28/3/19

Sublevación de los Chalecos Amarillos en Francia: La lucha de clases hace retroceder al gobierno de Macron


Los trabajadores asalariados agrupados en el movimiento “Chalecos Amarillos” en Francia, con su movilización y acción directa han convulsionado el país y logrado un triunfo
sobre el gobierno de Emmanuel Macron.
Con la sublevación  de los Chalecos Amarillos, denominados así por el uso simbólico en sus protestas del chaleco de seguridad amarillo fosforescente, la lucha de clases nuevamente irrumpió con fuerza en el corazón de Europa.
A  partir del 17 de noviembre de 2018, el  chaleco amarillo se convirtió en el emblema de lucha del trabajador, del albañil, del barrendero, del carpintero, del desempleado, de los jóvenes, de los jubilados, de las mujeres, de los sectores asalariados de clase media y de los hijos de los inmigrantes. En fin, de todo aquel que ve que las cosas van mal para los de abajo, los excluidos,  y bien para los de arriba, los poderosos.
Los Chalecos Amarillos sorprendieron por su lucha persistente, por su forma asamblearia de organización y por ser un movimiento totalmente independiente de los sindicatos y partidos políticos tradicionales. Pero, sobre todo por su contundente triunfo sobre el gobierno de Emmanuel Macron, obligándolo a retroceder en sus políticas y propinándole un contundente golpe político a la hasta ayer, estrella fulgurante de la política europea.
Desde 2010, con la derrota de la gran oleada de huelgas obreras en contra las reformas laboral y pensional del gobierno de Sarkozy, no se veía en Francia una lucha tan importante que agrupara el descontento general contra el gobierno. 
Aquellas luchas, convocadas por las centrales obreras, que contaron con el respaldo masivo de los estudiantes y cuyo nivel de participación llegó a 3,5 millones (mucho más de la participación actual en el movimiento de los Chalecos Amarillos), no lograron derrotar las políticas del gobierno. Resultado adverso similar al de las diferentes huelgas y jornadas de protesta de en 2017, contra de la regresiva reforma laboral del gobierno de Hollande. 
Fracasos y derrotas, consecuencia de la política de los dirigentes de sindicatos y partidos políticos tradicionales, quienes por años en vez de impulsar y fortalecer las luchas, han utilizado su influencia para bloquearlas o llevarlas al pantano del pacto, las elecciones y la “cohabitación” con los distintos gobiernos franceses, facilitando así, el avance de la patronal en la destrucción de las conquistas de los asalariados y del pueblo francés, o del llamado  “Estado de Bienestar”.
La revuelta irrumpe en medio de un contexto de  profunda crisis económica y proceso de  fragmentación “desunión”, que atraviesa la Unión Europea, del avance electoral de la ultraderecha en varios países de ese continente (al igual que en América Latina con Bolsonaro o Duque), y trae un viento alentador a la lucha de los trabajadores de Europa y del mundo.
De momento, ese aliento a la lucha se ha empezado a expresar con particular fuerza en Hungría, con las multitudinarias manifestaciones de trabajadores y obreros contra la extensión de la jornada laboral, llamada “ley de esclavitud”, por el movimiento obrero que decretada por el semi fascista gobierno de Viktor Orban.

Los Chalecos Amarillos: expresión del descontento generalizado de los franceses

El alza del combustible fue el detonante que centralizó y articuló el descontento generalizado en la clase media y trabajadores hacia el gobierno de Macron. Sacó a flote el descontento de los más afectados por el alza. Trabajadores, estudiantes y pequeños empresarios, quienes debido a la carencia de un buen  servicio de transporte público en las provincias necesitan el carro para desplazarse al  trabajo, a estudiar o por sus pequeños negocios. En su base están “los pensionados, los jóvenes, los obreros, a todo el mundo quiere incrementar su poder adquisitivo…”

"Somos los trabajadores que necesitamos ir al culo del mundo a trabajar en una fábrica, porque no podemos pagarnos una casa donde está la fábrica. Somos los estudiantes pobres que tienen que ir en un coche de quinta mano a su campus, porque no pueden pagar una estupenda residencia universitaria. Somos el agricultor, el abuelo, todos los que no son los ricos acomodados de París, Lyon o Niza", decía uno de ellos a la BBC.

El movimiento recoge el malestar general de los trabajadores y clase media que ve bajar aceleradamente su nivel de vida. Así lo expresan varios  manifestantes entrevistados  en las vías: Todo ha subido, la luz sube, el agua sube, todo sube pero la paga baja” o  “los impuestos que no nos permiten vivir de  manera digna”[1] , o como  expresaba su indignación una manifestante jubilada: “con 939 euros al mes y un alquiler de 400 no puedo usar mi coche. He trabajado toda mi vida y no puedo comprar combustible”[2]. 
Las encuestas, evidencian respaldado de la mayoría de los franceses al movimiento y el descontento con  el presidente de los ricos”.
 A medida que se fue desarrollando, el movimiento amplió su demanda inicial de eliminar el aumento del precio a la gasolina que el gobierno planeaba para el 1º de enero 2019, e incorporó el incremento del salario mínimo, la eliminación de los impuestos a los trabajadores, la indización de los salarios y pensiones sobre la inflación, la abolición del aumento de las cotizaciones sociales para los jubilados, la reducción de la edad de jubilación el restablecimiento del impuesto a la riqueza,  entre otras.
Las marchas pacíficas iniciales se convirtieron en masivas y combativas movilizaciones en París y en varias ciudades de Francia, recorriendo las calles, con bloqueos de carreteras, liberación de peajes, caravanas. Y además, fortaleciendo su lucha con la realización continua de asambleas, para definir las actividades y el rumbo del proceso. 
La firmeza  y fuerza de la protesta se extendió geográficamente por Francia y a otros sectores de trabajadores. Los conductores de las ambulancias, bloquearon con sus vehículos  el puente de la Concordia, los  trabajadores de las provincias y los estudiantes secundarios agrupados Unión Nacional de Estudiantes de Bachillerato (UNL, por sus siglas en francés) o el Sindicato General de Estudiantes de Bachillerato (SGL)  entraron al movimiento en protesta contra las  reforma  que restringe el acceso a la universidad implantada por el Gobierno de Emmanuel Macron.
En términos generales, este proceso de movilización se transformó en un enfrentamiento total a la política económica y social del gobierno. Por ello trajo a la memoria grandes luchas realizadas por los trabajadores y la juventud, como el Mayo del 68, así como otras acciones que expresan la tradición de lucha del pueblo francés.

