradictoria del proceso contrarrevolucionario y de guerra geoestratégica por los recursos. Mientras, se preparaba la otra campaña de tergiversaciones y mentiras con respecto a Irak que dio fundamento a la invasión militar imperialista en su territorio en 2003.

Una excepción a la regla

Con motivo del reciente galardón, el Nobel de literatura 2019, otorgado al escritor austríaco Peter Handke, se abrieron las viejas heridas. Porque Handke en su momento, fue uno de los pocos críticos de la agresión de la OTAN contra Yugoslavia, básicamente violatoria del derecho internacional. Defendida en su momento, como «necesaria y humanitaria» por el portavoz de la organización, Jamie Shea durante el mandato del secretario general Javier Solana quien además argumentaba que esa misión humanitaria estaba destinada a prevenir el «genocidio». El bombardeo contra Serbia, produjo más de 2.500 muertos y duró 11 semanas. Todo ocurrió en el continente europeo cuna de la civilización occidental, de los estados de bienestar mejor logrados bajo el capitalismo, y donde se suponía se inauguraba un período de paz y unidad europea, hoy en bancarrota.
En enero de 1999, el texto de Handke, «Justicia para Serbia» (Gerechtigkeit für Serbien) constituyó el escándalo literario del año en el ámbito germanoparlante. En Alemania fue llamado apologista de la guerra, en el marco de una campaña de desprestigio que encabezó Jü-rgen Habermas, que de forma habitual se lo define como el principal filósofo alemán vivo, seguido por Peter Schneider y otros que se sumaron a la lista de defensores de la OTAN:
«Salto en el camino del derecho internacional clásico de los estados hacia el derecho cosmopolita de una sociedad civil mundial», argumentaba Habermas y agregaba que ante la falta de una autoridad global, la OTAN debía actuar como «instrumento de un derecho superior».
 Algo similar también sucedió en Francia con «Carta de un viajero al presidente de la República», de Régis Debray, quien se atrevió a denunciar la agresión imperialista a Serbia.
El texto de Peter Handke se basaba en su viaje en 1995 por distintas regiones de Serbia. Su propósito fue contar la verdad sobre el país y el conflicto:
 «Cuando los criminales de la OTAN bombardean el país, mi lugar está en Serbia», dijo en un contexto dominado por las acusaciones en su contra. Handke volvió a Yugoslavia en 1999, cuando caían las bombas de la llamada guerra de Kosovo, y publicó «Preguntando entre lágrimas» (Unter Tränen fragend). Católico practicante, anunció que dejaba la “Iglesia” en protesta porque en su mensaje de Pascua, el papa no había condenado «el arrollador asalto de la OTAN contra un país pequeño». Mas tarde visitó a Slobodan Milošević en La Haya y escribió sobre él nuevos textos que se sumaron a sus incorrectos.
A Habermas en 2001 le dieron el premio de la paz de los libreros alemanes. A Handke se le nominó en 2006 para el premio Heinrich Heine pero el consejo municipal de Düsseldorf protestó por la «actitud proserbia del autor».
Este tipo de acusaciones resurgieron con motivo del Nobel de literatura, y se juntaron más de 12 mil firmas para pedir que se le retire el premio por ser admirador de Milosevic.
Mientras, se publicaron una seguidilla de opiniones lapidarias contra el escritor,
  «Nadie ha convertido en tanta pequeñez las masacres, la guerra y el sufrimiento en los Balcanes – tan expresivamente como Peter Handke–, para las víctimas, la decisión de Estocolmo tiene un mensaje demoledor», señalaba hace unos días el Frankfurter Allgemeine Zeitung.
  «Alemania estaba en guerra con Milosevic por muy buenas razones humanitarias, ¿no honramos ahora a los apologistas del dictador?», se pregunta en el Tagespiegel el embajador y lobbysta del complejo militar-industrial alemán Wolfgang Ischinger.
Este es el marco que da crédito a una nueva campaña imperialista, dirigida contra la soberanía de Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia, Ecuador, cubierta de maniobras y manipulación en la información, llena de tergiversaciones y acusaciones falsas. En el camino emprendido por la movilización de masas en la región se dejaron en evidencia las mentiras sobre los «ejemplos de desarrollo sustentable», que no existen bajo el capitalismo, como lo demostró el pueblo en su determinación de luchar por sus derechos y que se enfrentó en las calles contra el poder político-policial lacayo y al servicio del imperialismo, y contra el poder económico que lo secunda y respalda porque defiende su fuente de ganancias.
Las recientes movilizaciones de Chile, Ecuador, Colombia y Bolivia desafiaron las campañas imperialistas, y de un día para otro quedó en evidencia las lacras del capitalismo, la que deja sin futuro a los jóvenes, avanza con el trabajo esclavo, y abandona a los ancianos, buscando liquidar los sistemas de pensiones. 

El ataque que mató al militar iraní




En los primeros días de enero de 2020 un nuevo ataque de drones terminó con la vida de los principales jefes militares de Irán, en el aeropuerto de Irak, en Bagdad. En un inicio, la prensa imperialista se preocupó por las repercusiones en Oriente Medio, en un clima existente de caos social y militar. También por las consecuencias de los precios del petróleo en la economía mundial. Pero pocos denunciaron los «derechos internacionales violados», el ataque certero dirigido por vía satelital saltando fronteras y espacios aéreos soberanos, pareciera que no cuenta a la hora del análisis sobre las consecuencias del ataque. Pocas excepciones a la regla de la no denuncia a esta invasión a la soberanía y acto de guerra: la primera fue la del gobierno del Líbano, que consideró la operación estadounidense como «una violación de la soberanía de Irak y una escalada peligrosa contra Irán que podría aumentar la tensión en la región», además condenó el asesinato del general Q. Soleimani así como el de Abu Mahdi al Muhandis número dos de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) iraquíes en el ataque, país donde se perpetró el asesinato.

Tanto en Oriente Medio como en nuestra región, la mano asesina del imperialismo estadounidense respaldado por el resto de las potencias y los gobiernos burgueses de los países semicoloniales se extiende para socavar la construcción soberana de los pueblos y en particular del pueblo palestino.

Algunos datos sobre la importancia de este episodio


El asesinato de Soleimani, parece contar con importantes antecedentes y protagonistas según la prensa crítica de los Estados Unidos. El magnate Sheldon Adelson, una de las principales fortunas de los Estados Unidos, dueño de una cadena de casinos y hoteles en Las Vegas y uno de los principales contribuyentes en las campañas electorales del partido Republicano, es además lobbysta pro Israel. Ha donado importantes sumas destinadas a preservar el control de los republicanos en el Senado y para Trump en su carrera a la presidencia. Según la información, fue quien más presionó a Trump para designar a John Bolton al frente del Consejo de Seguridad Nacional, en la línea de empujar a los Estados Unidos a la guerra contra Irán. Aunque estas políticas de Estado no tienen solo una línea de decisiones, existe un entramado de intereses y lobbies, que en cada administración buscan la forma de fortalecer su poder e influencia.

