2/8/23

La rebelión francesa

 

El 27 de junio en Nanterre -oeste de París- empezó una de las movilizaciones más multitudinaria, furiosa y violenta de los últimos tiempos, la marea explosiva ha ido extendiéndose más allá del área metropolitana de Paris y aparecieron focos en otras ciudades. El odio se expresaba en saqueos a centros comerciales, ataques a comisarías, a ayuntamientos, quema de coches de la policía, deparada de autobuses y vehículos del transporte público.

La gota que desbordó el vaso fue el asesinato de un joven, el mismo día 27 de junio, en un suburbio de Nanterre.  Un policía le disparó en el pecho -por no parar en un control de tránsito- a Nahel, un trabajador adolescente francés de origen argelino, de 17 años, repartidor de pizza y estudiante de electricidad en un Liceo, hijo único criado por su madre.

A raíz del asesinato de Nahel, desde los suburbios hasta el centro de París, avanzó un furioso tornado que ha tenido como factor fundamental a la juventud y en buena medida incluso adolescentes menores de edad, que se organizaron a través de las redes sociales, con lo cual las protestas se extendieron a diferentes sectores.  Fue un estallido espontáneo de lucha contra el racismo, el gatillo fácil, las miles de detenciones, las maniobras judiciales que abren procesos contra los detenidos y declara prohibidas ciertas manifestaciones.

Según datos oficiales, más de 3.700 personas han sido detenidas por la policía con relación a las protestas desde la muerte de Nahel, entre ellas unos 1.160 menores desde 13 años que se encuentran bajo custodia policial y un hombre adulto muerto en Marsella.

Las movilizaciones de masas en Francia suelen arrancar desde los sectores más explotados y oprimidos: los trabajadores inmigrantes. Los estallidos marcan continuamente el descontento con el capitalismo imperialista explotador y segregacionista, con el régimen político cada vez más bonapartista y represivo, aunque las protestas no las expresen nominalmente.

Desde el 2005 hubo varias movilizaciones importantes, como la que estalló en el suburbio parisino de Clichy-sous-Bois cuando murieron electrocutados dos jóvenes musulmanes, ZyedBenna (17 años) y BounaTraoré (15 años), al chocar contra una subestación eléctrica cuando huían de la policía después de un partido de fútbol.

En el 2006, incendiarias protestas de jóvenes, en contra de la ley de contrato del primer empleo fueron brutalmente reprimidas.  Jóvenes desempleados que buscaban trabajo se vieron enfrentados al gobierno de los empresarios que les impone precarización laboral y muy bajos salarios.

En el 2016, Adama Traoré, un joven francés de origen maliense de 24 años, detenido en la comisaría de Persan (Val-d'Oise) muere por asfixia, estando en custodia policial[1].  Su muerte provocó multitudinarias protestas en contra de la brutalidad policial en Francia, reactivadas en 2020 por el caso de George Floyd en Estados Unidos.

Francia es uno de los países europeos que mayores y más violentas movilizaciones de protestas ha tenido desde los años noventa. La necesidad de los trabajadores y pueblo pobre de defender sus conquistas históricas que este capitalismo decadente les ha ido despojando ha hecho surgir protestas de todo tipo, algunas explosivas, iniciadas por variados motivos: contra el aparato represivo y el abuso de poder, contra el empeoramiento de las condiciones de vida, contra la discriminación, contra la suba del combustible, del pasaje del transporte, contra los ataques al derecho de jubilación.

Las movilizaciones espontáneas, como la más reciente, suelen surgir en los barrios suburbanos pobres, donde habitan trabajadores precarizados y jóvenes desempleados.

Las protestas que empiezan en los barrios periféricos, la prensa las tildan de revuelta de inmigrantes, porque ahí viven en su mayoría; es el fenómeno, es lo que aparece a primera vista. Así también, la chispa que genera el incendio suele ser un criminal ataque policial contra algún joven inmigrante.

La realidad profunda es la crisis económica que cargan sobre sí los trabajadores y sectores populares, donde los más afectados son los inmigrantes, pero no solo ellos. Desde enero, ha habido una serie de movilizaciones en Francia, multitudinarias, combativas y hasta incendiarias, como las últimas, en la lucha contra la reforma previsional que retrasa la edad jubilatoria(de 62 a 64 años) y aumenta un año más de cotizaciones (de 42 a 43 años de aportes). Un saqueo a la clase trabajadora en favor de la burguesía.

Los estallidos en las periferias de Francia tienen algunas características comunes, pero nunca se había visto esta magnitud geográfica y de furia[2].  Aunque la mayoría de los estallidos sociales y luchas tienen en común varios factores políticos, sociales y económicos, el contexto de esta lucha tiene peculiaridades propias: se da en el marco de la criminal guerra de Estados Unidos y su brazo armado, la OTAN,  contra Rusia, los severos  planes de ajuste de Macron contra las masas mientras millones de Euros van como ayuda militar a Ucrania para sostener la guerra contra Rusia, la ofensiva antijubilatoria del gobierno, su apoyo a las fuerzas represivas para el gatillo fácil contra los pobres e inmigrantes.

El trasfondo es complejo: la crisis económica, la pobreza, la inflación y la falta de empleo, la exclusión social de numerosos sectores de la juventud, la precarización laboral, la pelea salarial y las manifestaciones contra la reforma previsional. El motivo del odio profundo de las masas es el ataque de la burguesía francesa, su régimen y su gobierno contra las condiciones de vida de los trabajadores y los sectores populares.

La inflación interanual en Francia es del 4,5% pero en alimentos es del 12,9%[3]  siendo el rubro en que más gastan los sectores populares.  El costo de la vivienda (incluido alquileres) también tuvo un fuerte incremento 8,2% ocultado por el índice general de la inflación.  La tasa de desempleo en 2023 llega a 7%, pero en los jóvenes menores de 25 años se dispara a 17,2%[4]

Una encuesta publicada en abril por Le Parisien, indica que los sectores más pobres redujeron sus gastos en alimentación. Fueron consultados los que ganan el salario mínimo (1.353 Euros), de los cuales el 79% afirmó que redujo las compras alimentarias, más de la mitad dijo que redujeron sus porciones y el 42% incluso que suprimió una de las comidas, principalmente desayuno o cena[5]. La calidad alimentaria también se vio afectada ya que se redujo el consumo de frutas y verduras por su alto costo, con incrementos de hasta 17%[6]

Estos elementos configuran el contexto del estallido actual y de las anteriores como las protestas violentas contra la ley del «contrato del primer empleo» (2006),  las manifestaciones contra la primera reforma de la edad jubilatoria  (2010),  las movilizaciones de protestas de los chalecos amarillos (2018) y también este año las manifestaciones contra la reforma de previsional de Macron.