¡La lucha pone contra las cuerdas a Macron!

La policía reprimió con violencia, gaseó, golpeó. Los trabajadores y manifestantes heridos y detenidos, se cuentan por cientos. Tan solo la jornada del 1º de diciembre dejó 263 heridos y 412 detenidos. Luego las cifras aumentaron. Pero, la salvaje represión del gobierno contra los manifestantes, no ha hecho retroceder la lucha. Al contrario, los Chalecos Amarillos se defienden con palos y piedras de la violencia policial y obligan a Macron a torcer el brazo. 
Macron, quien venía de pavonearse en la cumbre del G-20 en Argentina, no pudo contener la lucha con la represión salvaje. De la determinación inicial de “no retroceder ni un milímetro”, cuando en un discurso televisivo afirmó: “Entiendo a los ciudadanos, pero no me rendiré ante quienes buscan la destrucción y el desorden, porque la república es tanto orden como libertad para expresar las opiniones”; el presidente de una de las dos patas claves de la Unidad Europea, tuvo que tragarse sus palabras. La fuerza de la lucha y la decisión de no ceder,  obligó al presidente de los ricos a ceder a las demandas y reconocer la justeza de la lucha: “Sé que  hay cólera en el país. La de los que no llegan a fin de mes”. Y es justa”, declaró.
Así, en su  en su discurso en la TV, 10 diciembre 2018 el presidente francés “anunció cuatro medidas concretas: el salario mínimo subirá 100 euros al mes desde el 1 de enero, las horas extras dejarán de pagar impuestos, pide a las "empresas que puedan" que abonen una paga extra a sus trabajadores, también exenta de impuestos, y retira una subida de impuestos a los jubilados que cobren menos de 2000 euros”. Además, reconoció que sus palabras “han herido a algunos” en el pasado y consideró justificado el descontento…” [3]
 Los trabajadores y asalariados de clase media de Francia, ganaron este primer pulso al gobierno de esta potencia imperialista.

La crisis de la economía: telón de fondo del proceso

Solo como mención en esta Declaración, las estadísticas nacionales han determinado que el ingreso económico per cápita de Francia ha descendido en un 1.2% en los últimos años, afectando especialmente a la clase media (un 68% de la población), quienes sufren del aumento en los impuestos, considerados de los más altos a nivel mundial.
Francia tiene el tercer mayor PIB de Europa (el segundo si excluimos el Reino Unido), pero un 21% de los franceses no puede procurarse tres comidas saludables al día y, sin ayudas sociales, más de uno de cada cinco viviría bajo el umbral de la pobreza… En Francia hay 8,9 millones de personas viviendo bajo el umbral de la pobreza. De ellos, 2,79 son niños, un 20% del total de los jóvenes[4]
El “nivel de bienestar” de los trabajadores y clase medida francesa está siendo destruido por los capitalistas con las sucesivas contrarreformas laborales y planes de “ajuste” económicos que para superar la crisis de la economía del 2008, vienen aplicando los diferentes gobiernos, Zarkozy, Hollande y ahora Macron,  responde con la lucha. 
 Esta descripción da mucho sentido a la reiterada afirmación del marxismo: la crisis de los capitalistas lleva a sus gobiernos a atacar las condiciones de vida los trabajadores y la población que teme “que todo pueda desaparecer” a salir a la lucha.

Los líderes de los sindicatos maniobran para no respaldar el movimiento

Lamentablemente para la lucha de los trabajadores, las centrales sindicales francesas están más preocupadas por condenar las manifestaciones violentas de parte de los Chalecos Amarillos, que entrar al movimiento para fortalecerlo con la presencia obrera organizada en sus sindicatos. Al inicio, CFDT,  FO, la CGT y Solidaires, se negaron a apoyar el movimiento argumentando que era manipulado por la extrema derecha. Y ahora, han firmado una declaración de respaldo al presidente Macron en la condena a la “violencia” de los de abajo, pero no condenan la violencia del régimen. 
Mientras los Chalecos Amarillos están enfrentando con la lucha directa la política económica de Macron, el secretario general del sindicato Force Ouvrière plantea que “Se necesita un impulso nacional para generalizar la prima de transporte y, para ello, una reunión tripartita en el Ministerio de Trabajo entre el Estado y los interlocutores sociales”. (Resaltado nuestro)

Esta lucha ha puesto en evidencia varias cuestiones importantes:
 