Según la definición de Juan Cole, investigador e historiador estadounidense, especialista en Oriente Medio (de Informed Comment), John Bolton es un «criminal demente» empeñado en liquidar todos los acuerdos nucleares: desde el firmado en 1972 por Nixon y Breznev, siguió con el firmado por Clinton y los norcorenos, y terminó cuando EE. UU se retiró del acuerdo firmado por Obama con Irán en 2015. También dejó sin validez el acuerdo firmado sobre fuerzas nucleares intermedias (tácticas) INF firmado por Reagan y Gorbachov, y apunta a liquidar el firmado con Rusia (START) un acuerdo sobre armas nucleares estratégicas que debería renovarse en 2021.

Además considera que una guerra contra Irán, «serviría para cubrir el flanco oriental de la expansión israelí», que implica la anexión de Cisjordania, en la lenta pero segura limpieza étnica de los territorios palestinos ocupados. En línea con ese plan, en mayo de 2019 Trump reconoció a los Altos del Golán como territorio israelí contra todo derecho internacional. La web israelí Maariv Online anunció entonces el asalto táctico contra Irán.
Otro antecedente sobre este episodio criminal que en estos días inaugura el año 2020, lo constituyó la carta dirigida a Trump y firmada por 76 generales y embajadores retirados en la que se dijo que «la guerra con Irán ya sea consciente o por error de cálculo, tendrá repercusiones dramáticas en un Oriente Medio ya desestabilizado y arrastrará a Estados Unidos a otro conflicto armado con un inmenso coste financiero, humano y geopolítico».

Sea como sea, la voluntad de los halcones de la Casa Blanca por cambiar el régimen en Irán, no es una línea del gusto de muchos jefes militares de Estados Unidos, que, como los generales y embajadores retirados, auguran más caos como resultado. Su argumento es que los verdaderos adversarios no son países como Irán, cuya capacidad militar es escasa, sino Rusia y China, países que aprovecharon el caos de estos 18 años para modernizar sus fuerzas, con miras a «erosionar de forma significativa la ventaja americana en tecnología moderna», en palabras del entonces Secretario de Defensa, Jim Mattis, partidario de reorientar el esfuerzo hacia la competición entre grandes potencias en lugar de concentrarse en el llamado «terrorismo».



Según el analista Michael T. Klare, actualmente hay en Estados Unidos dos proyectos de guerra, el de Bolton y el de la Marina y los 750.000 millones de dólares del presupuesto previsto para el año que viene están comprometidos con el segundo proyecto. El Pentágono se inclina más hacia la doctrina enunciada en marzo por el actual secretario de defensa interino Patrick Shanahan. «Disuadir o derrotar la agresión de una gran potencia es un desafío fundamentalmente diferente que los conflictos regionales implicando a estados gamberros y organizaciones extremistas violentas que hemos afrontado en los últimos 25 años», dice Shanahan. De todo esto, Klare, deduce que habrá fuertes reticencias del Pentágono a la «guerra de Bolton», por considerar que distrae el esfuerzo del principal escenario: un pulso en el Mar de China Meridional, donde las tensiones ya revisten carácter semanal, el proyecto de la Marina.



El objetivo militar chino es convencer a los militares americanos que en un conflicto regional y limitado allá, las fuerzas aeronavales de Estados Unidos saldrían perdiendo y que por tanto es preferible no intentarlo. El de los americanos es destruir la capacidad china en los sistemas de armas conocidos como A2 / AD (Anti Access/Area Denial), la versión moderna de una muralla china de misiles y recursos electrónicos y espaciales para cegar al adversario, hundir sus barcos, derribar sus aviones e impedir su agresión.

El ataque que provocó la muerte del general iraní Qassem Soleimani, segundo en importancia en la jerarquía del poder de Irán, ya constituye un hecho de importancia trascendental para el futuro de la región y de la situación mundial. Además no debería constituir un hecho ajeno al interés de la clase obrera y de su vanguardia que lucha a diario por sus derechos, aunque estemos del otro lado del planeta.


Cumbre contra el Terrorismo en Bogotá

Como corolario de este episodio y de sus antecedentes, en los últimos días de enero se desarrolló la cumbre contra el llamado «terrorismo» designado así por los funcionarios del gobierno de los Estados Unidos.  Una cumbre que contó con la presencia de ministros y funcionarios de Relaciones exteriores delegados de veinte países de nuestra región, y como observadores a representantes de España, Israel y Venezuela. Fue invitado  Guaidó  que no representa ni a su familia pero que mantiene el título de «presidente encargado de Venezuela». Esta cumbre fue la tercera sobre el tema del «terrorismo», la primera se llevó a cabo en Washington en 2018, y en esta última, los delegados de los gobiernos americanos avalaron con su presencia la política asesina del amo del Norte que dentro de la lógica imperialista el ataque que mató a Soleimani estaría justificado en su lucha contra el terrorismo, también avalaron al payaso de Guaidó que dice ser jefe de la Asamblea Nacional venezolana, y fundamentalmente al «criminal demente» Mike Pompeo quien vinculó —en su empeño de avanzar contra el régimen chavista—, a la organización de Hezbollah con el gobierno de Maduro:

El régimen de Irán, con su brazo armado Hezbollah, está en Venezuela y eso no es aceptable.

Para agregar que también la lucha contra Venezuela, es una lucha por la «democracia»,

el mundo debe seguir apoyado los esfuerzos del pueblo venezolano de volver a la democracia y de acabar con la tiranía de Maduro,

Desde el otro lado del Atlántico, Benjamin Netanyahu, en el Foro Mundial del Holocausto, reforzó la campaña de guerra e invasión estadounidense,

Hoy Irán es el régimen más antisemita del mundo.

Entre los eventos de la cumbre realizada en Bogotá, hubo reuniones de expertos en el tema para discutir estrategias de prevención y obligaciones de los Estados. Duque el presidente anfitrión destacó la coordinación entre países para enfrentar «este flagelo global». El gobierno de Trump selló de esta forma el apoyo de los gobiernos de los países del continente a su cruzada asesina que terminó con la vida de Soleimani, en una escalada guerrerista contra Venezuela e Irán.

Deberíamos debatir la posibilidad de impulsar una campaña antimperialista en todo el continente, para rechazar la ofensiva yanqui:

No más golpes militares financiados por los Estados Unidos en nuestro continente,
como el que se perpetró en Bolivia contra el gobierno de Evo Morales

Solidaridad con el pueblo palestino víctima del Estado genocida de Israel

Defensa de la soberanía de Venezuela, Nicaragua y Cuba, rechacemos el bloqueo económico y la injerencia política, judicial y amenaza militar dirigida contra esos países
Apoyo a la campaña de Lula libre en Brasil, para que en el futuro otra maniobra judicial no lo vuelva a encarcelar.

Rechazo a la acusación de los Estados Unidos y de Israel contra la organización Hezbollah por los atentados terroristas en Argentina. La responsabilidad del ataque de 1994 a la AMIA se le adjudicó a Irán, con pruebas dudosas, basadas en informes de los servicios de inteligencia y testimonios de opositores políticos a Teherán. Los los ataques terroristas contra la embajada de Israel en 1992 y contra la sede de la AMIA en 1994 en la Argentina, todavía no encontró responsables, la justicia argentina terminó en un pantano legal y político que le quitó las chances de esclarecimiento después de más de veinte años de los trágicos sucesos.

Rechazo a la violación de la soberanía del territorio irakí, por parte de Estados Unidos, para perpetrar la acción criminal que terminó con la vida del general iraní y otros funcionarios de los gobiernos de Irán e Irak.

