5/1/26
18/11/25
Murió Eduardo “Negro” Barragán
El martes 11 de noviembre la familia y los compañeros de militancia despidieron a Eduardo, que murió después de una prolongada enfermedad. Se fue uno de los dirigentes revolucionarios más destacados de la corriente trotskista conducida por Nahuel Moreno.
Eduardo había nacido en Santa Marta, Colombia. Había ingresado a la corriente trotskista internacional morenista en 1976; para ese entonces, formaba parte del Bloque Socialista colombiano y contaba con una trayectoria como dirigente de masas en las luchas universitarias, donde se había formado no solo como activista y organizador, sino también como hábil propagandista. Luego integró las direcciones de los partidos nacionales colombiano y argentino e intervino en la fundación de la LIT-CI (Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional) en 1982.
Al recordar el historial de militancia de Eduardo es fundamental resaltar los períodos en los que acompañó a Nahuel Moreno, asumiendo la responsabilidad en la construcción del partido argentino MAS y de la Internacional hasta los primeros años de la década del 90.
En 1979, mientras Moreno estaba exiliado en Colombia, polemizó duramente, en un documento titulado “Anti-identikit”, contra el “movimientismo” de la dirección del partido (PST) en el país, que estaba abandonando la tarea de construir un partido leninista obrero-revolucionario y de combate por el poder, para convertirlo en el “Partido de la Resistencia”, es decir de todos los sectores sociales y políticos que quisieran hacer algo contra la dictadura.
Ante el peligro de que este proceso continuara, en 1980 Moreno le encomendó a Eduardo que viajara a la Argentina, en plena clandestinidad, para asumir a la responsabilidad política de la organización partidaria. El Negro viajó al país para cumplir con esa tarea, y residió hasta su reciente muerte.
En 1982 regresó Moreno y escogió a Eduardo para que lo secundara en la inmensa tarea de la construcción de la internacional y del partido.
Eduardo fue uno de los compañeros de mayor confianza de Nahuel Moreno. Confianza que se extenderá desde la entrañable amistad a su criterio como médico profesional, preocupado por la dolencia cardíaca que comprometía seriamente la salud de Moreno.
En la escuela del trotskismo revolucionario internacionalista de Moreno, Eduardo fue uno de sus mejores discípulos. Por eso, al recordar su militancia y su abnegación no podemos olvidarlo, cuando murió Moreno en 1987, exaltado agitando, al frente de una columna de miles de militantes que acudieron al sepelio y acompañaron los restos del “Viejo” hasta el cementerio de Chacarita, la consigna “Lo vamos a recordar al compañero Moreno construyendo el MAS y la Internacional”.
Las primeras divisiones del MAS se produjeron cuando todavía era parte de la conducción de decenas de comisiones internas en distintas empresas, sindicatos y centros de estudiantes a lo largo y ancho del país, y cuando crecía el trabajo político en las barriadas obreras con centenares de locales partidarios. La creciente lucha interna produjo que un número importante de militantes obreros abandonaran la actividad política. Ese proceso tuvo razones de diferente índole, pero la fundamental fue el choque entre una marcada tradición obrera y revolucionaria contra las crecientes tendencias oportunistas-revisionista de la mayoría de la dirección y de cuadros medios. Tendencias que se consolidaron con la desaparición física de Moreno y el proceso objetivo de derrota sufrido por la clase obrera en los años 90, en una combinación donde se destacaron las presiones de clase, el fraccionalismo, el dogmatismo y el funcionamiento burocrático, un método que a Eduardo le era totalmente ajeno.
Con el estallido de la dirección de la LIT y del MAS, sin abandonar la lucha política y teórica en los años más difíciles, Eduardo se fue a trabajar como médico al conurbano. Allí sumó la responsabilidad de la lucha gremial y encabezó las huelgas contra la privatización y desmantelamiento de la salud pública en en el Hospital Larcade, en la localidad de San Miguel y en la provincia de Buenos Aires, como secretario gremial de la Asociación de profesionales del hospital y en unidad con el Sindicato de Trabajadores Municipales.