  • En primer lugar, la fragilidad de los gobiernos ante la lucha directa y persistente de masas. La movilización decidida, consecuente y combativa logra resultados. Se puede triunfar y derrotar las políticas de hambre y los ataques de los gobiernos.
  • Muestra la posibilidad de que la unidad  en la acción  de los trabajadores y clase media, al servicio  de la lucha directa de los trabajadores y el pueblo logre  triunfar!
  • Evidencia que las condiciones objetivas para la lucha revolucionaria generadas por el impacto de la crisis económica de 2008 sobre el nivel de vida de los trabajadores y la clase media, generan respuestas de lucha y que ésta puede triunfar. Sin duda significa una oleada de aire fresco para los trabajadores, los luchadores y los revolucionarios.
  • La lucha directa y violenta de masas. Frente a la confianza en las elecciones y/o el parlamento como vía de solución de los problemas, creencia que por años han esparcido las organizaciones de la “izquierda” tradicional o la desconfianza en las acciones masivas y combativas de los trabajadores y la juventud, que pregonan las organizaciones políticas que desconfían de las acción de masas y ponen todo su empeño en las acciones aisladas de pequeños grupos radicalizados, de aquellos activistas “heroicos” que siguen creyendo en poder reemplazar la contundencia de las movilizaciones de los trabajadores y las masas.
  • Muestra que la realidad no está solamente constituida por el avance electoral de la ultraderecha en Europa o en América Latina, como insiste en señalar la propia prensa de los capitalistas y muchos en la “izquierda” tradicional.
  • Una de las características del movimiento es su origen y  desarrollo independiente del control de las burocracias sindicales y partidos políticos reformistas con influencia en la clase obrera (direcciones tradicionales de la clase obrera, amarradas sólo a acciones electorales y parlamentarias (CGT, CFDT, FO, Partido Comunista; partido socialdemócrata; etc.). Lo cual nos sólo muestra el fracaso de la política de “cohabitación” y pacto de las direcciones tradicionales, sino la ausencia de una dirección revolucionaria que unifique la lucha de todos los explotados y la encause de forma consecuente.
  • Otra característica, es su método asambleario. Rasgo decisivo de esta lucha es realización sistemática de asambleas: en los diferentes puntos de encuentro los Chalecos Amarillos realizan asambleas con los participantes en la lucha para evaluar el curso de la lucha y organizar las acciones diarias de movilización. Esa práctica de democracia decisoria, de quienes están desarrollando la lucha y se juegan el pellejo, explica su fortaleza en la base. Los chalecos señalan así, un mecanismo democrático de acción y de combate contra las decisiones “por arriba” practicadas por todos los dirigentes, tanto en los sindicatos como partidos tradicionales existentes. Al mismo tiempo, de hecho se pronuncia contra los “caudillos”, “voceros” o “jefes” incuestionables, que desde el parlamento o sus elegantes oficinas, deciden y pactan con el enemigo, el futuro de la lucha a espaldas de las bases.
  • Lo anterior,  expresa una rebelión contra las políticas de conciliación de los intereses de clase con el gobierno y la patronal, práctica usual de estas direcciones sindicales y políticas. También de sus métodos burocráticos de manejo sin consulta a las bases, de las actividades de lucha y organización de los trabajadores. Burocracia y  “líderes” eternos,  cuyas acciones y decisiones nadie controla y cuya práctica reiterada es ignorar a los reales protagonistas de la lucha.
  • Así, esta lucha coloca sobre la mesa la urgente necesidad de sindicatos clasistas, independientes y para la lucha consecuente, de carácter revolucionario y con métodos de democracia interna. Igualmente, la urgencia de organizaciones políticas propias de los trabajadores asalariados, de carácter revolucionario, internacionalistas y para la movilización revolucionaria y el combate a los capitalistas y sus gobiernos, antes que para la conciliación y la colaboración con estos.
  • El movimiento de los chalecos amarillos, manifiesta una rebelión contra las políticas de conciliación de los intereses de clase con el gobierno y la patronal,  moneda corriente de estas direcciones sindicales y políticas. También de sus métodos burocráticos de manejo sin consulta a las bases, de las actividades de lucha y organización de los trabajadores. Burocracia y  “líderes” eternos,  cuyas acciones y decisiones nadie controla y cuya práctica es ignoran a los reales protagonistas de la lucha. Situación que se demostró con el no llamado a la clase obrera sindicalizada al apoyo activo al movimiento de los Chalecos Amarillos convocando una huelga general. Es decir, su negativa a fortalecer el movimiento, a debilitarlo en el enfrentamiento al gobierno.
  • Así, esta lucha coloca sobre la mesa la urgente necesidad de sindicatos clasistas, para la lucha consecuente, de carácter revolucionario y con métodos de democracia interna. Igualmente, la urgencia de organizaciones políticas propias de los trabajadores asalariados, de carácter revolucionario, internacionalistas y para la movilización revolucionaria y el combate a los capitalistas y sus gobiernos, antes que para la conciliación y el pacto con estos.
  • Macron condena “la violencia” de los manifestantes, para poder defender el derecho de los ricos, de una minoría, a utilizar tropas, sofisticadas armas y gases lacrimógenos para golpear y sofocar la lucha. Su Primer Ministro, Edouard Philippe, anunció que el Gobierno presentará una "nueva ley" para castigar a los "alborotadores" que según él, “Vienen a romper, a saquear, a desafiar a las instituciones". No se trata de acciones de pequeños grupos como quiere mostrar el gobierno. Se trata de miles de manifestantes que deciden defenderse de la violencia policial.
  • Esa violencia contra las manifestaciones de los Chalecos Amarillos” ha encontrado respuesta. Como expresión de la furia acumulada y como respuesta acorde a la represión salvaje del régimen, los manifestantes se defienden. Con piedras y palos hacen frente a los  escuadrones policiales bien entrenados y armados hasta los dientes, que quieren acabar su protesta.
  • De esta manera, los trabajadores y demás manifestantes del movimiento Chalecos Amarillos, ejercen el legítimo derecho que asiste a los débiles, a los de abajo, a defenderse del ataque salvaje de la policía militarizada del régimen y organizarse para responder con decisión sin atender los llamados pacifistas de las organizaciones sindicales y políticas reformistas, para responder eficazmente al intento del gobierno de Macron y la patronal de  saquear sus bolsillos y arruinar más sus hogares. En consecuencia un rasgo distintivo es la ruptura con el pacifismo que por años ha debilitado las luchas de los trabajadores y de los oprimidos, dejando los manifestantes a la merced de la represión y la violencia de la policía.
  • De nuestra parte también asumimos esa importante lección: reivindicamos el derecho de los trabajadores, de los de abajo, de las masas, a  su legítima defensa. En ese sentido, nos pronunciamos  a favor de ese derecho de los “Chalecos Amarillos” y en general de los trabajadores y los pobres, a responder con  todos los medios a su alcance, ante la represión y la violencia de los opresores.


[1] Video: Chalecos Amarillos en las vías.
[2] Video: La crisis de los” Chalecos Amarillos”, en 5 claves
[3] (Clarin.com,10/12/2018).
[4] Más de 1 de cada 10 franceses son pobres. Este es el plan de Macron para atajarlo. 13/09/2018. https://www.elconfidencial.com/mundo/2018-09-13/pobreza-francia-plan-choque-macron_1615505/


26/2/19

Manifesto: ¡Resistencia antiimperialista contra la nueva tentativa de golpe a Venezuela!




Publicamos el siguiente manifiesto en defensa de la soberanía de Venezuela y contra la injerencia imperialista. Como Perspectiva Marxista Internacional adherimos y llamamos a adherir a él 

 - Manifesto -

 ¡Resistencia antiimperialista contra la nueva tentativa de golpe a Venezuela!

[Resistência antiimperialista contra a nova tentativa de golpe na Venezuela! ]

 

Las organizaciones y personalidades anticapitalistas y socialistas de Latinoamérica abajo firmantes, comprometidas con la conquista de soberanía, libertad y democracia en nuestros pueblos, condenamos enérgicamente el nuevo intento de hacer caer el gobierno, electo en urnas, de Nicolás Maduro.

Ahora por la vía de un golpe de Estado o la intervención militar extranjera, cínicamente coordinado por los Estados Unidos. Una intervención imperialista, que como en otras ocasiones, no va en defensa de la democracia sino lo opuesto y que no es simplemente contra el gobierno de Maduro sino para mantener el dominio imperialista en la región.