Viva la lucha de los pueblos chileno, ecuatoriano y colombiano movilizados contra los gobiernos de Piñera, Lenin Moreno y Duque, lacayos del imperialismo norteamericano, responsables de la represión policial  indiscriminada contra las manifestaciones, de los asesinatos de líderes sociales y de la implementación de planes económicos que solo empobrecen a la mayoría de la población y aumentan el régimen de explotación de los trabajadores.
 

22/11/19

El 21N: gran paro nacional en Colombia


La marcha inunda la carrera décima, una de las arterías del centro por la que habitualmente transita el transporte urbano que lleva a las masas trabajadoras al sur de la ciudad, una familia esta apostada en la acera del costado oriental, es una pareja joven que está junto a sus dos hijos, el menor de unos 5 años sostiene un cartel que dice: «Yo marchó porque la educación pública sea un derecho, viva la Universidad Pública»; su hermana de unos ocho año sostiene otro cartel que dice: «Yo marcho para que no se masacre a niños indefensos». La imagen describe los hechos y el sentir de esa marea humana que se hizo presente en el gran Paro Nacional del 21N.

En un país sin tradición de paros nacionales, en un país marcado por la violencia sistemática contra las expresiones democráticas y las organizaciones de la clase trabajadora y de los sectores del pueblo pobre, el Paro Nacional del 21N logró romper el esquema, superar cualquier expectativa. En la calle se expresó el hastío de una sociedad contra la imposibilidad de una vida democrática real, desde los niños salieron a reclamar que no se asesine más a los líderes sociales, que no se masacre a otros niños en los campos del país. En la calle se reclamó que los colombianos tenemos derecho a una vida digna, que los jóvenes tienen derecho a una universidad pública y gratuita, que los trabajadores tienen derecho a un salario digno, que nuestros viejos tienen derecho a una pensión por sus años de trabajo, que los grandes burgueses del país y las transnacionales imperialistas no tienen porque seguir recibiendo exenciones tributarias mientras al pueblo pobre se le incrementan los impuestos.

El 21N fue una gran fiesta democrática. Para el pueblo trabajador un momento para expresar su ira contenida, para bailar y cantar gritando el país que ya no quieren tener: contra el paquetazo de Duque, contra el gobierno uribista y su régimen del terror. Para el gobierno nacional fue una pesadilla y para la burguesía motivo de preocupación.  

En todo el país las movilizaciones fueron gigantescas, cientos de miles de colombianos estuvieron en las calles. Un cártel decía: «Ahora sí Chile es un ejemplo», Chile y Ecuador aparecían en las consignas como referentes de lucha: «¡Viva la lucha del pueblo chileno! ¡Viva la lucha del pueblo ecuatoriano!», el antiimperialismo emerge de manera mas sutil, pero vuelve aparecer «!Abajo el golpe en Bolivia¡». 

Al final del día hay enfrentamientos entre la policía y sectores de los manifestantes, arden contenedores de basura en algunas vías céntricas en Bogotá, se decretó el toque de queda en Cali, las imágenes a nivel nacional son de grandes movilizaciones y una tensa calma. En Suba, un sector con un importante componente de clase trabajadora al norte de Bogotá, el portal de transmilenio -el nefasto servicio público de los bogotanos- arde. En la mañana el ESMAD -el grupo de choque de la policía, odiado por miles-, reprimió violentamente a quienes madrugaban a manifestarse; espontáneos les cantaron el himno nacional en su cara y luego lo rompieron todo, dejando salir ese odio contenido contra una sociedad que excluye y explota. 

Luego de las movilizaciones Bogotá estaba semiparalizada, sin transporte público, con las vías vacías y con miles de personas caminando a casa. Los que no marcharon en el día sacaron sus cacerolas en la noche, gritaron desde sus ventanas, se animaron a desafiar el frío y se movilizaron en sus barrios; desde Rosales, un barrio de la burguesía en el norte, hasta en Bosa, el dormitorio obrero en el sur. Un grupo de manifestantes fue hasta la zona residencial en la que vive el presidente para decirle, que es ciego, sordo y mudo; que no ve, no oye y no entiende el sentir popular, que él y la burguesía a la que representa va tener que empezar a escuchar. La intervención de Duque al finalizar la noche no sirvió de nada, demostró una vez más su incapacidad. Duque, el títere uribista, no puede percibir el sentir del pueblo trabajador, es incapaz de dialogar con él, al igual que el uribismo representa un país que empieza a quedarse atrás.

Un gobierno que llegaba debilitado a enfrentar el paro y que demostró el terror que este le producía con una campaña mediática gigantesca para intentar contenerlo, salió aún más golpeado después de él. El uribismo en el poder se ve aislado y dividido, ha recibido una andanada de golpes que lo deja sin respuesta, sus advertencias de que va a restablecer el orden y la seguridad no parecen poder contener la rabia que se empezó a expresar. El gobierno que fue apoyado ampliamente por la oligarquía no se muestra garante de la estabilidad social, Duque está en la encrucijada: o se la juega a reprimir violentamente o empieza a negociar y ceder alguna concesiones, a hacer algunos gestos. El problema es que el uribismo es poco dado a conceder ante la movilización social.

Un manifestante con un cartel de la comunidad LGBTI dice: «Más marica el que no se moviliza», fuimos muchos, estuvimos casi todos, fue una fiesta con familias que se movilizan, con indígenas que se movilizan, con comunidades negras que se movilizan, con sindicatos y trabajadores que se movilizan, con estudiantes que se movilizan, con campesinos que se movilizan. Fuimos miles. 

El Comité Nacional de Paro solicitó de forma inmediata una reunión con el gobierno nacional para debatir las motivaciones del paro y se declaró en estado de alerta y dispuesto a convocar nuevas acciones en la calle si el gobierno desatiende los reclamos y mantienen su idea de presentar o sacar adelante las reformas pensional, laboral y tributaria. Hace poco días un dirigente sindical planteó que el paro era una acción para «descomprimir», para «sacarle presión a la olla». Sus palabras parece que tampoco se corresponden con lo acontecido, pero aún está por verse como continuará el despertar del pueblo colombiano.

Los chilenos nos invitaron a despertar y Colombia aceptó la invitación: ¡Colombia despertó!.

11/11/19

América Latina: rebelión de los de abajo y contragolpe oligárquico-imperialista



Despertó Ecuador, despertó Chile. ¡Y de qué manera! Millares de indígenas, jóvenes, mujeres, trabajadores estremecieron a Ecuador durante doce días; con sus movilizaciones y barricadas enfrentaron al gobierno de Lenín Moreno, al FMI y a la violenta represión. Después varios días de estallido sostenido, un millón doscientos mil chilenos se movilizaron en Santiago, además de los millares que lo hicieron en el resto del país, e hicieron añicos la propaganda que con tanto ahínco han pregonado los escribas de la banca, los monopolios imperialistas y los oligarcas locales sobre el “modelo chileno” como un ejemplo a seguir en toda Latinoamérica.

Tan fuerte fue el despertar que el continente entero vibró: por millones, “los de abajo”, a lo largo y ancho del continente, se reconocieron interpretados y reflejados en los pueblos que en las últimas semanas han sido vanguardia y ejemplo de lucha: los hermanos ecuatorianos y chilenos.