Las derrotas, traiciones, negociaciones desastrosas de las direcciones, por momentos ha debilitado la lucha de masas, aunque el bajón no ha podido impedir nuevos estallidos sociales como la última de  las banlieves (periferia de las ciudades)  con una multitud de jóvenes en las calles, automóviles quemados, centros comerciales asaltados, bancos atacados.

Los jóvenes que salen en las protestas hacen parte de esas generaciones que sienten con mayor fuerza la sensación de «no futuro».  Si el capitalismo lograba crear eufemismos para las pasadas generaciones de jóvenes de la clase trabajadora (ley del primer empleo, trabajo part-time, emprendedorismo, pluriempleo), a estas les ofrece poco y nada. Por eso en cada grito, en cada gesto aparece con mayor fuerza la necesidad del cambio radical, los gérmenes revolucionarios surgen en  cada estallido.

 

Las masas contra el régimen y el gobierno

Es una protesta contra el régimen y específicamente contra el gobierno de Macron que ha profundizado el carácter bonapartista-dictatorial con sus planes de ajuste, con la aprobación por decreto de la contrarreforma jubilatoria y por dar manos libres a las fuerzas represivas. También es un alzamiento contra el cada vez mayor acercamiento del gobierno a los movimientos fascistas al que Macron extiende la alfombra roja con sus declaraciones contra los inmigrantes. Las masas no olvidan que Macron golpeó a los trabajadores en la pandemia, sigue golpeando con la guerra, favoreciendo a la burguesía más rica del país.

Tras las movilizaciones por el asesinato de Nahel y habiéndose cumplido 7 años del asesinato policial de Adama Traore, un joven negro que murió estando en custodia policial fue organizada una movilización en su memoria, la cual fue prohibida. A pesar de ello, los manifestantes desafiaron las prohibiciones y marcharon contra la violencia policial.  La hermana del joven expresó su repudio a la orden judicial, señalando:  «Autorizan las marchas de los neonazis, pero a nosotros no nos dejan marchar. Francia no puede darnos lecciones de moral. Su policía es racista y violenta».

Las libertades públicas están perdiendo terreno en Francia frente a un gobierno cada vez más autoritario y represivo como de hecho son los gobiernos en apariencia democráticos cuando se pone en juego los privilegios de los sectores dominantes. Aplica todo tipo de táctica para descomprimir las manifestaciones, desde prohibirlas hasta suspender el servicio de transporte público por la noche, toques de queda en algunos distritos, detenciones (más de 3.000 detenidos), procesos judiciales a manifestantes detenidos, despliegue en las calles de 45.000 efectivos de las fuerzas represivas (4 veces más que la cantidad desplegada en el momento más álgido de las movilizaciones contra la reforma de pensiones), amenaza de cortar redes sociales si la situación sale de control.

 

La explicación reaccionaria

La etnificación de la protesta es el centro del discurso de la derecha, lo que le permite llevar el foco hacia la inmigración y desviarlo de los temas importantes y urgentes: la guerra, jubilaciones, desempleo, precariedad laboral, inflación, agudización de la represión. Así, todos los problemas se reducirían a minorías inadaptadas a las costumbres francesas y acentuadas por el ingreso masivo y sin control de extranjeros a los que los servicios públicos no pueden dar suficiente atención.

Este tipo de afirmaciones oculta, por un lado la tremenda explotación de los inmigrantes. El 90% de las autopistas se hicieron con mano de obra inmigrante más barata, el 50% de los médicos de los hospitales de los barrios populares son de origen inmigrante, también el 42% de los trabajadores de las empresas de limpieza, el 60% de los pequeños talleres mecánicos de la región parisina son de inmigrantes[7].

Una investigación de la Universidad de Lille del 2010 indicaba que el Estado recibía de los inmigrantes un saldo positivo de 12.400 millones de Euros por los ingresos en concepto de impuestos varios, descontados los servicios estatales prestados.[8]

Los trabajadores inmigrantes realizan las tareas más duras e indeseables, al mismo tiempo son los peor pagados y los que tienen las peores condiciones o casi ninguna seguridad social.  Además de las tareas de servicios, limpieza, infraestructura, la inmigración tiene varios aportes culturales y deportivos a la nación francesa, tan solo basta echar un vistazo a los clubes de la Ligue 1 o la selección francesa de futbol para ver la pléyade de deportistas de origen negro o árabe.

Por otro lado, si bien el detonante de las protestas últimas ha sido el asesinato de un joven hijo de inmigrante, la ola de protesta reciente en Francia, lleva ya más de seis meses, con subidas y bajadas, desde las grandes movilizaciones contra la reforma previsional que desde enero involucró a varios sectores de trabajadores activos y jubilados a quienes se les unieron los jóvenes.

La violencia represiva contra jóvenes golpea mucho más a los inmigrantes o hijos de inmigrantes.  Sin embargo, en las protestas contra la brutalidad policial no salen sólo ellos, salen jóvenes en general, golpeados por este sistema económico excluyente y empobrecedor.  Por eso a las últimas tumultuosas protestas contra el asesinato de Nahel la denominaron «marcha blanca», para significar que el problema no era sólo con los inmigrantes, los negros, los africanos, sino que estaba afectada toda la población que sufre la opresión del régimen y los ataques del decadente capitalismo imperialista francés y su estado.