Entre el 22 y 23 de enero de 2019 hemos sido testigos de la puesta en marcha de una acción coordinada desde la Casa Blanca, por la vía del llamado cínico de Mike Pence, para la instauración de una presidencia usurpadora e ilegítima por la que nadie votó. La línea dictada por Pence, a nombre de Trump, se siguió en Venezuela con precisión.

Internacionalmente también la OEA y los países de la región que suscribieron la “Declaración de Lima” se subordinaron de inmediato a los planes imperialistas reconociendo la ilegítima presidencia de Guaidó. En primer lugar Bolsonaro, Macri, Piñera y Duque, pretendiendo implementar un bloqueo contra Venezuela alineados con la política militarista de Trump y colaborando con la provocación que supuestamente justifique la intervención armada.

El verdadero usurpador, Guaidó, contribuye a la provocación refugiándose en la embajada colombiana en Venezuela.Desde nuestros distintos países nos sumamos a las acciones internacionalistas, antiimperialistas y unitarias de condena al intento de golpe de Estado en Venezuela.

Llamamos a levantar amplias campañas internacionales en contra de este nuevo capítulo de la larga historia de intervenciones estadounidenses en nuestro continente. Defender la soberanía venezolana no significa ser omisos a contradicciones y críticas al gobierno de Maduro.

Sin embargo, y esto debería de ser un sentido común democrático básico; sólo el pueblo venezolano de manera libre, soberana y democráticamente, sin ser títeres de ninguna potencia imperialista, es dueño de su propio futuro.

¡No al golpe de Estado en Venezuela!

Firmaron:

  • Liga Unitaria Chavista Socialista (LUCHAS) Venezuela. Stalín Pérez, Luis Bonilla 
  • Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), México: Edgard Sánchez, Luis Rangel, Josefina Chávez, Andrés Lund, Gabriela Zanabria.
  • Todd Chretien, por el Comité Central de ISO (EEUU)
  • Movimiento Ecosocialista (Colombia): Daniel Libreros.
  • Polo Ciudadano (Panamá): Olmedo Beluche, Félix Villarreal, Briseida Barrantes y Abdiel Rodríguez.
  • Comuna (PSOL de Brasil): Cheron Moretti, Jacqueline Parmigiani.
  • Democracia Socialista (Argentina) Martín Mosquera.
  • Corriente Amaru (Perú): Jonathan Fuentes.
  • Tarzia Medeiros, Secretaria General del PSOL (BRasil).
  • Guillermo Almeyra. Escritor y militante revolucionario (México).
  • Mario Azeredo, miembro de Dirección PSOL-RS.
  • Berna Menezes de la Ejecutiva Nacional del PSOL.
  • Mario Hernández (Argentina).
  • Eduardo Lucita. Economista (Argentina).
  • Claudio Katz. Economista (Argentina).
  • Aldo Casas. Militante revolucionario (Argentina).
  • Nora Ciapponi, militante socialista (Argentina).
  • Mario Quiñones, médico y militante revolucionario (Venezuela).
  • Eric Toussaint, escritor y militante internacionalista (Bélgica).
  • Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT): México. Jorge Herrera, Fernanda Justo, Alberto Bárcenas, Luis Rojas y Edgard Sánchez.
  • Frente Socialista (México): José Santos.
  • Partido Revolucionario del Pueblo (PRP). México. Gregorio Miranda.
  • Comité de Unidad Popular (México). Mario Rojas.
  • Organización Nacional del Poder Popular (ONPP) México. Luis Rojas.
  • Coordinadora Socialista Revolucionaria (México): Luis Téllez.
  • Partido Comunista Mexicano (PCM): Juan Farrera.
  • Juventud Comunista Mexicana (JCM): Isabel Segovia.
  • Sindicato de Trabajadores de la Alcaldía del Municipio Libertador de Caracas.
  • Sindicato de Trabajadores de FCA Chrysler.
  • Sindicato de Trabajadores de Occimetalmecánica.
  • Sindicato de Trabajadores de Filtros Wix.
  • Sindicato de Trabajadores de Vicson.
  • Sindicato de Trabajadores de Encava.
  • Modesto Emilio Guerrero, periodista.
  • Nancy Espassandin, maestra y politologa socialista, Uruguay.
  • Silvia Beatriz Adoue, ENFF y UNESP (Brasil).
  • Para Um Nuovo Começo (Centro Político Marxista).
  • La Aurora (organización marxista): Francesc Mata.
  • Ricardo Napurí (Perú).
  • Francisvaldo Mendes. Presidente da Fundaçao Lauro Campos do PSOL.
  • Edwin Qiles, Ángel Cuadrado y Francisco Torres del Movimiento Nacionalista Revolucionario de Puerto Rico.
  • Perspectiva Marxista Internacional.

¡Por una campaña internacional en defensa de Venezuela!


En relación a la ofensiva imperialista contra Venezuela, la organización brasileña Resistencia ha venido levantando posiciones con las cuales tenemos coincidencias fundamentales, en particular, la necesidad de una campaña internacional antiimperialista en defensa de Venezuela. Es por eso que en Perspectiva Marxista Internacional resolvimos publicar en este blog dos textos extraídos de su página web esquerdaonline: «Por uma campanha internacional em defesa da soberania da Venezuela» y «Venezuela urgente: Não ao golpe de Guaidó! Fora Trump da América Latina!» (la traducción al español es responsabilidad nuestra).




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Por una campaña internacional en defensa de Venezuela

Por: David Cavalcante, de Recife, PE, 16 de enero de 2019



El 10 de enero asumió la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela para ejercer su segundo mandato, Nicolás Maduro, del Partido Socialista Unido de Venezuela-PSUV, reelegido por elecciones directas y secretas realizadas en el mes de mayo de 2018.

Su asunción puso en evidencia el comportamiento de los medios empresariales, de los medios de izquierda y el posicionamiento de los gobiernos en todo el mundo. Un análisis marxista de la situación de Venezuela no debe olvidar al menos tres elementos:

• Primero, las agencias de noticias internacionales (Agence France-Presse/AFP, CNN, Reuters, BBC), en las que se basan la mayoría de las empresas del periodismo brasileño y forman incluso la opinión de sus propios profesionales, son corporaciones empresariales al servicio del gran capital; por lo tanto, las noticias provenientas de ese medio siempre deben ser chequeadas y revalidadas por fuentes diversas;

• Segundo, existe en el mundo una jerarquía global en el sistema mundial de Estados, en la que los Estados imperialistas dictan la agenda diplomática, política, militar y económica global; en este caso, Venezuela es un país independiente políticamente, pero no es un país socialista. El hecho de que el bolivarianismo haya cometido varios errores por su propia naturaleza social no niega que buscó afirmar política y jurídicamente su soberanía nacional, aunque parcial, y por eso mismo se convirtió en blanco de la furia de los países imperialistas y de sus gobiernos socios más serviles, a ejemplo de Colombia y Brasil;

• Tercero, un Estado capitalista, por más democrático que sea, siempre será una dictadura de una clase que ejerce su poder y opresión sobre las demás clases subalternas y esa es también la naturaleza de los parlamentos liberales-democráticos.

