5/1/26

Derrotar la agresión imperialista contra los pueblos venezolano y latinoamericano es la tarea central del presente - Declaración política de Perspectiva Marxista Internacional


   En los últimos 25 años Venezuela ha estado sometida a una infame embestida imperialista: sanciones económicas, embargos, robo de fondos públicos depositados en bancos internacionales, bloqueos comerciales, amenazas militares y diferentes intentos fracasados de intervenciones y de operativos de inteligencia con el único objetivo de sacar del poder al chavismo.

   Estados Unidos y sus socios imperialistas justificaron su permanente campaña de hostigamiento contra Venezuela bajo el argumento de que el chavismo había establecido un «régimen dictatorial», y por esa razón, de «defensa de la democracia», se debía lograr la derrota del régimen bolivariano. La coartada cambió en septiembre de 2025, cuando se pasó a acusar al gobierno de Nicolás Maduro de «narcoterrorismo». Desde esa fecha se ha asesinado a cerca de 115 personas en ataques a pequeñas lanchas en el Mar Caribe y el Océano Pacífico; se decretó el bloqueo total contra el transporte de petróleo venezolano, y se «incautaron» –léase robaron– tres buques petroleros cerca de las costas de Venezuela.

   El clímax de esa arremetida ha sido el secuestro del presidente Nicolás Maduro. En las primeras horas de la madrugada del 3 de enero, el gobierno de Donald Trump dio la orden de ejecución de la operación militar «Resolución Absoluta» en territorio venezolano, que permitió la captura de Maduro y de su esposa, previo asesinato de entre 30 y 40 de sus custodios.

   En declaraciones posteriores Trump confirmó lo que hemos denunciado por años: la «defensa de la democracia» y la «lucha contra el narcotráfico» de los yanquis es una farsa: las verdaderas razones de estos años de asedio fueron expuestas explícitamente: «Nos quitaron los derechos sobre el petróleo. Teníamos mucho petróleo allí... expulsaron a nuestras empresas y lo queremos de vuelta» (…) «probablemente venderemos petróleo en cantidades mucho mayores». Sangre por petróleo es la lógica imperialista que se impone nuevamente. El problema no es que haya una supuesta «dictadura» en Venezuela, o un gobierno «narcoterrorista»; esas son herramientas ideológicas que se instalan para ocultar lo que ahora dicen abiertamente: la cuestión es que el chavismo nacionalizó la renta petrolera y estableció una redistribución de ella para dar vivienda, salud y educación al pueblo trabajador en ese país. Eso es lo que el imperialismo y la rancia burguesía venezolana no le perdonan.

   Por eso, la agresión a Venezuela y el secuestro mafioso de Maduro y de su esposa son una derrota para el pueblo venezolano y para el movimiento de masas a nivel regional. Lo que se ataca y se quiere derrotar es un gobierno independiente, que no siguió los dictámenes imperialistas al pie de la letra: por ejemplo, en política internacional el chavismo se ha puesto del lado de Palestina y mantiene vínculos económicos y políticos con Irán, Rusia y China.

   Esta agresión se da en el marco de una ofensiva más amplia contra la región, que ha hecho recordar la llamada «Doctrina Monroe». «América para los americanos» precisaba la política exterior yanqui desde el presidente James Monroe en el siglo XIX, lo que suponía que los países del continente debían estar en su totalidad al servicio de los intereses de los Estados Unidos y que los gringos se asignaban el derecho a intervenir en la vida política y económica de cualquiera de ellos para garantizarlos.

   Trump habla ahora de la «Doctrina Donroe»; reconoce que Estados Unidos ha perdido su hegemonía en la región y declara directamente que pretende reestablecerla –«recuperar su patio trasero»–, contrarrestando los avances de la influencia de China y Rusia. Así se explican sus presiones contra Panamá para que limite la presencia china en el Canal, el intervencionismo en Brasil a favor de los Bolsonaro, en Argentina a favor de Milei, en Ecuador a favor de Noboa y en Bolivia, Chile y Honduras a favor de los candidatos de la ultraderecha. Presionando a su vez a Lula, Sheinbaum o Petro por sus posiciones frente a la política yanqui y advirtiendo su disposición a todo tipo de intervenciones para controlar recursos como el petróleo, el litio, otros minerales o el agua.