Dentro todavía de la LIT, en enero de 1993, dirigentes de agrupamientos nacionales de Ecuador, Perú, Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Colombia y Argentina, encabezados por el Negro Eduardo, organizaron en Bogotá una “Reunión Internacional de Dirigentes Nacionales”, en la que se decidió “llamar a la constitución de una tendencia internacional” y exigir a la dirección de la LIT la convocatoria de un Congreso Internacional para abrir la discusión interna.
Eduardo y Greco (ex dirigente de la LIT) elaboraron en común un texto reseñando esas diferencias. Se planteaba la necesidad de la defensa marxista de los aportes teóricos morenistas y de la tradición heredada de Lenin, que podríamos sintetizar en que no puede haber una política ni una organización revolucionaria que no arranque por la lucha a muerte contra el imperialismo.
Pero finalmente la división de la LIT y del partido argentino dejó claro que la sífilis que terminó destruyendo la organización internacional y su sección argentina fue la claudicación total a la democracia burguesa y, lo que es mil veces más grave, la claudicación a la “democracia” imperialista.
Se constituyeron por un corto período el Centro Internacional del Trotskismo Ortodoxo (CITO), y en Argentina, el Partido de la Revolución Socialista (PRS). En ambos, Eduardo tuvo un rol dirigente.
Hubo hechos objetivos que marcaron un punto de inflexión en la lucha de clases mundial que ayudaron a la división y posterior disgregación del movimiento trotskista. El fundamental fue la derrota de la clase obrera por la peor traición histórica del estalinismo: como agente político y gestor económico de la restauración del capitalismo en la Unión Soviética conduciendo su desintegración. También en los países donde se había expropiado a la burguesía y se había instaurado un régimen de planificación central de la economía.
Mientras el dirigente del trotskismo europeo Ernest Mandel definió que con la unificación capitalista de Alemania en 1990 se derrotaba al proletariado alemán y al proceso de revolución política; la LIT y parte importante de sus partidos nacionales, como el argentino y el brasileño, festejaban ese proceso de triunfo contrarrevolucionario imperialista como una victoria de la revolución mundial.
El otro hecho fue la guerra de Yugoslavia, que fragmentó ese país, en uno de los peores conflictos bélicos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con un saldo de cientos de miles de muertos y millones de desplazados, donde el imperialismo europeo avanzó en su ofensiva semicolonizadora, mientras el yanqui convirtió a Kosovo, en un protectorado con una poderosa base militar que, se utilizaría más tarde en la invasión de Estados Unidos a Irak. Todo esto se hizo levantando las banderas de: “democracia contra las dictaduras”, “autodeterminación nacional”, “humanitarismo contra la violencia”. Banderas repetidas en 1999, cuando la OTAN, comandada por EE.UU., bombardeó Belgrado (Serbia), destruyó objetivos estratégicos militares, económicos y mató a más de 5 mil civiles.
Legiones de “progresistas”, “demócratas” y “humanitarios” del mundo entero apoyaron desde el inicio las intervenciones imperialistas. El colmo de la hipocresía fueron los grupos de “izquierda”, por ejemplo dentro del trotskismo en la Argentina que, para no aparecer como incondicionales de la OTAN, apelaron a la política del “ni, ni”: “Ni OTAN, ni Milosevic”, porque éste era un “dictador” que gobernaba Serbia. Un signo igual entre el país agredido y la mayor potencia militar imperialista del planeta y su instrumento de combate internacional, la OTAN.
Nuestra historia política en común con el Negro terminó iniciados los años 2000. Luego Eduardo se volvió a integrar la LIT (de cuyo nombre se había apropiado el PSTU brasileño) –aunque aclarando que mantenía sus diferencias sobre Yugoslavia–, y fue uno de los fundadores del PSTU en Argentina. No conocimos sus motivos, pero no por eso dejamos de respetar y reconocer su valioso aporte al movimiento trotskista y a la corriente morenista en vida de Hugo (Nahuel Moreno), y en particular después de su muerte, en el período más difícil que se abrió en la década de los años 90.
Acompañamos en su dolor a su familia, en especial a su compañera Amelia, a Arturo y a Clara.
¡Eduardo “Negro” Barragán, hasta el socialismo siempre!