 

Contra el capitalismo imperialista

El proceso de lucha ha sido objetivamente anticapitalista. Una protesta contra el capitalismo que inunda de publicidad llamando al consumo y que al mismo tiempo, por la profunda desigualdad, impide el acceso a los bienes a amplias capas de la población. La frustración que genera esta situación en los sectores más pobres explota en la irrupción violenta de las masas contra los centros comerciales, en los ataques destructivos contra los bancos. Las masas procedieron a romper todo a su paso, en las calles incendiaron los vehículos, destrozaron escaparates de las tiendas y destruyeron mobiliarios de los restaurantes.

La lucha de los inmigrantes es también una lucha antiimperialista, gran parte de los inmigrantes son refugiados de los conflictos instigados y financiados por las empresas capitalistas francesas que operaban en las colonias y están presentes en las actuales semicolonias, también son exiliados económicos de los empobrecidos países africanos, y en  gran medida son refugiados de las persecuciones de los dictadores africanos sostenidos por la metrópoli francesa como parte de un mismo régimen de dominación imperialista. Así funciona la democracia de Francia, tiene partes íntimamente ligadas, una cara de la moneda es el régimen en Europa y otra en el continente africano y en las Antillas.

Las reivindicaciones que han aparecido en toda las luchas del último año, de poner fin al involucramiento del país en la guerra de la OTAN es objetivamente una protesta contra el imperialismo guerrerista. Francia es parte del frente de la OTAN en la guerra que se desarrolla en Ucrania, supeditándose a los intereses del conjunto de los países imperialistas europeos y de EE.UU.  Francia es uno de los principales aportantes de armas, municiones, pertrechos y alimentos para la guerra, lo que ha acarreado una nueva andanada de ajustes económicos contra las masas, ya que cada euro destinado a la ayuda militar a Ucrania sale del bolsillo de los trabajadores. Un grito corriente que recorre las movilizaciones últimas en toda Europa es: ¡Ni un euro más para la guerra de la OTAN!

 

Las expresiones hostiles y el fondo de la vergüenza

«Enhorabuena a los compañeros que abrieron fuego contra un joven delincuente de 17 años»[9] publicó el sindicato policial inmediatamente al conocerse la noticia, el tweet se borró posteriormente, pero varios medios se hicieron eco del mismo.

Algunos sectores han hecho una colecta para el policía que disparó contra Nahel. La  campaña fue lanzada por Messiha, el presidente del Institut Vivre Francais[10] que anteriormente trabajó con los candidatos presidenciales de extrema derecha Marine Le Pen y Eric Zemmour, y otro sector de derecha presentó un proyecto de ley que elimina la inimputabilidad para menores.  En ambos casos, es claro el apoyo al accionar del policía y una amenaza dirigida a los que luchan, en este caso a los jóvenes de los suburbios.

Los gremios policiales y el propio presidente responsabilizan a los padres que no pueden controlar a sus hijos.  Según Macron: «Es la responsabilidad de los padres guardar a sus hijos en casa. La República no tiene la vocación de sustituirlos». En los barrios populares, el 35% de las familias son monoparentales y nueve de cada diez, madres solteras[11]

 

Decadencia del imperialismo francés y del régimen democrático burgués

El pasado colonial pesa en el interior del régimen imperialista de Francia. La segregación racial, las arbitrariedades contra los inmigrantes son el subproducto de un Estado que por siglos ha dominado y explotado como colonias a los pueblos de África y de las Antillas. La hegemonía cultural de la clase dominante todavía tiene bien asentada en diversos sectores sociales y sobre todo en las instituciones la actitud despectiva, arbitraria y racista respecto a los trabajadores inmigrantes. Los barrios periféricos pobres rememoran lo que antes eran las pobres naciones africanas sometidas a regímenes de explotación esclavistas.

El aparato represivo es más cruel con los pobres e inmigrantes, la excusa oficial del desempleo son los inmigrantes, el aumento de la delincuencia es comúnmente atribuido a los inmigrantes. Son los chivos expiatorios de las calamidades que provoca el capitalismo en Francia.

 

Recuadro de luchas importantes de los últimos años

2005:  violentas protestas por la muerte de dos adolescentes musulmanes, ZyedBenna (17 años) y BounaTraoré (15 años), cuando huían de la policía después de un partido de fútbol, al chocaron  contra una subestación eléctrica en Clichy-sous-Bois, un suburbio de París y murieron electrocutados

2006:   más de 3 millones de participantes, en su mayoría jóvenes, en las violentas protestas en varias ciudades contra la Ley  del Contrato del primer empleo.

2010:   huelga general obrera convocada para impedir que la ley de pensiones sea votada (primera reforma de la edad jubilatoria).  Se plegaron los estudiantes, que se enfrentaron a la policía afuera de los colegios secundarios y estuvieron en los piquetes al lado de los obreros.

 2016:   asesinato de Adama Traoré, un joven francés de origen maliense de 24 años, quien fuera detenido en la comisaría de Persan (Val-d'Oise) muere por asfixia, estando en custodia policial.

2018:   la sublevación de los “chalecos amarillos” autoconvocados y completamente independiente de los sindicatos y partidos políticos tradicionales de la clase trabajadora, contra el aumento de precios de los combustibles, pero que posteriormente se amplía con la exigencia de aumento salarial, reducción de la edad de jubilación, restablecimiento del impuesto a la riqueza, contra las restricciones al acceso a la universidad y el aumento de matrícula para extranjeros que acabarán con la universidad abierta y gratuita.

2023:  el estallido por el asesinato de Nahel, el adolescente de origen argelino, repartidor de pizza, estudiante del Liceo por parte de un policía por no haber parado en un control de tránsito.

Las derrotas recientes de las movilizaciones contra la reforma jubilatoria, antes que hacer mermar la voluntad de lucha, lo que hizo fue acumular frustraciones, aumentar el odio, la bronca. La ley del «gatillo fácil» del 2017 que facilitaba a la policía el uso de armas de fuego en situaciones que antes no podía, no sirvió para derrotar la voluntad de luchar de las masas, pero sirvió para acrecentar las víctimas mortales de la fuerza policial y para desprestigiar aún más frente a los trabajadores al Partido Socialista que votó a favor de la ley[12].

 

La rebelión pone en crisis a las organizaciones tradicionales

Es probable que por las recientes negociaciones y derrotas de las luchas sindicales y por la prioridad electoral de los partidos de izquierda, las barriadas de trabajadores inmigrantes y los jóvenes que salen a luchar tengan desconfianza en las organizaciones tradicionales de la clase trabajadora.