Si se lo analiza formalmente, bajo la óptica de la democracia liberal, no se puede decir que la mayoría de los países latinoamericanos son más democráticos que Venezuela, pues en mayo de 2018 ocurrió la 23ª elección del llamado proceso bolivariano. Fue en aquella elección que Maduro venció compitiendo contra otros tres candidatos.

En Brasil, por ejemplo, existen elecciones directas y secretas, pero no hay elecciones libres, ya que la compra de votos que impera en las regiones más pobres del país, el financiamiento (incluso oficial) extremadamente desigual de campaña y la manipulación de los medios empresariales en a favor de algunos candidatos preferidos del capital, como lo ocurrió con la candidatura de Bolsonaro, fácilmente demuestra que las elecciones burguesas tienen una naturaleza cuyo cambio siempre choca con el límite del sistema económico y político al que está inserta, el sistema capitalista.

El calendario electoral vigente en Venezuela, que hoy es totalmente ocultado de forma intencional por las grandes corporaciones empresarias de agencias de noticias, fue aprobado anteriormente por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), cuya elección fue convocada el 1º de mayo de 2017 y realizada el 30 de julio del mismo año, bajo el boicot de la oposición (MUD).

La MUD controlaba la mayoría de la Asamblea Nacional (Congreso) y pretendía con esa mayoría provocar un golpe parlamentario o incluso la renuncia de Maduro. En ese contexto, la misma OEA que legitimó el golpe contra Zelaya en Honduras, contra Lugo en Paraguay y contra Dilma en Brasil, pasó a boicotear cualquier decisión de la ANC y del gobierno Maduro.

Apoyada por la OEA, por el gobierno de Trump y por la Unión Europea, la derecha venezolana apostó todas sus fichasa al boicot a la ANC, utilizando dos tácticas: por un lado, convocó un plebiscito informal para intentar revocar el mandato de Maduro (no reconocido por el Consejo Nacional Electoral) y, por otro, organizó acciones directas con las llamadas «guarimbas», que fueron los bloqueos de calles violentos y armados donde activistas sociales chavistas o personas «de rojo» eran quemadas vivas.

Las dos tácticas de la MUD fueron derrotadas y poco a poco las «guarimbas» fueron reprimidas o se fueron vaciando, y la ANC se legitimó institucionalmente ante la Asamblea Nacional (Congreso). En este contexto, la ANC aprobó un nuevo calendario electoral con nuevas elecciones regionales (octubre de 2017), presidenciales (mayo de 2018) y municipales (diciembre de 2018).

Siguiendo el calendario electoral de la ANC, se realizaron las dos elecciones más imporantes: las regionales de octubre de 2017 y las presidenciales de mayo de 2018. En las regionales, el gobierno perdió en 5 de los 23 Estados de la Federación (Anzoátegui, Mérida, Táchira, Nueva Esparta y Zulia). La MUD, que se presentó totalmente dividida en esta disputa, pues una parte llamó el ya conocido boicot, pasó a agitar denuncias de fraude sin grandes apoyos de las calles.

Las presidenciales se realizaron en mayo de 2018, con un colegio electoral de más de 20 millones de electores, con una participación de más de 9 millones de electores. Nicolás Maduro, obtuvo 6.245.862 votos (67,8% de los votos válidos), Henri Falcón obtuvo 1.927.387 votos (20,99% de los validos), Javier Bertucci 996.181 votos (10,82% de los votos válidos), y Reinaldo Quijada 36.246 votos (3,96% de los votos válidos). Igualmente, un sector de la oposición de derecha llamó al boicot.

En estos términos, Maduro obtuvo una victoria electoral, en los marcos de un régimen democrático-burgués, con características bonapartistas y nacionalistas. Bajo esta óptica su posesión es totalmente legítima. Su gran error no fue haber respondido al intento de golpe del MUD con la convocatoria de la ANC, su error fue no ampliar las atribuciones de la Constituyente para que se impusiera la expropiación de todos los grandes grupos privados del país, el monopolio del comercio exterior y la planificación economía, en dirección a una transición al socialismo, apoyado en el control popular y democrático.

Uno de los principales errores de Maduro ha sido apoyarse más en las instituciones coercitivas del Estado para combatir a la derecha que apoyarse en la clase obrera y en los sectores populares para expropiar el capital. Sin embargo, frente a ello, defender la Asamblea Nacional (Congreso) contra la ANC es un completo error de sectores democráticos y de izquierda.

La gigantesca y más importante tarea que está en primer lugar en la jerarquía de la lucha antiimperialista es la defensa de la soberanía nacional de todos los países de América Latina, mucho más ante el cerco de gobiernos de derecha que estamos presenciando en Brasil, Argentina y Colombia. Sin enfrentar el dominio del imperialismo se hace imposible defender los intereses de la clase obrera y demás sectores oprimidos.


Defender la soberanía de los países contra el imperialismo: la primera de las tareas de las organizaciones de izquierda


Con la victoria de Iván Duque en Colombia y de Bolsonaro en Brasil, y ahora con el apoyo directo de la OEA y del Grupo de Lima, junto con el boicot económico y diplomático de EEUU, que es la principal causa de la crisis económica y migratoria del país, la derecha golpista de la MUD se sintió fortalecida para intentar volver a crear un ambiente propicio para intervenciones militares extranjeras y/o disidencias internas en las fuerzas armadas de aquel país.

La declaración del líder derechista, Juan Guaidó, presidente de la deslegitimada Asamblea Nacional (Congreso), de que se disponía a asumir la presidencia, sin haber sido siquiera candidato en mayo de 2018, no deja margen de duda.

Chávez y Maduro por su naturaleza social y por los límites de su programa no construyeron salidas estructurales hacia el socialismo –empezando por cambiar la matriz económica del país desde hace mucho dependiente de la renta petrolera, cuando el precio del petróleo estaba en el auge en el mercado internacional– para que efectivamente se pudiera sustituir la dependencia de las importaciones de productos de consumo de primera necesidad como alimentos, ropas y medicinas, producidos por una base industrial estatal.