Perspectiva Marxista Internacional,
noviembre de 2025
6/10/25
¡Para derrotar al sionismo, todos a las calles por Palestina!
Los pueblos del mundo han tomado en sus manos la tarea de parar el genocidio
Hace apenas unos meses los más escépticos descartaban totalmente la posibilidad de llegar a derrotar al sionismo ante las dimensiones del horror en la Franja de Gaza, los más optimistas se negaban a perder la esperanza, pero, los hechos marcaban que a pesar de soportar el repudio internacional, el Estado sionista mantenía su maquinaría genocida y su ofensiva fascista en todo Medio Oriente, de la mano del imperialismo yanqui, de Inglaterra, Francia o Alemania -cuyo primer ministro dijo sin rodeos que Israel hacia el «trabajo sucio» por ellos-.
Ni Netanyahu ni su gobierno han cambiado un milímetro su posición, pero un sector muy importante de sus cómplices imperialistas ha empezado a mostrar fisuras, todo gracias a la acción valiente y decidida de sus pueblos. Incluso la tramposa propuesta del «pacificador» Trump, evidencia el impacto de las acciones de los pueblos del mundo, en especial de las de los países imperialistas, cuya careta democrática se cae en pedazos frente al genocidio. La propuesta de paz de Trump es un salvavidas para Israel y Netanyahu, eso sí, liquidando por completo a la resistencia palestina, aparentemente, sentando las bases para cerrar esta fase del «genocidio continuado» contra el pueblo palestino, pero, con las suficientes ambigüedades para poder mantener su sometimiento y dominio colonial, es decir, preservando intacto su enclave en la región -más adelante nos referimos concretamente a este «plan de paz»-.
No obstante, las cosas han empezado a cambiar, ante la inacción de sus gobiernos los pueblos del mundo han tomado la tarea en sus manos. Cientos de miles de manifestantes han llenado las calles de Londres, Sídney, Bruselas o Paris para gritar: ¡Alto al genocidio! ¡Palestina Libre! En la vuelta a España la gran ganadora fue Palestina. Las diversas organizaciones de acción, boicot y solidaridad con Palestina lograron que se acortaran varias etapas exigiendo el retiro del equipo Israel-Premier Tech cuyos patrocinadores son defensores del Estado sionista y amigos cercanos del genocida Netanyahu.
En Italia los sindicatos de base convocaron una huelga en solidaridad con Palestina que desbordó las expectativas de los organizadores; decenas de miles se movilizaron en más de 80 ciudades del país denunciando el genocidio y expresando su apoyo a la flotilla humanitaria global Sumud que está en aguas del Mediterráneo. Se bloquearon el transporte público, las escuelas, las universidades y los puertos. Ante los bloqueos la población detenida en las vías, contrario a rechazar la jornada de protesta, aplaudía y expresaba su coincidencia con la denuncia. Los medios se dedicaban a informar sobre los enfrentamientos en algunas localidades, pero lo que realmente era noticia era que la clase trabajadora se ponía a la vanguardia del pueblo italiano y plantaba cara al Estado genocida diciendo «¡Bloqueemos todo!». Los trabajadores italianos nos marcan el camino: ¡huelga general en cada país para cortar cualquier forma de comercio con Israel y para bloquear el envío de armas! ¡Huelga mundial por Palestina!
De los puertos de Barcelona, Génova y Túnez partió hacia Gaza la flotilla global Sumud con cerca de 500 activistas de 44 países de todo el mundo en 51 embarcaciones, su objetivo era: «romper el bloqueo israelí a la Franja». El gobierno sionista llamó a sus participantes «terroristas» o «colaboradores del terrorismo» y los atacó desde drones en aguas internacionales. Los hombres y mujeres que navegaron en la flotilla sabían que exponían su vida y su integridad por defender la causa palestina y se hicieron a la mar cuando los gobiernos imperialistas de Europa guardaban silencio o actuaban directamente como cómplices del genocidio. Luego de la interceptación de las embarcaciones algunos de los activistas han sido deportados a sus países de origen y otros aún permanecen en una cárcel sionista. Las movilizaciones de rechazo en todo el mundo no se hicieron esperar y hoy se grita en muchos lugares del planeta: ¡Libertad para los compañeros y compañeras de la Flotilla Global Sumud! Mientras otras flotillas vuelven a surcar el Mediterráneo.