Simultáneamente los trabajadores y el pueblo argentino hicieron su parte, no mediante un levantamiento insurreccional sino con una paliza electoral que acabó con el proyecto de Macri de lograr un nuevo mandato presidencial, otro golpe a las políticas impuestas por el FMI y aplicadas con prisa y sumisión por los gobiernos igualmente lacayos de Lenín Moreno y Piñera. Ambos quedaron debilitados y fueron obligados a hacer concesiones para tratar de frenar a las masas, pero no cayeron… al menos, no todavía.

Rápidamente la reacción oligárquico-imperialista contragolpeó en Bolivia, donde un golpe cívico-militar alentado por los yanquis, su “Ministerio de Colonias”, la Organización de Estados Americanos (OEA), y llevado adelante por comandos fascistas con la complicidad de la policía y las Fuerzas Armadas, derrocó a Evo Morales.


De “conspiración de Maduro” a “invasión alienígena”

Entrando en pánico ante la colosal demostración de unidad y fuerza popular, el puñado de privilegiados y beneficiarios del estado de cosas buscan cómo desvirtuar y deslegitimar tan gran estallido popular.

Trump salió a decir que enemigos externos atacaban a las democracias latinoamericanas. Lenín Moreno proclamó con toda solemnidad: “El sátrapa de Maduro ha activado junto con Correa su plan de desestabilización… ellos son quienes están detrás de este intento de golpe de Estado…”. Piñera declaró: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso”. Después tuvo que disculparse, quizás inspirado por su esposa, que coincidió con su marido al afirmar que para ella la gente que se movilizaba no eran seres humanos sino una “invasión alienígena”, pero asumió que había que tratar de conformarlos tirándoles algunas migajas de los “privilegios” de la decena de familias propietarias de la parte del león de las riquezas de su país.

Ambos gobiernos respondieron con la más violenta represión. Más de 10 muertos en Ecuador, más de 23 en Chile. Las masas populares antes que retroceder, se envalentonaron.


Ofensiva de los pueblos ecuatoriano y chileno, y paliza a Macri

Las verdaderas razones del estallido las dejaron claras los luchadores. Las expresó una indígena ecuatoriana que agitaba en medio de una barricada en las calles de Quito: “Que se vayan todos esos millonarios… que nos dejen en paz… ya nos conquistaron una vez y no volveremos a ser conquistados… nos ultrajaron a nuestras mujeres, hicieron esclavos a nuestros hombres… ¡ahora ya no!… ¡ahora basta de esta tiranía!”

Una joven estudiante chilena, en el marco del Festival Iberoamericano de Teatro en Cádiz, España, denunció: “El pueblo salió a las calles a luchar por la desigualdad económica, por la pobreza, por los sistemas de salud precarios, por una educación de mierda donde sólo los que tiene plata llegan arriba, donde todos los pobres se quedan abajo…”

Los indígenas y el pueblo ecuatoriano lograron echar abajo el decreto 883, frenando así el nuevo ataque ordenado por el FMI, y Lenín Moreno tuvo que renunciar, entre otras medidas antipopulares, a la pretensión de aumentar un 123% el precio del diesel. Hasta el día de hoy no ha logrado imponer un nuevo decreto en la misma dirección. Los jóvenes y trabajadores chilenos lograron que Piñera derogara el aumento de las tarifas del metro y sacara los militares de las calles, pero hasta ahora no ha logrado desmovilizar a la población.

La paliza a Macri la sintió directo el FMI, que había apostado por él a tal punto que el 47% de sus préstamos en el mundo se destinaron a Argentina. Evidentemente la apuesta le salió mal: ahora el FMI tiene un gran deudor con una economía quebrada, y un Macri derrotado gracias al contundente golpe que le propinó el pueblo argentino en las urnas.


La contraofensiva imperialista

Para los Estados Unidos resulta de interés estratégico reconquistar su control sobre los países del continente que no acataban servilmente sus órdenes, y para lograrlo necesita que estén en el poder las oligarquías de cada uno de ellos.

Es así que el imperialismo, ni bien pudo, empezó la contraofensiva: mediante “golpes parlamentarios” o “golpes blandos”, en 2009 acabó con el gobierno de Zelaya en Honduras; en 2012, con el de Lugo en Paraguay, y en 2016, con el de Dilma Rousseff en Brasil. En 2015 logró derrotar electoralmente al kirchnerismo y colocar a Mauricio Macri. En 2017 Lenín Moreno llega a la presidencia en Ecuador con los votos del correísmo, y rápidamente gira para colocarse al servicio del imperialismo. A Correa le abren proceso penal, y en 2018 condenan a Lula a la cárcel y logran que sea elegido Jair Bolsonaro. Y el 10 de noviembre de este año la crápula oligárquico-imperialista dejó bien claro en Bolivia que cuando los “golpes blandos” no son suficientemente eficaces, va a volver a recurrir a golpes de estado en toda la regla, a los que aparentemente habían renunciado después de sucesivos fracasos en Venezuela.

Parte de esta contraofensiva son los intentos de hacer caer a Daniel Ortega y los nuevos ataques y sanciones contra Cuba por parte del gobierno de Trump. Pero los yanquis tienen puesto el foco en acabar con la soberanía de Venezuela, tarea para la cual ha contado con la servil colaboración del llamado Grupo de Lima, y en especial con el gobierno de Colombia que, para empezar, lo ayuda con las bases yanquis en territorio colombiano. El golpe contra Evo Morales es el último episodio de esta contraofensiva.


Los estallidos patearon el tablero

Los levantamientos insurreccionales en Ecuador contra Lenín Moreno y el FMI, y en Chile contra Sebastián Piñera y su “oasis neoliberal”; así como la paliza electoral contra Macri y el FMI en Argentina, pegaron duro en la mesa y sacudieron todas las fichas en el tablero. Ya lo habían empezado a hacer las combativas luchas que desde hace semanas libra el pueblo haitiano, y también el puertorriqueño, que con sus masivas protestas logró en julio la caída del gobernador.

Un tablero en el cual ya los yanquis venían sufriendo reveses, siendo el más importante el haber fracasado en su intento de tumbar a Maduro, cuando se lo propuso como objetivo a lograr en el corto plazo al nombrar a su títere Juan Guaidó como flamante “presidente encargado de Venezuela reconocido por 54 países”. Tampoco logró derrocar a Ortega en Nicaragua. Ya habían recibido un golpe en México con la contundente derrota del PRI y la llegada al gobierno en 2018 de Manuel López Obrador, que inició, ente otras cosas, el debilitamiento del Grupo de Lima; grupo hoy bastante maltrecho dada la crisis en que se encuentran los gobiernos de Lenín Moreno y de Piñera, la derrota de Macri y el prematuro desgaste de Duque en Colombia y, hasta cierto punto, de Bolsonaro en Brasil.

Las masas insurrectas colocaron sobre la mesa el problema del poder, de quién tenía el poder de decisión sobre qué hacer. En ambos casos el derribamiento de gobiernos electos bajo las reglas de la podrida democracia burguesa semicolonial estuvo colocado como posibilidad concreta por la fuerza de la calle; una tarea que aún sigue pendiente. Por ello la aguda crisis política instalada en Chile y Ecuador trasciende a la esfera de los gobiernos y afecta la estabilidad de sus regímenes políticos. En Chile saltó a primer plano la pendiente tarea histórica democrática de destruir todo vestigio del régimen del dictador Pinochet. En Ecuador, que hace pocos años había expulsado la base yanqui de Manta y que hoy de la mano de Lenín Moreno ve regresar la presencia militar imperialista en las Islas Galápagos, el cuestionamiento al nuevo régimen servil a los yanquis y al FMI quedó en la agenda de la lucha popular.