La emergencia furiosa de las protestas fue espontánea, es decir, no controlada por ningún partido o burocracia sindical. La forma y la radicalidad sorprendieron a todo el mundo, las organizaciones sindicales tradicionales y los partidos reformistas, sorprendidos también, jugaron en el equipo rival, llamando a la calma y al diálogo y para que la lucha no se salga de los márgenes institucionales.

Todas las luchas apuntan objetivamente contra el aparato represivo, la marginación arbitraria de la población inmigrante, contra el plan económico antipopular de Macro agravado hoy por la ayuda financiera destinada a la guerra de la OTAN en Ucrania, contra la destrucción del sistema jubilatorio, contra la carestía de la vida, contra la precarización laboral, en fin contra el capitalismo francés, cada vez más decadente, elitista, racista y depredador de vidas humanas.  Lastimosamente, si el carácter de la lucha va contra el sistema, las direcciones sindicales y políticas miran en otra dirección y juegan para el lado del régimen.

Contra la represión y la violencia policial, un gran sector de la izquierda propone volver a instaurar la «policía local» establecida durante el gobierno de Jospin con apoyo de la izquierda que pretendía dar la apariencia de un sistema represivo «más amigable» en las barriadas ya que cumplía ciertas tareas propias de trabajadores sociales[13]. Esa policía fue eliminada por Sarkozy y hoy la reivindicación «progresista» es recuperarla para tener un sistema represivo «más humano».

El divorcio entre las movilizaciones de masas y la izquierda es notable por su casi nula participación en los últimos hechos de la lucha de clases y se vio con los chalecos amarillos, con la huelga general contra la reforma jubilatoria, con las luchas de los jóvenes. Decía Jean-LucMélenchon, el más importante dirigente de la izquierda parlamentaria francesa: «Como vimos durante la batalla de las pensiones, todavía no hemos superado la absurda división entre fuerzas sociales y fuerzas políticas. Naturalmente, nuestros adversarios se aprovechan de la situación: enfrentan a los sindicatos con las organizaciones políticas, y luego a las organizaciones políticas entre sí.»[14] Mélenchon describe el problema del cual él mismo hace parte.

 

La urgente necesidad

En las últimas décadas, Francia ha sido escenario de varios estallidos, se dieron violentas protestas de los trabajadores activos y jubilados, la juventud, las minorías étnicas en la lucha por sus necesidades inmediatas. 

La enorme distancia entre las luchas de las masas y las direcciones sindicales y políticas de los trabajadores se acrecienta. No se puede esperar de las direcciones tradicionales una línea revolucionaria.  Ellas son arrastradas por la decadencia capitalista. No son internacionalistas, ni plantean un llamado amplio a apoyar la lucha de los trabajadores y el pueblo pobre.  No tienen planes para convertir las luchas en una movilización europea, mucho menos hay una política contra su propio imperialismo. Surgieron expresiones de apoyo de la juventud al estallido francés, como en Suecia y Bélgica.  Podría haber habido muchas más si hubiera habido una dirección que las promueva.

No hay unidad de las luchas, los sindicatos por un lado, los partidos de izquierda en el pantano electoralista, los jóvenes por su lado con una gran desconfianza hacia las organizaciones tradicionales de la clase.

Los líderes sindicales no hacen llamado a la huelga general y movilización popular para derrotar el plan económico y la jauría represiva. Hacen huelgas acotadas con el único fin de negociar cuanto antes alguna migaja. La perspectiva política está ausente y la dirigencia política de los partidos y grupos socialistas solo ven un horizonte electoral para ganar cupos dentro del estado burgués.

La más urgente necesidad de los trabajadores y sectores populares de Francia es la construcción de una organización política clasista, revolucionaria e internacionalista que unifique las luchas y a los luchadores para poner fin a las bases de la discriminación social, para derrotar el plan económico de Macron y desmantelar el aparato represivo criminal burgués, que ponga en perspectiva un movimiento internacional por el retiro de la OTAN del este europeo y por el desmantelamiento de este brazo armado del imperialismo yanqui y europeo.

 

 

[1]https://www.bbc.com/mundo/articles/cd180r4xwnyo

 

[2]Teruggi, M [@Marco_Teruggi]. (1 de julio de 2023) Los estallidos en la periferia de #Francia tweet. https://twitter.com/Marco_Teruggi/status/1675247515023671297

 

[3] https://datosmacro.expansion.com/ipc-paises/francia#:~:text=La%20tasa%20de%20variaci%C3%B3n%20anual,en%202023%20es%20del%203%25.

 

[4] https://datosmacro.expansion.com/paro/francia

 

[5] https://www.dw.com/es/franceses-m%C3%A1s-pobres-reducen-comidas-por-la-inflaci%C3%B3n/a-65263961

 

[6]https://www.dw.com/es/franceses-m%C3%A1s-pobres-reducen-comidas-por-la-inflaci%C3%B3n/a-65263961

 

[7]https://www.abc.es/internacional/inmigrantes-francia-201011220000_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

 

[8]https://www.abc.es/internacional/inmigrantes-francia-201011220000_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

 

[9]https://www.sinpermiso.info/textos/francia-revueltas-a-resultas-de-la-violencia-policial-y-la-marginacion-social-dossier

 

[10]https://es.euronews.com/my-europe/2023/07/04/controversia-en-torno-a-la-recaudacion-de-fondos-para-el-policia-frances-que-mato-a-un-ado

 

[11]https://www.elconfidencial.com/mundo/2023-07-03/protestas-francia-reavivan-guerra-cuerpo-nahel_3685103/

 

[12]https://www.elviejotopo.com/topoexpress/entrevista-a-jean-luc-melenchon/

 

[13]https://www.revolutionpermanente.fr/Police-de-proximite-quand-la-gauche-veut-nous-faire-aimer-la-police

 

[14]https://www.elviejotopo.com/topoexpress/entrevista-a-jean-luc-melenchon/

14/7/23

¡Hugo Blanco, hasta el socialismo siempre!