Mientras una Comisión internacional independiente de la ONU se tardó dos años para decir que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza, mientras la Corte Internacional de Justicia o la Corte Penal Internacional se tardarán décadas en juzgar estos hechos, mientras Estados Unidos ha vetado 6 veces las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que pedían un alto al fuego, mientras Israel viola todas las normas del Derecho Internacional Humanitario y no tiene por ello ninguna sanción concreta -la mayor parte de los gobiernos mantienen sus relaciones diplomáticas, comerciales y militares con Israel-; las movilizaciones a lo largo y ancho del planeta, la clase obrera italiana, el pueblo español, francés o inglés, nos demuestran, que ante la decadencia y podredumbre del llamado «sistema democrático» y la bancarrota de la ONU, son las masas movilizadas y organizadas las que dan esperanza de cambio a la humanidad y abren la posibilidad de derrotar al sionismo y parar el genocidio.
Las contradicciones del reconocimiento de un Estado Palestino y el «Plan de Paz de Trump»
En el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas Australia, Bélgica, Reino Unido, Francia, entre otros, han reconocido al Estado Palestino. No es un asunto menor que en estos países se hayan desarrollado algunas de las más grandes movilizaciones a favor de la causa palestina. El reconocimiento del Estado palestino ha sido una imposición de la calle.
Sin embargo, los gobiernos de los países imperialistas convierten el reconocimiento de un Estado palestino en otra forma de atacar a la resistencia, de dividirla e intentar liquidarla. Francia y Arabia Saudita encabezaron la Conferencia internacional por la solución de los dos Estados; en ella plantearon que el reconocimiento de un Estado Palestino debe partir de la exigencia del reconocimiento del Estado de Israel, es decir, de validar el hecho colonial de construcción de un Estado a partir de las masacres, el despojo y la expulsión del pueblo palestino de su tierra. Así mismo, subrayaron explícitamente que tal reconocimiento tenía la pretensión de que Hamas, que actualmente aparece como el componente político central de la dirección de la resistencia, se entregara, lo que significa que su objetivo real es la derrota de la lucha por la liberación nacional del pueblo palestino. El primer respaldo a esta encerrona vino de la respuesta de Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, que declaró que «Hamas no tendrá un papel» en el futuro Estado, mostrando una vez más su completa abyección a las imposiciones imperialistas y dejando ver a las claras porque no tiene la aprobación o el apoyo del pueblo que dice representar. Ante la imperiosa necesidad de una respuesta política unificada de la resistencia palestina, Abbas juega la carta de la división, que sólo sirve a Israel y sus aliados.
A pesar de ello, el reconocimiento del Estado Palestino por 157 países en el mundo, incluyendo ahora a Francia y Reino Unido, es un triunfo político para los palestinos y palestinas. Pues, este reconocimiento cuestiona las declaraciones del gobierno sionista que dice sin reparos que no permitirán nunca la existencia de un Estado Palestino y que su propósito es anexionar lo que queda del territorio de la Palestina histórica. Israel queda con ello aún más aislado en el escenario internacional y se ubica como un país paria. Este hecho se escenificó cuando Netanyahu tuvo que hablarle a un escenario vacío en Naciones Unidas, pues las delegaciones abandonaron el recinto para no escuchar al genocida.
El «plan de paz de Trump» profundiza la perspectiva colonial de la política de los dos Estados. Primero es un plan que define el futuro del pueblo y el territorio palestino sin los palestinos, como se ha hecho siempre por el imperialismo desde la declaración Balfour, la partición de 1947 o los acuerdos de Oslo. Segundo no es un «plan de paz», es un plan de rendición de la resistencia palestina, sin dar ninguna garantía de la salida de las tropas sionistas de la Franja, Netanyahu afirmó que las FDI permanecerán en la mayor parte de Gaza de manera indefinida. Tercero es un plan para el sometimiento militar y político del pueblo palestino, que no podrán elegir su propio gobierno sino que deberán aceptar un gobierno a cargo de quienes han financiado y son cómplices directos del genocidio: Estados Unidos, con sus tropas, las de otros países y la imposición de Tony Blair como virrey. Cuarto es un plan que quiere materializar la «Riviera de Medio Oriente» de la que ha hablado Trump, es decir, un plan de negocios inmobiliarios construido sobre la devastación y el arrasamiento al que ha sido sometido el territorio gazatí.