   Tras su victoria inicial con la operación «Resolución Absoluta», esta ofensiva tiende a profundizarse. Hasta ahora ha contado con el apoyo de los gobiernos lacayos como los de Milei, Noboa, Peña o Bukele, a los que ahora se pueden sumar los de Kast en Chile o Paz en Bolivia, pero también, ha disfrutado de una enorme pasividad de los gobiernos «progresistas» de Brasil, México o Colombia, que no han pasado de insulsas declaraciones ante la agresión en curso, hicieron oídos sordos a los llamados de apoyo que había hecho Maduro y se negaron a reconocerlo como gobierno legítimo, una ambigüedad que en este caso les puede significar ser los próximos en recibir el zarpazo. A los gobiernos de Lula, Sheinbaum y Petro les corresponde dejar las declaraciones y pasar a la acción en favor de la soberanía de Venezuela, pasando a liderar al movimiento de masas de la región para lograr una movilización contundente que detenga esta ofensiva y logre derrotarla. Liderar consecuentemente esa lucha implica la expulsión de las bases yanquis que están asentadas en países como Colombia. Para que no lleguen a ser los próximos en la lista de presidentes derrocados por los gringos, aunque sea de manera pacífica en elecciones compradas con dólares, en la actual coyuntura estos gobernantes se deberían ubicar en la primera línea de defensa de Venezuela.

   Es una responsabilidad ineludible de los verdaderos demócratas, de las direcciones sindicales, las organizaciones sociales, culturales y políticas exigir que esa movilización se haga efectiva y que podamos articular la máxima unidad de acción para defender la soberanía e independencia de nuestro territorio. Algunos sectores hacen llamados a la «paz» en Venezuela, pero no puede haber paz con las cañoneras y los bombarderos en las costas de la República Bolivariana. No puede haber paz si los yanquis no sacan sus garras de la tierra venezolana. Otros sectores recomiendan recurrir a los organismos supranacionales y de la justicia internacional para discutir en ellos lo ocurrido, pero con Palestina nos ha quedado bastante claro para qué sirven esos escenarios de la «democracia» imperialista: para que quien tenga más armas y más recursos imponga las condiciones, oprima y explote a los más débiles. La careta democrática del imperialismo está hecha pedazos hace mucho tiempo, la clase trabajadora y el movimiento de masas no debe perder tiempo intentando repararla, debe tirarla a la basura. La única manera de detener la ofensiva sobre la región es con la movilización de masas y actuando decididamente en favor de la soberanía de Venezuela.

   La situación en Venezuela no se ha cerrado, la intervención imperialista está en curso y puede ser derrotada, no actuar en ese sentido deja abierto el camino a nuevas agresiones. La política colonial de Trump para América Latina ha quedado clara en sus declaraciones sobre Venezuela: «Gobernaremos el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa» (...) «No vamos a permitir que el país caiga en manos equivocadas». Si se permite que avance esa deriva cualquier país de la región está en riesgo. Trump ya le advirtió a Petro: «Tiene que cuidar su trasero» (…) «Espero que me esté escuchando. Será el siguiente». Marco Rubio hizo lo propio con Cuba: «Si yo viviera en La Habana y estuviera en el Gobierno, estaría preocupado».

   Trump y su secretario de Estado quieren ajustar viejas cuentas, se plantean recuperar bienes expropiados con la revolución cubana y con las nacionalizaciones de Chávez, luego, seguramente, se querrán ocupar de desmantelar las pocas conquistas sociales que nos quedan en cada uno de nuestros países; a Trump, Rubio y sus secuaces no les interesa sólo el petróleo venezolano, sino todo aquello que les pueda producir ganancias, así sea a partir de la miseria de millones. La respuesta de la clase trabajadora y los pueblos pobres latinoamericanos a estas pretensiones debe darse en las calles, es allí donde podemos derrotar la ofensiva imperialista y empezar a construir la segunda independencia de América Latina, la que nos libere de las garras del águila del norte. 

¡Fuera yanquis de Venezuela y América Latina!
¡Libertad para Nicolás Maduro, su captura no es justicia es un crimen!
¡Movilización permanente para derrotar la ofensiva colonial y contrarrevolucionaria del imperialismo yanqui en la región!