 

 


 El pasado 25 de junio falleció en Suecia a sus 88 años Hugo Blanco Galdós, el dirigente de masas más importante del trotskismo en América. Blanco estuvo a la vanguardia de uno de los levantamientos campesinos más significativos del siglo XX en el continente, entre 1959 y 1963, encabezó un proceso de lucha que llegó a convocar a cerca de 300.000 campesinos, que constituyeron milicias armadas, desarrollaron acciones militares contra terratenientes y policías, y llevaron a cabo un proceso de tomas de tierras con escasos precedentes en el Perú. Esa memoria de lucha merece ser recordada, y el compañero Hugo Blanco reconocido y homenajeado como un digno representante de la corriente trotskista – morenista. Desde Perspectiva Marxista Internacional decimos: ¡Hugo Blanco, hasta el socialismo siempre!  

 

Hugo Blanco: la toma de tierras y la milicia campesina

 

 

Hugo Blanco nació en el Cuzco -Perú- en una familia de clase media en 1934, desde niño aprendió a hablar quechua con los trabajadores de la hacienda familiar, conoció la pobreza y la exclusión que padecían las comunidades campesinas de la región, particularmente los indígenas. En 1954 viajó a Argentina a estudiar agronomía en la Universidad de La Plata. Allí estableció relación con la organización trotskista-morenista Palabra Obrera a la que se incorporó en 1957. Como muchos compañeros en aquella época decidió proletarizarse e ingresó a trabajar en el frigorífico Swift, donde inició sus actividades político - sindicales.

 

En 1958 como parte de una orientación partidaria retornó a Perú integrándose al Partido Obrero Revolucionario. Estuvo algún tiempo trabajando como obrero en Lima y luego se trasladó a Cuzco, allí consiguió empleo como vendedor de periódicos y pasó a organizar el sindicato del gremio. Siendo elegido representante del mismo llegó a hacer parte de la Federación de Trabajadores del Cuzco. Entre julio y septiembre de 1959, participó activamente de manifestaciones contra el alza del precio de los combustibles, encabezando un piquete que tuvo enfrentamientos con la policía y por ello fue encarcelado a principios de 1960. Los trabajadores y sindicatos de la región exigieron su liberación y Hugo Blanco empezó a convertirse en un dirigente ampliamente reconocido. 

 

 Tras salir de la cárcel, se estableció en los valles de La Convención y Lares, allí se ocupo de labores agrícolas, subarrendando un terreno como «allegado» en la parcela de un líder campesino, que a su vez cultivaba las tierras de un terrateniente de apellido Romainville, dueño de unas 80.000 hectáreas y varias haciendas.

 

 Desde esa condición Hugo Blanco impulsó un proceso de sindicalización campesina, en torno a la Federación Departamental de Trabajadores del Cuzco y la Federación de Campesinos de La Convención y Lares. Para profundizar y extender tal sindicalización Blanco elaboró junto con otros dirigentes un «Pliego de Reivindicaciones» que fue presentado a Romainville, quien lo rechazó. Como consecuencia de ello trabajadores de haciendas como Chaupimayo declararon la primera huelga campesina.

 

 En la huelga Blanco se ocupó de incorporar a todos los campesinos que padecían distintas formas de explotación -peones libres, arrendires, allegados o habilitados- en una sola organización y con un mismo pliego. La huelga sentó las bases para poner en cuestión el problema de la propiedad de la tierra. Los trabajadores agrícolas no trabajaban en las tierras del gamonal -lo que lo llevaba a la pérdida de la cosecha-; pero seguían trabajando en las parcelas que les habían sido asignadas por el terrateniente como parte de pago -lo que les permitía subsistir-.

 

El sindicato de La Convención y Lares se convirtió en vanguardia de la toma de tierras. Hacia 1962 se produjeron otros alzamientos y ocupaciones de tierras en toda la región. Los terratenientes organizaron grupos armados para aplastarlos. Los sindicatos campesinos empezaron a organizar milicias para defenderse, pero estas carecían de armas y usaban sus propias herramientas de trabajo y unas pocas escopetas o fusiles viejos. Sin embargo, así empezó el mayor ascenso de la movilización campesina en el Perú.

 

El campesinado y la oligarquía peruana

 

 Para 1962 el 60% de la población en el Perú se caracterizaba como campesina, sus ingresos promedio eran de 3 dólares al mes. El 92% de esa población estaba formado por comuneros -miembros de comunidades indígenas cuyas tierras eran de explotación comunal-, casi todos obligados, por la falta de tierra, a trabajar para un terrateniente. El analfabetismo se extendía al 50% de la población -80% en el sector rural del Cuzco-, lo cual dejaba una amplia mayoría sin derechos políticos -incluido el derecho al voto-, ya que sólo podían sufragar los que supieran leer y escribir.

 

La oligarquía peruana estaba constituida por grandes burgueses y terratenientes que no pasaban de ser unas quinientas personas. La concentración de la propiedad agrícola era altísima: el 1% de las propiedades agrícolas ocupaba el 75% de la superficie total disponible, y el 0,35% de los propietarios era dueño del 60% de las tierras. El capital imperialista tenía concesiones de tierras y poseía algunas de las haciendas más grandes.

 

La insurrección campesina en Perú y la revolución en Latinoamérica

 


Hugo Blanco en su libro Tierra o muerte analiza y describe el levantamiento campesino en los valles cuzqueños de la siguiente manera:

 

 «En Chaupimayo nos convertimos en dueños de la tierra: las parcelas cultivadas por los campesinos para sí y por cuyo arrendamiento estaban obligados a trabajar gratis para el patrón, quedaron como propiedad de los campesinos. Los cultivos y las casas del hacendado pasaron a ser propiedad colectiva del sindicato. Se inició el reparto de la tierra incultivada a todo el que quisiera cultivarla. Estas medidas se extendieron total o parcialmente a otros sindicatos y fueron formalizadas o impulsadas con la “Ley de Reforma Agraria” que saqué desde la clandestinidad en mi calidad de “Secretario de Reforma Agraria de la Federación Departamental de Campesinos del Cuzco”. Nombramos formalmente jueces que sustituyeron a las autoridades burguesas (sus fallos eran apelables ante la Asamblea General). La policía iba muy rara vez, comunicando al sindicato con la debida anticipación: “Hay orden de captura contra X y X, vamos a ir tal día; conviene que ese día no estén en sus casas las referidas personas para evitarnos compromisos”. Cuando algún campesino no sindicalizado se quejaba contra alguien de Chaupimayo, en el puesto de la Guardia Civil del distrito le decían que fuera al sindicato en demanda de justicia, o que regresara al puesto con un pedido firmado por nuestro sindicato para atender el caso. Las escuelas las hacíamos nosotros, pagábamos a los maestros (puestos por nosotros y ratificados por los funcionarios de Educación). Las obras publicas estaban en manos del sindicato, quien determinaba su prioridad. Todo esto, por supuesto, respaldado por una embrionaria fuerza armada, la milicia campesina en desarrollo [...]».