Finalmente, el plan de Trump es un plan para legitimar el genocidio, en el que los perpetradores de la barbarie salen impunes y aparecen como quienes juzgan y deciden sobre el futuro de las víctimas. Este es un análisis del significado del plan, pero la decisión de aceptarlo o no es del pueblo palestino y de su resistencia. El plan lo único que les ofrece es parar la masacre actual -incluso frente a la posibilidad de un futuro Estado Palestino Netanyahu ha reiterado que no lo permitirán-, conscientes de su historia y de los enemigos que enfrentan, los reportes de prensa advierten que la población en Gaza rechaza hasta ahora ese «plan de paz». Hamás lo aceptado parcialmente y se dispone a negociar en Egipto, mientras Netanyahu y Trump con sus declaraciones siguen dejando en evidencia que más que un «plan de paz» es otro «plan de opresión colonial contra el pueblo palestino».
Un ejército internacional para liberar a Palestina
Contrario a Netanyahu, quien sí logró tener apoyos y un auditorio dispuesto a escuchar en la ONU fue el presidente colombiano Gustavo Petro, su denuncia del genocidio en Gaza y de la responsabilidad del imperialismo y del sionismo en el horror, lo han convertido en un referente político. En Naciones Unidas planteó la propuesta de una resolución de la Asamblea General para constituir un Ejército Internacional que desarrolle una acción militar coordinada para proteger a la población en Gaza y liberar a Palestina. Petro advirtió correctamente que el tiempo y los caminos de la diplomacia se han demostrado acabados. El gobierno de Indonesia respondió a la propuesta con el ofrecimiento de 20 mil soldados para ese fin. Los pueblos del mundo debemos seguir presionando en la calles para que un Ejército de estas características pueda tener lugar.
La combinación entre la más amplia movilización y el accionar militar, como sucedió en Vietnam, puede generar la derrota política y militar del Estado sionista y del imperialismo. Por ello, los llamados gobiernos progresistas -Lula, Boric o el mismo Maduro-, las naciones árabes y los gobiernos que denuncian hoy el genocidio como el de Sánchez en España, deberían ofrecer apoyo a la propuesta de Petro y poner sus fuerzas militares al servicio de proteger al pueblo palestino y derrotar a Israel.
Si la propuesta de una fuerza armada internacional no prospera la movilización en todos los rincones del mundo debe profundizarse. Las acciones de boicot, como en la vuelta a España; las acciones de solidaridad, como la flotilla global Sumud o las movilizaciones a nivel internacional; la huelga general, como en Italia y todas la acciones posibles deben desarrollarse para frenar a los genocidas. En ese sentido, hacemos el llamado a las centrales obreras en Colombia y en el mundo, a los partidos políticos y gobiernos que se declaren democráticos o progresistas, a los partidos de izquierda y organizaciones sociales que integran el Pacto Histórico y a los candidatos que pretenden continuar con las banderas de Petro, a que se solidaricen con Palestina, que contribuyan y estimulen acciones para lograr el embargo total a Israel.