Reconocer los errores y límites del proceso bolivariano no puede hacernos caer en la trampa de que la política concreta para que la acción se acerque a la estrategia del imperialismo que es derribar al gobierno Maduro e imponer de inmediato a un gobierno de la derecha, lo que significaría una derrota histórica de los trabajadores y del pueblo de aquel país y de toda izquierda en el continente.

Para enfrentar el capital en todos los terrenos es preciso organizar y construir una salida de la clase obrera, pero sin perder de vista que tal construcción pasa por defender en primer lugar la soberanía nacional. Defender la soberanía nacional contra la injerencia imperialista y de la OEA, de las agencias de noticias internacionales y de los gobiernos de la derecha regional, es la primera tarea democrática de la izquierda en el mundo.

No podemos permitir en bajo ninguna hipótesis que el gobierno Maduro sea derrotado por la MUD y el Grupo de Lima. En este sentido, dejamos aquí un llamado para que la izquierda se una en un frente en defensa de la soberanía de Venezuela. Por otro lado, tenemos que exigir del gobierno Maduro que el combate a los golpistas de la MUD no puede justificar ninguna medida coercitiva contra las organizaciones populares, el movimiento obrero y la izquierda socialista. Esto debilita la lucha por el socialismo que el propio gobierno reivindica en sus discursos.

Ante el cerco cada vez mayor del imperialismo a Venezuela, es urgente que la izquierda latinoamericana ponga en marcha una campaña que levante bien alto la bandera: ¡Fuera Trump de América Latina! ¡Saquen las manos de Venezuela!


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Venezuela urgente: ¡No al golpe de Guaidó! ¡Fuera Trump de América Latina!

Editorial del 24 de enero de 2019



Nicolás Maduro asumió el 10 de enero para un segundo mandato presidencial, según el calendario electoral aprobado por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que actualmente ejerce plenos poderes en Venezuela.

Las principales agencias de noticias internacionales y brasileñas ocultan intencionalmente que Maduro ganó las elecciones en mayo de 2018, compitiendo por medio del voto directo y secreto, derrotando a otros tres candidatos opositores, obteniendo 6.245.862 votos (el 67,8% de los votos válidos), seguido de Henri Falcón que alcanzó 1.927.387 votos (20,99% de los válidos), además de Javier Bertucci con 996.181 votos (10,82% de los votos válidos) y Reinaldo Quijada que alcanzó 36.246 votos (3,96% de los votos válidos).

En esas elecciones, un importante sector de la oposición de derecha, organizada en el frente derechista Mesa de la Unidad Democrática (MUD) llamó el boicot, desconociendo el calendario electoral convocado por la ANC. Antes, en diciembre de 2015, la oposición de derecha había elegido a la mayoría de los diputados en la Asamblea Nacional (el Congreso Nacional de Venezuela), y desde entonces pasó a intentar un golpe parlamentario apoyado por EEUU, al estilo hondureño / paraguayo, que también fue aplicado en Brasil con el impeachment de la presidenta Dilma.

Sucedió que ese intento de golpe, que también se apoyó en violentas manifestaciones de bloqueos callejeros –las llamadas «guarimbas»—, fue derrotado justamente porque Maduro convocó a la ANC para enfrentar la operación de la MUD/EEUU. Uno de los partidos que forma parte del MUD y también llamó al fracasado boicot de la ANC fue Voluntad Popular del entonces Diputado Nacional, Juan Guiadó, que fue el presidente de la actualmente superada Asamblea Nacional, que funciona sin legitimidad institucional como asamblea partidista opositora.

Guaidó, este miércoles 23 de enero, de forma inédita y apoyándose en el gobierno Trump, en la OEA y en los sirvientes del imperialismo, Ivan Duque de Colombia y Bolsonaro de Brasil, se autoproclamó presidente de la República de Venezuela. Llama atención que Guaidó no concurrió a las elecciones en mayo de 2018, es decir, ¡no tuvo ni siquiera un voto. A coninuación, el golpista tuvo el rápido reconocimiento del gobierno imperialista de Donald Trump, seguido por los países alineados a Estados Unidos en América Latina y Europa. Las loables excepciones que se declararon contra la más reciente operación golpista, entre los países de América Latina, fueron los gobiernos mexicano, cubano y boliviano. Turquía, Rusia y China también se posicionaron contra la intervención norteamericana en Venezuela.

La autoproclamación del ex diputado consiste en una operación golpista más de la MUD para intentar desestabilizar el país y dividir al pueblo y a las Fuerzas Armadas venezolanas, intentando abrir el camino incluso para nuevas operaciones militares extranjeras o nuevos atentados terroristas, siguiendo el ejemplo del intento de asesinato Maduro, perpetrado con el uso de drones, en agosto de 2018, o incluso el de junio de 2017, operado con un helicóptero que lanzó granadas en el predio del Ministerio del Interior de Venezuela.

No somos chavistas, no apoyamos políticamente al gobierno de Maduro y no consideramos a Venezuela como un modelo de socialismo, ni siquiera de transición al socialismo. Sin embargo, estamos incondicionalmente al lado de los pueblos latinoamericanos contra cualquier intento golpista proimperialista, organizado bajo el manto de defensa de la democracia liberal.

Defendemos la autodeterminación de los pueblos y estamos en contra de la entrega de las riquezas petroleras a las multinacionales del petróleo, pues ese es uno de los principales objetivos que se desea con el derrocamiento inmediato del gobierno Maduro por la MUD: la apropiación privada imperialista de las mayores reservas de petróleo y gas en el mundo, pues Venezuela desde 2010 superó incluso a Arabia Saudita en las reservas globales de los países de la OPEP.

Estamos a favor de la profundización de las medidas antiimperialistas y de la expropiación y estatización de los grandes grupos económicos, en particular de los bancos, del sector de alimentos y de medicamentos, y de las tierras.

También estamos a favor de la congelación de los precios de los bienes de supervivencia inmediata y de la confiscación de las propiedades de los sabotadores de la economía popular. Defendemos la autodefensa organizada de la población civil, lado a lado con las fuerzas armadas, ante cualquier operación militar externa.

Yfinalmente, defendemos que el gobierno Maduro y la ANC garanticen la más amplia democracia y libertad de expresión para las organizaciones sociales y sindicales, de sectores no golpistas y de toda izquierda del país. No se puede intentar sofocar las diferencias en nombre de la unidad. Cualquier actitud antidemocrática contra las organizaciones legítimas del pueblo y de la izquierda venezolana, en vez de fortalecer, debilita esa inmensa lucha.