Los pueblos de Ecuador, Chile y Argentina inauguraron un nuevo momento en la situación política continental. Asistimos a la primera gran crisis de la contraofensiva yanqui por la retoma del control de su patio trasero.


El golpe de estado en Bolivia

Si algo quedó claro en Bolivia es que el enemigo oligárquico-imperialista tuvo la capacidad de contragolpear con toda ferocidad con el objetivo de revertir a su favor la relación de fuerzas que se le estaba volviendo en contra por sus fracasos en Venezuela y Nicaragua, por las rebeliones masivas en Ecuador y Chile y por la derrota electoral de Macri en Argentina.

Estamos cerrando esta edición de Perspectiva Marxista Internacional al día siguiente del golpe que derrocó a Evo Morales, cuando todavía no se sabe cómo evolucionará la situación. ¿Podrá el pueblo boliviano responder duramente en las calles, como lo hicieron los destacamentos que bajaron hacia La Paz desde el tradicional bastión rebelde de El Alto, atacaron las residencias de políticos y periodistas golpistas, entre ellas la del rector de la Universidad de San Andrés, a quien le incendiaron la casa? ¿Logrará el golpismo “pacificar” la situación y establecer un nuevo régimen con fachada “democrática” o Bolivia se encamina hacia una guerra civil? ¿Se verán obligadas las Fuerzas Armadas a salir de su madriguera y aparecer como lo que en realidad son, el único poder real que hoy existe en el país? A pesar de estas incógnitas, hay algunas cosas que podemos afirmar.

El golpe se venía preparando desde hacía mucho tiempo; así lo demuestra la sincronización en todo el país de las movilizaciones en las calles, el accionar de los comandos fascistas, el motín de la policía que se negó a reprimirlos y la “neutralidad” de los altos mandos de las Fuerzas Armadas, que se sacaron la careta cuando le “sugirieron” a Evo que renunciara.

Los medios y la casta política buscan disimular lo que verdaderamente ocurrió con una discusión leguleya sobre si “institucionalmente” fue un golpe, como afirma correctamente el Grupo de Puebla, o no fue un golpe, como sostienen los gorilas de todo pelaje. Pero lo verdaderamente importante es que el golpe tiene objetivos geopolíticos, políticos y económicos, compartidos por el imperialismo y la oligarquía local.

En lo geopolítico, acabar con un gobierno independiente del imperialismo yanqui e imponer otro que sea cómplice del amo del norte, especialmente en la cuestión Venezuela.

En lo político, cambiar a un gobierno que se apoyaba en los trabajadores, el pueblo pobre y los indígenas por otro que represente directamente a los oligarcas, y también acabar con el régimen que impuso Evo, que redefinió al país como un “Estado plurinacional” que garantizaba los derechos de las comunidades indígenas hasta ese entonces objeto de discriminación, explotación y opresión por parte de la burguesía blanca.

Y en lo económico, dar marcha atrás con las medidas nacionalistas que tomó Evo, como la nacionalización de los hidrocarburos para destinar esos recursos a mejorar sustancialmente el nivel de vida, de educación y de salud del pueblo pobre, afectando, por ejemplo, los intereses de Luis Fernando Camacho, el fascista evangélico que apareció como líder del ala civil del golpe, que se había quedado sin el manejo del negocio del gas en Santa Cruz.

En síntesis, el golpe expresa las profundas e irreconciliables contradicciones entre las clases explotadoras y las clases explotadas, entre los intereses nacionales de los países atrasados y el imperialismo opresor y explotador. Por eso queremos reafirmar lo que siempre sostuvo el marxismo revolucionario:

• Jamás confiar en las Fuerzas Armadas y policiales de la burguesía, por más “democráticas” que se declaren.
• Jamás confiar en los regímenes “democráticos” capitalistas como solución a la cuestión del poder.
• Al fascismo no se lo discute ni se acaba con él en las elecciones; hay que aplastarlo en las calles armas en mano.


Perspectiva

El imperialismo y sus socios oligárquicos intentarán derrotar a las masas. A su favor tienen a los gobiernos de Bolsonaro y Duque, que aunque en medio de dificultades y resistencia popular, avanzan en golpearlas y en pretender imponer regímenes con elementos fascistas, de aplicación de métodos de guerra civil para derrotar la resistencia de los de abajo.

En su contra el imperialismo yanqui tiene la agudización de la crisis interburguesa interna, que ya llevó a la aprobación del proceso de destitución de Trump en la Cámara de Representantes. Además, en medio de la huelga de 40 días de los obreros de la General Motors y las de los gremios docentes en varios estados. También lo afecta la situación económica del capitalismo en el mundo y en Latinoamérica, donde se estima un crecimiento regional del PIB de tan sólo 0,2% para este año, y en donde, según cifras oficiales, en 2014 estaban en situación de “pobreza absoluta” 46 millones de personas, cifra que subió a 63 millones en 2018. Y además, la situación de la lucha de clases en el mundo lo obliga a responder en varios frentes de tormenta. Este año ha sido testigo de la incansable pelea de los chalecos amarillos en Francia, de las masivas marchas por la autodeterminación y contra el poder monárquico en Cataluña y del resurgir de las movilizaciones en el Magreb con las masas en la calle en Argelia y en El Cairo, la capital de Egipto. Se sumaron los jóvenes kurdos, palestinos, libaneses e iraquíes, en territorios donde la contrarrevolución pareció haberse impuesto o donde la guerra imperialista secundada por Turquía o el Estado de Israel destruye las posibilidades de existencia de poblaciones enteras.

La importancia de las luchas de las masas, por su masividad y organización para dar pelea contra las fuerzas de la represión y por los triunfos parciales que obtienen constituye el principal desafío de las corrientes marxistas hacia el futuro y hacia su fortalecimiento.

En todo caso, y de fondo, lo que todos estos sucesos colocan en evidencia es la decadencia y putrefacción del régimen de dominación y explotación capitalista-imperialista, y la necesidad de destruirlo e instaurar un sistema socialista que reorganice el mundo terminando con la explotación del hombre por el hombre y con la opresión sobre los pueblos, que acabe con la organización de la economía en función de las ganancias para un puñado de monopolios capitalistas y a costa del hambre de miles de millones. Sólo el socialismo, basado en la autoorganización democrática de la clase obrera, de los pobres y de los oprimidos, y liderado por una dirección obrera y revolucionaria, podrá salvar al mundo de la barbarie y a la naturaleza, de su destrucción. Hoy más que nunca cobra valor el llamado de Carlos Marx y Federico Engels: “Proletarios del mundo, uníos”.


Denunciamos el golpe en Bolivia.
Apoyamos incondicionalmente toda acción de resistencia, sea pacífica o violenta.
Y llamamos a la solidaridad internacional con el pueblo boliviano.