Una vez más por la destrucción del Estado nazi-sionista de Israel
El sionismo es el fascismo contemporáneo, para derrotar al fascismo en el siglo pasado la unidad internacional fue piedra angular, desde esta tribuna convocamos a la máxima unidad para defender al pueblo palestino y para luchar por su liberación nacional. Eso implica para nosotros la destrucción del Estado genocida, no su validación como enclave colonial. La OLP tuvo como consigna histórica la construcción de una Palestina laica, democrática y no racista, la consigna sigue teniendo plena validez. El Estado de Israel es un Estado teocrático que se define por ley como Estado Nación Judío, un Estado colonial que se estableció por medio de la limpieza étnica contra el pueblo palestino, que construyó un régimen de apartheid que lo segrega y discrimina. El colonialismo ha sido derrotado en el pasado por los pueblos oprimidos que se levantaron en América, en África y en Asia, y al nazismo no se lo admitió entre los pueblos del mundo, se lo destruyó. La destrucción del Estado de Israel no significa la expulsión de las comunidades judías de la tierra palestina, pero sí el establecimiento de un nuevo Estado en el que no sería posible la segregación, la discriminación y el privilegio del colonizador, en el que los judíos que estén dispuestos a convivir con los palestinos podrían quedarse, y los que no tendrían que irse. Musulmanes, judíos y cristianos convivieron en estas tierras por milenios, fue el sionismo como proyecto colonial y racista el que llevó la violencia y la destrucción a la región, expulsar al sionismo es el mecanismo para que se reestablezca la convivencia pacífica entre ellos.
Desde Perspectiva Marxista Internacional defendemos el derecho del pueblo palestino al retorno a su tierra y a la autodeterminación nacional, somos solidarios con su causa y estamos comprometidos con impulsar todas las acciones posibles para parar el genocidio, por ello, invitamos a participar de la Marcha Nacional en Solidaridad con Palestina del 7 de octubre de 2025 en Bogotá.
¡El sionismo puede ser derrotado!
¡Todos a las calles!
¡Alto al genocidio!
6/8/25
Declaración de Perspectiva Marxista Internacional !La ofensiva fascista del sionismo y del imperialismo puede ser derrotada!
«Creo que es evidente el paralelismo entre el genocidio de los indígenas por los españoles, en los comienzos del capitalismo, y el de los judíos y los eslavos por Hitler, ya en la época de la decadencia del sistema. Pero Hitler retoma también otro elemento de la etapa inaugural del capitalismo: la tendencia de los países más desarrollados a transformar al mundo en colonias suyas. Hitler convierte esa tendencia en una política consciente de transformar en colonias a las naciones, las nacionalidades y los pueblos europeos (…) La opresión racial en Israel y Sudáfrica es una expresión moderna del barbarismo nazi, demuestra una vez más que donde hay capitalismo el nazismo está a la vuelta de la esquina si no es detenido por el movimiento de masas».
Conversaciones con Nahuel Moreno.
8/10/24
Dossier sobre Venezuela
Venezuela y el avance del colonialismo en América Latina
En todo el mundo las masas populares, campesinas y la clase obrera pierden conquistas y derechos mientras una pequeña minoría se enriquece cada vez más. Este fenómeno no es nuevo ni en México, ni en los países del Caribe, y menos todavía en el área latinoamericana. Así funciona el capitalismo mundial —donde también las grandes corporaciones adquieren un peso monumental frente a estados cada vez más pobres y endeudados— y es particularmente crítico y trágico en nuestra región. Haití es el ejemplo más emblemático: más del 90 % de su población no tiene acceso al agua ni servicios sanitarios, y la “ayuda” que recibe de potencias como España es para “la seguridad”, mientras casi 200.000 niños sufren malnutrición severa. En Haití no hay presidente desde 2021 desde el asesinato de Jovenel Moise.
Pero hoy la atención de las noticias está en Venezuela. Contra el gobierno de Maduro, acusado por la pobreza creciente en su país y por la consolidación de un régimen antidemocrático, de una llamada “dictadura”. Pero la realidad que se muestra en Venezuela avanza con distintos ritmos en el resto de los países sudamericanos y del Caribe, donde creció la pobreza, la inflación y los trabajadores sufren la pérdida sistemática de su nivel de ingresos, junto a la debilidad de sus organizaciones sindicales. Tampoco es el único país donde creció la emigración: Ecuador, Colombia, El Salvador, Puerto Rico, México son ejemplos palpables del importante número de familias que salen como pueden a buscar oportunidades en otros países, fundamentalmente en los Estados Unidos. Millones de desplazados e inmigrantes internacionales constituyen un fenómeno social que se agrava con los años. En Estados Unidos, solamente en el último año, ingresaron casi 450.000 nuevos migrantes latinos.