El imperialismo norteamericano y sus gobiernos aliados europeos, al servicio de las grandes corporaciones capitalistas, recurrentemente utilizan el discurso «democrático» para ocultar sus reales objetivos de recolonización de los pueblos del mundo. Tatan, así, de posibilitar una mayor expoliación de los recursos naturales y la explotación cada vez mayor de los trabajadores y de las poblaciones originarias. Así lo hicieron en las ocupaciones de Irak (2003/2011) y en Afganistán (2001/2013), con el resultado de la destrucción de esos países y la muerte de miles de personas.

Lo que está en curso por parte de la oposición de derecha, del imperialismo y de sus socios en la región, como es el caso del reciente gobierno de Bolsonaro en Brasil, no es una nueva operación en defensa de la democracia, sino un nuevo intento de intervención proimperialista para derrocar al gobierno de Venezuela y apoderarse a la vez de las riquezas petroleras de aquel país. Y, a continuación, aplicar medidas ultraliberales, po ejemplo, la dolarización total de la economía, privatizaciones generalizadas y recortes brutales de los derechos de los trabajadores y de las políticas sociales.

¡Los pueblos latinoamericanos necesitan unirse para evitar una nueva guerra destructiva de los pueblos y de los recursos naturales, esta vez en nuestro continente! ¡Exijamos que los gobiernos de la región rechazen cualquier acuerdo con Trump o intento de cesión de territorios, bases u operaciones militares que signifiquen medidas de guerra contra el pueblo de Venezuela! ¡Ningún reconocimiento de la autopresidencia golpista de Guaidó! ¡Fuera Trump de América Latina! ¡Convocamos a todas las organizaciones de izquierda y de los movimientos sociales a formar comités en defensa de la soberanía de Venezuela!



31/1/19

Declaración de P.M.I: ¡Urge la más amplia unidad para movilizarnos y derrotar la intervención imperialista en Venezuela!


Declaración de Perspectiva Marxista Internacional

 

La ofensiva imperialista comandada por Trump contra los pueblos latinoamericanos y del Caribe se agudiza. Hoy su blanco privilegiado es Venezuela.

El FMI, la OEA, los gobiernos cipayos de la región y sus fuerzas armadas se han ubicado al servicio de las decisiones de Trump, a quien no le faltarán aliados entre las potencias europeas, que ya dieron un ultimátum al gobierno de Nicolás Maduro para que en el plazo de una semana convoque a elecciones porque en caso contrario reconocerían al «presidente autoproclamado» o «presidente interino».

El gobierno de los Estados Unidos junto a varias potencias imperialistas y sus agentes en Latinoamérica, han designado de manera intencional otro presidente de Venezuela. Se trata de una grosera injerencia en los asuntos internos de ese hermano país, usurpando el pleno derecho a decidir soberana y libremente a los trabajadores y al pueblo.

Si los planes que buscan destituir a Maduro triunfan en Venezuela, se fortalecerán los gobiernos y las políticas ultrareaccionarias contra el pueblo pobre y las masas trabajadoras no solo en el país sino en Latinoamérica y el Caribe. Sin contar con que los acontecimientos, en una escalada peligrosa del conflicto, podrían derivar en caos y devastación para poblaciones enteras.

La velocidad que adquieren las acciones en el terreno político, económico y diplomático y de amenaza militar se deben a una combinación de varios factores, pero es evidente que el triunfo de Bolsonaro en Brasil le ofrece esta oportunidad única a la política irracional y cada día más agresiva de Trump, en un período en el que coincide la existencia de un número importante de gobiernos proyanquis, o sea, al servicio directo de sus intereses. Hacía ya varias décadas que el escenario político de la región que no estaba dominado por esta conjunción de mandatarios serviles a los gringos (cipayos), entre los fundamentales: Abdo Benítez, presidente de Paraguay; Lenin Moreno en Ecuador; el pinochetista Piñeira en Chile; Vizcarra en Perú; el oligarca Macri en Argentina; Duque en Colombia y el fascistoide Bolsonaro en Brasil. Quienes de manera rápida formaron el Grupo Lima como una primera demostración de la política proimperialista que defenderían.

Estos presidentes supuestamente «democráticos», bajo la dirección del amo del Norte y de los organismos internacionales que le son funcionales, han orquestado este esperpento político-institucional, quizás uno de los más burdos de la historia: la «autoproclamación» a presidente «a cargo» de Juan Guaidó, un dirigente de la oposición oligárquica a Maduro, días después de que este último asumiera como presidente un nuevo mandato constitucional. Este respaldo descarado –en todos los niveles de decisión internacional– a este personaje surgido de la nada, que ni siquiera fue candidato en mayo de 2018 (después de los fracasados intentos de golpe de la MUD y los yanquis), crea en los hechos «una dualidad de poder» y, como plantea la declaración del Ministerio de Exteriores de Rusia, «la formación de un centro alternativo de toma de decisiones lleva directamente al caos y destrucción de los cimientos del Estado venezolano».

Es evidente también la política de presión y chantaje ejercida contra las Fuerzas Armadas bolivarianas para intentar dividirlas y que un sector de militares efectivicen un golpe que derroque al gobierno surgido de elecciones en Venezuela, a cambio de lo cual les prometen una anmistía.

En el marco de esta batalla tan decisiva y tan despareja contra el amo del Norte, no tiene ningún fundamento discutir sobre la defensa de los métodos democráticos versus los «totalitarios» de Maduro, salvo que llamemos a confiar en el trío Trump-Bolsonaro-Netanyahu para liderar esa lucha por las libertades. Hoy, plantear la defensa de la «democracia» en Venezuela significa colocarse bajo la dirección del imperialismo yanqui y de los gobiernos ultrarreaccionarios de la región.

Cada vez que los yanquis agitaron las banderas de la democracia tuvieron bajo el brazo las toneladas de bombas y misiles que arrojaron en Vietnam, Irak, Afganistán, Libia y Siria. En cambio, las libertades democráticas que hemos conseguido y estamos disfrutando todavía a nivel de toda la región, a pesar de los marcados retrocesos, han sido fruto de la heroica lucha de las masas.