26/10/19

La marcha más grande en la historia de Chile



Adiós Sebastián se lee en una pancarta gigantesca en uno de los costados de Plaza Italia; la despedida al millonario hecho presidente está en los carteles y se repite en los cantos de más de un millón de chilenos que han invadido cada espacio posible en la plaza y sus alrededores. Las barras bravas de Colo-Colo, la U de Chile y la U Católica, luego de décadas de enfrentamiento están hombro a hombro con sus bombos entonando al unísono: ¡Van a volver, las balas que disparaste van a volver! ¡La sangre que derramaste la pagarás! ¡Los hombres que asesinaste no morirán!; ¡Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver! ¡Eso no es democracia, es dictadura sin Pinochet!. Las cámaras no logran captar en plenitud la desbordante cantidad de manifestantes; efectivamente presencian la marcha más grande en la historia de Chile. Chile despertó, aparece como consigna en una bandera que va de un lado a otro; el pueblo trabajador está en las calles y la burguesía tiembla de miedo.

«El baile de los que sobran» de la legendaria agrupación Prisioneros retumba en la Alameda, la invasión alienígena de la primera dama Cecilia Morel tiene banda sonora. En un país en que el 1% de la población se queda con el 26% de la riqueza nacional han sido muchos los que sobran. Esos sin nombre llevan ya una semana en las calles, 19 muertos, 600 heridos y 6000 detenidos, cientos de mujeres abusadas por los pacos y los milicos, pero siguen ahí y cada vez son más, cada vez con una consciencia más clara de que no quieren dar marcha atrás.

¡Los milicos a los cuarteles y que se les juzgue por sus crímenes! ¡Piñera y su sequito de fachos pinochetistas fuera! Las migajas que han decidido «compartir con los demás» ya no son suficiente, ya no basta con pedir perdón. Los jóvenes, los jubilados, los trabajadores precarizados y flexibilizados, las mujeres, la comunidad LGBT, los niños, los adultos mayores, los mapuches, los artistas, todos se han hartado de un sistema social de opresión y explotación, todos reclaman un nuevo orden social. El 1% ha tenido que escuchar, pero ya es demasiado tarde y ofrecen muy poco.

Los partidos políticos a izquierda y derecha no tienen idea de hacia dónde marcha este proceso de lucha y movilización, pero ya deben reconocer que nada puede volver a ser cómo antes. Ahora lo que les preocupa es que todo puede volar por los aires, por eso se apresuran a hacer llamados para «mantener la institucionalidad», por eso le ofrecen salidas «en democracia» al que sacó a los militares a las calles, al que le declaró la guerra a los manifestantes. Ahora aceptan la necesidad de una nueva constitución y de cambio en todos los poderes. Los que aseguraron que la dictadura tuviera una transición pacífica hoy quieren repetir la historia; está por verse si esos millones de chilenos que con su justa rabia inundan las calles permitirán la farsa. 

25/10/19

¡El triunfo de la insurrecion indigena contra el paquetazo de Moreno y el FMI!


Fueron 11 días en que los aguerridos indígenas junto con las masas pobres de la ciudad y del campo se adueñaron de las calles, montes, valles a lo largo y ancho de Ecuador. Al grito de ¡Fuera Moreno! ¡No al paquetazo del FMI!, enfrentaron la brutal represión desatada por los esbirros del régimen en cabeza del proimperialista gobierno de Lenin Moreno. 

A pesar del engaño con que el gobierno y la burguesía intentaron deslegitimar el movimiento a través de la pérfida campaña de la “conspiración” orquestada por Correa y financiada por Venezuela para desestabilizar el gobierno, no logran quebrar la disposición de lucha de los miles de indígenas que contaron con el apoyo decidido de miles de jóvenes, mujeres y trabajadores, que ven en la medida un ataque feroz a sus condiciones de vida.

Es esta disposición a la lucha, la que obliga al gobierno a derogar el decreto 883 a través de una negociación pública inédita en la historia de el país, exigida por los dirigentes y las bases de la CONAIE, lo que constituye sin lugar a duda, un triunfo para luchadores ecuatorianos. 

El gobierno profundamente debilitado, odiado por las masas de indígenas, campesinos y trabajadores, odiado por la dirigencia y cientos de activistas del movimiento Revolución Ciudadana (correísmo), despreciado por la clase media y la oligarquía ecuatoriana, unidos durante la crisis, no por el amor sino por el espanto que les produjo la insurrección de masas, quedó debilitado y con dificultades para continuar aplicando las medidas exigidas por el FMI. 

El triunfo de la insurrección indígena, campesina y popular en Ecuador es un golpe contra la ofensiva recolonizadora del imperialismo sobre América Latina. Es también un ejemplo de lucha, de heroísmo para los trabajadores y pobres de la ciudad y del campo, para los jóvenes, para las mujeres que en América Latina resisten la despiadada voracidad de un sistema capitalista caduco e infame. Para los jóvenes y trabajadores chilenos que se levantan contra el capitalismo depredador. Es un ejemplo para los trabajadores argentinos que dieron su primer paso castigando al proimperialista Macri en las pasadas elecciones en Argentina y para los millones de mujeres que se movilizan contra la sociedad machista y patriarcal. Es un ejemplo para la juventud y los trabajadores colombianos que luchan por el derecho a la vida y contra los asesinatos del fascista gobierno uribista de Duque. Es un ejemplo para los millones de jóvenes, mujeres y trabajadores brasileños que se movilizan contra régimen fascista del Bolsonaro. Este proceso es objetivamente antimperialista por tratarse de una lucha contra el paquetazo impuesto por el fondo monetario internacional con el propósito de avanzar en el ataque contra la independencia política lograda bajo el gobierno de Correa, hoy profundamente golpeada por el giro a la derecha de Lenin Moreno.

Ecuador de país independiente a semicolonia bajo el tutelaje del FMI

Ecuador junto con Argentina, Brasil, Bolivia, Nicaragua y Venezuela por una combinación de factores, en la década pasada se negaron a cumplir a pie juntillas las imposiciones del imperialismo norteamericano. En el 2005 derrotaron en la IV cumbre de las Américas el ALCA un acuerdo colonizante de libre comercio similar al NAFTA. Ecuador bajo el gobierno de Correa en el 2008 expulsa al ejército norteamericano de la base de Manta en un acto de soberanía nacional apoyado por el pueblo ecuatoriano.

Estas afrentas eran imperdonables para el amo de norte, no podía permitirse gobiernos independientes en su “patio trasero” y lanza su ofensiva recolonizadora. En 2009 fue derrocado por un golpe de estado el presidente hondureño Manuel Zelaya; en el 2012 un “golpe institucional” derrocó al paraguayo, Fernando Lugo; en 2015 Mauricio Macri le ganó las elecciones a Cristina Kirchner en Argentina; en el 2016 otro “golpe blando” derribó a Dilma Rousseff en Brasil. En todos estos países se impusieron gobiernos abiertamente proimperialistas.

Ecuador no es la excepción. Aunque Lenin Moreno llegó al gobierno con el programa y los votos del correísmo, en un impresionante giro a la derecha, se plega mandatos del imperialismo y de la banca internacional. 

Desde la entrega al imperialismo británico de perseguido político Julián Assange fundador de WikiLeaks, pasando por la presencia permanente de militares norteamericanos en la isla Galápagos y en Manta, su participación en el grupo de Lima contra el gobierno venezolano, hasta el reciente paquetazo por órdenes de FMI, son todas estas medidas las que corroboran la entrega de la soberanía del pueblo ecuatoriano por parte del lacayo Lenin Moreno. 