Es una región saqueada por las potencias imperialistas, en particular por los Estados Unidos, ha sido muy bien nominada como “su patio trasero” y ha sufrido su injerencia directa. Desde los años 60 hasta finales de los 90, dictaduras sangrientas apoyadas por Washington, que mediante golpes de estado instauró gobiernos militares en el Cono Sur, en Centroamérica o regímenes represivos como el de Turbay Ayala en Colombia. Todos fueron resultado de la “Doctrina de Seguridad Nacional” del imperialismo yanqui, y fueron regímenes que, al servicio directo de su amo imperialista, no solo provocaron una criminal represión y cometieron crímenes de lesa humanidad, sino que sumieron a los países en el atraso y la miseria, de lo cual todavía no han podido recuperarse.
Venezuela se mantiene independiente en una cuestión que el amo del Norte no puede tolerar, su política internacional, solo acompañada por Cuba desde la revolución de 1959 y por Nicaragua, país donde un movimiento revolucionario (el sandinismo) derrocó a las fuerzas armadas y a la dictadura de Anastasio Somoza.
En la región, cobra más actualidad que nunca la necesidad de romper el cerco de la dependencia imperialista.
Se necesita políticas y acciones unificadas, soluciones de fondo a nivel regional para liquidar los planes de ajuste contra las masas trabajadoras, el endeudamiento crónico y usurario que sufren la mayoría de los países (deudas pagadas, rigurosamente, con los ingresos de las masas populares, mientras una minoría cada vez más rica disfruta de la baja e incluso la exención de impuestos); el saqueo de los recursos energéticos y naturales, la privatización de su patrimonio y empresas de servicios, la aplicación de políticas que favorecen la exportación de materias primas (que necesitan las potencias imperialistas) en detrimento de los recursos no renovables, ambientales y fundamentalmente humanos en esta zona del planeta.
En síntesis, solo la unidad de los pueblos del Caribe y Latinoamérica podrán impedir el avance colonial, de mayor explotación laboral y saqueo por parte de las grandes corporaciones de las potencias imperialistas, en particular de Estados Unidos.
En cambio, en oposición a esa necesidad de pelear por la UNIDAD DE LOS PUEBLOS LATINOAMERICANOS Y DEL CARIBE, POR LA DEFENSA DE LAS CONQUISTAS DE LAS MASAS, la mayoría de los gobiernos como sirvientes de las oligarquías y patronales nacionales y del imperialismo, actúan favoreciendo el atraso, una mayor explotación laboral y los negocios y renta capitalista del poder económico concentrado.
Por esa razón, con respecto a Venezuela, actúan con guion de Estados Unidos. Desde AMLO (el más respetuoso de las decisiones soberanas del gobierno de Maduro) hasta Petro, Lula, Boric, Mujica (ex presidente de Uruguay) y Cristina Fernández de Kirchner (ex presidenta de Argentina) difunden la propaganda imperialista y dan la alerta por el “creciente deterioro de la DEMOCRACIA EN VENEZUELA” o porque en ese país “no se cumplen las leyes de la democracia”. Lo que no hacen es lo primero que un verdadero demócrata debería hacer: denunciar que en Venezuela se intentó derrocar al régimen de Maduro por medio de un GOLPE DE ESTADO. Para no hablar de presidentes ultra reaccionarios como Milei, que directamente llama al derrocamiento del gobierno de Maduro, o sea al golpe.
NOSOTROS ALERTAMOS A LOS TRABAJADORES DE LA REGIÓN, que una vez más funcionó la maquinaria política, económica, mediática, cibernética y militar para ejecutar un golpe de estado contra el gobierno de Maduro en Venezuela. Y QUE LA DEMOCRACIA, entendida como la conquista de derechos para los trabajadores y las clases populares, está en franco deterioro en toda la región, no solo en Venezuela. En todo nuestro continente, no solo no se frena la ofensiva colonialista de Estados Unidos y de las potencias imperialistas, sino que en algunos países se trabaja en una fuerte alianza con su vasallaje. Hasta ahora ese no es el caso del gobierno de Maduro.