 

 «Ya que éramos trotskistas, no nos fue difícil comprender que se estaba desarrollando un proceso de Poder Dual y que era nuestra obligación hacer que las masas tomaran conciencia de ello [...] Así no nos cansábamos de explicar que las Asambleas eran nuestro “Parlamento”, contrapuesto al parlamento burgués en cuya elección ni siquiera había participado el campesinado, ya que, por ser analfabeto, en su gran mayoría no votaba. Explicábamos, por lo tanto, que el cumplimiento de las “leyes” dadas por nuestro “Parlamento” estaba supeditado sólo a la fuerza que tuviésemos, no a su “legalidad” [...] En la escuela nocturna que funcionaba en la ultima etapa de Chaupimayo [...] se explicaba: Cámara de Diputados y Senadores: Conjunto de sirvientes de los gamonales y capitalistas puestos por ellos para dar leyes que mantengan la explotación de los pobres por los ricos [...] Por el estilo era todo el curso de “Educación Cívica”, “Historia”, etc.». (Blanco. 1972, p. 54 – 55).

 

 Nahuel Moreno desarrolló un intenso intercambio con Hugo Blanco y los compañeros del Partido Obrero Revolucionario peruano sobre la caracterización del proceso y cómo fortalecerlo. Moreno entendía este levantamiento campesino como parte de la revolución en el Perú y América Latina. Por ello señalaba que el rasgo especifico de la revolución en el Perú era que había comenzado en esa etapa como revolución agraria y no como una revolución obrera o de todo el pueblo contra el imperialismo. La vanguardia era el campesinado, particularmente del Cuzco, que se había planteado el problema de la tierra. Mientras el proletariado de las ciudades y de las minas, se mantenía distante y a la defensiva.

 

Moreno consideraba que el desarrollo del levantamiento campesino en la región de La Convención y Lares era fundamental para el desarrollo de la revolución en el continente, por ello planteaba que se debían ampliar esas expresiones de poder dual descritas por los compañeros y defenderlas a muerte, eso suponía llamar a la ocupación de tierras y a la organización armada para preservarla.

 

La gran discusión de los revolucionarios en América Latina luego de la revolución cubana de 1959 era acerca del papel que debía jugar la lucha guerrillera, sobre este asunto y su relación con la insurrección campesina en Perú Moreno se expresaba contrario a la organización de grupos guerrilleros y a favor de la constitución de milicias armadas campesinas y partidarias. Señalaba que las milicias debían ser parte de la vida sindical y política y no abandonarla ni por un minuto. Por el contrario, entendía que el foco guerrillero se aísla de las masas y se prepara independientemente. Advertía que en el Perú se debía estar por la inmediata realización de acciones militares, pero, ubicándolas como parte del desarrollo del poder dual descrito por los compañeros, que tenía como base los sindicatos campesinos, sus asambleas y la toma de tierras.

 

Este análisis y orientación política era distinto del de muchas corrientes de la izquierda latinoamericana que fueron hacía la construcción de grupos guerrilleros para el desarrollo de la revolución en la región, y constituyó, con el liderazgo de Hugo Blanco, una experiencia única, que subrayó la apertura teórica y política de la corriente morenista, su afán por realizar análisis marxistas concretos de nuestra realidad y su versatilidad a la hora de buscar caminos para impulsar la revolución, en este caso, rompiendo los esquemas teóricos precedentes y abriéndose a considerar e impulsar la insurrección campesina como vanguardia de la revolución obrera. Hugo Blanco defendió en los hechos esta línea política que ubica a las organizaciones de masas como agentes fundamentales de la revolución y a la organización armada como un instrumento de lucha:

 

 «(…) éramos sindicalistas acostumbrados a respetar la voluntad de las masas, y como revolucionarios nuestra función militar no era más que un aspecto de nuestra función política. Y nuestra función política era enseñar a los trabajadores que ellos debían gobernar y que nosotros no éramos más que su brazo armado, su instrumento de lucha, no sus patriarcas». (Blanco. 1972, p. 71). 

 

Hugo Blanco: el partido revolucionario y la lucha guerrillera

Hugo Blanco fue reconocido en la izquierda latinoamericana como un disciplinado militante trotskista, lo cual generaba un problema importante, a los trotskistas se nos ha difamado históricamente por nuestros contradictores políticos como «agentes del imperialismo» y «corriente contrarrevolucionaria», el propio Hugo Blanco recibió estos apelativos. ¿Cómo era posible entonces que un trotsko estuviera a la cabeza de un amplio proceso de insurrección de masas y que fuera reconocido abiertamente como un dirigente revolucionario? La calumnia chocaba con la realidad, pero se mantuvo como herramienta política, particularmente de las organizaciones estalinistas. Todo ello tuvo como resultado que la lucha en el Cuzco padeciera de aislamiento, falta de solidaridad y colaboración.

 

Del mismo modo, Hugo Blanco el trotskista que hablaba en la lengua de los sectores sociales más oprimidos y explotados en el Perú, el morenista que impulsaba la insurrección campesina «desde abajo», defendiendo la sindicalización, las asambleas, la toma de tierra y las milicias armadas que respondían manifiestamente al sentir de sus bases, era una especie extraña en una izquierda latinoamericana acostumbrada a liderar «desde arriba» y a estar distante del espacio rural. Esta combinación de factores, junto con los propios errores en la política del Partido Obrero Revolucionario peruano -la abierta orientación de un sector del partido al guerrillerismo-, condujeron al levantamiento campesino a un callejón sin salida.