Una insurrección que removió los cimientos estado ecuatoriano 

Fueron 11 días en que los indígenas, los campesinos, los jóvenes, en fin, los pobres de la ciudad y del campo, desplegaron toda su energía revolucionaria. Los bloqueos a lo largo y ancho del país, las tomas de las gobernaciones de las principales provincias de la sierra, la retención de destacamentos del ejército y de la policía por parte de los manifestantes. 

El tapabocas con el bicarbonato de sodio para protegerse de los gases se convirtió en la prenda más usadas durante esos días. Se volvió común el desfile diario, masivo y permanente de grupos de familias, amigos, jóvenes apertrechados para el combate. Desde los neumáticos y palos para las barricadas, hasta el eucalipto para repeler el gas. Las bolsas de agua y alimento para los que permanecían día y noche en el ágora de la casa de la cultura donde se encontraban los indígenas, convertida en el comando central de la insurrección.

Mientras tanto, la oligarquía y el gobierno aterrorizados por lo radical del movimiento, al tiempo que desataban una feroz represión, ocultada por los medios de comunicación, lanzaban alaridos contra la conspiración Maduro-Correa, llegando en su delirio a ordenar la detención de 17 venezolanos acusados de terrorismo, cuando eran realmente trabajadores de Uber, por lo que les tocó liberarlos inmediatamente.

A la altura de escribir estás líneas aún no han acordado un nuevo decreto y el gobierno se alista a presentar sendas reformas, por lo que es necesario mantener la organización para evitar cualquier ofensiva.


23/10/19

Movilizaciones multitudinarias en el primer día de huelga general en Chile



Más de 200.000 personas se movilizaron hoy en el primer día de huelga general en Santiago de Chile, cerca de 80.000 en Concepción y de 60.000 en Villa del Mar; en cada uno de los rincones del país se vivió un panorama similar. Docentes, trabajadores de la salud, portuarios y el gremio de camioneros –históricamente cercano a los militares- encabezaron las marchas. Buena parte de los comercios estuvieron cerrados; en general hubo escasa actividad económica.

Corre la sexta jornada de lucha del pueblo trabajador en Chile, el detonante fue la subida al boleto del Metro, pero, como se afirma en las calles, esa medida es solo la punta del iceberg; lo que esos cientos de miles reclaman, con el apoyo de la mayor parte de la población, es mucho más. En las movilizaciones las consignas centrales son ¡Fuera Piñera! y ¡Asamblea constituyente! El chileno del común se cansó de un modelo económico que privatizó la educación, la salud y hasta el agua, que precarizó el trabajo, que paga salarios de hambre y conduce a la miseria a los pensionados. El magnate Piñera es la expresión material de una las sociedades más desiguales del mundo, un ejemplo del capitalismo voraz, y exponente de una burguesía mezquina, que prefiere taparse con cera sus oídos, para no escuchar los reclamos que hoy realizan los patipelados, bien sea en la Avenida la Alameda o en la Plaza Italia de Santiago o en las calles de la norteña Antofagasta. 

Otro de los exponente de esa infame burguesía, Andrónico Lukšić, uno de los hombres más ricos de Chile, ha dicho en un audio que circula en redes sociales: «aquí la vaina es muy simple… que importa que se llame democracia, república, o lo que sea, simplemente hay que reprimir». Su socio, Sebastián Piñera, respondió a estos llamados sacando a los militares a las calles, los milicos desataron una represión no vista desde la dictadura pinochetista, hasta el momento se reportan 18 muertos y cientos de heridos, la mayoría jóvenes. Pero la represión no ha logrado detener la ira contenida por décadas, al contrario ha provocado reacciones de respaldo y unidad con los manifestantes, incluso en sectores burgueses de la capital como Las Condes. 

Piñera cambió su táctica y pasó a  combinar la zanahoria y el garrote: pidió perdón al pueblo chileno y planteó un conjunto de medidas intentando desmovilizar, tampoco ese camino le funcionó. Las medidas no son más que un par de migajas que deja caer de su mesa, la clase trabajadora y el pueblo pobre en Chile hoy quiere mucho más. 

Los partidos políticos de la burguesía no saben como responder, la izquierda parlamentarista y sus organizaciones están borradas; es la gente, el chileno de a pie, particularmente los jóvenes, los que se han puesto sobre sus hombros la lucha contra el gobierno de los oligarcas que tanto han alabado los imperialistas y los gobiernos de derecha de la región. Son los colectivos de mujeres, los colectivos de lucha contra las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones), el Colegio de profesores y la CUT quienes convocaron la huelga general de dos días, pero existe un proceso de movilización y lucha que los supera ampliamente; una bronca colectiva que está más allá de cualquier bandera.

Es esa bronca colectiva la que ha empezado a hacer tambalear no solo a Piñera en Chile, también a Moreno en Ecuador o a Moïse en Haití, todos ellos lacayos de la ofensiva imperialista en la región. Los chilenos gritan en sus calles: ¡Los milicos a los cuarteles! ¡Fuera Piñera! ¡Asamblea constituyente! y desde todos los rincones de Latinoamérica les decimos: ¡Chi, chi, chi, le, le, le… gloria al pueblo de Chile! Todo el apoyo y solidaridad con los hermanos chilenos, hagamos mítines, movilizaciones, asambleas, todas las acciones posibles para expresar nuestro respaldo a su justa lucha. 

28/8/19

Acuerdo Unión Europea-Mercosur: Un tratado para colonizar nuestros países


Quienes en la Argentina se oponen al tratado firmado con la Unión Europea por Bolsonaro (el jefe del Mercosur) y Macri (el subjefe), argumentan que es similar al pacto Roca-Runciman, firmado en 1933 por el vicepresidente de la Argentina, Julio Argentino Roca (hijo) y el encargado de negocios británico Walter Runciman. Décadas antes, Lenin había definido al país como una “colonia financiera” del imperialismo británico, y para la fecha de la firma del pacto, los ingleses dominaban casi toda la red ferroviaria, que llegó a tener unos 50.000 kilómetros de extensión, y parte fundamental de la industria frigorífica; de esa manera, en alianza con el sector de la oligarquía propietaria de las tierras cercanas al puerto, el Imperio fijaba a su conveniencia los precios de la carne que el país le vendía.

El pacto se concretó con una Gran Bretaña debilitada por la Primera Guerra Mundial, y más deteriorada aún por el impacto de la crisis mundial de los años 30, en pleno desarrollo. La Argentina logró el mismo trato que tenían los abastecedores de carne del Commonwealth (Australia, Nueva Zelanda y Canadá), a cambio de lo cual aceptó, entre otras concesiones al Imperio, cederle los transportes de la ciudad de Buenos Aires y, lo más importante, la fundación del Banco Central como única entidad habilitada a emitir papel moneda, en cuyo directorio dominaban los representantes de los intereses ingleses. Sin la menor vergüenza, Roca definió correctamente qué pensaba de nuestro país: “Argentina es la joya más preciada de la Corona Británica”.