La debilidad de los gobiernos y de los regímenes democráticos en nuestros países arranca por el creciente servilismo de los dirigentes políticos a las necesidades de una minoría que cada día se enriquece más a costa de la superexplotación de las masas populares, provocando mayor desigualdad, cuyas consecuencias económicas y sociales se manifiestan en el aumento del hambre, la desnutrición infantil y la falta de condiciones sanitarias acordes a la vida humana. En ese contexto, son los gobiernos capitalistas que facilitan los avances coloniales, los que ofrecen un terreno cada vez mas fértil para un golpe orquestado desde afuera o para el ascenso y el triunfo de gobiernos como el del servil Milei en la Argentina, o como fueron los de Temer y Bolsonaro en Brasil.
En estos días, la huida y el pedido de asilo a España del candidato venezolano del golpismo, Edmundo González Urrutia, permiten afirmar que este último avance de la oposición (servil de intereses directamente imperialistas y oligárquicos), que usó la oportunidad del proceso electoral venezolano para ejecutar su plan golpista, ha sido derrotado una vez más.
La derrota del golpe en Venezuela no es una mala noticia para los trabajadores latinoamericanos. Se derrotó la proclamación de un títere de Estados Unidos (ya hubo otros, como Juan Guaidó), que solo quiere el petróleo venezolano y convertir al país en un enclave para la defensa de sus intereses en la región.
Para las masas populares significa todo lo contrario a una mala noticia, porque la proclamación de Maduro como presidente y el andamiaje institucional, policial y militar montado por él y por Diosdado Cabello -entre otros dirigentes chavistas- impidieron la maniobra y la consumación del golpe.
A los Estados Unidos no les importa el pueblo trabajador venezolano ni el ejercicio de la democracia en ese país ni en ningún país del mundo. Las banderas de la democracia y la promesa de mayores libertades han sido pisoteadas por el militarismo colonialista norteamericano, inglés, y de varias potencias coloniales europeas en repetidas ocasiones: Irak, Libia, Afganistán, representan los ejemplos más contundentes al respecto.
A Biden solo le interesa el petróleo que está en el subsuelo del país. Laura Richardson —general jefa del Comando Sur de Estados Unidos— señaló que Venezuela tiene la concentración de “las reservas de petróleo más grandes”, “tiene petróleo, cobre, oro”. A Estados Unidos también le preocupa que, en “su patio trasero”, un país con esos recursos sea INDEPENDIENTE EN SU POLÍTICA INTERNACIONAL, es decir, que no siga sus órdenes. Que apoye a Rusia en la guerra contra la OTAN en Ucrania. Que acreciente la ayuda financiera que recibe de China, a medida que sufre sanciones económicas más severas de los países sirvientes de los Estados Unidos. Que Maduro haya sido reconocido como presidente electo por China, Rusia, Irán, Cuba, Siria, Bolivia, Nicaragua, Honduras, siete países del Caribe y varios más de Asia y África.
Su postura geopolítica va en dirección contraria a los intereses de quien se cree dueño y amo del continente americano y de sus recursos energéticos, naturales y humanos. Esta independencia nació con un proyecto político, en 1999, cuando los gobiernos cipayos de entonces habían provocado la crisis más grande de la historia venezolana (como expresión popular se llamó “el Caracazo”), un régimen que lideró Hugo Chávez hasta su muerte en 2013.
Compañeros trabajadores de Venezuela y la región.
El golpe de los yanquis y de Corina Machado quiso liquidar el conjunto de las conquistas populares que otorgó el chavismo y el gobierno de Maduro e imponer en Venezuela un gobierno vasallo directo de Estados Unidos. Ese intento fue derrotado, pero el imperialismo y sus siervos dentro de Venezuela volverán a intentarlo una y otra vez. Por eso es imprescindible la unidad antiimperialista de los trabajadores, los campesinos y los pueblos pobres en defensa de Venezuela.
No se trata de defender a Maduro o a su régimen —que él define como “militar, policial, popular”—, sino de evitar que triunfe un gobierno ultrarreaccionario y antiobrero, y fundamentalmente de no permitirle a los Estados Unidos que fortalezca desde Venezuela la ofensiva colonialista en la región.
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