 

 Para Nahuel Moreno y Hugo Blanco el factor partidario era fundamental, se requería de un partido organizado para impulsar el proceso revolucionario que tenía como vanguardia a los campesinos de La Convención y Lares, pero ese partido revolucionario no se llegó a construir.

 

 «Este fue el grado más elevado del ascenso campesino, con varios gamonales expulsados de la zona y sus bienes confiscados por el campesinado. (…) Sin embargo, el movimiento campesino de La Convención y Lares estaba aislado, aun incluyendo al resto del departamento como su retaguardia. Por otra parte, ni siquiera en la zona se contaba con un aparato partidario mínimo. Las direcciones sindicales, por su amplitud y complejidad, aun en los mejores momentos, no podían sustituirlo. (…) Por falta de partido o de otro organismo que por lo menos en esta tarea lo sustituyera, la organización de las milicias no era sólida» (Blanco. 1972, p. 67).

 

Como era de esperarse ante la dinámica de las tomas de tierra, el aislamiento del levantamiento campesino y la carencia de un partido revolucionario, el proceso de lucha mostró debilidades que permitieron a los gamonales y el Estado burgués dar inició a una oleada represiva para buscar su derrota.

 

«La escalada represiva comprendía encarcelamiento de dirigentes, instalación de puestos de la guardia civil en las zonas más combativas [...] Protegieron los atropellos de los gamonales, reprimieron sangrientamente un mitin campesino en el Cuzco, etc. [...] A Chaupimayo no lo tocaban, pero todos sabíamos que iba a ser el último y el más feroz paso de la escalada represiva» (Blanco. 1972, p. 69).

 

La represión y el aislamiento condujo al paso de la milicia campesina a la guerrilla. En agosto de 1962 Hugo Blanco fue delegado por una asamblea para conformar una comisión de milicianos que paso a ser la Brigada Remigio Huamán -en honor a un campesino asesinado en un mitin en Cuzco-, que terminó constituyéndose en guerrilla para defenderse.

 

 «[...] Había que elegir entre dejarse aplastar en frío o caer combatiendo [...] Optamos por lo segundo, no por romanticismo sino por un criterio político [...] Todo esto era tanto más importante porque el stalinismo triunfalmente se estaba llenando la boca expresando que la represión era una acción premeditada por el trotskismo encabezado por “Hugo Blanco conocido agente internacional del imperialismo” [...] El motivo inmediato para el paso de la milicia a la guerrilla fue el brutal atropello cometido por el dueño de la hacienda Qayara acompañado de guardias civiles contra el hogar de Tiburcio Bolaños, secretario general del sindicato de la hacienda: saquearon su casa, llevándose dinero y enseres, maltratando a sus familiares. El hacendado en presencia de los guardias, puso el cañón en el pecho de un niño, amenazándole con disparar si no decía dónde se encontraba Bolaños; el niño ignoraba su paradero. El hacendado puso el cañón sobre el brazo del niño y disparó [...] Esta noticia llegó casi simultáneamente con la del acentuamiento de la represión en el resto de La Convención y Lares y el de la matanza del mitin del Cuzco en que murió Remigio Huamán» (Blanco. 1972, p. 69).

 

Pero nunca abandonaron la relación con la base campesina. Recorrían los valles y cerros de las zonas en las que tenían presencia los sindicatos, realizando asambleas, impulsando ocupaciones y llamando a aplicar el «Decreto de la Reforma Agraria de la Federación Provincial de Sindicatos Campesinos». La guerrilla tuvo tres enfrentamientos armados en los que cayeron tres policías. Se dieron también algunas acciones aisladas de sabotaje por parte de los campesinos, no obstante, finalmente, el 15 de mayo de 1963, Hugo Blanco fue localizado, capturado y condenado a muerte -a partir de una campaña internacional, de la que participaron personalidades como Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, la pena inicial fue conmutada por una de 25 años de prisión de los cuales pagó 3 años hasta ser amnistiado-.

 

Luego de la detención de Hugo Blanco y de los principales dirigentes campesinos, la revolución agraria en curso fue detenida. El Estado peruano reprimió brutalmente las regiones en las que las organizaciones sindicales eran débiles. En el Cuzco combinó la represión con medidas reformistas, que terminaron con el reconocimiento de las ocupaciones de tierras.

 

¡Otac allpa otac huañuy!

 


 

Hugo Blanco Galdós se distanció políticamente del morenismo, pero se mantuvo siempre del lado de los oprimidos y explotados, nunca se vendió, nunca traicionó a la clase obrera, a los campesinos e indígenas, se mantuvo como un luchador.

 

Durante los años setenta Hugo Blanco acompañó a Nahuel Moreno y Ernesto González en el consejo de redacción de la Revista de América (publicación del Partido Revolucionario de los Trabajadores, luego Partido Socialista de los Trabajadores), desde donde se ocuparon de difundir las luchas obreras y campesinas en América Latina, una clara expresión de su internacionalismo. Blanco mantuvo parte de esa tradición viva con la publicación de la revista Lucha Indígena que dirigió los últimos años de su vida. Con el reciente levantamiento campesino y popular en el Perú volvimos a leerlo para conocer su análisis del proceso. En la editorial de diciembre de 2022 encontramos las siguientes líneas:

 

«Que esta digna rabia que crece y toma las calles nos mueva a establecer asambleas permanentes en cada territorio, donde discutamos una solución que nos involucre y nos pertenezca, donde no reine la queja y la petición sino la exaltación de nuestra fortaleza, la certeza de que es posible gobernarnos a nosotros mismos, decidir sobre nuestras vidas. Allí están nuestros niños y niñas, a quienes pertenece la tierra y les entregaremos, sí o sí, el mundo que podamos construir hoy. ¡Gobierno provisional popular!».

 

Hugo Blanco nunca renunció a la necesidad de la organización «por abajo», a la organización de las bases en asambleas; a la búsqueda de fórmulas de poder que expresarán la dinámica de las masas y sus posibilidades de quiebre de la dictadura de la burguesía. Hugo Blanco murió de pie y aún en los andes peruanos se escucha el rumor de las masas campesinas con las que protagonizó una experiencia única de lucha: ¡Otac allpa otac huañuy! ¡Tierra o muerte!