El tratado de libre comercio Unión Europea-Mercosur hasta ahora sólo consiste en una carta de intención que abre dos años de negociaciones, aunque deja abierta la puerta a una aplicación parcial. Si finalmente se concreta, la situación del país (al igual que la de Brasil, Uruguay y Paraguay) será similar a la de aquellas épocas: un salto hacia una brutal semicolonización. Todo lo opuesto al rechazo al plan yanqui del Área de Libre Comercio Americana, que fracasó estrepitosamente en la IV Cumbre de las Américas (2005), bajo el liderazgo político de Hugo Chávez y Néstor Kirchner, lo que hubiera sido imposible sin el acuerdo de Brasil.

En el zoológico de las naciones imperialistas no son todas iguales. Estados Unidos es un león –en decadencia pero todavía muy poderoso– y Japón, un tigre bastante desdentado. La Unión Europea, aunque cada vez más amenazada por la disgregación, es una jauría de hienas, algunas más fuertes y otras más débiles pero no menos salvajes y predadoras, lideradas por el “macho alfa”, Alemania. Se pelean entre ellas, con las más poderosas aplastando a las más débiles, como ocurrió con Grecia, pero de conjunto la UE se comporta como corresponde a su carácter imperialista.

Como cualquier imperialismo, la UE tiene interés en la “primarización”, es decir, en el saqueo de los recursos naturales, las materias primas de los países atrasados: petróleo y gas, minerales, pesca, madera, producción agropecuaria, etcétera. Pero además, busca dominar los mercados internos, el sistema financiero y los servicios de los países atrasados, y también algo fundamental, los recursos humanos, es decir, el “mercado laboral”, que somos los trabajadores. En síntesis, cualquier cosa que les sea útil a sus monopolios transnacionales para obtener ganacias extraordinarias.
Invierten en software en Uruguay y Argentina porque esos países tienen un nivel cultural relativamente alto que suministra mano de obra calificada y barata; en el comercio (cadenas transnacionales de supermercados), y en la industria (terminales automotrices yanquis, europeas o japonesas en Brasil y Argentina).

En cuanto a los mercados internos de nuestros países, también quieren dominarlos cuando son apetecibles, es decir, cuando existen importantes burguesías y clases medias con buen poder adquisitivo, como las que hay en Brasil, en menor grado en Argentina o las que se están desarrollando aceleradamente en China.

Cuando las transnacionales invierten en China o en las maquilas mexicanas para explotar mano de obra barata no “primarizan” sus economías; al contrario, las “industrializan”. Cuando Menem privatizó el monopolio estatal de la telefonía (ENTel), se lo regaló a Telefónica de España y a Telecom (en ese entonces italiana), que hicieron grandes inversiones porque era una rama rentable. Y bajo su gobierno no se destruyó la poderosa industria de la alimentación o de la cerveza de la burguesía argentina, simplemente se “extranjerizó”: fue comprada por transnacionales de otros países.
Hoy, los imperialistas no quieren destruir Odebrecht (construcción), Embraer (aviones) o Petrobras (petróleo) en Brasil, ni las poderosas transnacionales Techint (caños sin costura para la industria patrolera) o Arcor (alimentación) en Argentina. No quieren que sus equipamientos se conviertan en chatarra ni que se pierda el know how de sus profesionales y obreros calificados. Quieren quedarse con ellas a bajo precio, totalmente o como socios de los Estados o las burguesías locales.

Finalmente, una prioridad del imperialismo es dominar el sistema financiero de los países atrasados. No le basta con sus instituciones internacionales, como el FMI y el Banco Mundial. Tampoco le alcanza con las filiales de sus grandes bancos, como el JP Morgan, el HSBC o el Deutsche Bank, ni con imponer en los países atrasados la liberalización total del flujo de capitales para que sus fondos de inversión puramente especulativos, como Black Rock, hagan fortunas entrando y saliendo a gusto y placer, y generando así una monumental fuga de capitales, o sea, de la riqueza producida en nuestros países. Quieren también quedarse con la banca estatal que, al estar bajo el control de los gobiernos nacionales, toma decisiones políticas (créditos, renegociación de deudas) en favor de las grandes burguesías de nuestros países. En Argentina es histórica la ofensiva del FMI para privatizar el Banco Nación y el Banco de la Provincia de Buenos Aires que, entre otras cosas, son los grandes acreedores de la poderosa y pujante burguesía agropecuaria.

En Brasil está, por ejemplo, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), que cometió el pecado de financiar a Odebrecht para que se convirtiera en una transnacional capaz de competir con las constructoras yanquis dentro mismo de Estados Unidos. Para corregir semejante “nacionalismo”, Bolsonaro acaba de echar de la presidencia del BNDES a Joaquim Levy, porque no buscó inversiones en el exterior y no abrió la “caja negra” de los préstamos que el banco realizó a Cuba y Venezuela durante los años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT). Y nombró en su reemplazo a Gustavo Moreira Montezano, que hasta ahora era secretario de Desestatización (¡!) y Desinversiones (¡!) del Ministerio de Economía de brasileño.

Tomada de conjunto, la ofensiva económica imperialista sobre los países atrasados, en este caso de la Unión Europea sobre el Mercosur, es “de amplio espectro” y tiene como objetivo llevar al extremo la colonización económica de nuestros países, para lo cual se apoyan en gobiernos como los de Macri y Bolsonaro.

Es cierto que, al igual que el capitalismo preimperialista, quieren vender sus mercancías en nuestros países compitiendo con la producción local sin trabas económicas (aranceles para las importaciones) ni políticas (leyes proteccionistas), lo cual implica la destrucción de ramas enteras de la industria local, es decir, la “desindustrialización” o “primarización”. Pero lo característico del imperialismo, nacido a fines del siglo XIX y estudiado a fondo por Lenin, ya no es la exportación de mercancías sino la exportación de capitales de todo tipo: industriales, comerciales y financieros.
Con esta herramienta, los imperialistas provocan una deformación total de nuestras economías nacionales. Logran que el país compre lo que a ellos les conviene y produzca sólo lo que a ellos les conviene. El resultado es un empobrecimiento de nuestros países, el hundimiento en la miseria de nuestros trabajadores y jubilados, y el crecimiento acelerado de una masa de desposeídos condenados al trabajo precario o a la desocupación crónica.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que los éxitos que los imperialistas puedan lograr no implican que desaparezcan las contradicciones. Nuestros países, sus burguesías y sus Estados siguen existiendo, y ninguna clase social que se deja arrebatar lo que tiene sin luchar. Por algo están en crisis los gobiernos de Macri y de Bolsonaro aunque nuestras clases trabajadoras hoy están a la defensiva.
Menos aún desaparecerá la contradicción entre explotadores y explotados, entre burgueses y trabajadores. Esta lucha de clases sólo se atenúa cuando existe la posibilidad económica del reformismo, es decir, de que la clase trabajadora y el pueblo pobre arranquen concesiones a los capitalistas. En estos tiempos ocurre todo lo contrario: no hay márgenes económicos para el reformismo, y cuantos más éxitos logran los imperialistas, más aguda se hace esta contradicción. Hasta que se llega al punto en que se combina la desesperación de diversos sectores sociales –obreros, clases medias empobrecidas, marginados e incluso sectores burgueses desplazados– en furiosas rebeliones como las del Magreb y el norte de África (la mal llamada “primavera árabe”) o la de 2001 en Argentina.

Publicado originalmente en: https://esquerdaonline.com.br/2019/08/02/acuerdo-union-europea-mercosur-un-tratado-para-colonizar-nuestros-paises/