Las dictaduras feroces que dominaron en el Cono Sur durante los años 70-80 –que tomaron el poder por medio de golpes de Estado orquestados desde los Estados Unidos–, fueron derrotadas por la resistencia y la lucha del pueblo y de los trabajadores; nada se consiguió por la graciosa concesión de los militares, ni menos todavía del imperialismo. Los trabajadores debemos defender las libertades democráticas elementales (de organización, de prensa, etcétera) porque nos sirven para organizarnos para luchar, pero siendo conscientes de que el régimen «democrático» de la clase capitalista es realmente una dictadura de los poderosos y una trampa para ilusionarnos en que podemos solucionar nuestros problemas votando cada cuatro o seis años.

El enfrentamiento al imperialismo es una tarea democrática, es una lucha por la liberación nacional, incluye a todos: a los chavistas, a los castristas, a los petistas, a los peronistas que todavía levanten esta bandera, a los «populistas», a los anticapitalistas, etcétera.

Los países imperialistas han implementado todos los medios –que el dinero obtenido de la superexplotación de la clase obrera, de la opresión a los pueblos y de la especulación financiera les posibilita– para orquestar campañas destituyentes, de mentiras y de farsas institucionales para sacarse se encima los líderes de gobiernos que de alguna forma lo enfrentaron y tuvieron roces ecónomicos y políticos con ellos, en una palabra, que les obstruyeron de alguna forma el saqueo indiscriminado. Además de utilizar todos los resortes de las instituciones republicanas supuestamente democráticos, como el Parlamento, o supuestamente independientes, como el Poder Judicial y el poder de los medios de comunicación, los yanquis también distribuyeron bases militares en varios países, entre ellos Perú (8 bases), Panamá (12) y Colombia (9), entre las más conocidas. Siendo este último país, que además se ha convertido en un socio de relevancia militar para la OTAN, un actor clave en la región.

Venezuela es un territorio rico en oro, minerales y petróleo (principal reserva del mundo), o sea, que se trata de una presa codiciada para la ferocidad y el militarismo capitalista-imperialista. La política independiente sostenida por el chavismo y el respaldo comercial y financiero que le brindan China y Rusia le incorpora otra batalla, como lo planteara en su momento el ex secretario de Estado de Trump y director de la Exxon Mobil, Rex Tillerson: la presencia comercial en la región de estos dos países es una amenaza para «nuestros valores democráticos».

El último caso emblemático de la injerencia previo a los últimos sucesos venezolanos lo constituyó el encarcelamiento del ex presidente y candidato a presidente por el PT, Lula Da Silva, quien fue condenado por el «juez independiente» Moro, formado por el Departamento de Estado y por la Escuela de leyes de Harvard en los Estados Unidos y que hoy ocupa el cargo de ministro de Justicia en el gobierno de Bolsonaro. El avance de la injerencia no se detendrá en Venezuela. Las amenazas contra Cuba, Nicaragua y Bolivia suman blancos contra los cuales apuntan las bases y el financiamiento yanqui para equipar, entrenar y monitorear las fuerzas militares en la región.

En la otra trinchera, los trabajadores deberemos comprometer a nuestras direcciones políticas, sindicales y sociales en una campaña contra la intervención imperialista en Venezuela. Una campaña que abarque todos los ámbitos de la cultura, del trabajo, social, estudiantil, sindical y político contra la intervención política, económica y militar del imperialismo yanqui y los gobiernos ultrarreaccionarios de la región. Una campaña para confluir en una movilización de masas que se extienda desde México hasta Tierra del Fuego, ubicando en primer lugar la bandera de la defensa de la soberanía del pueblo venezolano y de su país.

Las diferencias que se puedan sostener con el régimen chavista y su movimiento político no puede hacernos caer en la trampa de apoyar la estrategia del imperialismo. A todos los trabajadores nos incumbe lo que pasa en Venezuela. Nuestro futuro está atado a las luchas que den nuestros hermanos latinoamericanos. Los máximos dirigentes políticos, sindicales y sociales que dicen defender la soberanía de nuestros países deben convocar a la movilización contra el avance imperialista en la región. Para frenarlo y derrotarlo debemos ganar masividad y decisión de lucha, y es necesario coordinar las protestas a nivel internacional.

Nicolás Maduro, su gobierno en pleno y la ANC deberían ubicarse en primer lugar de una convocatoria a los trabajadores y a las masas populares de Venezuela, Latinoamérica y el Caribe con el fin de movilizar contra la intervención de las potencias imperialistas, junto a las centrales sindicales, los dirigentes populares y las organizaciones políticas antiimperialistas. Cuba y los dirigentes políticos chavistas de todos los países deberían secundar esta convocatoria a la movilización antiimperialista.
Lo mismo deberían hacer López Obrador; Lula, junto al PT, la CUT, las demás centrales sindicales y los movimientos sociales de Brasil; las centrales sindicales colombianas junto a los partidos políticos opositores a Duque; Evo Morales y la COB boliviana; el Frente Amplio uruguayo; el kirchnerismo argentino; las centrales sindicales de Latinoamérica y el Caribe; los partidos que, aunque no cuestionan el sistema capitalista, se declaran populares, antiimperialistas o de izquierda, y las corrientes políticas latinoamericanas que se proclaman marxistas, entre ellas, las trotskistas.

Es imprescindible que en la patria de Trump, en los Estados Unidos, los trabajadores y sectores sociales y políticos opositores se manifiesten en contra de sus medidas contra el pueblo y la soberanía de Venezuela. Los movimientos de las mujeres, los chalecos amarillos franceses, los trabajadores y centrales sindicales de Europa, que hoy luchan contra las políticas de ajuste de sus gobiernos, deberían sumarse para reclamarles que no respalden la nueva aventura guerrera e imperialista de los yanquis.

Si los gobiernos de China y Rusia apoyan la decisión del electorado que le dio el mandato a Nicolás Maduro deberían entonces destinar fondos para que el pueblo venezolano no sufra las consecuencias del bloqueo y asfixia económicos que por distintas vías están ejecutando los Estados Unidos y demás potencias imperialistas.
Reafirmamos que está en curso un golpe de estado orquestado por los Estados Unidos, y si lograran su objetivo de dividir a las Fuerzas Armadas venezolanas, la agresión política y económica tendrá un desenlace militar con consecuencias trágicas para el pueblo venezolano.

¡Fuera el títere Guaidó!

¡Defendamos la soberanía del pueblo venezolano y de su país!

¡No más sangre por petróleo!

¡Impedir que un solo soldado o mercenario yanqui o de los gobiernos cipayos de América Latina pise territorio venezolano!

¡Por la segunda independencia de América Latina!


Perspectiva Marxista Internacional

29 de enero de 2019