 

Bibliografía:

 

Blanco, Hugo. (1972). Tierra o Muerte. Las luchas campesinas en Perú. México, Siglo XXI.

González, Ernesto. (1999) El trotskismo obrero e internacionalistas en Argentina, Tomo III, Vol. 1. Buenos Aires, Editorial Antidoto.

Lucha indígena 189 – diciembre de 2022.

 

20/3/23

El 8 de marzo, día internacional de lucha de las mujeres, este año simbolizada en las masivas protestas en Perú y Ecuador, y en la resistencia de los pueblos oprimidos de América latina

 


 

 El 8 de marzo es el día en que las mujeres unen su fuerza en todo el mundo para reclamar por sus derechos democráticos y económicos. En esas justas revindicaciones, confluyen mujeres de distintas clases sociales, amas de casa de familias trabajadoras, jefas de hogar hundidas en la miseria, campesinas, indígenas, negras y de otras razas oprimidas. Lo que las llamadas “clases políticas”, defensoras del sistema capitalista, tratan de ocultar es que, por más conquistas parciales que se vayan logrando, no hay ni habrá una solución definitiva y de fondo para las mujeres sin enfrentar la dominación del capital, a esa minoría megarrica que se apodera de las riquezas producidas por la mayoría de la población mundial y de los recursos de los países atrasados.

Pero hay mujeres que se unen para la creación de una conciencia de lucha inclaudicable para revolucionar la sociedad. Una sociedad donde la igualdad de derechos; de posibilidades de crecer sin hambre ni temor de quedar abandonado a su propia suerte; de educación para toda la vida, que no dependa de los medios para pagarla; de atención de la salud desde la gestación, con personal suficiente y aparatología médica a la altura de los avances científicos y tecnológicos; de hábitat donde las condiciones ambientales y de entorno no sufran el deterioro progresivo por la usurpación, sin escrúpulos ni control, de los capitales financieros especulativos, inmobiliarios, extractivistas y del lavado, que avanzan sobre la propiedad de la tierra, del subsuelo, del agua, llevando a la deriva, a la degradación y al exterminio los recursos utilizables para la defensa de la vida en el planeta.

Las mujeres explotadas y oprimidas son la vanguardia de una lucha para que las condiciones de vida humanas se hagan realidad, y por eso sus dirigentes y activistas son perseguidas y encarceladas por el Estado, y hasta asesinadas por grupos paramilitares organizados y financiados por los capitalistas. Queda muy claro que el camino inverso a crear la conciencia de lucha contra el enemigo responsable de la dominación imperialista es la defensa de esta putrefacta sociedad capitalista, donde la descomposición, la violencia y la barbarie se multiplican sin freno.

Milagro Sala es indígena, líder de la organización Tupac Amaru, que en la provincia de Jujuy, en el Norte de Argentina, administró fondos del Estado nacional para la construcción de viviendas, escuelas, centros deportivos y de salud para la comunidad. El gobernador de esa provincia, Gerardo Morales, de la Unión Cívica Radical –integrante de la coalición electoral encabezada por Mauricio Macri–, denunció que había que acabar con la Tupac Amaru porque era “un Estado dentro del Estado”, y Milagro Sala hace siete años que está presa por causas inventadas por la “Justicia” de Morales, con graves problemas de salud y habiendo sufrido el terrible golpe de la muerte de su hijo, Sergio Chorolque Sala. Mientras esa “Justicia” proseguía su trabajo con el  acoso, persecusión y prisión a dirigentes y activistas de Tupac Amaru, el gobernador destruyó todo lo que Tupac Amaru había construido.

 Este 8 de marzo en la Argentina, el pedido de libertad de Milagro Sala debe ser el principal grito de guerra de las mujeres. Su libertad debería encabezar todos los programas de reclamos de los trabajadores argentinos contra la patronal y contra la política del gobierno del Frente de Todos, que además de hundir en la pobreza en forma cotidiana a cada vez más trabajadores para cumplir con el FMI, deja correr una inflación que ya superó el cien por ciento y mantiene en la cárcel a Milagro.

Ningún dirigente del gobernante Frente de Todos, sino es a condición de un gran cinismo, debería atreverse a levantar las banderas contra la discriminación, el hambre, el racismo, la esclavitud laboral o los derechos humanos, y al mismo tiempo avalar, con la prisión de Milagro, a la “Justicia” jujeña que opera con la complicidad del Poder Judicial de la Nación, y al gobierno racista y explotador de Morales en la provincia, defensor del proyecto de país de Juntos por el Cambio.

Ningún pedido de piedad, de solidaridad, de indulto impidió que las injusticias impuestas por el gobierno macrista fueran revertidas. Al contrario, en los hechos han sido avaladas por todos los poderes del Estado, incluido el Congreso Nacional, que después de tibias iniciativas de un grupo de legisladores, como el proyecto de intervención federal al Poder Judicial de Jujuy, dejaron a Milagro abandonada a su suerte, a soportar cada día una mayor dosis de crueldad.

Cuando se presentó aquella iniciativa, Milagro denunció esa hipocresía:

 La extorsión de la Justicia jujeña empezó conmigo y ahora sigue con otros sectores. Tengo mucha indignación con lo que sucede en Jujuy. La Justicia debe ser intervenida porque hay personas que no pueden salir a pedir un pedazo de pan ni comida para los comedores porque les hacen la contravención. Lo mismo ocurre con los familiares de femicidios, que no pueden salir a pedir el esclarecimiento de los casos. Llama la atención que con Jujuy casi todos miren para el costado

 La lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras, explotadas y oprimidas debe levantar bien alto y en primer plano estas banderas:

 

¡Libertad a Milagro Sala!

¡Basta de asesinar y perseguir a las líderes sociales y ambientalistas en América Latina!

¡Solidaridad con las mujeres indígenas, campesinas y trabajadoras, peruanas, ecuatorianas y de la región de Caquetá en Colombia, que junto a sus compañeros de lucha se han colocado a la vanguardia de la pelea por los derechos democráticos en la región!